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Memorias de Moyobamba I: La idiosincrasia peruana.

Hay dos maneras de vivir: contemplando la vida que pasa alrededor o implicándose en ella. Firás elige la segunda opción y además tenemos el privilegio de que nos haga partícipes de sus vivencias.

Esta es la parte I de sus memorias de Moyobamba. Le damos la palabra a este joven médico con tantas cosas que contar.



Nos hemos tenido que volver a subir a un autobús y reunir el tiempo y la tranquilidad mental necesarios para traer a la memoria todo lo vivido estos meses.





La rutina hospitalaria producto de nuestra voluntad de aprovechar el tiempo nos lleva a estar unas diez horas diarias de lunes a sábado moviéndonos entre las paredes de chapa y los techos de calamina del Hospital de Contingencia de Moyobamba, en el noreste de Perú. Una vez fuera, visitas a familiares de pacientes, visitas a ex-pacientes, salir al mercado, las tareas domésticas y alguna excursión ocasional a alguna de las maravillas de la naturaleza que nos rodean ocupan el resto de nuestro tiempo.


Desgranar ordenadamente la historia de cada sitio resulta imposible después de estos meses de inactividad al teclado, por lo que los datos irán fluyendo con el libre albedrío de los recuerdos.


En cierto sentido puede resultar más complicado para aquel que se anime a leer esto, pero sin duda las experiencias y aprendizajes extraídos de este periodo serán explicados de una forma más consistente.


Una síntesis de los últimos cuatro meses viviendo en una ciudad con gran componente de población rural en la ceja de selva peruana que antecede a la Amazonía.



El autobús esta vez nos lleva a la frontera de Perú con Ecuador, cerca de la ciudad de Tumbes. Allí se amontonan centenares de venezolanos tras la reciente restricción de su entrada en el país por parte del gobierno peruano.

Esa sensación de vacío que te recorre cuando ves familias enteras rodeadas de niños correteando y bultos apilados a su alrededor nos resulta conocida. Migrantes desesperados en busca de una vida mejor. En esta ocasión no pudimos detenernos, pero hemos conversado con ellos en Moyobamba y otras ciudades.

En general, destacan por un carácter más jovial, afable y carismático que el peruano medio (al menos el de Lima), lo que probablemente conduce a que acaben contratados en trabajos de cara al público. También, por supuesto, que cuesten la mitad que un trabajador local.



La historia se repite en todas partes de la misma manera, para desgracia de las personas más vulnerables. El rechazo y xenofobia de la población peruanas hacia ellos es considerable.

Durante mucho tiempo se ha repetido el discurso de que "los venezolanos son un hatajo de criminales y las venezolanas una panda de facilonas". El denominador común de los que tienen este juicio parece ser la falta de desarrollo educativo y cultural en la población, una de las piedras angulares de la problemática del Perú, aderezado con xenofobia, machismo y otras bondades.

Sin embargo, no hay que olvidar que el país tiene una larga experiencia en el arte de la discriminación racial.

La transición y los grandes cambios que supuso el fin de la colonización española mantuvieron, al menos, una cosa invariable: la esclavización y las vidas miserables que tenían los cholos (mestizos), negros, serranos, etc., a manos de la élite costera.


La abismal diferencia cultural, social, económica e identitaria que se ha ido forjando desde la época colonial española entre los dirigentes de la costa, terratenientes criollos y ricos, y los habitantes de la sierra, mano de obra rural indígena y pobre, es un problema que se ha trasladado hasta nuestros días. Esta desigual relación de poderes establecida bajo el dominio hispánico probablemente influyó en que Perú tuviera que ser intervenida por ejércitos extranjeros, los de San Martín y Bolívar, para librarse del yugo español, a pesar de contar con focos revolucionarios en la cordillera.


En pleno siglo XX, algunos de los pensadores peruanos más importantes como Arguedas o Mariátegui coincidían en que la democracia peruana seguía sin otorgar igual representatividad y valor a las zonas rurales, aisladas e ignoradas sistemáticamente por el gobierno centralizado en Lima.

