• Trinchera Cultural

Serbia y Kosovo: la fractura yugoslava que no cicatriza



“Si vieras lo que yo veo en el futuro de Yugoslavia te asustaría.”

Josip Broz Tito


Parecía que la situación en el este de Europa no podía empeorar desde que a finales de febrero de este año Rusia iniciara la invasión de Ucrania. Por ello las noticias que comenzaron a llegar el 31 de julio sobre el incremento de las tensiones entre Serbia y Kosovo, aunque pasaron relativamente desapercibidas, dispararon las alarmas entre quienes conocen el pasado reciente de ambos países y la inestable paz que mantienen.

Hoy en La Cápsula del Tiempo hablaremos de la violencia ultranacionalista en los Balcanes y su papel en el estallido de la guerra que desembocó en la desintegración de Yugoslavia y el surgimiento en su lugar de distintos Estados independientes, entre ellos Serbia y Kosovo.

La República Federativa Socialista de Yugoslavia fue desde el principio un caso atípico dentro de los países del Bloque Socialista durante la Guerra Fría, como también lo fue su proceso de transición una vez hubo caído el Telón de Acero. Mientras que en la mayoría de repúblicas populares de la Europa del Este el tránsito del socialismo hasta el parlamentarismo y una economía capitalista se produjo de forma relativamente pacífica en Yugoslavia se saldó con el inicio de un ciclo de varios conflictos bélicos en el que llegaron a sucederse hasta cuatro guerras distintas en una década, motivo por el cual son a menudo consideradas como una única guerra civil prolongada en el tiempo y el espacio. Sin embargo, antes de llegar hasta ahí conviene repasar brevemente el proceso de eclosión de los ultranacionalismos que terminaron por desmembrar Yugoslavia. Éstos no surgieron de la noche a la mañana a partir de 1990, sino que constituyeron un fenómeno que, aunque inactivo, sobrevivió dentro del Estado federativo yugoslavo, siendo necesaria la intervención de las élites políticas de cada territorio para reavivar de nuevo sus respectivos movimientos nacionalistas tras décadas de aparente pasividad. [1] Así pues, pese a los intentos del Estado central por crear un sentimiento nacional unitario, el “yugoslavismo”, el país constituyó siempre un marco de enfrentamiento entre dicha tendencia unificadora y los particularismos propios de cada una de sus repúblicas. [2]

Bandera de la República Federativa Socialista de Yugoslavia.

Yugoslavia logró conservar su unidad territorial mientras preservó las formas de poder del sistema socialista, [3] el cual consiguió crear un equilibrio, más o menos estable en función del momento, entre el Estado central y los distintos nacionalismos. La Constitución Yugoslava de 1946 distinguía entre los “pueblos” –aquellos que disponían de un “hogar nacional” dentro del territorio federal yugoslavo, siendo considerados como tales los croatas, los eslovenos, los macedonios, los montenegrinos y los serbios– y las “nacionalidades” –integradas por comunidades que sí disponían de “hogares nacionales” fuera del territorio yugoslavo, como los italianos, húngaros y albaneses diseminados por el territorio. [4] Posteriormente, la Constitución de 1974 configuró Yugoslavia como un Estado federal integrado por seis repúblicas –Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia– y dos provincias autónomas –Kosovo y Vojvodina–, dependientes de Serbia. [5] Así mismo, la nueva Constitución introdujo una novedad importante con respecto a la creación de un sentimiento identitario yugoslavo común: por primera vez desde el censo elaborado en 1961 los ciudadanos de cualquiera de los territorios de la federación tenían la posibilidad de declararse simplemente yugoslavos. [6]

División administrativa de la República Federativa Socialista de Yugoslavia.

Sólo unos años después, en 1966, confluyeron dos hechos que, combinados, podrían ser considerados el principio del fin de la unidad de Yugoslavia: de una parte, la introducción de reformas económicas liberalizadoras que fomentaron el desarrollo de rivalidades entre las distintas repúblicas y, de otra parte, la destitución por abuso de poder y complot del principal candidato a heredar el gobierno del país, Aleksandar Ranković, jefe de la policía secreta y firme partidario de la centralización del Estado. [7] La situación habría de agravarse aún más a lo largo de la crisis de los años 80. La muerte de Josip Broz Tito, que había ejercido como presidente de Yugoslavia desde 1953 hasta su fallecimiento en 1980, obligó a llevar a cabo una reestructuración de las relaciones institucionales al tiempo que fomentó el desarrollo de profundas tensiones entre las distintas repúblicas, motivadas más por conflictos “nacionales” que por disputas de índole ideológica. [8]

Josip Broz Tito, 1961.

