• Trinchera Cultural

Raíces latinas en Los Ángeles

Lxs Angelinxs

UBICACIÓN:

Galería Javier López & Fer Francés. Calle General Arrando nº 40, Madrid.

DISPONIBILIDAD:

Hasta el 30 de abril de 2021.

En la Comunidad Autónoma de Madrid, con más de seis millones y medio de habitantes, solo el 6,5% es de origen latinoamericano; no obstante, forman una cultura específica y tienden a reunirse por zonas de procedencia en el disfrute de su tiempo libre los fines de semana, practicando sus deportes favoritos y sus especialidades culinarias en eventos colectivos.

En la ciudad de Los Ángeles, la población de origen latinoamericano es casi el 50%, siendo los chicanos el grupo dominante.

Su historia, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, ha sido dura en una ciudad que les redujo a determinados barrios. Las políticas de renovación urbana de esa época transformaron la ciudad mediante la construcción de una red de autopistas que se levantaron sobre los barrios habitados por obreros de estas comunidades étnicas (que vieron además cómo desaparecían los barrios históricos, poblados de minorías humildes a las que se pretendía desalojar).

Es frecuente, en la lógica capitalista del desarrollo de una ciudad, la segregación de usos sociales del suelo y el consecuente aislamiento de grandes sectores de la población por mucho que las operaciones urbanísticas se hagan en nombre del progreso.

Como dijo Pilar Tompkins Rivas: “Para los chicanos, las autopistas no eran una vía para atravesar la ciudad sino más bien el lugar de una comunidad fracturada o descuartizada donde la oscuridad es el camino más rápido a casa.”


Esta población, con un fuerte sentido de identidad colectiva, reaccionó de forma variada, y el Arte fue un instrumento eficaz de denuncia. Se trataba de crear un espacio público propio en el que su sentido de pertenencia tuviera la necesaria visibilidad y poder así romper barreras sociales, acceder a la educación y participar en los mecanismos de movilidad social. Como se trataba de llegar al mayor número posible de personas, se utilizó en la etapa de arranque de estas iniciativas (años 70 del siglo pasado), el mural, la fotografía, el póster y el cartel.

Lo que la galería de Javier López y Fer Francés presenta estos días en su sede de General Arrando en Madrid, es una significativa muestra de la obra de artistas herederos de estas iniciativas, cincuenta años después.

Proponemos una corta selección como ejemplo que estimule una posterior visita sosegada del lector a la exposición.


Comenzamos con Cosechamos lo que cosemos, de Gabriela Sánchez, 2020, una obra realizada a modo de collage con camisas de franela a cuadros con botones de sombra para hombres, pañuelos de algodón, textiles acrílicos tejidos, hilo, forro de tela, ojales e impresión digital en tela de nailon.

La integración de tejidos, texto y fotografía sirven a la artista para reivindicar su entorno familiar, el colorido y el diseño de sus prendas tradicionales, pero hay denuncia y orgullo étnico (y quizás ahí resida el interés de la exhibición en forma de bandera). La camisa a cuadros que aparece en anverso y reverso es un homenaje permanente a su padre, un obrero que buscó integrarse en un medio social que lo rechazaba pero que luchó para que su hija aprendiera los códigos y etiquetas de la inserción, sin renunciar a sus raíces latinas.

Sánchez es muy crítica con los efectos de la globalización, de ahí la fotografía de contenido social y su apuesta por conseguir que el espectador se detenga, mire y eso sirva para abandonar códigos adquiridos sin la necesaria reflexión en el universo dominante de la imagen efímera.

Las raíces latinas de Michael Álvarez le llevan a componer a partir de fotografías de su entorno familiar, pero nos ha dejado muestras de una peculiar manera de ver la ciudad en la que vive. Es un angelino que ha absorbido los elementos de la cultura yankee y los ha pasado por el tamiz de la magia chicana a través de inesperadas apariciones en sus obras.