Estas condiciones de pobreza y hastío propiciarían el caldo de cultivo ideal para que la retórica maoísta de Abimael Guzman, líder de la organización terrorista Sendero Luminoso, prendiera con éxito en la sierra

Estas condiciones de pobreza y hastío propiciarían el caldo de cultivo ideal para que la retórica maoísta de Abimael Guzman, líder de la organización terrorista Sendero Luminoso, prendiera con éxito en la sierra, tierra tradicionalmente más golpeada por la pobreza estructural y además azotada por las duras condiciones climáticas, que no hace más que ampliar la brecha carencial y de desigualdad bajo la cual aún viven muchas de estas poblaciones rurales.



La trasnochada estrategia senderista solo supo absorber ese descontento temporalmente, pues en su vorágine destructiva acabaría asesinando con más frecuencia a los campesinos que no se adherían a su ideología que al supuesto Estado opresivo al que se oponían.


Del otro lado, la gente del campo también sufría las incursiones militares, un cuerpo acostumbrado a primero arrasar y luego preguntar, que masacraban pueblos enteros ante la mera sospecha de presencia senderista, tiñendo de sangre durante los años 80 la cordillera andina. Poca repercusión tenían estas desgracias sobre la conciencia limeña, muy alejada de nuevo, tanto física como espiritualmente, del padecer de la población serrana.

Tanta es esta desconexión, que la democracia actual, enfangada y pisoteada tras años y años de golpes de estado y corrupción, añade nuevos episodios de denigrante bajeza. En la forma de gobierno que más “representatividad” otorga, los votos de ignorantes campesinos son comprados con tuppers llenos de arroz y algún billete por parte de Keiko Fujimori.

Fujimori padre, aquel que gobernó el país (1990-2000) de forma totalitaria, liberalizando toda su economía y malvendiendo todos los recursos estatales a compañías privadas, se halla encarcelado por crímenes de lesa humanidad fechados en los últimos años del terrorismo. Su corrupción sistemática de las instituciones y el poder judicial la ha recogido Keiko, recientemente investigada por sus vínculos mafiosos con el caso Odebrecht.

Realmente, el número de delitos entre la clase política por corrupción, el anquilosamiento en un mismo puesto, el amiguismo, el cohecho, los sobornos, el tráfico de influencias y otros muchos harían palidecer al mayor imputado de la Gürtel.

Basta saber que los últimos cinco presidentes del Perú están imputados por algún tipo de delito; crímenes de lesa humanidad (Alberto Fujimori), lavado de activos (Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala) y pagos ilegales (Kuczynski).


Y todo esto teniendo en cuenta que desde hace unos meses se investiga en Perú a la cúpula del poder judicial por unos audios en los que se demuestra sus tratos de favor con la clase política y comportamientos de carácter criminal.

Como dicen acá, “el único limpio es Vizcarra (actual presidente tras la renuncia de Kuczynski)… pero ¡dale tiempo!”

Esta deformación y mediocridad ha recorrido de arriba abajo la población, se ha extendido entre todo tipo de trabajadores y funcionarios y ha rebotado para volver con más fuerza a la clase dominante. La confianza en los políticos es nula, a excepción de cuando existen vínculos con algunos de los candidatos; es ahí, irónicamente para la democracia, el momento en que aparecen carteles en las viviendas “Yo y mi familia apoyamos a Fulanito”, “El pueblo de tal apoya a Menganito”…

Los peruanos lo saben: “Perú tiene de todo para ser un gran país”.

Y así es, ciertamente. A nivel cultural, sus tierras han visto pasar multitud de importantes civilizaciones, lo cual constituye un atractivo inigualable para propiciar su mantenimiento y un turismo sostenible.

Hoy en día, los monumentos se deterioran cada vez más y los vastos descubrimientos arqueológicos al alcance de la mano quedan ocultos por falta de presupuesto; aunque viendo el trato que reciben es preferible que duerman bajo tierra para siempre.

A nivel geográfico, la trilogía costa-sierra-selva ofrece al viajero la posibilidad de contemplar paisajes dispares, increíbles, únicos, en apenas unas horas de viaje en autobús. La riqueza y diversidad de tradiciones y formas de vida entre estas tres zonas son tan llamativas que parecen países distintos.

Ciertamente es un país plurinacional que requiere de algo más que de una selección de fútbol para unirse en torno a un objetivo común; quizás algo tan simple como igualdad de derechos y vidas dignas para todos.

