• Trinchera Cultural

Mulholland Drive. De David Lynch

20 años después, Mulholland Drive sigue siendo CINE con mayúsculas.

Billy Willder contaba que lo pasaba fatal cuando algún colega de profesión le invitaba a un preestreno, porque se veía en la tesitura de mentir si la película le parecía mala. Así que con los años ideó una fórmula para no decir ninguna mentira pero tampoco quedar mal: sencillamente, al terminar la proyección, si se le preguntaba y a este no le había gustado lo que había visto, decía: “Sí señor, esto es una película”.


David Lynch llegó a conocer a Billy Wilder, al que admiraba enormemente. De hecho una de las películas que más le fascinan a Lynch es El crepúsculo de los dioses. Al igual que Mulholland Drive, El crepúsculo de los dioses retrata Los Ángeles como una ciudad de extremos, donde coexisten la miseria más absoluta (asomaos al documental de Netflix Crime Scene: The Vanishing at the Cecil Hotel) con el éxito, el glamour y una luz fantástica.

“Impregnada de una somnolienta sensualidad teñida de corrupción, así es como él ve la ciudad” cuenta Kristine McKenna de Lynch en la biografía Espacio para soñar.

Mulholland Drive es una película que explora muchísimos temas y conflictos: las expectativas y las esperanzas y sueños de los jóvenes que van a Los Ángeles; también retrata el negocio del cine de la forma más cruda, diabólica, extraña y humorística posible; cuenta la manera en la que la industria retuerce a la gente con aspiraciones creativas mientras nos lleva por varios temores y obsesiones eróticas.

La película es un rompecabezas cuya solución no se debería desvelar en ningún artículo o texto publicado jamás. El punto de partida es el de una joven con aspiraciones de estrella que aterriza en Los Ángeles y en su primer día en la ciudad se encuentra con una exuberante mujer que ha perdido la memoria en un accidente de tráfico.


El argumento es complejo desde nuestra forma de mirar el mundo, siempre en línea recta; pero si nos abstraemos y somos conscientes de que la vida no se desarrolla en una línea clara sino que los recuerdos, los sueños, las fantasías y el futuro nos asaltan mientras existimos y observamos lo que ocurre a nuestro alrededor, entonces Mulholland Drive cobrará todo el sentido.

Ahora que Avalon ha rescatado Mulholland Drive y otras siete películas de David Lynch vuelven a los cines, es un momento fantástico para volver a verlas.

Asomarse de nuevo a Mulholland Drive acompañado de alguien que aún no la haya visto y observar de reojo sus reacciones mientras Lynch nos lleva por la comedia negra, el terror a la luz del día, el thriller, las pesadillas más chungas, el surrealismo y el melodrama es de un goce imposible de describir.

Una de las cosas que más cuida Lynch en su cine y que lleva enormemente lejos en Mulholland Drive es su talento para crear atmósferas.

Esta película en la que se yuxtaponen varias líneas argumentales, donde el sonido y la música de Angelo Badalamenti potencian las emociones y en la que, gracias a la luz, el director consigue intercalar escenas inquietantes, oscuras y también conmovedoras sin salirse del hilo narrativo conforman un universo en el que a cualquiera le encantaría pasar horas y horas. Olvidarse incluso de vivir en la tierra y, en todo caso, vivir en la cabeza de este tipo con mirada de niño y tupé increíble que es David Lynch.

“A veces no puedes identificar si la emoción que estás experimentando es malestar, alegría o tristeza mientras ves Mulholland Drive”, cuenta Justin Theroux, uno de los actores protagonistas de la película.

Mulholland Dr. es una calle mágica de Los Ángeles donde un montón de curvas la convierten en un lugar en el que es fácil desorientarse, una carretera antigua por la que han pasado miles de personas y estrellas desde la edad dorada de Hollywood. David Lynch la ha convertido en una película igual de mágica, llena de misterio y pasión a través de un lenguaje cinematográfico muy puro.


Algunos críticos han dicho que Mulholland Drive es la mejor película del siglo XX. Igual es demasiado decir, pero de una cosa podemos estar seguros, si Wilder hubiera ido al preestreno de Mulholland Drive se lo hubiera pasado en grande y, teniendo en cuenta su sentido del humor y su pasión por las historias retorcidas y oscuras, hubiera dicho, cómo mínimo, que estamos ante CINE con mayúsculas, algo que se puede decir de muy pocas películas.

Pedro Moral
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