• Trinchera Cultural

Poesía de emergencia. Alberto Moreno

Alguien marca un número en el teléfono y llama. Al otro lado, alguien lo coge, dice: “Buenas tardes, ha llamado usted a Poesía de emergencia”, y a continuación recita un poema, después dice el nombre del autor y el título del poema, se despide y cuelga.


Es “Poesía de Emergencia”, cuatro teléfonos móviles conectados al mismo número (659 86 10 32), tras los cuales hay cuatro voluntarios que cambian cada semana.

Conocí esta iniciativa a través de mi amiga Acoyani Guzmán, actriz, poeta y directora de teatro mejicana afincada en Madrid desde hace diez años, y que es actualmente la coordinadora en la capital..

Había visto algunas de sus publicaciones en las redes sociales, y, mordido por la curiosidad, decidí llamarla para que me hablase de ello.

Acoyani Guzmán, en la presentación de su libro el pasado 12 de diciembre de 2020.

“A mí me llegó el teléfono poco antes del confinamiento, lo normal es que el voluntario cambie cada semana, pero debido a la situación, los que teníamos los teléfonos nos los quedamos durante tres meses; durante ese tiempo estuve moviéndolo mucho por las redes.

Ser poeta de emergencia durante ese tiempo me dio la vida.

Además, utilicé esta oportunidad para ir practicando los nuevos poemas que iba incluyendo en el borrador de mi nuevo libro, Animalario Huerga y Fierro editores, 2020."

Me cuenta mientras disfrutamos de una cerveza en un bar de Lavapiés que, en una ocasión después de leer un poema, escuchó cómo la chica al otro lado de la línea estaba llorando de la emoción.

La regla más importante es que no puedes dialogar con la persona que te llama; Acoyani me cuenta que, en ocasiones, al despedirse puede escuchar varias voces, porque al otro lado del teléfono han puesto el “manos libres” para que lo escuche más gente.

“Yo creo que hay una suerte de coincidencia resonante que hace que el poema que te recitan sea el poema que tenías que escuchar. Hay un punto mágico en todo esto: uno va por la calle, ve una pegatina en la calle, se pregunta qué es y llama; no solo lo hace gente que conoce el proyecto, sino personas que lo ven y sienten curiosidad. Y funciona; tenemos muchas llamadas a lo largo del día; muchos llaman desde el metro, y eso te permite alejarte del ruido; este número es como una puerta astral. Creo que es una muy buena manera de acercase a la poesía desde un lugar vital. Uno puede ir por la calle, pensar “me siento triste, voy a llamar a que me reciten un poema”. Unos versos te alegran el día; te permite alejarte de tanto ruido.

Es como una “emergencia del alma”; ahí la poesía hace su trabajo (Acoyani Guzmán)

Después de la entrevista, Acoyani me da el teléfono, junto con un taco de pegatinas. No estaba en mis planes ser voluntario, pero acepto gustoso el reto.

Antes de eso, me explica las “Normas del voluntario”, que copio aquí tal y como aparecen reflejadas en la página oficial de esta iniciativa:

  1. Cuida del teléfono.

  2. Mantenlo encendido el máximo tiempo posible.

  3. Evita interactuar.

  4. No hacer llamadas, ni enviar SMS. El proyecto no tiene fondos y ya es complicado pagar la tarifa básica.

  5. Al descolgar: “Poesía de Emergencia “ (en catalán o en castellano o como te sientas más cómodo/a).

  6. Lleva contigo un libro de poesía toda la semana, (escoge alguno que te apetezca) y no descuelgues hasta que lo tengas abierto por el poema que quieras recitar (aunque algunos tenemos muy buena memoria, nos falla en el momento más comprometido).

  7. Intenta que el poema no sea demasiado largo, no debería llevarte más de 3 minutos.

  8. Al colgar: “Tenga un buen día o buena noche,…”

  9. Bajo la carcasa que oculta la batería hay un teléfono de contacto, un mail y el pin del teléfono por si fuese necesario.

  10. Lleva un adhesivo a tu librería favorita y háblales del proyecto, ahora también formas parte del proyecto.

Durante una semana soy uno de los cuatro voluntarios. Lo que me contó Acoyani es cierto: siempre tienes que tener un poema cerca o, en el caso de que no lo tengas, saberte uno o dos de memoria.

Esa misma tarde, una llamada me pilla totalmente desprevenido mientras iba a comprar el pan; por suerte, me acuerdo de un poema de León Felipe que, en esa ocasión, me salva del apuro.

A lo largo de esa semana, voy acostumbrándome a tener siempre mi cuaderno de poesías a mano: hago una selección de algunos poemas míos y de otros autores que han publicado en Trinchera Cultural, pero en la práctica, cuando voy en metro, o estoy hablando con un amigo, o estoy estudiando en la biblioteca, sólo me queda improvisar.


Es emocionante, divertido, apasionante. Muchas veces, el teléfono lo coge otro voluntario antes que yo; tengo esa extraña sensación de que todos estamos esperando la oportunidad de poder recitar, de poder ser poetas de emergencia.

