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Los vaivenes de lo cotidiano (crítica literaria JM.Ariño)




La experiencia del día a día de María Jesús Mena como experta en mediación y resolución de conflictos es el germen del libro Relatos monocromáticos, recientemente publicado por Olé Libros, así como de su obra poética Poemas ciegos (2019), que ya va por su segunda edición. Como afirma la autora en el Prefacio, estas veintiuna ficciones son como un álbum “en el que la representación visual y la verbal forman un lugar común no excluyente, enriquecedor y complementario”. María Jesús reconoce en un “Encuadre” inicial la aventura y el riesgo de este viaje literario, recreado en la cima de un volcán en las turbulencias del océano. Y así surgieron estas historias cotidianas que oscilan, como la vida misma, entre el blanco y el negro, entre la luz y la oscuridad, entre la fantasía y el realismo. Con la breve reflexión metaliteraria “Fundido en negro” –un claro guiño al lenguaje cinematográfico– se cierra el círculo cromático que se inicia con el color blanco, que agrupa relatos que irradian claridad y que acaban con un flotador de optimismo después de las turbulencias. Con el intermedio de una escala acromática, que representa ese rayo de luz que surca los oscuros túneles de la adversidad, llegamos a ese negro profundo, existencial, dramático, con el sello de la opacidad y el desencanto.


"Sumergirse en los relatos de la escritora madrileña es encontrarse con ese azar que nos espera agazapado en una calle de Madrid, en una cooperativa de mujeres en Sarajevo, en una estación del metro de Londres o en un encuentro familiar entre dos madres para resolver un conflicto entre sus hijas adolescentes."

Sumergirse en los relatos de la escritora madrileña es encontrarse con ese azar que nos espera agazapado en una calle de Madrid, en una cooperativa de mujeres en Sarajevo, en una estación del metro de Londres o en un encuentro familiar entre dos madres para resolver un conflicto entre sus hijas adolescentes. Precisamente, el primer relato de “Blanco” nos estremece por su sensibilidad y hondura narrativa: “Siento la agitación de Sarajevo bajo mis pies que se acompasa a la mía propia, el crepitar de sus cimientos, el gemir de sus cicatrices”. Un gemido que se transforma en alivio cuando el violinista yugoslavo, que conoció en una calle de Madrid, logra salvar de las llamas algunos libros de esta histórica biblioteca. En “Digital o analógico” la autora agrupa tres narraciones surcadas por los escalofríos de la ausencia y el desamor: desde una madrugada de niebla con el contrapunto de la soledad, hasta la desilusión de los reencuentros o el cuento inesperado, que rompe todos los tópicos del relato tradicional. La distancia cronológica se salva con la confluencia de sueños e ilusiones echados por tierra.


MARÍA JESÚS MENA Madrid (1971). Estudió Trabajo Social y Ciencias del Trabajo en la Universidad Complutense de Madrid y además cuenta con formación especializada en Mediación y Resolución de Conflictos y en Inmigración y Cooperación Internacional. Trabajadora Social vocacional ha desempeñado esta labor en diversos ámbitos entre los que se incluyen la violencia de género, la trata de seres humanos, refugio, inmigración, menores y, ahora, discapacidad. Su relación con la literatura empezó pronto como lectora y desde hace unos años ha continuado a través de la escritura. Ha asistido a varios talleres de escritura como el que imparte Esther Peñas en el Centro Cultural Paco Rabal (Madrid) o los ofrecidos en la Escuela de Clara Obligado, Escuela de Escritores y Escuela de Escritura Ítaca. Algunos de sus relatos y poemas han sido publicados en diversos medios. Publica con Olé Libros Poemas Ciegos (2019) y Relatos Monocromáticos (2020).

Los relatos breves agrupados en “Escala acromática” nos acercan a una realidad gris, opaca y de sorprendente realismo: los olvidos, la rutina de lo cotidiano, la ausencia del padre de familia, las flores que evocan la ausencia de Alicia, el mar como medicina esperanzadora para Avelino, una extraña habitación decorada con un azul misterioso, y la angustia y la ansiedad que experimentan dos jóvenes encerrados en el metro a causa de una avería. Toda una escala de azules y grises que oscila fácilmente entre la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, el mundo soñado de la infancia y la opacidad de los adultos. Los “Cuatro retratos de mujer”, que forman parte del único relato de “Gradaciones”, muestran de manera breve e intensa la poca distancia entre el amor y el desamor, entre la vida y la muerte. Las palabras finales de cada retrato lo dicen todo: “Él la amará… Él la amaba… Él la ama… Él la amó…”.


Dentro de esta descendente escala cromática, llegamos al color negro, que tiñe de nostalgia la cruda realidad que envuelve la vida de los personajes. Así, en el relato “Del paso del tiempo y de la vida”, una voz cercana en primera persona es consciente de lo efímero de la vida y se lanza a la aventura de lo imprevisible: “Hay días en los que desearía soñar que aún respiro”. Porque la vida nos proporciona encuentros inesperados, como el vagabundo cosmopolita que pide limosna en la puerta de un restaurante y afirma sabiamente: “Nuestro discurrir es como un viaje en una barca que navega por un río”. Esa andadura vital acaba en ocasiones con el trágico final de un suicidio, la amargura de un aislamiento prolongado en el hospital, los hechizos de la bruja Úrsula en el relato “La visita” o el comportamiento vampiresco, casi fantástico, en “La mordida”.


Con un título cinematográfico –“Fotogramas”– María Jesús nos regala dos secuencias de un mismo suceso, que tiene lugar en la casi vacía Puerta del Sol de Madrid durante los peores días del confinamiento y que ella, desde una atalaya privilegiada, observa cada uno de los detalles, como si se tratara de una monitor de televisión. El inicio de “Recuento” es tan real como la vida misma: “La Puerta del Sol es ahora un foro desposeído y yermo. La agitación del trasiego cotidiano se ha diluido, y ha dado paso a un aletargado espectáculo donde se citan la quietud y el sosiego”. Una fusión casi perfecta de lo visual con lo literario, de la imagen con la palabra que rezuma sensibilidad, emoción y ternura a raudales. Un regalo para los sentidos y la imaginación en estos días de otoño grises e inciertos.


José María Ariño

Doctor en Filología Hispánica




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