A nivel económico, Perú es el primer exportador de oro en Latinoamérica y el sexto a nivel mundial; el segundo a nivel mundial de plata, cobre, zinc y boro; el primero a nivel mundial en harina de pescado, así como en productos como espárragos, quinoa y maca. Tiene petróleo en la costa y la selva, café y cacao en la Amazonía que tratan de sustituir a la coca, frutas tropicales etc...

Las palabras de Galeano en Las venas abiertas de América Latina retumban en la cabeza al ver cómo el país es uno de tantos otros territorios “periféricos” productores de materia prima para la gran metrópoli “occidental”, que además se encuentra bajo el poder de unos pocos grupos nacionales y extranjeros.

Los propios comerciantes, trabajadores y pequeños empresarios de la zona expresan su disgusto al ver que lo que se exporta a muy bajo precio vuelve tras refinarse, para el alcance de muy pocos. Alrededor de Moyobamba crece abundantemente el cacao y el café. Nosotros hemos agradecido infinitamente el café que nos regalan los familiares de los pacientes, mientras que el chocolate nos contentamos con mirarlo con ansia en el supermercado, dados sus precios.

Desgraciadamente, todo este potencial parece destinado al enriquecimiento de unos cuantos más que al progreso del país, a la vez que produce un gran impacto medioambiental frente a la mirada impasible de un pueblo frágil a la hora de defender su territorio.

Una fiel caricatura de ello es que, mientras que muchas organizaciones estatales y no gubernamentales se ven incapaces con su escaso presupuesto y personal a hacer frente a este deterioro de la naturaleza que tanto les proporciona, proliferan en los márgenes de las carreteras de la selva las señales de “Cuida la naturaleza”, al pie de extensas áreas de terreno deforestadas.

Lima y algunas ciudades privilegiadas son un mundo aparte

Sin embargo, el sistema político se empeña en mantener a su pueblo enfermo e ignorante, lo cual socava toda posibilidad de desarrollo real.

Lima y algunas ciudades privilegiadas son un mundo aparte. Afuera de esa burbuja es fácil encontrar casas, de frágiles materiales, sin agua potable, sin tendido eléctrico o con cortes diarios de luz y sin un correcto sistema de evacuación de aguas fecales pero con niños llenos de parásitos y cifras alarmantes de hemoglobina/anemia.

Sin embargo, el sistema político se empeña en mantener a su pueblo enfermo e ignorante, lo cual socava toda posibilidad de desarrollo real.



La perorata política en la que se ha convertido este escrito se ve interrumpida por un nuevo ofrecimiento de comida de parte de nuestra vecina del asiento de al lado en el autobús.

Sin apenas mediar palabra con una abuelita canosa, nos hemos enfrascado en un intercambio culinario. A su cachanga (masa de harina frita y azucarada) inicial le hemos respondido con unos bananitos, a lo cual, muy animada, nos ha correspondido con unas granadillas recién compradas a los vendedores ambulantes que suben incesantemente en cada parada del autobús.


Adriana y yo nos miramos alarmados, pues nuestras manos están vacías esta vez. En ese momento hago un recuento; han subido ya vendedores de kingkongs (unos dulces del tamaño del famoso simio), de chifles (láminas de plátano fritas), de mangos, de granadillas, de dulce de algarrobina… Además de aquellos que, lastimosamente, gritan desde la puerta:

“Tengo aguaaaaaa, gaseosaaaaaa”… “¡Sube!”… “No me dejan subir, ¡baje usted!”.


Hay algo mágico en el “desorden” del mundo del transporte en Perú visto desde un punto de vista europeo, que te lleva a quererlo y renegar de él a partes iguales. La ausencia de horarios formales y letreros, los destinos que se vocean, los taxistas que pululan a tu alrededor luchando por ser los elegidos para llevarte, las combis chiquitas que te recogen y depositan en cualquier punto de la carretera…




La economía de nuestra abuelita generosa peligra, pues a pesar de haber repetido con vehemencia que "viaja en bus porque no tiene plata" ya ha comprado al 90% de los vendedores que han subido.


Esto nos trae a la memoria a otras dos ancianitas que sacaremos a colación más adelante…


(CONTINUARÁ)


Firás Fansa

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