• Trinchera Cultural

Mammón, en los Teatros del Canal



  • Creación y dirección: Nao Albet y Marcel Borràs.

  • Con: Nao Albet, Marcel Borràs, Irene Escolar, Ricardo Gómez, Manel Sans.

  • Producción: Teatre Lliure y la Brutal, en colaboración con los Teatros del Canal.

  • Enlace web: Teatros del Canal.

Regresamos a los Teatros del Canal


De nuevo, un viernes. Una vez más, las nubes presagiaban tormenta. Definitivamente, en Madrid no estamos preparados para la lluvia; los paraguas son meros accesorios que nos estorban, que entorpecen nuestros movimientos dentro de esta gran ciudad, agitada por el flujo de transeúntes que buscan de alguna manera poder llegar a sus destinos. Gente que se pierde en caminos hacia ninguna parte, gente que escapa de otras realidades, gente que busca su lugar en el mundo.

Tengo una teoría sobre los paraguas. Los paraguas definen el carácter de una ciudad. En Madrid, esta ciudad que vive de noche y de día, los paraguas son de usar y tirar. Se venden a las puertas del metro, por unos pocos euros, con el fin de salvar la escasa distancia hasta el siguiente refugio. En Madrid los paraguas siempre son pequeños, concebidos para no poner en peligro la individualidad que nos otorga la gran urbe. Este efímero accesorio queda relegado al olvido en cuanto cumple su función. Es muy común verlo pasar de mano en mano, se toman y se prestan, y muy frecuentemente se confunden de dueño. En definitiva, todos los paraguas parecen iguales...


Los Teatros del Canal son nuestro refugio. Sabemos que acudir allí es siempre una apuesta segura. La cafetería es el punto de partida. Un par de tés y un millón de expectativas. Y es que todas las críticas que habíamos leído eran buenas. Se trataba de Mammón, de Nao Albet y Marcel Borràs en las funciones de creadores, directores y, por supuesto, actores. El nombre en sí no nos decía mucho. Habíamos leído que se trataba de un mito de Oriente Medio, algo así como la representación de la riqueza y a la avaricia, muchas veces encarnado en una deidad perniciosa.


Al poco rato y en este orden aparecen Menchu Peña (MENCHOSA), dos profesoras de literatura y, cómo no, los atrincherados. Esta vez había uno más. Me pregunto si no estarán cansados tras una larga semana de estudio, deberes y exámenes, como para acudir un viernes por la tarde a una representación teatral. Sin embargo, puedo apreciar que nos superan en ganas e ilusión. Poseen interés y lo contagian al resto del grupo. Esta escena, que había sido antecedida por el lamento de una de las profesoras comentando lo difícil que es acercar a los chavales al teatro, convierte el ser atrincherada en un orgullo. Nos encanta este preámbulo. Ya lo vivimos cuando fuimos a ver La Tristeza de los Ogros. Esto empieza a ser una tradición.


Llega la hora y nos conducen a la Sala Verde. Es la de siempre pero no es la misma. Esa sala tiene algo especial. Resulta acogedora, pero a la vez solemne, algo así como un templo. Quizá por eso nos transmite tanto, conecta con nosotros de una manera especial y auténtica. Nuestra ubicación no podía ser mejor: estábamos en primera fila, ¡menudo lujo! Los actores nos resultaron muy conocidos: Irene Escolar, Ricardo Gómez, Manel Sans y, cómo no, Nao Albet y Marcel Borràs.



La importancia del camino


Mammón trata de un viaje sin un destino conocido. Se dice que es una "road movie teatral", pero a mi modo de ver esta clasificación se queda corta. Yo diría que se trata de un viaje al interior del ser humano. El camino como concepto ha estado y sigue estando presente en la memoria cultural. Decía Antonio Machado en sus versos que "se hace camino al andar". Más adelante Kerouac (uno de los máximos exponentes de la Beat Generation) utilizaría ese mismo concepto, el cual serviría además como título de su obra más conocida: En el camino.


Es complicado hablar de Mammón sin realizar spoilers. En Mammón el destino es lo de menos. La obra adquiere progresivamente un ritmo cada vez más acelerado, pautado por un perfecto y minucioso desorden, que conecta todas y cada una de las vicisitudes de sus protagonistas principales.


