• Trinchera Cultural

No mires arriba. De Adam McKay

La película de la que todo el mundo hablaba al final de 2021 y de la que no muchos se acordarán en el 2022.

Adam Mckay es, desde La gran apuesta, uno de los directores más estimulantes de la actualidad. Lo es por varias razones.


Porque sabe ridiculizar como nadie a los que tienen el poder, VICE o Succession son los mejores ejemplos, pero no lo hace desde el amargor de la inferioridad, tampoco pretende reivindicar ninguna lucha de clase, sencillamente muestra las miserias (las que todos tenemos) con un gramo extra de caricatura.

Porque qué diablos, ya que vamos a ver la vida de los ricos y poderosos por un agujerito permitámonos regodearnos en el circo que montan.

También le sabe dar a sus películas un ritmo rápido y ligero a pesar de meterse en buenos jardines, como en el caso de La gran apuesta (no es nada fácil explicar la crisis económica de 2008 a través de los tipos que se aprovecharon de la quiebra del sector inmobiliario norteamericano). Su estilo narrativo es único, muy irónico, muy astuto y perfecto para atrapar al espectador a buena carcajada limpia porque la idiotez siempre genera carcajada, claro.

McKay se lo ha querido jugar todo para retratar a la estupidez del planeta entero.

Así que después de enseñarnos quién estaba detrás de la crisis de 2008, de hacer el mejor retrato posible del peor vicepresidente de la historia de los EE.UU. y de meter mano en la tragedia shakesperiana que nos merecemos con la familia Roy, McKay se lo ha querido jugar todo para retratar a la estupidez del planeta entero.


No mires arriba es una analogía del momento en el que vivimos con el apremiante cambio climático encima nuestra mientras nadie hace absolutamente nada para evitar nada. Y el planeta se va al carajo, claro. No sabemos cuándo exactamente pero ya es un hecho. Lo que utiliza Mckay en su película es el inminente choque de un meteorito más grande que el que se cargó a los dinosaurios.

Dos científicos lo descubren. Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence los interpretan y ambos están espléndidos, sobre todo DiCaprio que tiene un par de escenas bastante memorables. Pero nadie les hace ningún caso, ni la presidenta de los EE.UU. que interpreta Meryl Streep parodiando George Bush, ni la prensa con una increíble Cate Blanchett que no puede ser más adorable en su cínica manera de ver el mundo y por supuesto un ejército de negacionistas que no creen que algo comprobado y contrastado por varios equipos de científicos de todo el mundo vaya a pasar.


Y así pasan los días, las semanas, los meses y el meteorito se acerca. A carcajada limpia el espectador se quedará a gusto de reírse de sí mismo y de la sociedad en la que le ha tocado vivir (no sabemos si los negacionistas del COVID, del cambio climático, de la nieve o de lo que sea que les de por negar se sentirán identificados). Es un ejercicio cómico de altura.

Y sin embargo, No mires arriba también tiene varios problemas que aunque no le quitan mérito de ser una película divertidísima y una metáfora alucinante del tiempo presente sí que la convierten en un cine olvidable, algo vulgar y descompuesto en sketches.

El primer problema es que la comparación del meteorito con el cambio climático es tramposa. Un meteorito es algo externo a nosotros y el cambio climático lo hemos provocado nosotros. Hay una diferencia insalvable que estropea la pretendida analogía con nuestro tiempo.


El segundo problema es que la película pierde ritmo en varias ocasiones, algo que no suele ocurrir en el cine de Mckay. Se alarga, hay varios finales o giros que no hacen otra cosa que estirar el chicle y todo está bastante deslavazado en el guión como si se hubiera escrito deprisa o sin cariño. Hay ideas que se repiten muchas veces de manera innecesaria.


Y el tercer problema es que la gran cantidad de superestrellas de Hollywood convierten la cinta en un especial de Saturday Night Life. ¿Qué pinta el personaje de Timothée Chalamet? No aporta nada ni al metraje ni a la historia del personaje principal al que se agarra, el de Jennifer Lawrence, es una especie de invitado sorpresa.


Y al final uno deja de tomarse tan en serio la película como para que prevalezca mucho en la cabeza.

Eso se consigue mantener la atención los 138 minutos que dura porque posiblemente haya espectadores que sean capaces de prepararse algo de comer sin pausar la cinta y no perder el hilo.

Eso sería imposible en cualquier otra película de Mckay.

Silent Night

Hay otra película que mantiene un diálogo muy interesante con No mires arriba, es también de este año y se titula Silent Night. Está dirigida por la directora inglesa Camille Griffin y protagonizada entre otros por Keira Knightley o Matthew Goode. Es la historia de un grupo de amigos que se reúnen para celebrar la navidad en la que será la última noche de la humanidad. Una tormenta de gases venenosos provocada por el persistente maltrato de los humanos a la naturaleza matará a todos haciéndoles pasar por agónicos síntomas. Así que el gobierno ha dado una pastilla para que los ciudadanos mueran tranquilos y sin dolor junto a sus seres queridos.


La cinta es más estimulante que No mires arriba en el planteamiento apocalíptico, es más negra y con un manejo perfecto de los diferentes tonos narrativos.

Es una comedia de mal gusto y también un tremendo drama, es nostálgica, boba e incómoda.

Y está llamada a ser una película de culto para el resto de las navidades porque además el cambio climático seguirá siendo un problema hasta que acabe con todos nosotros por mucho que miremos arriba.


Pedro Moral

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