A esto habría de añadirse la coyuntura de crisis económica que experimentó el país en la década de los 80 y a la que sus dirigentes políticos no supieron responder de forma eficaz. [9]

Yugoslavia había venido aplicando un modelo de socialismo distinto a la vía soviética, el llamado socialismo autogestionario, en el que la propiedad de la mayor parte de las empresas no era estatal sino colectiva, recayendo su gestión directamente sobre los trabajadores. Dicho modelo, a pesar de los avances que produjo en materia económica, no evitó el surgimiento de distintas jerarquías de carácter nacional que, escudadas en la autogestión económica y la descentralización administrativa, fomentaron las rivalidades entre las repúblicas ricas del norte y las menos prósperas del sur, contribuyendo así a fragmentar el mercado interior yugoslavo. [10]

La situación, ya de por sí delicada, empeoró a partir de 1989 con la caída del Telón de Acero y el hundimiento de los distintos regímenes socialistas de Europa del Este, lo cual indudablemente tuvo un profundo efecto psicológico sobre Yugoslavia, cuya población observaba cómo la ciudadanía de países como Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia o Rumanía adquiría mayores libertades individuales [11] –a la par que menguaban los servicios y coberturas sociales de los que habían podido disfrutar hasta entonces– mientras que las élites dirigentes yugoslavas asistían no sin recelo al desmoronamiento del socialismo en su entorno geográfico más próximo.

No obstante, y si bien el factor económico, como acabamos de observar, tuvo un papel destacable, no podemos ignorar el importantísimo componente religioso que impregnaba los distintos nacionalismos [12] que comenzaban a eclosionar en Yugoslavia, con una heterogénea Bosnia y Herzegovina de composición musulmana, ortodoxa y católica, una Croacia mayoritariamente católica con una minoría ortodoxa, una Eslovenia mayormente católica, una Macedonia de composición ortodoxa y musulmana y una Serbia mayoritariamente ortodoxa con minorías musulmana y católica [13] que, en conjunto, componían un complejo mosaico de religiones en un área geográfica relativamente reducida.

Distribución de las principales religiones en el antiguo territorio yugoslavo hacia 2001.

Así las cosas, en 1989 fue nombrado primer ministro yugoslavo el croata Ante Marković, quien se propuso lograr la celebración de unas elecciones de ámbito federal. Dicho proceso no pudo ser llevado a término, y fue reemplazado por la celebración, a lo largo de 1990, de elecciones por separado en cada una de las repúblicas yugoslavas. [14] En el caso de Serbia, la Liga de los Comunistas fue refundada en julio de 1990 como el Partido Socialista de Serbia, que reemplazó su anterior programa de carácter marxista-leninista por otro de tendencia socialdemócrata. Un cambio sumamente significativo que se producía en el contexto de la introducción en Yugoslavia del pluripartidismo, a pesar de lo cual el Partido Socialista de Serbia, con Slobodan Milošević a la cabeza, logró mantener sin problemas la hegemonía a lo largo de los años 90. [15] Más allá de Serbia, sin embargo, los dispares resultados electorales obtenidos en 1990 en el resto de repúblicas constituyeron el pistoletazo de salida para el proceso de descomposición de Yugoslavia, al que por otra parte Serbia había contribuido en buena medida al no respetar muchas de las reglas de juego del Estado federal. [16]

Vreeker, Paul: Slobodan Milošević durante su juicio por crímenes de guerra ante el Tribunal Internacional para la Ex Yugoslavia, 2000, AP.

Daba comienzo la Guerra de los Balcanes o Guerras de Yugoslavia, que entre 1991 y 2001 desató la violencia ultranacionalista en el país mientras se desmoronaba el Estado socialista yugoslavo. Dado que el objetivo de este artículo es comprender el origen de las desavenencias entre Serbia y Kosovo nos centraremos únicamente en estos dos territorios y dejaremos de lado los avatares que dieron lugar a la independencia de Croacia (1991), Eslovenia (1991), Macedonia (1991) -renombrada como Macedonia del Norte en 2019-, Bosnia y Herzegovina (1992) y Montenegro (2006).

