• Trinchera Cultural

Ucrania, tablero de una Guerra Fría no concluida. Álvar Muratel

“La primera víctima de la guerra es la verdad.”

Anónimo

Cuando empecé a planear este artículo Rusia aún no había invadido Ucrania. A decir verdad, en aquel entonces no pensaba que algo así pudiera llegar a suceder, al menos no tan a corto plazo. Pero, ¿cómo hemos llegado a esta terrible situación?


La versión oficial de Estados Unidos y la Unión Europea nos es de sobra conocida: Putin es un autócrata criminal que pretende recuperar el pasado esplendor de la Unión Soviética o del imperio de los zares -según el caso- mediante la invasión y anexión de al menos parte de Ucrania. Por su parte Moscú -cuya versión de los hechos es más difícil de conocer dada la censura de medios rusos impuesta en la Unión Europea- niega tales acusaciones y asegura que sus únicos objetivos en Ucrania son proteger a la población rusoparlante del país, “desnazificarlo” y evitar su entrada en la OTAN.

Hoy en La Cápsula del Tiempo hablaremos de los orígenes históricos del conflicto entre Rusia y Ucrania o, tal vez mejor dicho, del conflicto entre Rusia y Occidente que está teniendo lugar en Ucrania, convertida en el nuevo tablero de una Guerra Fría que parece haber resurgido en los últimos años.
El presidente ruso Vladímir Putin durante el anuncio de la “Operación Militar Especial” en Ucrania, 24 de febrero de 2022. AFP.

Tras el fin de la URSS Ucrania celebró un referéndum de independencia el 1 de diciembre de 1991 en el que el “sí” obtuvo la victoria, en parte porque los ucranianos pensaban que con ello su nivel de vida mejoraría y podrían escapar del caos en el que se había convertido la URSS. [1]





Un resultado que, extrañamente, contrasta bastante con el del referéndum celebrado tan sólo unos meses antes, en marzo de aquel mismo año, en el que la opción de conservar la Unión Soviética obtuvo en Ucrania el 70% de los votos.

Lo que sí parece estar claro es que este aparente nuevo apoyo a la independencia no se tradujo en un deseo de alejarse de Rusia e integrarse completamente en Occidente. [2]

Las relaciones con el país vecino fueron inicialmente buenas ya que el Kremlin reconoció desde el principio la independencia de Ucrania, si bien a partir de julio de 1992 el dirigente ruso Borís Yeltsin comenzó a cuestionar la propiedad ucraniana de parte de la flota del Mar Negro así como de las armas nucleares estacionadas en el país, y apoyó las reivindicaciones de Crimea de volver a formar parte de Rusia -pues fue en 1954 cuando el mandatario soviético Nikita Jrushchov transfirió dicho territorio, que hasta entonces había pertenecido a la República Socialista Federativa Soviética Rusa, a la República Socialista Soviética Ucraniana-.

Las presiones del Kremlin se fueron intensificando y, junto al desencanto de la población, hicieron que el presidente ucraniano Leonid Kravchuk buscara el apoyo de los sectores nacionalistas, aprobando medidas contra la cultura y el idioma rusos y desplegando una política exterior antirusa. [3] La mala situación interna forzó a Kravchuk a adelantar elecciones presidenciales a junio de 1994, las cuales fueron ganadas por su rival Leonid Kuchma, partidario de mantener buenas relaciones tanto con Europa como con Rusia. [4]

Extracto del Boletín del Soviet Supremo de la URSS en el que se anuncia el traspaso de Crimea de la República Socialista Federativa Soviética Rusa a la República Socialista Soviética Ucraniana, 9 de marzo de 1954. Quora.

