• Trinchera Cultural

¿Por qué desapareció la Unión Soviética? El fin de la URSS explicado

El 25 de diciembre fue una fecha doblemente señalada en el calendario de 1991. Mientras medio mundo celebraba la Navidad, en Moscú el mandatario soviético Mijaíl Gorbachov anunciaba su dimisión como presidente de la URSS. La desaparición del mayor Estado socialista de la Historia fue asumida en buena parte de Occidente como el triunfo definitivo del modelo liberal y la demostración empírica de que el ideal comunista era irrealizable. Por su parte la izquierda, tras el shock inicial, inició un amargo proceso de autocrítica sobre las causas que habían llevado a la debacle de la URSS. Hoy, 28 años después de que la bandera soviética ondease por última vez en el Kremlin, el debate continúa abierto tanto en el ámbito político como en el académico.


Gorbachov ante las cámaras en su discurso de dimisión como presidente de la URSS, 1991.

Habitualmente se ha usado el término “colapso” para dar a entender que el fin de la URSS se debió a una serie de deficiencias estructurales en su modelo económico que, a la postre, hicieron inviable su continuidad. Sin embargo, y aunque contamos con algunas excepciones, lo cierto es que no existió un gran número de publicaciones académicas antes de 1991 que pronosticasen el derrumbe de la URSS, [1] de manera que cuando en 1985 Gorbachov fue nombrado secretario general del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), y a pesar de la difícil situación que atravesaba el país, no había en apariencia indicios suficientes para hablar de un colapso inminente.


No comparten esta opinión autores como Ricardo M. Martín de la Guardia o Guillermo Á. Pérez Sánchez, quienes sostienen que a comienzos de 1985 ya se podía hablar sin reservas de la descomposición interna del sistema soviético. [2] Frente a esta postura el historiador Roger Keeran y el economista Thomas Kenny niegan rotundamente que Gorbachov heredase una sociedad en crisis, y desmienten que el sistema soviético estuviese afrontando problemas de legitimidad por aquel entonces. [3] A pesar de la mala situación económica parece que la reacción generalizada de la sociedad no consistió tanto en una disidencia activa sino más bien en una mezcla de pasividad con pequeñas actividades fraudulentas al margen del sistema. [4]


Esta economía sumergida, conocida como “segunda economía”, permitía satisfacer algunas demandas básicas de consumo, aunque sus posibles beneficios eran mucho menores que el daño que producían, extendiendo la corrupción en el Partido e incrementando los problemas económicos de la URSS. [5]


Pero, ¿cuáles eran estos problemas? Ya desde los años 70 la economía soviética venía dando muestras de un importante estancamiento. Entre 1979 y 1982 la producción industrial había caído un 40%, [6] y si en el período de 1971-1975 la inversión estatal crecía un 8,8% anual, para 1981-1985 la cifra era del 3,5%. [7] Dos eran las principales posturas entre los dirigentes y economistas soviéticos a la hora de explicar dicha situación: por un lado la del sector vinculado al ex mandatario Nikita Jrushchov, que denunciaba un exceso de centralización económica, y por otro la del sector vinculado a Iósif Stalin, que consideraba que, al menos en algunos aspectos, el problema era precisamente una centralización insuficiente. [8]

A estos problemas generales Martín de la Guardia añade el crecimiento de las desigualdades entre las distintas repúblicas soviéticas, lo cual habría derivado en el incremento de los sentimientos nacionalistas. [9] No obstante, no todos los problemas venían del interior. El periodista Peter Schweizer ha denunciado una “estrategia secreta” de la CIA destinada a incrementar el presupuesto militar de la URSS, que habría alcanzado entre un 15% y un 20% del PIB, a lo que vendría a sumarse el impulso de una bajada de los precios del petróleo, principal fuente de ingresos soviética, para debilitar su economía. [10] Por si esto fuera poco, la incapacidad de las repúblicas de la Europa del Este de afrontar su deuda externa obligó a la URSS a destinar ayudas adicionales a estos países, desgastando aún más si cabe su ya lastrada economía. [11]