Ya en 1989 Kosovo había perdido el estatuto de autonomía que le otorgó en su momento la Constitución de 1974, lo cual obviamente repercutió en las relaciones entre la mayoría albanokosovar, con preeminencia musulmana aunque con una importante presencia de católicos y, en menor medida, ortodoxos, y la minoría serbokosovar, esencialmente ortodoxa. [17] La respuesta albanokosovar consistió en un primer momento en la organización de un movimiento de desobediencia civil no violento, [18] al que pronto seguiría la fundación en 1990 del llamado Ejército de Liberación de Kosovo (ELK), integrado por albanokosovares y a partir de 1997 equipado con armas albanesas obtenidas de los asaltos a los arsenales del país por parte de la población tras la caída del presidente albanés Sali Berisha. [19]


A comienzos de 1998 los enfrentamientos se recrudecieron dando paso al estallido de la Guerra de Kosovo, en la que las fuerzas serbias mantuvieron inicialmente su ventaja sobre el ELK. Aun así, en octubre de aquel mismo año, y no sin una importante presión internacional, se llegó a un acuerdo de paz que, no obstante, no sería respetado, por lo que en febrero de 1999 dio comienzo una nueva conferencia de paz en Rambouillet (Francia) que contemplaba la creación de un protectorado internacional sobre Kosovo como fase de transición hasta la recuperación de la condición de región autónoma y el envío de 28.000 efectivos de la OTAN. Al final las autoridades serboyugoslavas se negaron a suscribir los acuerdos, ofreciendo así un pretexto para la posterior intervención militar de la OTAN, [20] gracias a la cual la alianza atlántica encontraba una nueva función que legitimase su existencia tras el fin de la Guerra Fría [21] y la desaparición del Pacto de Varsovia. Entre marzo y junio de 1999 la OTAN bombardeó una larga lista de objetivos no sólo militares sino también civiles en Montenegro y sobre todo Serbia –acción que ha sido denunciada en numerosas ocasiones como un crimen de guerra. El objetivo era doblegar cuanto antes al gobierno serboyugoslavo [22] –acusado a su vez de estar llevando a cabo un proceso de limpieza étnica contra los albanokosovares– el cual finalmente se vio obligado a suscribir un acuerdo de paz no muy distinto al de Rambouillet, con la destacable salvedad de que se incrementaba de manera considerable el número de efectivos –de 28.000 a 50.000- desplegados por la OTAN. [23]

Defensa antiaérea serboyugoslava tratando de repeler un bombardeo de la OTAN sobre la ciudad de Novi Sad, en la provincia serbia de Vojvodina.

Después de aquello lo poco que quedaba del Estado federal yugoslavo no tardó en desmoronarse, desapareciendo oficialmente el 4 de febrero de 2003 mediante una resolución de su parlamento. El 3 de junio de 2006, tras la celebración de un referéndum, Montenegro declaró su independencia respecto a Serbia, mientras que Kosovo hacía lo propio el 17 de febrero de 2008 sin que en su caso se llegara a obtener el reconocimiento internacional esperado: apenas 52 Estados a finales de aquel año. [24]

Desde entonces, y como es lógico suponer, las relaciones entre los sucesivos gobiernos de Serbia y Kosovo han sido distantes cuando no abiertamente hostiles. El último intento de acercamiento entre ambos países tuvo lugar el 4 de septiembre de 2020 con la firma del Acuerdo de Washington, mediante el cual, a través del arbitraje de Estados Unidos, se pretendía normalizar las relaciones económicas entre ambos territorios o, más concretamente, recuperar y ampliar las disposiciones previamente adoptadas al respecto, aunque sin llegar a abordar los motivos por los cuales dichas medidas habían fracasado anteriormente. [25] Así mismo el acuerdo de 2020 no sólo recogía cuestiones de índole económica sino también política, pues entre otras medidas se establecía el deber de colaborar en la búsqueda de desaparecidos de la Guerra de Kosovo o en lo relativo a la situación de los refugiados y desplazados del conflicto, al tiempo que Serbia se comprometía a cesar por plazo de un año su campaña contra el reconocimiento internacional de Kosovo a cambio de que las autoridades kosovares cesaran sus solicitudes de ingreso en organizaciones internacionales. [26]

Boghosian, Joyce N.: el presidente estadounidense Donald Trump (centro) junto al presidente serbio Aleksandar Vučić (izq.) y el primer ministro kosovar Avdullah Hoti durante la ceremonia de firma del Acuerdo de Washington entre Serbia y Kosovo, 2020, The White House.