En estas dos, Westland Paradise, un óleo, pintura en aerosol y grafito sobre lienzo y Hollywood / Highland, óleo, pintura en aerosol y grafito en el panel, nos deja tanto la imagen de una de esas autopistas que cabalga sobre la degradación como de la propia ciudad con sus mezclas de símbolos y cierto aire de graffiti derivado quizás de la utilización del aerosol.


No falta en su obra el sentido del humor, dentro de una técnica de veladura y emborronamiento como nos aparece en Limpieza posterior al coito, un óleo mezclado con lápiz, pintura en aerosol y papel sobre lienzo.

El artista ha manifestado en repetidas ocasiones que dado que el mundo en el que vivimos es una pintura maravillosa y no un espejo, somos libres de agregar elementos a esta pintura buscando que la gente se concentre tanto en las personas como en aquellas cosas que no las rodean.


Nuestro siguiente artista, Alex Becerra, es un claro exponente de la reivindicación de la cultura latinoamericana dentro de las influencias derivadas del gran arte de la vanguardia del pasado siglo. De origen chicano, su adolescencia en el sur de California le permitió mezclar el tatuaje, el rap, la estética lowrider, la comida basura y todo un mundo de símbolos asociados a la simbiosis de culturas. Ha practicado el retrato, el autorretrato, el desnudo, la naturaleza muerta y el tema de género que mezcla sin problema con botellas de cerveza, llantas de automóviles y comida mexicana. Recuerda a Van Gogh y a los expresionistas alemanes y algunas de sus obras causaron cierto escándalo en su debut en 2014 por la procacidad de sus desnudos. Las tres que presentamos (dos de ellas retratos al óleo sobre lino), indican su variada técnica, aunque lo habitual es un empaste densísimo de color hasta crear apariencia de relieve.

Terminamos con la selección de obras de tres artistas: Eduardo Sarabia, con su obra Narcomanta número 7, Amor y paz, un tapiz tejido a mano de 2018; Diana Yesenia Alvarado, Coqueta 2020, una porcelana esmaltada con efecto flocado y Ramiro Gómez, con su obra Demandas 7, 2019, lápiz de color sobre papel.


El primer artista es ejemplo de la respuesta al pavoroso fenómeno del narco mejicano; aunque le interesan otras facetas de su cultura, aquí arriesga con la crítica a la red de relaciones entre los cárteles y las autoridades pero utiliza las técnicas del street art aprendidas en Los Ángeles, recordando los procedimientos que estas empresas de la droga utilizaban para transmitir mensajes al ciudadano o a otros grupos rivales.

El sangrado de amor y paz, es suficientemente expresivo de la hipocresía con la que se aborda el conflicto.

Diana Yesenia trabaja la arcilla esmaltada a la que aplica libremente el color dejando que sean estos los que sugieran los distintos pasos del resultado final y lo hace sobre figuras que recuerdan imágenes de su infancia, en su barrio o en los dibujos del cine y la televisión. Busca con ello sugerir emociones desde la tristeza hasta el impacto de un flechazo como muestra nuestra Coqueta disfrazada de Betty Boop.


Por último, el pequeño dibujo a lápiz sobre papel de Gómez, sintetiza la separación de las familias de emigrantes que dejan a los niños al otro lado de la frontera al impedirles el paso la construcción de diferentes tipos de muros. Justicia social, inmigración, raza y trabajo son las preocupaciones del conjunto de su obra.

Hemos dejado fuera la referencia a otros artistas representados en la exposición como los homenajes de Patrick Martínez, la particular iconografía religiosa de Jaime Muñoz, los tributos al mundo del automóvil de Mario Ayala, etc.

No obstante, todos los artistas coinciden en el gesto reivindicativo de una cultura que se manifiesta con claridad en todos los ámbitos de la ciudad angelina con formas propias (murales, graffiti, carteles, tatuajes, edificios) y que resulta de la simbiosis de una ancestral tradición aprendida en el seno del hogar, del barrio y en la lucha de sus mayores con la de una modernidad de luces de neón, escaparates, lujosos coches y villas.
Heraclio Gautier






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