Así las cosas fue nombrado secretario general del PCUS Yuri Andrópov, quien accedió al cargo en noviembre de 1982. Para Martín de la Guardia el nuevo dirigente fue incapaz de dar una respuesta contundente a los problemas heredados, [12] aunque es justo aclarar que tampoco tuvo demasiado tiempo para ello; tan sólo 15 meses después de subir al poder Andrópov murió tras una larga enfermedad. No obstante, si hacemos caso a Keeran y Kenny, esto no le impidió iniciar un proceso de prometedoras reformas [13] que, aunque incluían cierto grado de descentralización, apostaban por su aplicación de manera progresiva, al contrario de lo que más adelante haría Gorbachov. [14]


Musaelyan, Vladimir & Pesov, Eduard: Yuri Andrópov, 1982, fotografía, Photo TASS

El nuevo secretario general del PCUS era un político bien instruido, carismático, enérgico y, a sus 54 años, relativamente joven comparado con sus predecesores. [15] Durante su primer año de mandato el equipo de Gorbachov prosiguió con las medidas iniciadas por Andrópov, apostando por la uskoreniye o aceleración de la economía. [16] Se suprimieron algunos ministerios y se crearon los “superministerios” para agrupar aquellos con funciones solapadas, [17] ya que su número se había incrementado desde los 29 existentes en 1965 hasta los 160 que llegó a haber en los años 80. [18] Al mismo tiempo Gorbachov impulsó una ambiciosa campaña para combatir el alcoholismo, aunque lo cierto es que para 1987 el problema se había incluso agravado. [19]


Tampoco las medidas de reactivación económica dieron los resultados esperados, de manera que en la primavera de 1987 Gorbachov concluyó que era necesario un nuevo impulso reformista: la perestroika [20] o “reestructuración”, un conjunto de medidas destinadas a introducir elementos de libre mercado en la economía. Autores como Rafael Poch-de-Feliu consideran que estas reformas nacían de la creencia de Gorbachov en el “enorme potencial del socialismo”, que sólo podría desarrollarse bajo unas condiciones determinadas que exigían reformar el modelo soviético. [21]



Sello postal soviético promocionando la perestroika, 1988.

La realidad, sin embargo, fue muy distinta, pues aunque Gorbachov defendió la perestroika como un retorno a los principios ideológicos de Lenin [22] lo cierto es que sus reformas supusieron una transición al capitalismo. En enero de 1987 se puso fin al monopolio del Ministerio de Comercio Exterior en materia de exportaciones e importaciones, [23] y en diciembre de ese mismo año era aprobada una reducción del 50% en las adquisiciones a precios fijos por parte del Estado de la producción industrial. [24] En 1988 veían la luz la Ley de Cooperativas y la Ley de Arrendamientos, que introducían la propiedad privada bajo la denominación de empresas “cooperativas”, [25] y finalmente, en 1989, concluía el proceso de liberalización del sector bancario. [26]


Llegados a este punto la pregunta es obligada: ¿cómo pudo Gorbachov desmantelar de tal forma el sistema socialista? Según el analista Archie Brown el dirigente soviético pudo seguir adelante con la perestroika porque su ataque al socialismo fue realizado de manera encubierta. [27] Esto no significa, por supuesto, que Gorbachov no encontrase opositores. El politólogo Carlos Taibo señala que en un primer momento el nuevo secretario general no habría querido modificar sustancialmente el sistema político, y sólo cuando se manifestaron las resistencias a sus planes económicos se vio forzado efectuar cambios para desplazar a sus rivales. [28]