Las negociaciones para un acuerdo con la entonces Comunidad Europea habían comenzado casi inmediatamente después de que Ucrania se hubiese convertido en un país independiente, en 1992, y para 1994 ya se firmó un Acuerdo de Colaboración y Cooperación con la Unión Europea. El país eslavo se convertía así en la primera exrepública soviética en firmar un acuerdo de este tipo, aunque aún habría que esperar hasta 1998 para que dicho acuerdo fuese ratificado por los parlamentos de los distintos Estados miembros y por el propio Parlamento Europeo. [5]

La situación dio un giro inesperado cuando el candidato Víktor Yanukóvich, de tendencia derechista y prorrusa, se impuso en las elecciones presidenciales de 2004. Las acusaciones de fraude electoral condujeron a una serie de movilizaciones masivas que terminaron desembocando en la llamada Revolución Naranja, apoyada por supuesto desde Occidente.

El Tribunal Supremo de Ucrania anuló los resultados y convocó nuevas elecciones para diciembre de 2004, esta vez con una gran presencia de observadores internacionales, en las cuales resultó ganador el líder opositor Víktor Yúshchenko, también derechista pero prooccidental, con el apoyo de la que sería su primera ministra, Yulia Timoshenko. Su llegada al poder supuso un mayor acercamiento hacia la Unión Europea a la par que un deterioro de las relaciones con Rusia.

En 2010, sin embargo, Yanukóvich recuperó la presidencia del país, a pesar de lo cual la Unión Europea prosiguió con su política de acercamiento a Ucrania. [6] Las conversaciones entre Kiev y Bruselas para la firma de un Acuerdo de Asociación se remontan a 2008, aunque lo cierto es que a partir de 2011 éstas empezaron a estancarse debido a los recelos que en la Unión Europea generaba el juicio a Yulia Timoshenko, acusada de corrupción, malversación y abuso de poder. [7]

Centanni, Evan: distribución del voto entre Víktor Yanukóvich y Yulia Timoshenko en las elecciones presidenciales de Ucrania de 2010. Political Geography Now.

Yanukóvich denunció entonces las presiones recibidas desde Bruselas a nivel político, en concreto sobre la liberación de Yulia Timoshenko, y económico, acerca de las reformas de la industria y el sector agropecuario ucraniano, lo cual hizo que las ofertas procedentes de Rusia comenzasen a resultar más atractivas. [8] Pero en la negativa final del Gobierno de Yanukóvich intervinieron también las propias presiones diplomáticas y económicas ejercidas por la Federación Rusa, principal socio comercial de Ucrania, [9] así como los intereses de algunos oligarcas ucranianos, que se beneficiaban de los tratos comerciales mantenidos hasta entonces con Rusia. [10]

Llegados a este punto Yanukóvich suspendió de manera temporal los preparativos para la firma del Acuerdo de Asociación, [11] que en cualquier caso no contemplaba el ingreso de Ucrania en la Unión Europea, [12] y el 21 de noviembre de 2013 se iniciaron en Kiev las protestas por la decisión del Gobierno. Éstas pronto serían conocidas como el Maydán, o Maidán según la versión latinizada más extendida, tomando dicho nombre de la Maydán Nazalézhnosti o Plaza de la Independencia de Kiev donde tuvieron su epicentro las protestas. Por su parte, en el interior de Ucrania, el movimiento fue más conocido como Yevromaydán, cuya traducción literal sería “Europlaza”, nombre tomado de una cuenta de Twitter dedicada a coordinar las manifestaciones y que en Occidente fue adaptado como Euromaidán. [13]

Enfrentamientos entre policías y manifestantes durante las protestas del Euromaidán, diciembre de 2013.

En un primer momento las protestas de Kiev no congregaron a más de unos 2.000 jóvenes y estudiantes universitarios, pero cuando la primera manifestación pacífica fue desalojada por las fuerzas de seguridad se produjeron varios incidentes, lo cual, unido al descontento acumulado por parte de la población a causa de la corrupción del Gobierno o la degradación de los sistemas de salud y educación, dio alas a la extensión e intensificación de las protestas, ya no sólo en Kiev. [14] Durante los meses siguientes éstas se extendieron por la parte occidental del país, y para enero de 2014 los manifestantes habían tomado el control de varias ciudades como Leópolis mientras que en Kiev se recrudecían los enfrentamientos con la policía. [15]


Resulta difícil identificar los distintos grupos que inicialmente conformaron la heterogénea masa de manifestantes, si bien es innegable que las protestas acabaron siendo copadas por grupos de extrema derecha o abiertamente nazis, entre los cuales destacan Svoboda, Kongrés Ukraïnskij Natsionalístiv o Pravy Sektor.


Svoboda (“Libertad” en ucraniano) fue fundado en 1991 con el nombre de Partido Social-Nacionalista de Ucrania -lo cual ya nos remite irremediablemente al Partido Nacional-Socialista Obrero Alemán- y refundado en 2004 con su nombre actual.


Aunque entonces el partido inició una depuración de sus símbolos y ceremonial nazi [16] Svoboda sigue considerándose heredero de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN por sus siglas en ucraniano), fundada en 1929, y de su líder Stepan Bandera, un destacado colaboracionista de los nazis en Ucrania. [17] Los colores rojo y negro del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), rama militar de la OUN fundada en 1942 y liderada igualmente por Bandera, se hicieron presentes también en el Maidán de la mano del Kongrés Ukraïnskij Natsionalístiv (Congreso de los Nacionalistas Ucranianos), un partido formado en 1992 que se considera heredero ideológico de la UPA, [18] y de Pravy Sektor (Sector Derecho), surgido en las protestas del Maidán en 2013 como grupo paramilitar y reconvertido en partido político, pero sin dejar de lado su estructura armada, en marzo de 2014. [19]

Manifestantes y paramilitares ucranianos con banderas de Svoboda (azul y amarillo) y Pravy Sektor (rojo y negro).

El 21 de febrero, con la amenaza de la intervención del ejército planeando sobre la cada vez más tensa situación, el Gobierno y la oposición parlamentaria ucraniana llegaron a un “Acuerdo para la solución de la crisis política en Ucrania”, el cual contemplaba una reforma de la Constitución y la celebración de una elecciones anticipadas.


Sin embargo buena parte de la oposición extraparlamentaria y de los líderes de los manifestantes rechazaron el acuerdo y llamaron a continuar las protestas hasta hacer caer al Gobierno, cosa que ocurrió en las horas siguientes: el presidente Yanukóvich abandonó Kiev rodeado de buena parte de sus ministros, tras lo cual se formó un Gobierno provisional a cuya cabeza se situó Oleksándr Turchínov. [20] Occidente suele referirse a estos acontecimientos como una revolución, mientras que Rusia y parte de la izquierda hablan de un golpe de Estado.


El nuevo Gobierno dejó claro desde el principio cuál iba a ser su hoja de ruta, y el 23 de febrero suspendió la ley de lenguas que protegía el uso de lenguas regionales en el ámbito público. Aquello provocó el estallido de grandes protestas en el sur y sureste del país, siendo su epicentro las ciudades de Simferópol y Sebastopol, en Crimea. [21] Miles de manifestantes tomaron las calles de ambas ciudades reclamando el establecimiento de una administración paralela, y el 24 de febrero izaron la bandera rusa en el Ayuntamiento de Sebastopol. Poco después Alekséy Chaly fue proclamado nuevo alcalde de la ciudad con el eslogan “un alcalde ruso para una ciudad rusa”. [22]


Rusia, que mantenía en Sebastopol una base naval de gran importancia estratégica, no se limitó a observar los acontecimientos, y rápidamente movilizó a sus tropas en la región, cuidándose, eso sí, de ocultar sus insignias. El 27 de febrero unos cincuenta hombres armados, presumiblemente soldados rusos, habrían coaccionado a los parlamentarios de Crimea para que eligiesen como primer ministro a Serguéy Aksyónov, procedente de una fuerza política minoritaria, y aprobaran la celebración de un referéndum para decidir el futuro de la península. [23] La consulta, celebrada el 16 de marzo de forma pacífica aunque rodeada de polémica, arrojó un resultado de un 95’5% a favor de la reintegración en Rusia, que mediante la firma de un Tratado de Acceso fue materializada el 18 de marzo. [24]

Firma de adhesión de Crimea a la Federación Rusa, 18 de marzo de 2014. Kremlin.
Pero Crimea no fue el único escenario de las movilizaciones contrarias al nuevo Gobierno de Kiev, pues como ya se ha mencionado antes éstas se extendieron por el sur y sureste del país, especialmente en Donetsk y Lugansk, en la región del Donbáss.

