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Traición. Harold Pinter

Dónde: El Pavón Teatro Kamikaze

Director: Israel Elejalde

Versión: Pablo Remón

Duración: Hasta 4 octubre

Imagen cartel teatro Kamikaze

Traición. Harold Pinter (desde Israel Elejalde y Pablo Remón)

En el estreno de Traición se respiraba en el El Pavón Teatro Kamikaze no sólo la tensión y la expectación habitual que concita el arranque de una producción, sino también la alegre excitación del reencuentro tras cinco meses de obligado silencio motivado por la pandemia.

Obedientes a las órdenes de seguridad e higiene que la vuelta a la escena exige, una larga cola, dispuesta a ser disparada por la pistola termómetro, esperaba con mucho tiempo de antelación a la puerta del histórico edificio de la calle Embajadores este jueves 28 de agosto.

Traición, obra del dramaturgo Premio Nobel Harold Pinter, estaba programada en la temporada 2019-2020 del Teatro Kamikaze, pero la crisis del coronavirus suspendió su andadura antes incluso de que esta hubiera comenzado el 12 de marzo. Tras este tiempo de parálisis escénica, el anuncio de la reapertura de la prestigiosa sala con Traición ha supuesto un espaldarazo para la vuelta a la actividad teatral, dubitativa por la inestable circunstancia y carente del necesario apoyo institucional.


Traición es una de las piezas capitales de Harold Pinter. Estrenada en 1978 en el National Theatre de Londres, y llevada al cine en 1983 por David Jones con Jeremy Irons, Ben Kingsley y Patricia Hodge, ofrece al espectador una cruda imagen de nuestra moral hipócrita.

El título anuncia sin estorbo de ocultamiento el motivo sobre el cual estaremos 90 minutos pendientes de un triángulo amoroso del que ninguno de los componentes sale bien parado.
Teatro Kamikaze

La propuesta de Traición que presenta el Teatro Kamikaze tiene el sello de Pablo Remón, quien traduce y versiona el texto de Pinter, y la impronta de Israel Elejalde en la dirección.

Nadie más pinteriano en esta edad de plata que vive la escena española que Pablo Remón, dramaturgo que disfruta jugando con el tiempo

En verdad, nadie más pinteriano en esta edad de plata que vive la escena española que Pablo Remón, dramaturgo que disfruta jugando con el tiempo en piezas que enganchan por su extraña y mágica realidad, deshaciendo la línea cronológica una y otra vez con saltos que buscan el hondón existencial que huye del reloj, como pudimos comprobar no hace mucho con su Doña Rosita, anotada (2019) y también en una de sus obras iniciales y más aplaudidas, 40 años de paz (2015).


Es, por lo tanto, uno de los aciertos de esta producción la versión de Remón, ya que en la obra el uso del tiempo es una de sus grandezas, al invertir Harold Pinter la presentación de los hechos en nueve escenas que van desde la primavera de 1977 hasta el invierno de 1968.


Por otra parte, tampoco nadie mejor que el dramaturgo madrileño para traducir unos diálogos en los que late, como una influencia del absurdo, la imposibilidad última de la comunicación, entre el ocultamiento y la ironía. De ahí que en más de un momento de la pieza la carcajada inunde el patio de butacas mientras se contempla la triste procesión de la impostura.


La dirección de Israel Elejalde es otro de los aciertos, sin duda. La decisión de no realizar un descanso tras la cuarta escena, tal y como ofrece como posibilidad el original de Pinter, consigue que la pieza no pierda ni ritmo ni intensidad. Sin embargo, acaso el mayor acierto de Elejalde haya sido la transformación del cuarto personaje, el mozo en el texto pinteriano, por una pianista, Lucía Rey, que acompaña a los actores en escena a lo largo de la obra e introduce la música como interpretación de aquellas situaciones especialmente significativas desde la perspectiva del director.

Verdadero jolgorio de dotes actorales

En este sentido, que el espectador no espere una mera ambientación al contemplar en el escenario un piano, puesto que encontrará una acertada pista musical sobre el sentido de la obra. Resuelto ese cuarto personaje del mozo con la pianista, el resto del reparto es un verdadero jolgorio de dotes actorales con Irene Arcos como Emma, Raúl Arévalo como Robert y Miki Esparbé como Jerry.

La escenografía de Mónica Boromello es, asimismo, un tino dramático gracias a un decorado único caracterizado según las necesidades de cada escena por el uso de los espacios y por la significación de sus componentes. Y el hecho de que el vestuario elegido sea el habitual de los años setenta del pasado siglo compadece bien con el anuncio al comienzo de cada escena del momento temporal en el que nos encontramos. Es posible que algún espectador se sienta incómodo con el uso que se hace de letreros hacia el final de la pieza, aunque es verdad que habrá quien agradezca ese tipo de muleta explicativa.

Cuando la obra finaliza, aparece la sospecha de que no hay mayor traición que la que uno se hace a sí mismo en la elección de nuestros compañeros de viaje vital y en el trato que les dispensamos.

El ocultamiento y el engaño como monedas al uso de un medio hipócrita y cómo normalizamos su vivencia son otros caminos por los que transitamos al caer el telón. Hay muchas razones para volver al teatro con esta Traición.

Mauro Jiménez


Equipo artístico

De Harold Pinter Versión y traducción Pablo Remón Dirección Israel Elejalde Intérpretes Irene Arcos, Raúl Arévalo y Miki Esparbé Pianista Lucía Rey Dirección de producción Jordi Buxó y Aitor Tejada Producción ejecutiva Pablo Ramos Escola Producción Víctor Hernández Escenografía Monica Boromello Fotografía Miki Esparbé Sergio Lardiez Fotografía Vanessa Rábade Diseño Gráfico Patricia Portela Ayudante de dirección Pilar Valenciano Distribución Caterina Muñoz Luceño Comunicación Pablo Giraldo Una producción de Buxman Producciones para El Pavón Teatro Kamikaze

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