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"Setenta"por Alberto Moreno


"Desde hace más o menos dos semanas estoy tratando de darle forma a este poema. Muchas cosas han cambiado en estos tres meses, en los que nuestro mundo ha dado un vuelco por completo; nosotros, acostumbrados a la estar en la calle, a abrazar y a vivir siempre por delante del calendario, nos vimos atrapados en las cuatro paredes de nuestros hogares. En estos meses, todos nos hemos visto a través del espejo, quizás, por primera vez, con tiempo" (Alberto Moreno)

SETENTA

Quién iba a decirnos que el aire se poblaría de polvo de cristales,

que los besos quedarían pendientes al borde del tintero.

Al principio tronábamos, reventábamos el silencio de las calles

con los aplausos de las ocho

para quienes en mitad de la noche

encendían una antorcha.

Festejábamos en los balcones

como quien canta en mitad de la tormenta,

y afuera la muerte tendía sus garras,

propagaba su incendio,

y el silencio dejaba huérfanas las pisadas.

Mirábamos nuestra ciudad desierta,

y los pájaros sustituían el ruido de las máquinas.

Supimos entonces que la primavera no nos necesita

cuando las nubes barrieron el polvo

y el cielo era por lo tanto azul

a fin de cuentas.

Conviene recordar que ayer no era pretérito perfecto;

nos creíamos inmortales por vivir

dos pasos por delante del calendario,

y tejíamos aviones de papel

en los andenes del metro.

La piel que hoy nos arde se escondía en los abrigos,

e inventábamos praderas sin espejos

donde corriesen libres los caballos de la infancia.

Hay bellas muchachas que pasan a través de mi ventana,

y aún invento huidas e incendios

ahora que mi piel, huérfana, estalla.

No debemos romantizarlo,

pero las calles eran nuestras.

La poesía era una excusa

para encontrarnos en los bares

y compartir praderas y caballos de nuestra infancia.

Ah, pero cómo no soñar en viejas calles

ahora que mis piernas miden

un kilómetro a la redonda.

Es verdad que a veces me reconforto en mi tragedia

donde mis padres pueblan el salón y la nevera

y nos hacemos un sitio junto al fuego.

Ventana, tengo que darte también las gracias,

en estos setenta días delante de mi sombra

he aprendido a besarme en el silencio

sin huidas,

y he regado con tiempo el margen blanco de una página.

Navegamos todos en el mismo mar,

pero no todos vamos en el mismo barco.

El hambre avanza detrás del silencio,

destierra la cuchara,

la dignidad habita en largas filas

en las bolsas solidarias de los barrios.

Habrá otro tiempo, está claro,

hay árboles que están ahora naciendo en nuestras grietas

y seguiremos el vuelo de los aviones de papel

en el cielo azul de la mañana.


Alberto Moreno

Junio 2020

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