• Trinchera Cultural

Un apasionante laberinto interior (reseña por JM.Ariño)


La joven poeta madrileña Iria Fariñas nos sorprende gratamente con la publicación de Las huellas deshabitadas, un poemario profundo, sugerente y abiertamente alegórico. Sus poemas, estructurados en cuatro partes, siguen las huellas de un análisis forense y dibujan un misterioso mapa interior que nos acerca –tal como afirma Silvia Campos en el prólogo– a una manera distinta de ver el mundo, de la mano de unos versos encriptados que se suceden con un ritmo cadencioso y con una riqueza inusual de recursos estilísticos. Iria toma como motivo alegórico la lofoscopia, es decir, el arte de definir laberintos personales.



Ya en la primera parte –“Pelmatoscopia”–, que significa análisis u observación de la planta del pie, la autora elige la clásica metáfora del camino, asociado a la andadura del vivir –“Vivir es / una aptitud, una pregunta”– y surcado por una serie de huellas que, a la larga, resultarán efímeras e inconsistentes: “El pasado es una lluvia de verano / de las que nunca se esperan”. Este itinerario vital es tan efímero como las huellas en la arena de la playa –“La playa y el mar me susurran versos líquidos / e hipnotizan mis pasos con cantos de memoria”– y, además anticipa los pasos silenciosos de la muerte: “La muerte es una criatura breve / que anticipa el rumor de los silencios escondidos”. Porque el crujido de las hojas otoñales convierte a las huellas en ecos dolorosos de las ausencias, tan presentes en la vida cotidiana: “Ella se ha ido / y me ha dejado todas esas huellas / deshabitadas”.


La metáfora del camino y el análisis de los medios de locomoción cede el paso a una segunda parte –“Quiroscopia”– en la que las manos, el tacto, los abrazos, toman el protagonismo de esta segunda serie de ocho poemas

La metáfora del camino y el análisis de los medios de locomoción cede el paso a una segunda parte –“Quiroscopia”– en la que las manos, el tacto, los abrazos, toman el protagonismo de esta segunda serie de ocho poemas. Es el saludo efusivo, el encuentro azaroso el que marca la pauta: “Saludo como quien se sabe / un incendio inesperado”. El tacto va desde la cobardía hasta la lectura manual de los epitafios: “Tu epitafio es una nota / que se te olvidó escribirnos”. Mediante la observación detenida de las manos, se observan las huellas del niño o la niña que se desvaneció con el ocaso y se lamenta de que llegue un momento en que “Las manos ya no tocan otras manos”. El abrazo cordial se hermana con los besos que revelan el sentimiento interior y lo transforman en caudal de sensaciones: “Abro el grifo de la lengua / en una risa que nace / para transformarse en arroyo”.


Como extensión alegórica de las manos, aparecen en la tercera parte los dedos –“Dactiloscopia”– como imagen de la indagación y como búsqueda de los propios límites. Son como saetas que marcan el paso del tiempo y como –“Abro un reloj y lo disecciono / como quien consigue palpar un límite”– testigos silenciosos del olvido inevitable de los posos de la infancia o de la juventud. En el poema “Muestra Nº 6 Subtipo Cicatrizal” evoca con nostalgia esos diecisiete años en los que la vida rezumaba pasión y lozanía. La última estrofa es claramente reveladora: “Fue entonces cuando empecé a mirar / cómo regresaba / y ofrecí mis ojos al asombro: / ¿de quién es esta cara / que me sigue por todos los espejos?” El espejo como huella vital y como eco existencial que transforma el calor en hielo: “Qué necesario imprimir / huellas de escarcha / sobre cada quemadura”.


Con el acertado marbete de “Huella latente” cierra el poemario esta cuarta parte en la que sintetiza y recapitula sensaciones anteriores: el paso del tiempo, lo efímero de la existencia, la inminencia de la muerte y los vaivenes de la andadura vital. La poeta aglutina todas las huellas que se van quedando en la cuneta del olvido. Los mismos epígrafes de cada poema son significativos: “Subtipo retina”, “Subtipo sangre”: “No solo hablan las manos, las lápidas, los libros. / Somos seres de memoria”. Le sigue el “Subtipo polvo” con estos versos sentenciosos: “Todos somos para alguien / un lugar ajeno / que se finge fuera de uso”. En el subtipo salino reaparece este inquieto latido existencialista: “Detenerse a unos segundos de la muerte / como un acto de supervivencia”. Y el deseo de sobrevivir está presente en el último poema –“Subtipo golpe”– que culmina con este epifonema: “Busco el mar abierto / donde cabía siglos de vaivenes”.


Este último poemario de Iria Fariñas, excelentemente editado por Talón de Aquiles, es una apuesta valiente y generosa por una poesía que, a partir de un análisis científico, aparentemente aséptico, indaga en lo más profundo del ser humano con un estilo cuidado y un lenguaje que va más allá de los tópicos al uso y deslumbra por su creatividad. Uso poemas para leer y releer desde el silencio y la soledad.


José María Ariño Colás

Doctor en Filología Hispánica





Nota biobibliográfica


Iria Fariñas nació en Madrid en 1996. Es colaboradora habitual del espacio El Rincón Mágico, la sección de poesía de la revista Trinchera Cultural (en él usa el alias Hiedra de Tinta) . Su formación teje una red caótica entre las artes plásticas, la escritura creativa y la gestión cultural. Actualmente, estudia el Grado en Filosofía.

En 2019 fundó el proyecto sociocultural Reescribiendo Nuestro Mundo (RNM) en Alicante, su lugar actual de residencia, ciudad en la que coordina los ciclos literarios El hambre (narrativa) y La sed (poesía).

Ha publicado cuatro poemarios, de los cuales el último título es “Las huellas deshabitadas”, y un libro de relatos cortos, “Gritar en voz baja”, con la editorial Entre Ríos.

Ha aparecido en varias antologías como “52 semanas” (Entropía ediciones), “Barrio” (Huerga y Fierro ediciones), “Poesía 90" (Olé libros), “Poetas en el puente de los espejos” (Eléctrico romance) y Caleidoscopio (Índigo editoras), entre otras; en revistas como “La gran belleza” números 14 y 15, "Casapaís" 2, "Zéjel" 7, “Ulrica” 16, “Trépano” 2 y “Guacamayo” 10 (editorial Ojos de sol), “Parnaso” (Universidad de Valencia), “Azogue”, “La caída”, “Crisopeya”, “Agua poesía líquida” y “Trinchera cultural”; y en fanzines como “Un camino de tierra” 2 y 3 y “Carne para el perro” 4.

Quedó finalista en el III Premio IASA ascensores de microrrelato, en el concurso de poemas Pandemia de amor de Zenda, en el IX Premio de novela juvenil Jordi Sierra i Fabra y en el concurso de microrrelatos de Leganés Un amor, cualquier amor. Ganó el primer premio en el III concurso de microrrelato 100 palabras por la igualdad y el segundo premio en el concurso de microrrelato Mar i Sol.

Acaba de quedar ganadora del II Concurso de Poesía incendiaria de la editorial L’Ecume con el manuscrito “Quién extrajo el hueso” y le han seleccionado un poema entre los diez finalistas del concurso de poemas de amor de este año de Zenda.




137 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo