• Trinchera Cultural

Nuevas técnicas al servicio del Arte.

EXPOSICIÓN:

El sueño americano. Del Pop a la actualidad.

UBICACIÓN:

Espacio cultural CaixaForum, Paseo del Prado 36, Madrid.

DISPONIBILIDAD:

Hasta el 31 de enero de 2021.

Es fácil equivocarse atendiendo al título de la exposición de CaixaForum.

Aquellos que como yo sean meros aficionados, pueden creer que van a encontrarse un repaso de Pop Art desde sus orígenes a nuestros días en el ámbito norteamericano. Eso está lejos de lo que la Muestra ofrece.

Podremos ver más de 200 obras, la mayoría procedentes del Museo Británico, en las que el Arte Pop no es más que un punto de partida.

Una excusa para poner de relieve lo que, en mi modesta opinión, es auténtica protagonista de la muestra: la aplicación de la técnica del grabado desde diferentes perspectivas y procedimientos (serigrafía, estampación, fotoimpresión, litografía) al llamado “arte gráfico” y el enorme impacto que ha tenido en la creación de nuevos conceptos estéticos.

Dado que se recorren, desde 1960, casi sesenta años de producción artística, caben movimientos como el Neodadá, el Expresionismo Abstracto tardío, el Arte Conceptual o la Nueva Figuración. Una etapa en la que se consolida la sociedad del bienestar y en la que los grupos humanos, sobre todo en las grandes urbes, se estructuran de forma compleja y se estratifican en función de su capacidad de consumo.


A lo largo de los años 50 del pasado siglo, surgían en Gran Bretaña y en Estados Unidos, grupos de artistas cansados de las propuestas del Expresionismo Abstracto (que había encajado bien como respuesta intelectualizada a los efectos y consecuencias de la Segunda Gran Guerra), dispuestos a convertir en Arte lo que Clement Greenberg (utilizando un término alemán) llamó Kitsch: toda la cultura popular y comercial, desde la ilustración de anuncios, los cómics, las fotos de portada de revistas, los best seller literarios y musicales, los productos de consumo diario, hasta las películas que triunfaban en Hollywood. El estigma básico, era su carácter comercial.

En este contexto se forma el Arte Pop (término que compitió con los de New Sign Painting o New American Dream).

Visto con la perspectiva del tiempo, su revolución puede comparase con la del fenómeno Dadá en tanto que crea nuevas miradas sobre objetos de sobra asumidos por el ciudadano medio.

Comenzaremos revisando alguna de sus propuestas para pasar después a señalar ejemplos que encajan ya en otras corrientes.

Roy Lichtenstein en Chica/Bote de spray (de Vida de un Centavo de Walasse Ting), una pintura y collage de 1964 y Ed Ruscha en Standard Station, una serigrafía en color, de 1966, nos ofrecen tres imágenes muy representativas del movimiento pop. Ojos azules, pelo rubio, uñas pintadas, sonrisa reluciente, spray de laca, deseable chica de clase alta en el cómic que el autor recrea con minuciosa técnica y una espectral gasolinera por ser síntesis de las que al artista veía en la ruta 66 y que se convierte en icono de la sociedad industrial, con fotoimpresión meditada y contrastes entre fondos y cielo y agudas líneas diagonales para la estación.


A pesar de que tras el Expresionismo Abstracto se podía esperar una vuelta a una nueva figuración que recuperase el humanismo artístico, el ser humano no es protagonista del Pop Art. Cuando aparece lo hace ironizado, coloreado al estilo fauve, mecanizado o radiografiado. Así podemos verlo en Jim Dine con su obra Drag: Johnson y Mao de 1967 (fotograbado con estarcido en color) y en Robert Rauschenberg que nos presenta Booster (Lanzacohetes), una litografía en color y serigrafía del mismo año.

Siempre podemos encontrar la raíz crítica de un supuesto mensaje; en tanto que Dine nos presenta a los dos líderes mundiales que representaban dos versiones contrapuestas de organización social, política y económica (uno de ellos en pleno apogeo de la intervención USA en Vietnam y el otro en pleno desarrollo de la llamada Revolución Cultural) pero con los labios y los ojos pintados, como queriendo ocultar sus verdaderas intenciones, Rauschenberg, nos deja su autorretrato en forma de radiografía de cuerpo entero en la impresión más grande tirada a mano hasta la fecha, todo un alarde técnico en un auténtico ensamblaje de imágenes impresas y collages.


Estos dos mismos autores vuelven a dejarnos dos curiosas obras.

Autorretrato: el paisaje, una cromolitografía de 1969 de Jim Dine y Sky garden (from stoned moon series) una litografía y serigrafía del mismo año de Robert Rauschenberg.


Dine se empeña en presentarse a sí mismo con lo que son, según sus palabras, “marcadores de su propio yo” (su albornoz, sus pinceles, calzado, corbatas, guantes, etc). Rauschenberg crea una conexión entre la piedra de impresión y la luna en sus 34 litografías impresas en Gemini GEL en Los Ángeles. Casi dos metros de homenaje al lanzamiento del Apolo XI, al que fue invitado, en el que mezcla la tradición y la modernidad al utilizar el grabado sobre piedra y la serigrafía para dar testimonio de un evento del que solo la intención del Pop Art podía ocuparse.

Sin embargo, fue la capacidad de convertir en Arte los objetos de consumo diario, lo que más nos aproxima al espíritu pop.

Tenemos dos ejemplos muy claros al respecto, porque ¿a quién no le fascinaron de pequeño esas máquinas de chicles que presentaban su contenido multicolor a la avidez de los niños? ¿Quién no ha echado en falta en su casa alguna vez un triple enchufe?

Pues Wayne Thiebaud en Máquina de chicles, un grabado en color sobre linóleo de 1970 y Claes Oldenburg, en Ladrón triple flotante, un grabado en barniz blando y lavis, de 1976, deciden convertir ambos objetos en iconos de la sociedad de consumo, al tiempo que nos recuerdan que puede cambiarse la mirada sobre los objetos elevándolos a la categoría de Arte. Ambas obras tienen un marcado carácter geométrico y resalta el gusto por la simetría. En el caso de Oldenburg, la apariencia de acuarela deriva de la técnica de lavis (aguada a pincel) y resulta inquietante pensar en un enchufe sumergido con lo mal que se llevan esos artilugios con el agua.


No podía faltar alguna obra de Andy Warhol, el gran popularizador, el gran icono del Pop Art, quien mejor supo convertirse en un personaje capaz de mimetizarse con el propio estilo que abanderaba. Warhol fue un consumado maestro de la serigrafía y el mejor intérprete del valor de la repetición de una imagen.

Bien entrado el siglo XXI nos hemos acostumbrado a escuchar noticias en televisión acompañadas de unas imágenes que se repiten hasta la náusea. Con Warhol la imagen artística dejó de ser única para acomodarse al mundo de la producción en serie.

Eso nos muestra en la serie de serigrafías de 1971, Electric chair.

La imagen llega a diluirse en las tramas de color, quizás por la gran preocupación que tenía el artista por el auge de las muertes violentas. Una silla vacía que espera ocupante.


Una imagen macabra que pierde el halo de tragedia mediante la repetición.


Esta obra la acompañamos de F-111, una cromolitografía con serigrafía de 1974 de James Rosenquist. El avión de combate se estaba diseñando por esas fechas y el artista lo representa atravesando un larguísimo panel (se desarrollaba a lo largo de cuatro paredes) en el que aparecen imágenes de la vida cotidiana en Norteamérica a modo de collage (neumático, niña bajo el secador, sombrilla, explosión nuclear, etc). Cabe mucha reflexión sobre la intención del conjunto, por ejemplo, la relación entre la industria militar de los años 70 (cuya peculiaridad reside en que parte de su negocio se basa en que sus productos se destruyan rápidamente en conflictos localizados para así seguir produciendo) y una economía que la necesita para crear empleo estable.


El enlace de la muestra entre los grandes artistas del Pop y otras corrientes también representadas lo vamos a realizar incorporando tres obras.