Durante una semana, siento más que nunca aquello que escribió Gabriel Celaya, que la poesía es un arma cargada de futuro:


"...poesía necesaria

Como el pan de cada día,

Como el aire que exigimos trece veces por minuto..."

Consigo el teléfono de Eduardo Bernal a través de Acoyani. Él vive en Barcelona, por lo que la entrevista es telefónica.
Fede Nieto, Sol Galatro y Edu Bernal

Pregunta Alberto: ¿Cómo surge esta iniciativa?

Responde Eduardo: El origen es que, Fede ( Fede Nieto, la otra persona que impulsa el proyecto) y yo, estábamos programando una sala de teatro muy pequeña en Barcelona, el “Original”, que es una sala temática de poesía y literatura, aprovechando que se había producido un cambio de propietario. Tenemos una reunión de poetas los miércoles pero además intentamos llenar la sala haciendo eventos pero no hay manera, no conseguimos traer gente. Un día, hablando sobre este problema, se nos ocurrió la idea, que no servía para atraer personas a la sala pero que nos encantó. Compramos una tarjeta de prepago e hicimos unas pegatinas.

Al principio nos costó bastante arrancarlo, pues nos costaba encontrar voluntarios y que la gente llamase. A los dos meses nos pusimos en contacto con Sergio Escribano, que venía a hacer un escaparate de poesía por Barcelona, y repartió el teléfono por Sevilla, Toledo, Almería… Al cabo de un mes y medio volvió, la gente lo comentó por sus redes sociales y se pasó de tener unas cinco llamadas a la semana a treinta.

Poco después nos llamaron del Ministerio de Cultura y Deporte para darnos un reconocimiento, “Lectureando con”, que nos publican. Eso nos da un poco más de publicidad; nos llaman de El País, de la televisión, etcétera. Ahora tenemos una media de 150 llamadas a la semana.

A partir de ahí empezaron a surgir algunos problemas. Hablamos con la compañía para que nos hiciese cuatro duplicados, para poder ponerlos en cuatro teléfonos diferentes.

Suenan los cuatro a la vez, y el primero que lo descuelga es el que recita la poesía.

De esta forma, ser voluntario no es tan esclavo, pues no te obliga a estar atendiéndolo las 24 horas.

Actualmente hay cuatro teléfonos: uno en Galicia, otro en Cádiz, otro en Madrid y otro en Barcelona; hasta el pasado viernes 15 de enero, el voluntario de Madrid he sido yo mismo. Hemos buscado vías de financiación para poder aumentar el número de teléfonos; querríamos tener hasta 12 teléfonos, pero eso es mucho más caro.


P. ¿Cómo conseguís la financiación?

R. Tenemos problemas para financiarnos. En nuestra página web (www.poesiademergencia.com) se puede hacer una donación de un euro al mes; eso nos permite pagar los teléfonos y las pegatinas, pero de momento estamos teniendo pocas.

Me encantaría poder hacer eventos multitudinarios, haciendo recitales donde se tenga que pagar una pequeña entrada para financiar el proyecto. También me gustaría poder conocer a los demás voluntarios en persona; yo a Acoyani, por ejemplo, no la conozco personalmente, ni a los de Galicia. Por desgracia, la pandemia nos ha condicionado bastante en ese sentido.


P. ¿Por qué la “poesía de Emergencia”?

R. La poesía puede ser un acto artístico. Puedo llamar a un número para que me reciten una poesía, que me la está leyendo para mí. Eso es lo que me parece lo más potente del proyecto.

Se establece así un vínculo directo entre el poeta que lee y la persona que llama; no es una relación fría como un lector ante un libro, o un espectador en un recital. El poeta disfruta leyendo el poema a una persona que llama y que atiende el poema. Hay gente que llama todos los días. Una mujer, que nos llama, y que es profesora, antes de cualquier reunión de su departamento nos llama y pone el altavoz. Hay gente que llama una vez porque les hace gracia, otros porque se encuentran el teléfono en una pegatina y llaman por curiosidad.


P. ¿Cómo se puede ser voluntario?

R. La mayoría de los voluntarios lo son, o lo han sido, como es tu caso: porque conocen directamente al coordinador de su ciudad; o bien también pueden rellenar un formulario en nuestra página web.

Cada voluntario lo es durante una semana, sin embargo, si a alguien le encanta y nos lo pide puede tenerlo una semana más. Sobre los poemas, no ponemos ninguna norma; yo, por ejemplo, he estado recitando mucho a Jesús Martín-Barbero y letras de Manos de Topo.


Cerramos la conversación esperando que, en el futuro, podamos conocernos en persona, y soñamos con hacer un gran evento de Poesía de Emergencia. Mientras tanto, hasta ese momento, seguiré disfrutando de este número, y llamando siempre que tenga la necesidad de un “poeta de emergencia”.



Alberto Moreno

Poeta de emergencia

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