Desde el primer momento hubo componentes prorrusos en las protestas que acabarían capitalizando las mismas [25] hasta llegar a la autoproclamación, en abril de 2014, de la República Popular de Donetsk (DNR por sus siglas en ruso) y la República Popular de Lugansk (LNR). Aquello llevó al estallido de una guerra que ha durado hasta nuestros días entre el Gobierno central ucraniano, apoyado por Occidente, y las dos repúblicas separatistas, respaldadas por Rusia. El bloqueo económico impuesto por Kiev, la falta de suministros y el cierre de los bancos deterioraron gravemente la situación económica de las recién autoproclamadas repúblicas y llevaron a la región al borde de una crisis humanitaria. [26] A día de hoy se cifra en 14.000 el número total de víctimas que ha dejado la Guerra del Donbáss.

Fue en este contexto en el que se fraguaron algunos de los principales batallones nazis que a día de hoy actúan con total libertad en Ucrania, no ya como grupos paramilitares ajenos al control del Gobierno de Kiev sino plenamente integrados en las fuerzas armadas y de seguridad del país.

El más famoso de ellos es sin duda el Batallón Azov, fundado en 2014 y perteneciente a la Guardia Nacional de Ucrania, dependiente a su vez del Ministerio del Interior, siendo posible encontrar muchos otros de similares características como el Batallón Aydar y el Batallón Tornado, todos ellos acusados de múltiples casos de torturas y violaciones en el Donbáss.

Escudo original del Batallón Azov en el que se muestra el sol negro (aquí en blanco) y la runa wolfsangel propios de la simbología nazi.

En septiembre de 2014 Ucrania, Rusia, la DNR y la LNR firmaron los llamados Acuerdos de Minsk bajo la supervisión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), implementando un alto el fuego que no obstante ha sido incumplido sistemáticamente.


Los acuerdos, además, contemplaban la creación de un Estado federal en Ucrania con poderes muy amplios para sus distintos sujetos, incluyendo las regiones de Donetsk y Lugansk, que incluso podrían tener la capacidad de vetar la entrada de Ucrania en organizaciones internacionales como la OTAN. [27]




Nada de ello, sin embargo, fue implementado por Ucrania, que denuncia haber firmado tales disposiciones bajo coacción.

Tras la secesión de Crimea y el estallido de la Guerra del Donbáss Kiev aceleró el proceso de “ucranización” que se había iniciado en febrero para, en palabras de la investigadora Mira Milosevich-Juaristi, “crear una identidad nacional por la fuerza”. [28]

El establecimiento del ucraniano como único idioma oficial afectó no sólo al ruso, lengua materna de casi el 30% de la población del país, sino también a otras lenguas como el húngaro o el rumano. [29]

Pero la represión de Kiev no se centró sólo en las minorías lingüísticas del país sino también en grupos considerados enemigos de la patria, como sindicalistas o militantes comunistas.

En mayo de 2014 tuvo lugar el incendio intencionado de la Casa de los Sindicatos de Odesa, en el cual murieron 46 personas, 5 de ellas por herida de bala según constató la propia OSCE, y resultaron heridas más de 200, [30] y al año siguiente, en diciembre de 2015, fue ilegalizado el Partido Comunista de Ucrania, oficialmente no por cuestiones ideológicas aunque sí en el contexto de una oleada de leyes de “descomunistización”. [31]

Así las cosas llegamos a diciembre de 2021, cuando las tensiones en la frontera ruso-ucraniana llegaron a un punto álgido. El motivo no era otro que las pretensiones de Ucrania de entrar en la OTAN, algo que Rusia considera una amenaza inaceptable.