La litografía de 1968 de Jasper Johns, Gray Alphabets, la misma técnica para El Predicador de Willem de Kooning (1971) y Homenaje al Cuadrado una serigrafía de 1973 de Josef Albers. Se trata de artistas que descubren las posibilidades de las nuevas técnicas de grabado sobre piedra e impresión en papel o directamente la serigrafía. Johns establece una secuencia repetitiva de la a a la z jugando con un minucioso sombreado. De Kooning abandona aquí el color para centrarse en el poder expresivo de la línea y la mancha, de la que emerge la figura del predicador, y el profesor Albers nos obliga a descubrir la infinitas relaciones entre los colores y las diferentes percepciones de los mismos en función de su combinación.


La mezcla de las técnicas de grabado con las propias de la fotografía dieron lugar a la aparición de trabajos muy llamativos.

Así se nos muestra en estas tres obras de Alex Katz, Autorretrato, una aguatinta de 1978, de Robert Longo, Eric y Cindy (litografía, 1984) y Chuck Close, Phil Spitbite (Phil Lavis), una aguatinta al lavis y aguafuerte de 1995.

Para Katz, la luz y el tiempo son las únicas preocupaciones que pueden relacionarse con la belleza. En su autorretrato nos deja una imagen pagada de sí mismo, en parodia del Ricardo Montalbán de la época. Las torsiones de los dos yuppies del polifacético y, muy influido por el cine Longo, parecen modernizaciones de la Ménade de Scopas o individuos sometidos a un disparo y el gesto congelado en el retrato de Close, una prueba del interés que para el artista tiene el proceso de ejecución, tan minucioso, que le llevó a dividir en seis mil cuadrados la trama para trabajarlos individualmente, adentrándose en la estética del fragmento.

Los artistas del último cuarto del siglo pasado no podían vivir ajenos a las convulsiones de la sociedad norteamericana. La discriminación racial y sexual, los efectos nocivos del imperialismo capitalista, las nuevas enfermedades como el sida, recibieron la atención de los creadores desde distintas opciones estéticas y diferentes técnicas, pero siempre con el afán de denuncia o toma de conciencia de quien se implica en el mundo que le toca vivir.

De eso tratan las últimas cuatro obras que presentamos. Las dos primeras son ¿Deben ir desnudas las mujeres para entrar en el Metropolitan Museum? una litografía de 1989 de Guerrilla Girls y Sin Título (para ACT UP) de David Wojnarowicz una serigrafía en color de 1990.

En el primer caso, el colectivo de artistas feministas y antirracistas que se oculta tras máscaras de gorilas y adopta nombres de artistas fallecidas, recompone La Gran Odalisca de Ingres (en un casual guiño a la exposición Invitadas del vecino Museo del Prado) para denunciar una realidad contrastada por las cifras: menos del 5% de los artistas en el Arte Moderno son mujeres, pero el 85% de los desnudos son femeninos. En el segundo caso, el militante LGTBI que fallecería de sida dos años después de esta obra, nos deja un díptico en serigrafía con imágenes potentes de denuncia ante la falta de atención hacia una enfermedad que castigaba a quienes hacían uso libre del sexo en una sociedad pretendidamente libre pero que culpabilizaba determinados comportamientos sexuales.


Y terminamos con dos obras con contenido de denuncia explícito.

Se trata de Asociación Médica Estadounidense de Ida Applebroog, una litografía de 1985 y un aguafuerte en color y aguatinta de 2004 de Donald Sultan de la serie El Paisaje brutal y sin sentimientos, titulado Refugiados.

Applebroog nos muestra la indefensión de una mujer desnuda, con los ojos borrados (sin identidad) mientras es observada por tres hombres cómodamente sentados de espaldas al espectador, en sus butacas, como si disfrutaran de una filmación.

Sultan nos presenta en forma de manchas informes una larga fila humana desplazándose por uno de tantos territorios de tránsito para quienes huyen de las guerras y las catástrofes naturales (Estados Unidos había invadido Iraq el año anterior).


En resumen, un recorrido esclarecedor sobre la aportación de las técnicas modernas de grabado a la popularización del Arte y al Arte en sí mismo, desde diferentes movimientos estéticos.


Heraclio Gautier









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