La historia tiene su punto de partida en Siria, motivada por un afán de componer una documentación artística con formato de función teatral sobre la tragedia que actualmente sufre este país. Con un tinte trágico y su correspondiente seriedad, se relata cómo impacta la visión de todo este dolor en Marcel. Conmovido y convencido de que una semana de viaje es suficiente para comprender la compleja situación de ese pueblo, Marcel se siente preparado para iniciar su andadura teatral. Su "brillante" idea incluye representar el mito de Mammón con la actuación especial de refugiados sirios.

Marcel se siente realizado. Tiene un tema de máxima actualidad (y por qué no decirlo de otra manera, un tema de moda), sólo necesita la financiación. Junto con su inseparable compañero Nao, comienza su viaje...





Dando la "nota", al estilo de El Gran Lebowski


Yo creo que todos hemos sido alguna vez un poco como "El nota" de El Gran Lebowski (1998, Hermanos Coen). Este personaje pasota, desaliñado, y práctico en exceso permanece en nuestra memoria como un icono entrañable de nuestra cultura filmográfica. "El nota" es un tipo que se las arregla para salir adelante, aunque generalmente no sabemos con exactitud cómo lo hace. Sabe ser amigo de sus amigos, todo el mundo le conoce y no hay fiesta a la que no se le haya invitado. Sin duda, este personaje es un tipo singular.


Mammón reencarna a "El nota" en su personaje más carismático: Danny Bravo. Sin embargo, éste no es su nombre real. Él guiará a Marcel y Nao a través de su viaje, ejerciendo las funciones de gurú y de pepito grillo. Danny Bravo representará la frontera entre el bien y el mal, esa línea divisoria tantas veces difusa.

En Mammón el destino es lo de menos. La obra adquiere progresivamente un ritmo cada vez más acelerado, pautado por un perfecto y minucioso desorden, que conecta todas y cada una de las vicisitudes de sus protagonistas principales.

Engullidos por el mito


Mammón muestra que la naturaleza del ser humano puede ser cambiante. A lo largo de la obra se plantean interesantes cuestiones: ¿realmente nos importa el prójimo? ¿mantenemos nuestra escala de valores si nuestras circunstancias cambian? ¿cuánto tarda una persona en corromperse?


No queremos desvelar más detalles sobre la obra. El final es sorprendente. El mito de Mammón les terminará engullendo.


Nuestros colaboradores han opinado...


"Ver una obra de teatro siempre es para mí un aliciente, una manera de sumergirte en la historia que te cuentan, dejarte envolver en ella y gracias a ello recibir todo tipo de estímulos. Actores y actrices maravillosos, por su buen trabajo a pesar (o gracias) de su juventud, y de una obra totalmente sorprendente, donde el giro en la historia es sin duda sorprendente (no haremos más "spoiler").


Me encantó la forma de combinar la obra en en vivo en el mismo escenario, con los mismos actores saliendo y entrando de los pasillos del teatro mientras se les veía en una gran pantalla, así como usar ésta para ver también momentos pasados de los personajes. En cierta forma me recordó a la película "Birdman", donde la vida del teatro (en el escenario pero también fuera de él) era el protagonista.


Obra totalmente recomendable."


- Alejandro.


"Mammon. Qué suerte que en este país siga apareciendo gente de enorme talento. Una escenografía de ingeniosa combinación entre audio y vídeo directos y vídeo grabado al servicio de un híbrido entre el reportaje y el teatro. Una obra en la que te cuentan por qué no se pudo hacer la obra. Una metáfora moderna de un antiguo mito sobre el envilecimiento del ser humano cuando se deja comprar por treinta monedas de plata. Sólo un reproche: si al final la moraleja deriva de la actualización del mito de Mammon, sobra, por frívolo, el uso de la tragedia de Alepo. Por lo demás, viva el humor, el buen texto, las buenas interpretaciones y la frescura de los jóvenes autores. Viva siempre el teatro."


- Kako.


#Mammón, @TeatrosCanal

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