En este contexto el mandatario promovió su otra medida estrella: la glásnost o “apertura”. Aprobada en el verano de 1988, su objetivo oficial era la transparencia del gobierno y, a su vez, permitir a la ciudadanía la denuncia de abusos o negligencias, aunque lo que Gorbachov pretendía en el fondo era fomentar cierto grado de crítica sobre funcionarios y burócratas para que éstos no se sintieran impunes. [29] En junio de 1990 se aprobó la Ley sobre la Prensa y Otros Medios de Comunicación de Masas, que acabó con el monopolio del Estado y el Partido sobre los órganos informativos y permitió su adquisición por parte de particulares. [30]


Sello postal soviético promocionando la perestroika y la glásnost, 1988

Aquella no fue la única medida que Gorbachov tomó de cara a debilitar el Partido, amparado por el principio de demokratizatsiya o “democratización”. En febrero de 1990 el Comité Central del PCUS aprobaba la supresión del Artículo 6 de la Constitución que establecía que el “papel dirigente” de la sociedad lo ejercía en solitario el propio PCUS, abriendo así la puerta al pluripartidismo. El Congreso de los Diputados del Pueblo refrendó la resolución en marzo, y en octubre del mismo año se aprobó la Ley de Asociaciones Públicas para regular la actividad de los nuevos partidos. [31]


Fuera de las fronteras de la URSS, la política exterior de Gorbachov estuvo marcada por el denominado “nuevo pensamiento”, mediante el cual se pretendía reducir las tensiones con Occidente para posibilitar los intercambios comerciales con el Bloque Capitalista y reducir los gastos militares que lastraban la economía soviética. [32] Según la investigadora Ana Teresa Gutiérrez del Cid los antecedentes de esta doctrina pueden encontrarse en la política exterior del propio Andrópov, [33] mientras que para Keeran y Kenny el antiguo secretario general habría mantenido el principio soviético de “coexistencia pacífica” con el Bloque Capitalista pero sin llegar a las “retiradas y concesiones unilaterales que marcarían la política exterior de Gorbachov”. [34]


Primer encuentro entre el presidente estadounidense Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov durante la Cumbre de Ginebra, 1985, fotografía, White House Photo Office

Mientras tanto, en el interior de la URSS las tensiones nacionalistas aumentaban por momentos. Gorbachov y su equipo no llegaron a comprender el alcance de la cuestión nacional y demostraron una gran falta de aptitud para gestionar los estallidos nacionalistas de las repúblicas soviéticas no rusas. [35] Pero el problema no acababa ahí. Junto a estos separatismos periféricos también suponía una amenaza para la integridad de la URSS el movimiento de “soberanización” ruso, el cual, apoyado por los autodenominados “demócratas”, reclamaba la independencia de Rusia. [36] Dentro de estos “demócratas”, que constituían el sector más anticomunista y contrarrevolucionario de la política soviética, destacó la figura de un antiguo enemigo de Gorbachov, Borís Yeltsin, quien tras haber sido apartado de la primera línea de la política en 1987 reapareció en 1989 como líder de los “demócratas” y se hizo con el control de la República de Rusia. Esto generó una situación de poder dual a partir de 1990, con Yeltsin controlando el gobierno ruso y Gorbachov el gobierno soviético. [37]


Borís Yeltsin, 1989, fotografía

La situación terminó por volverse insostenible, y a partir de 1989 los acontecimientos se precipitaron. Ante el catastrófico panorama de la economía Stanislav Shatalin, miembro de la Comisión Estatal para la Reforma Económica, trató de implementar el “Plan de los 500 Días”, plazo en el cual se pretendía transformar el sistema soviético en un modelo de libre mercado. El “Plan Shatalin” suponía una ruptura clara con el aparato comunista, aunque finalmente el sector más ortodoxo de la nomenklatura (la élite dirigente del país) logró imponerse y frenar el plan. [38]


Por su parte, la unidad territorial de la URSS empezaba a resquebrajarse: el 11 de marzo de 1990 Lituania proclamaba unilateralmente su independencia. Un año después, el 17 de marzo de 1991, Gorbachov organizó el primer referéndum de la Historia de la Unión Soviética para preguntar a sus ciudadanos si deseaban “mantener la URSS como federación renovada de repúblicas soberanas e iguales en derechos”. De los 185 millones de soviéticos con derecho a voto participaron 148, ganando el “sí” con el 76% de los votos. [39] Los procesos separatistas, sin embargo, no se detuvieron: el 9 de abril Georgia anunciaba su independencia, siguiéndola Letonia el 4 de mayo y, ya a partir del verano, Estonia, Ucrania, Bielorrusia, Moldavia y las demás.

