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"Un vendaval de voces" poema de Virginia Garrosa

Seguimos incorporando nuevos y nuevas poetas. Es licenciada en Bellas Artes; pintora y poeta, mujer, madre e hija. Su trabajo, en líneas generales, es ecléctico por naturaleza y autobiográfico. Es un privilegio presentaros hoy a Virginia Garrosa.

"¿Por qué escribo poesía? ¿Por qué se enreda mi esencia entre palabras? Cada poema es un ser que nace de la necesidad de arrancar una víscera, un llanto, un silencio, un dolor, un olvido, un amor, un sentimiento dormido, lo amado, lo odiado, lo vivido. Arrancar un brote desde lo más profundo para sembrarlo en el universo de un espacio en blanco, donde van arraigando y creciendo las palabras.

Hasta hace un tiempo, siempre me había definido como Pintora, y siempre creí sentir que color y forma determinaban casi la totalidad de mi privativo mundo; y ocurrió que un buen día, incapaz de recordar el cómo, ni el cuándo, me descubrí escribiendo sobre mis pinturas, lanzando palabras sobre un papel convertido en el receptor de mi propio discurso. Un parto lento, que se fue desligando del lienzo, y recuperando la memoria escrita de una adolescencia o de un tiempo lejano de amores más soñados que vividos. Ahora, hablamos en presente.

Un poema es un ser que crece más allá de lo físico, del corazón, o del vientre, que crece desde el rincón más íntimo del alma, que habla en su propio idioma, y ha de resonar y vibrar en un eco de sentimientos, y emociones compartidas. Así lo siento. Mis colores y mis palabras, en definitiva, se entretejen y juegan sobre un papel infinito de vivencias y libertades".

Él es el poema.

Yo fui el vientre,

El corazón y el alma.

El primer poema/pintura que nos ofrece es "Un vendaval de voces"

¡Bienvenida, Virginia!

Todas las que en mi habitan. Virginia Garrosa

Un vendaval de voces


Camino con un vendaval de voces atado al cuello

Bajo un sombrero hueco y deforme.

No vine a salvar a nadie, a buscar glorias, o trofeos.

Aún no sé pronunciar todos los nombres

Y sigo aprendiendo a convertir lo nebuloso de mi cabeza

En un delicado producto de luces alboreas

Y es posible, que me nieguen la compasión humana de los dioses.


Los haceres cotidianos tienen rutas más asequibles, lo sé.

Lo escucho en las voces que resuenan a eco domeñado

Y siento que ya no tengo tiempo para huir de nada.

Una luz oscila a lo lejos y temo que pueda encontrarme dormida.

Me angustia la posible censura de aquéllos que me aman

Que me vean intentando atrapar formas en el viento

Que no comprendan el entusiasmo, la metamorfosis.

Ser cauce de río un silencio de nube, una muerte enamorada

Encender la luz dos días seguidos, y apagar los ruidos que me llaman.

Alimentar el alma no está de moda en estos días.

Los tiempos posmodernos se han vestido de soberbia, de artificio.

Y siento, que un vendaval de voces no puede ahogarme la garganta.


Virginia Garrosa

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