Ya en 1990 el por entonces secretario de Estado estadounidense James Baker había prometido al mandatario soviético Mijaíl Gorbachov que la OTAN no se expandiría “ni una pulgada más” hacia el este, si bien se trató de un compromiso meramente verbal y no de un acuerdo por escrito según relata la historiadora Mary Elise Sarott. [32]

Así pues, de acuerdo con el periodista experto en Rusia Rafael Poch, la invasión de Ucrania iniciada el 24 de febrero respondería a una situación límite en la que se han visto los estadistas del Kremlin, que antes de que la OTAN alcanzase aún más poder y ello desembocase en una gran guerra, han preferido romper el orden europeo e iniciar una guerra preventiva a menor escala en Ucrania. [33]

Mapa de la expansión de la OTAN por Europa desde 1949 hasta 2017. Reseau International.

Sin embargo el fin de la expansión de la OTAN no es la única condición que pone Rusia sobre la mesa en las negociaciones. Tan sólo unos días antes de la invasión, el 21 de febrero, Putin anunciaba el reconocimiento oficial de la DNR y la LNR, a lo cual siguió la firma de un Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua con sendas repúblicas a través del cual Rusia se veía legitimada para intervenir en Ucrania de cara a proteger a la población rusoparlante del Donbáss.

Ahora bien, que todo esto se haya producido en 2022 y no en 2014 hace sospechar que se trata de una cuestión propagandística más que de una preocupación verdaderamente altruista.

Lo mismo ocurre con el objetivo de Rusia de “desnazificar” Ucrania, pues aunque es innegable el gran poder y presencia institucional que han adquirido los grupos armados de ideología nazi en el país, primero con el respaldo del presidente Petró Poroshenko y actualmente con el de Volodímir Zelensky, dicha preocupación no estaba entre las prioridades del Kremlin hasta hace sólo unos meses, por lo que nuevamente parece responder a una estrategia de legitimación antes que a un verdadero compromiso antifascista.

El presidente ucraniano Volodímir Zelensky durante su intervención telemática en el Congreso de los Diputados de España, 5 de abril de 2022. La Vanguardia.

De igual manera, no obstante, se podría argumentar que la invasión rusa de Ucrania no constituye un acto de agresión imperialista, ya que si el objetivo prioritario del Kremlin fuese recuperar su influencia sobre el mercado ucraniano habría tenido más sentido que dicha invasión se hubiese producido en 2014, cuando Rusia podría haberse escudado en su apoyo al presidente Yanukóvich frente a un golpe de Estado orquestado por Occidente para intervenir militarmente en Ucrania.


Según sostiene el politólogo Carlos Taibo, nada sospechoso de simpatizar con el Kremlin, “Rusia lo ha probado todo o casi todo en sus relaciones con el mundo occidental en el transcurso de los últimos 30 años”, pero a pesar del inicial apoyo de Putin a Estados Unidos a comienzos del siglo XX, Rusia no recibió nada a cambio sino que, todo lo contrario, observó cómo la OTAN continuaba expandiéndose hacia el este. [34]


Siguiendo con esta interpretación -y sin ningún ánimo de querer justificar con esto la invasión-, la tentativa de Ucrania de ingresar en la Alianza Atlántica habría sido la gota que ha colmado el vaso para una Rusia que, entendiendo agotada la vía diplomática, ha decidido hacer valer sus intereses en materia de seguridad por la fuerza de las armas. Como hace poco dejó escrito José María Faraldo, historiador especializado en Europa Oriental, Rusia “ha preferido ser temida antes que ser amada”. [35]


Álvar Muratel Mendoza
 

REFERENCIAS:

1. Granados, Javier: “Ucrania, un Estado y dos civilizaciones”, UNISCI Discussion Papers, nº 14 (2007), p. 155.

2. Ibid., p. 156.

3. Id.

4. Id.

5. García Andrés, César: “Ucrania: el largo proceso hacia la integración europea”, Revista de Estudios Europeos, nº 71 (2018), pp. 397-398.