Abel Gil Lobo: mapa con los Estados resultantes de la desintegración de la URSS, 2018, El Orden Mundial

Ante el desmoronamiento de la URSS y la inoperancia de Gorbachov varios altos cargos del Estado se organizaron en el CEEE (Comité Estatal para el Estado de Emergencia) con el objetivo de tomar el poder y hacerse cargo de la situación. El 19 de agosto el comité anunció que Gorbachov había caído enfermo y que sus funciones serían asumidas temporalmente por el vicepresidente Guennadi Yanáyev, al tiempo que los tanques ocupaban las calles de Moscú. No obstante el CEEE terminó actuando con indecisión, y el 22 de agosto sus planes se vieron finalmente frustrados. La historiografía suele calificar este episodio como un intento de golpe de Estado, si bien Keeran y Kenny rechazan esta interpretación al considerar que un golpe de Estado implica el derrocamiento forzoso e ilegal de un gobierno constitucional y que, por el contrario, los miembros del CEEE eran literalmente el gobierno de la URSS. [40]


Tanin, Dima: tanques soviéticos en las inmediaciones de la Plaza Roja de Moscú durante el intento de deponer a Gorbachov, 1991, fotografía, AFP

Aquella pudo ser la última oportunidad de preservar la Unión Soviética, cuya desintegración definitiva no tardaría en producirse. El 24 de agosto Gorbachov dimitía como secretario general del PCUS, el cual sería ilegalizado por Yeltsin el 6 de noviembre. El nuevo presidente de Rusia dio el golpe de gracia a la URSS el 8 de diciembre, cuando junto con sus homólogos de Bielorrusia y Ucrania firmó el Tratado de Belavezha, que ponía fin a la Unión Soviética y creaba en su lugar la Comunidad de Estados Independientes. Gorbachov se convertía así en el presidente de un país que ya no existía, por lo que el 25 de diciembre anunciaba finalmente su dimisión.

Firma del Tratado de Belavezha entre los representantes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, 1991, fotografía, RIA Novosti

Resulta difícil creer que Gorbachov deseara un desenlace así. El curso de los acontecimientos parece indicar que el mandatario quiso iniciar una transición controlada hacia el libre mercado en la creencia (o bajo el pretexto) de que así lograría revitalizar la economía soviética, y que en algún momento el proceso escapó de su control. La introducción de elementos capitalistas, sin embargo, no supuso una mejora de la situación económica sino más bien lo contrario, de lo que se puede deducir que el estancamiento que sufría la URSS no era consecuencia del modelo de planificación estatal. La presión ejercida por EEUU sí es un factor destacable, aunque insuficiente de por sí, para explicar el derrumbe. Lo mismo ocurre con la corrosión generada por la “segunda economía” o con el papel de una gran parte de la nomenklatura que, habiendo abandonado su confianza en el comunismo y/o corrompida por las perspectivas que ofrecía el capitalismo, contribuyó a desmantelar el Estado. Finalmente hay valorar el rol que jugó la opinión pública, bien como agente activo en el desgaste del sistema, bien como agente pasivo cuya apatía, simplemente, dejó caer el socialismo.


Álvar Muratel Mendoza

La Cápsula del Tiempo

REFERENCIAS:


  • 1. Saborido, Jorge, “¿Muerte natural o asesinato? Una aproximación a las explicaciones de derrumbe de Unión Soviética”, Cuadernos de Historia Contemporánea, vol. 29 (2007), p. 316.

