• Trinchera Cultural

Tecnologías al servicio del Arte. Fundación Telefónica

EXPOSICIÓN:

Intangibles. Una exposición digital de la colección Telefónica.

UBICACIÓN:

Fundación Telefónica, calle Fuencarral nº 3, Madrid.

DISPONIBILIDAD:

Hasta el 23 de febrero de 2020.

Con el desarrollo de las nuevas tecnologías aplicadas al mundo audiovisual, se acentúa la propuesta basada en que la obra de arte no tiene por qué ser un objeto, puede ser una experiencia sensorial, tanto individual como compartida.


Hace 500 años, un aficionado al Arte sólo podía disfrutar de una obra acudiendo al lugar en la que esta se encontraba. El desarrollo de la imprenta y del grabado permitió que las imágenes se difundieran.


Desde entonces han cambiado mucho las cosas (sobre todo en los últimos 30 años) en lo que se refiere a los diferentes procedimientos de reproducción de las obras de arte y a la incorporación de nuevas técnicas de creación artística.

Fundación Telefónica nos ofrece la posibilidad de disfrutar de alguno de los resultados de la aplicación de la revolución digital al mundo del Arte.

Mediante una selección de obras de su propia colección y con el concurso de expertos en el tratamiento digital de las imágenes se nos sitúa en un espacio interactivo en el que la obra no está presente físicamente pero sí virtualmente, con lo que abre un enorme campo para la reflexión:

¿Forma parte el espectador de la propia obra de arte? ¿Cuántos puntos de vista podemos adoptar ante una obra gracias a las nuevas tecnologías? ¿Cuándo empieza y cuándo termina el proceso de creación? ¿Es necesaria una nueva concepción del espacio para exposiciones artísticas más allá de la galería o el museo tradicionales?

Estas y otras muchas preguntas nos las formulamos según recorremos la exhibición propuesta. Paul Delvaux pinta L´appel en 1944.

En sus obras suelen aparecer desnudos y esqueletos en paisajes urbanos trazados con lejanas perspectivas, dentro de un surrealismo de línea objetiva muy influido por la Pintura Metafísica de Giorgio de Chirico.

Quietud, desolación y deseo. La novedad reside en que el visitante, provisto de gafas de realidad virtual, puede entrar en el escenario y adquirir puntos de vista imposibles sin el uso de este recurso.

Con la obra de René Magritte, la Belle Société (1965-66) podemos sustituir al hombre del bombín de forma que el paisaje se transparente en nuestro propio cuerpo al introducir un software de análisis de imagen.

Nos convertimos así en protagonistas de las delirantes asociaciones del surrealismo.

Cuando los artistas del Cubismo decidieron eliminar el único punto de vista (para adoptar una perspectiva múltiple y presentar toda la verdad de los objetos al analizar una gran variedad de formas para luego sintetizar las esenciales), crearon un mundo figurativo complejo obligando al espectador a reconstruir la realidad fragmentada.

Imaginemos que tenemos la posibilidad de mover los elementos de la composición para entender parte del proceso mental del artista.

Es lo que podemos hacer en Nature morte cubiste (1919) de María Blanchard. Mediante un software que detecta objetos del cuadro y los compone en 3D y los procesa gráficamente en tiempo real, el espectador manipula en una mesa interactiva hasta seis objetos cambiándolos de posición a su gusto, comprobando la transformación de la luz y del color al servicio de las formas planas de la pintora santanderina.

La influencia de Juan Gris en esta artista fue innegable. En este caso se nos muestra una serie de obras en las que se rinde homenaje a la música.

El visitante puede tocar cuatro cuerdas virtuales en una pared produciéndose música que se transformará en una composición cubista gracias al uso de sensores y vídeo-mapping.

En La fenêtre aux collines (1923), los objetos se mueven pero no impiden valorar las simetrías y los ritmos de las colinas, los adornos de la barandilla o los pliegues de los cortinajes como si de una composición musical se tratara.


Mediante la fotogrametría se ha podido diseccionar la obra de Antoni Tapies, Assemblage amb graffiti (1972), en varios fragmentos que luego pasan a una fresadora que funciona como una impresora en 3D pero a la inversa.

El espectador puede circular entre los fragmentos y luego comparar el resultado con el ensamblaje del artista.

Es una manera de ver, diferente. Las intenciones del artista no sufren. Seguimos admirando su capacidad de construir con lo insignificante, con material de desecho, para (en actitud mironiana) elevar a categoría de arte lo banal.

Una propuesta diferente es la que ofrece Homenaje a la mar III (1984) de Eduardo Chillida.

De nuevo mediante fotogrametría y sobre una pantalla en una sala de sonido envolvente, podemos entrar en los recovecos de la escultura del autor adquiriendo sorprendentes puntos de vista, al tiempo que administramos sensaciones cambiantes producto de la combinación de imagen y sonido.

Todos utilizamos símbolos. Pueden ser objetos, imágenes o ideas. Lo que no sabemos es por qué algo se transforma en símbolo, pero sí que sentimos que afecta a nuestro espíritu, a todo lo que puede ser trascendente.

Joaquín Torres-García aporta su Constructivo en blanco y negro (1933).

Mediante pantallas táctiles y una base de datos capaz de generar patrones de conducta en función de los símbolos y palabras elegidas por el espectador, entramos en el mundo creado por el artista uruguayo en el que representación y abstracción se sintetizan en signos que pretenden referirse, desde lo material y humano de la cultura, hasta lo universal y abstracto, pasando por lo emocional y lo afectivo.

Tres niveles simbólicos que aparecen en la obra presentada.

El mundo de la abstracción se completa con la obra de Roberto Matta, Psychological Morphology (1938).

Gracias a una tecnología de generación de partículas orgánicas, en tiempo real, a través de un motor de render 3D, tecnología de realidad aumentada para localizar los pinceles en el espacio y desarrollo de software digital paint, los espectadores, dirigiendo la luz de la linterna de su móvil sobre una pantalla y moviéndola como si de un pincel se tratara, pueden participar en la modificación de la obra presentada.

Esta, forma parte del más puro automatismo de los surrealistas y acerca a nuestro pintor al mundo del Expresionismo Abstracto. El visitante tiene la oportunidad de valorar la riqueza de colorido de la obra cuando se pone a trabajar sobre ella.

No podía faltar Picasso en la muestra, y lo hace de forma absolutamente virtual. En una sala, una serie de auriculares permiten sumergirse en una visita al taller del pintor en el que alguien elogia uno de los retratos que allí hay.

Se nos invita a cerrar los ojos e imaginar ese espacio para después poder ejecutar individualmente en una pantalla táctil lo que ha sugerido esa descripción.

Indicando posteriormente un email, se puede recibir la obra en nuestra propia casa.

Esta prueba de interacción, con resultado tangible, se completa al terminar el recorrido con la posibilidad de conectarse con los otros espacios que Telefónica ha instalado en Sudamérica, de forma que se pueden compartir experiencias a través de un Mapamundi intangible, con lo que la simultaneidad añade atractivo tecnológico al recorrido.

Una Exposición gratuita y novedosa que nos invita a abrir la mente y repensar la función del espectador ante la obra de Arte.

Heraclio Gautier

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