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Siria: la urgencia en una triste crónica


Después de varios meses sin tener noticias de él, nos escribe Firás este texto que nos invita a la reflexión sobre la tragedia diaria que viven los sirios exiliados. Aquí tiene su Bitácora... para esto.


La muerte de un ser querido siempre nos aflige; pero si hay toda una suerte de acontecimientos alrededor como es la guerra, el miedo, convertirse en migrante y las consecuencias que ello conlleva, todo se torna más difícil.


Ahora se encuentra instalado en Cochabamba (Bolivia) donde pasará unos meses trabajando y aprendiendo lo que la vida le ofrezca, que espero sea muy bueno.


Observad esta fotografía donde aparece nuestro colaborador y amigo Firás y su tío, ambos unidos por la misma vocación de servicio ejerciendo la medicina.


Firás y su tío, ambos unidos por la misma vocación de servicio ejerciendo la medicina.

Así empezaba su relato...


Desde Bolivia he tenido la urgencia de escribir una historia relacionada con el exilio de los sirios. Para reflexionar sobre esta tragedia que continúa día tras día. - Firás

La noche del 12 de marzo falleció un familiar muy querido en Konia, en el centro de la inmensa península de Anatolia.

Konya es una ciudad turca situada en el centro de la península de Anatolia. Posee cerca de cien mil habitantes.

Lo primero que se me vino a la mente es que ya no seguiría sufriendo los estragos del cáncer avanzado que padecía. Que su vida no seguiría siendo un suplicio diario en el que luchar por llevarse una cucharada de alimento a la boca, hacer pasar un sorbo de agua por su garganta y deambular por la casa. Los paseos y los rayos del sol hace meses que quedaron atrás.



Algo había tapado la luz de su vida desde muchos años antes de que comenzara su enfermedad


Sin embargo, poco después me di cuenta de que algo había tapado la luz de su vida desde muchos años antes de que comenzara su enfermedad. Una figura grotesca y monstruosa llamada Asad cubrió con un manto de oscuridad los corazones de los sirios un 15 de marzo de 2011, un telón mayor aún que el que se venía forjando tras 40 años de dictadura, y nunca más volvió a retirarse. En pocos lugares pueden encontrarse emociones tan desoladoras como las enterradas en el alma de todas aquellas personas que han logrado escapar del infierno de la dictadura de los Asad, o se mantienen en ella de puntillas para no quemarse.


Una figura grotesca y monstruosa llamada Asad cubrió con un manto de oscuridad los corazones de los sirios un 15 de marzo de 2011, un telón mayor aún que el que se venía forjando tras 40 años de dictadura, y nunca más volvió a retirarse.

(Imagen de la agencia Reuters) Nota Trinchera: La Red Siria para los Derechos Humanos estima la cifra de muertos por el conflicto sirio en 223.161.


Mi tío nunca fue un revolucionario. Seguramente no fue un rebelde ni siquiera en clase, pues sus aplicados estudios le llevaron a ejercer de médico radiólogo en Siria.


Cuando las protestas pacíficas contra el régimen comenzaron en las calles de Alepo, la ciudad que vio a nacer a incontables Fansa, lo más probable es que, temeroso de cualquier represalia para sí o su familia, permaneciese en casa y siguiera su vida laboral sin ningún cambio.


Protestas anti-Assad en Baniyas (Siria) , abril de 2011

Como muchos otros habitantes, no quería despertar y atraer la brutal maquinaria torturadora de la policía secreta del régimen a sus hogares. Llegó un día en el que los tiroteos contra manifestantes y los bombardeos contra edificios civiles se hicieron insoportables y, como tantos otros, tuvo que agarrar sus cosas y salir del país por la frontera más cercana, la turca.

Es en este momento cuando debuta una de las peores enfermedades; la nostalgia de tu ciudad y la separación de tu familia. El pesar y la angustia diarios por el bienestar de los tuyos. Empezar una vida nueva en un país en el que no hablas el idioma y donde ya hay cientos de miles de los tuyos ocupando puestos de trabajo. Sacar adelante a la familia de cualquier manera.


Son muchos los dilemas y las cargas psicológicas a las que un migrante tiene que hacer frente. Algunos son capaces de reinventarse e intentar que ese peso en el alma no te lastre para poder seguir adelante. Otros simplemente lo intentan, ante un mundo que se desmorona continuamente.

El camino de mi tío fue largo hasta que por fin pareció vislumbrarse algo de esperanza. Un hospital turco iba a aceptarle como radiólogo y pronto empezaría unas prácticas de acondicionamiento para poder empezar a ejercer.


Solo aguantó unas pocas semanas. El cáncer empezó a manifestarse rápidamente. Cirugía y quimioterapia. No sé exactamente qué pasaría por su cabeza, la distancia dificultaba muchas cosas, pero él quería tranquilizarnos y nos decía que todo iba bien.


Más tarde supimos que probablemente era una condición irreversible. El cansancio y el pesar ocupaban toda su vida, de nuevo. No debe ser fácil tener la fortaleza física y mental necesarias para afrontar el tratamiento de un cáncer, cuando a tu alrededor todos tus puntos de seguridad habituales han desaparecido.


Quería volver a Alepo una última vez antes de morir. Pero no, no pudo. Allá murió y allá fue enterrado, lejos de su ciudad

Quería volver a Alepo una última vez antes de morir. Pero no, no pudo. Allá murió y allá fue enterrado, lejos de su ciudad, tomando una medicación que le ponía el cuerpo del revés, en una casa de alquiler humilde, con unas escaleras que le impedían salir a la calle, rodeado de unos pocos familiares.


Un hijo suyo en Europa, otros tantos en Alepo. Sin trabajo y sin esperanza de nada excepto de su fe en Dios. “No tenemos a nadie más que a Dios” es algo que suele corearse en las manifestaciones en Siria, dado el abandono de la comunidad internacional.

Aunque lo parezca, esta no es la historia de cómo murió mi familiar.


Es una más de los afectados por la tiranía de Asad y el mutismo internacional. Otra más, como las de los ahogados en el Mediterráneo, los que murieron bajo sus bombas o sus balas, los torturados, los que languidecen en sus prisiones. Otra más, como las de los jóvenes que corren saltando vallas en Europa, como las de los esclavizados en fábricas en Turquía, como las de aquellos que agonizan en campos de refugiados bajo el hielo o las arenas del desierto. Otra más, como las de los trabajadores a día completo en Siria, los que, en silencio, siguen sufriendo al régimen, los que viven con el miedo en el corazón.


No tenemos a nadie más que a Dios” es algo que suele corearse en las manifestaciones en Siria, dado el abandono de la comunidad internacional.

Él ha fallecido, pero no es una muerte cualquiera. La avaricia y la maldad de este régimen llenaron de inmundicia el aire de los últimos años de su vida.


Por eso, seguiremos luchando hasta que todos los sirios y las sirias puedan respirar aire puro, un aire lleno de libertad.

Te queremos y te recordamos. A ti y a todas las víctimas directas o indirectas de este gobierno genocida. No hay perdón.


Firás Fansa

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