  • 2. Martín de la Guardia, Ricardo M. y Pérez Sánchez, Guillermo Á, La Unión Soviética: de la perestroika a la desintegración, Madrid, Istmo, 1995, p. 34.

  • 3. Keeran, Roger y Kenny, Thomas, El socialismo traicionado. Detrás del colapso de la Unión Soviética. 1917-1991, España, El Viejo Topo, 2010, p. 100.

  • 4. Saborido, Jorge, op. cit., p. 316.

  • 5. Keeran, Roger y Kenny, Thomas, op. cit., pp. 87-89.

  • 6. Ibid., p. 58.

  • 7. Taibo, Carlos, La disolución de la URSS. Una introducción a la crisis terminal del sistema soviético, Barcelona, Ronsel, 1994, p. 40.

  • 8. Keeran, Roger y Kenny, Thomas, op. cit., p. 60.

  • 9. Martín de la Guardia, Ricardo M., Crisis y desintegración: el final de la Unión Soviética, Barcelona, Ariel Practicum, 1999, p. 7.

  • 10. Saborido, Jorge, op. cit., p. 327.

  • 11. Gutiérrez del Cid, Ana Teresa, “Factores internos y externos de la decadencia y el derrumbe de la Unión Soviética”, Revista mexicana de ciencias políticas y sociales, vol. 40, nº 159 (1995), p. 98.

  • 12. Martín de la Guardia, Ricardo M., op. cit., p. 8.

  • 13. Keeran, Roger y Kenny, Thomas, op. cit., p. 61.

  • 14. Ibid. pp. 66-67.

  • 15. Ibid., p. 108.

  • 16. Martín de la Guardia, Ricardo M. y Pérez Sánchez, Guillermo Á., op. cit., p. 59.

  • 17. Ibid., p. 63.

  • 18. León Zhukovskii, Iván Felixovich, “Nomenclatura, protocapitalismo y cambio de régimen en la URSS”, La Razón Histórica, nº 26 (2014), p. 213.

  • 19. Martín de la Guardia, Ricardo M. y Pérez Sánchez, Guillermo Á., op. cit., p. 61.

  • 20. Martín de la Guardia, Ricardo M., op. cit., p. 11.

  • 21. Poch-de-Feliu, Rafael, La Gran Transición. Rusia, 1985-2002, Barcelona, Crítica, 2003, p. 41.

  • 22. Martín de la Guardia, Ricardo M. y Pérez Sánchez, Guillermo Á, op. cit., p. 36.

  • 23. Ibid., p. 64.

  • 24. Keeran, Roger y Kenny, Thomas, op. cit., p. 171.

  • 25. Ibid., p. 173.

  • 26. Martín de la Guardia, Ricardo M. y Pérez Sánchez, Guillermo Á., op. cit., p. 68.

  • 27. Keeran, Roger y Kenny, Thomas, op. cit., p. 144.

  • 28. Taibo, Carlos, op. cit., p. 75.

  • 29. Martín de la Guardia, Ricardo M. y Pérez Sánchez, Guillermo Á., op. cit., pp. 43-44.

  • 30. Ibid. pp. 49-50.

  • 31. Martín de la Guardia, Ricardo M., op. cit., p. 14.

  • 32. Ibid., pp. 21-22.

  • 33. Gutiérrez del Cid, Ana Teresa, op. cit., p. 112.

  • 34. Keeran, Roger y Kenny, Thomas, op. cit., p. 68.

  • 35. Ibid. p. 175.

  • 36. Ibid., pp. 219-220.

  • 37. Ibid., p. 182.

  • 38. Martín de la Guardia, Ricardo M. y Pérez Sánchez, Guillermo Á., op. cit., pp. 75-76.

  • 39. Poch-de-Feliu, Rafael, op. cit., p. 196.

  • 40. Keeran, Roger y Kenny, Thomas, op. cit., pp. 228-231.

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