• solegoaguirre

SLAM de Poesía. Lavapiés. Tabacalera

Alberto Moreno, nuestro Mercader de Luz se estrena como articulista. Tiene como objetivo divulgar eventos poéticos que tengan lugar en cualquier lugar de esta ciudad o fuera de ella. La poesía se ha echado a andar por las calles... Son sus palabras.

Una voz, un micrófono y un escenario. Rodeando el palco, cientos de personas escuchan; el poeta, papel en mano, recita sus versos. Cada poeta tiene dos minutos para recitar, después, un tribunal de cinco personas le califica con una numeración del uno al diez.


El espacio es un patio interior, con arcos desconchados. Las pareces están decoradas con pinturas que recuerdan el pasado industrial del espacio, grafitis, pancartas y poesías en forma pegadas con celo sobre sus muros.

Como atrezzo, el poeta tiene un micrófono, y como telón de fondo, una gran pancarta que reza “que se oiga en todo el mundo la voz de las calles, ¡no nos representan!”

Estamos en la Tabacalera; esta antigua fábrica de tabacos, situada cerca del metro de Embajadores, es hoy uno de los centros culturales más importantes de la capital. Hoy acoge un evento conocido como “slam de poesía”, un torneo de poesía que se celebra regularmente cada mes.


Las bases de este torneo son las siguientes: diez poetas elegidos por orden de inscripción, tienen tres minutos cada uno para recitar. Los textos deben ser propios y originales, y no puede existir ningún tipo de atrezzo ni acompañamiento musical. El público decide y es el jurado.


La presentadora, Boadicea, comienza leyendo una poesía, tras lo cual recuerda las bases del concurso, y lanza cinco pelotas al público; quien la recoge es jurado. Uno a uno los poetas van subiendo al escenario; declaman, recitan, y comparten con los demás sus palabras. Boadicea, como matrona o barandilla, va guiando al público y a los poetas.



Parece que las palabras hubieran escapado a raudales de las bibliotecas, que hubiesen roto su perfecta y polvorienta sepultura para abrazar a Madrid, y a la Tabacalera, en esta tibia tarde de octubre. Aquí la poesía vibra, y tiembla, y habla, y siente; cobra forma de micrófono, voz y cuerpo.

Parece como si las palabras, como aves migratorias, hubiesen vuelto al lugar donde rompieron su huevo, el lugar donde nacieron, y no donde pacientes esperan la inmortalidad, el polvo o la sepultura de las bibliotecas.


Una vez han terminado todos de recitar, se realiza el recuento de las puntuaciones. La ganadora sube al escenario, y recita para nosotros otro extracto de su poesía.


Un sonoro y merecido aplauso incendia el patio, y atruena más allá de sus paredes.

Luego, es el turno del micro abierto.


Los que nos atrevemos, pedimos subir al escenario, a leer; poco a poco vamos subiendo, ahora sin la tensión de los jueces ni la competición, a compartir nuestros versos.


La poesía se ha echado a andar por las calles.

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