El estallido de una nueva crisis entre Serbia y Kosovo a finales de julio ha vuelto a alejar la perspectiva de un posible entendimiento entre sus respectivos gobiernos.

La decisión las autoridades kosovares de imponer a los serbios que viven en su territorio la obligatoriedad de emplear matrículas de Kosovo fue interpretada por Serbia como una medida de presión para expulsar a los serbios, la cual vino acompañada además del establecimiento de una identificación temporal para los ciudadanos serbios que quisiesen viajar a Kosovo, que hasta entonces han venido haciéndolo únicamente con su pasaporte nacional. Finalmente, tras unas horas en las que pareció que podía volver a estallar un conflicto armado en la región, Kosovo anunció que retrasaría hasta el 1 de septiembre la implementación de las medidas anunciadas, y unas semanas después alcanzó un acuerdo con Serbia mediante el cual ambos Estados se comprometen a aceptar sus respectivos documentos de identidad a la hora de cruzar la frontera.

Lo que ocurra de aquí en adelante en el siempre inestable polvorín de los Balcanes sólo el tiempo lo dirá.


Álvar Muratel Mendoza
 

REFERENCIAS

1. Marcos Marné, Hugo: “El enfoque constructivista y el papel de los nacionalismos en la desintegración de Yugoslavia: ¿coyuntura política o herencia del pasado?”, OASIS: Observatorio de Análisis de los Sistemas Internacionales, nº 19 (2014), pp. 119-120.

2. Casanova Gómez, Marina: “La Yugoslavia de Tito. El fracaso de un estado multinacional”, Espacio, tiempo y forma. Serie V, historia contemporánea, nº 16 (2004), p. 337.

3. Milosevich, Mira: Los tristes y los héroes. Historias de nacionalistas serbios. Madrid, Espasa Calpe, 2000, p. 54.

4. Casanova Gómez, Marina: op. cit., pp. 339-340.

5. Taibo, Carlos: La desintegración de Yugoslavia. Madrid, Los Libros de la Catarata, 2000, p. 38.

6. Milosevich, Mira: op. cit., p. 49.

7. Casanova Gómez, Marina: op. cit., pp. 344-345.

8. Taibo, Carlos: op. cit., p. 35.

9. Taibo, Carlos: op. cit., pp. 36-37.

10. Romero Ramírez, Antonio José: “Yugoslavia: de las repúblicas de los consejos obreros a la guerra entre repúblicas”, Papers: revista de sociología, nº 44 (1994), p. 26.

11. Taibo, Carlos: op. cit., p. 37.

12. Indjic, Trivo: “Nacionalismos en Yugoslavia: antecedentes y problemas actuales”, Investigaciones históricas. Época moderna y contemporánea, nº 13 (1993), p. 35.

13. Taibo, Carlos: op. cit., pp. 39-41.

14. Ibid., p. 47.

15. Martín de la Guardia, Ricardo y Pérez Sánchez, Guillermo A. (coords.): La Europa del Este. Del Telón de Acero a la integración en la Unión Europea. Madrid, Biblioteca Nueva, 2002, pp. 161-162.

16. Taibo, Carlos: op. cit., p. 49.

17. Ibid., p. 91.

18. Ibid., pp. 96-97.

19. Ibid., p. 99.

20. Ibid., pp. 100-101.

21. Milosevich, Mira: op. cit., p. 308.

22. Taibo, Carlos: op. cit., p. 101.

23. Ibid., p. 104.

24. Veiga, Francisco: La fábrica de las fronteras. Guerras de secesión yugoslavas 1991-2001. Madrid, Alianza Editorial, 2011, p. 352.

25. López Canorea, Alejandro: “Papel mojado serbo-kosovar”, Descifrando la Guerra (14 de septiembre de 2020 [consultado el 29 de agosto de 2022]): disponible en http://bitly.ws/tLC7

26. Id.







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