6. Ibid., p. 402.

7. González Márquez, Jorge: “Ucrania: ocho años de crisis (I)”, Descifrando la Guerra (25 de diciembre de 2021 [consultado el19 de abril de 2022]): disponible en http://bitly.ws/pGrq.

8. Ufimtsev, Mikhail: “El Euromaidán de Kiev: El origen y los motivos de las protestas”, nuevatribuna.es (14 de febrero de 2014 [consultado el 19 de abril de 2022]): disponible en http://bitly.ws/qrT8.

9. González Márquez, Jorge: op. cit.

10. Ufimtsev, Mikhail: op. cit.

11. González Márquez, Jorge: op. cit.

12. Ufimtsev, Mikhail: op. cit.

13. Montaner, Alberto y Ryzhkov, Vĭacheslav: “Las banderas del Maĭdán (Kíev, Ucrania): una aproximación socio-vexicológica”, Emblemata, nº 20-21 (2014-2015), p. 593.

14. Ufimtsev, Mikhail: op. cit.

15. González Márquez, Jorge: op. cit.

16. Montaner, Alberto y Ryzhkov, Vĭacheslav: op. cit., pp. 605-606.

17. Navarro, Vincenç: “Lo que no se está diciendo sobre Ucrania”, Público (18 de marzo de 2014 [consultado el 20 de abril de 2022]): disponible en http://bitly.ws/qsy4.

18. Montaner, Alberto y Ryzhkov, Vĭacheslav: op. cit., p. 610.

19. Montaner, Alberto y Ryzhkov, Vĭacheslav: op. cit., pp. 611-612.

20. González Márquez, Jorge: op. cit.

21. Id.

22. Id.

23. Id.

24. Id.

25. Id.

26. “Invierno en el Donbass”, teleSUR TV, 20 de mayo de 2015, YouTube, 07:01, http://bitly.ws/pGuJ.

27. Bregolat, Eugenio et al.: “Diàlegs Humanístics UPF 2022: La catástrofe de Ucrania. Rusia y Occidente”, Universitat Pompeu Fabra - Barcelona, 11 de marzo de 2022, YouTube, 19:10, http://bitly.ws/pGyA.

28. Milosevich-Juaristi, Mira: “La “ucranización” aleja a Ucrania de la democratización”, Real Instituto Elcano (14 de noviembre de 2018 [consultado el 20 de abril de 2022]): disponible en http://bitly.ws/qsdJ.

29. Id.

30. Arrogante, Víctor: “Rusia y Ucrania en la historia: La matanza de Odesa”, nuevatribuna.es ( 6 de febrero de 2022 [consultado el 22 de abril de 2022]): disponible en http://bitly.ws/qttB.

31. Gorbach, Denys: “Sobre la ilegalización del Partido Comunista”, vientosur (28 de enero de 2016 [consultado el 22 de abril de 2022]): disponible en http://bitly.ws/qttN.

32. Ortega, Andrés: “¿Qué le prometió la OTAN a Gorbachev?, Real Instituto Elcano (09 de septiembre de 2014 [consultado el 21 de abril de 2022]): disponible en http://bitly.ws/qted.

33. Bregolat, Eugenio et al., op. cit., 40:30.

34. Taibo, Carlos: “Rusia frente a Ucrania. Imperios, pueblos, energía. Charla con Carlos Taibo - CGT zona sur”, CGT Zona Sur, 1 de abril de 2022, YouTube, 17:17, http://bitly.ws/qrAq.

35. Faraldo, José María: “El fracaso de Vladímir Putin”, El País (24 de febrero de 2022 [consultado el 21 de abril de 2022]): disponible en http://bitly.ws/qthX.


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