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Las mejores películas de 2020.

El cine siempre está ahí para salvarnos

En este 2020 ya agotado no hemos ido al cine demasiado.


Pero eso no ha impedido que veamos unas cuantas obras maestras en el salón de nuestra casa o, cuando por fin hemos podido volver, en esa sala oscura, este templo donde unos cuantos seres humanos reímos, lloramos, nos asustamos y también nos enamoramos de las criaturas que aparecen en la pantalla.

No nos engañemos. En casa no es tan fácil enamorarse de las películas como en el cine. Uno es más exigente en casa, también más disperso.

Pero el cine siempre nos salva. Otro año más nos ha salvado la vida, nos ha hecho caer en el romanticismo más absurdo, sentir asco, tristeza, nos ha empujado a aprender más sobre nosotros y por supuesto nos ha levantado del asiento.


Estas son cinco títulos que, de manera muy personal, me han salvado en 2020.


1. ‘Color out of Space’ de Richard Stanley

En cuanto pude ir al cine, fui. Una cartelera raquítica ofrecía poco pero ahí estaba Richard Stanley (uno de los peores directores que conozco) para ofrecerme 111 minutos de absoluta psicodelia púrpura llena de criaturas asquerosas, pesadillas apabullantes, un Nicolas Cage desatado y completamente fuera de lugar (y también graciosísimo) en la mejor adaptación que se haya visto de H.P. Lovecraft. Y esto, si lo pensamos con detenimiento, no es poco.

Esta cinta entre lo absurdo, lo grotesco y lo sobrenatural es, en su más honesta intención, una delicia.

Un meteorito se estrella cerca de una granja liberando un organismo extraterrestre que convierte la vida de una familia rural en una pesadilla. Un mal viaje de LSD que se te quedará grabado para siempre, querido espectador. Si no has visto esta maravilla no dudes en darle una oportunidad si la nochevieja de este año se te hace larga.

La tienes en Filmin y Movistar +.


2. ‘Nunca, casi nunca, a veces, siempre’ de Eliza Hittman.

Esta es una película pequeña y también soberbia. Lo que hace aquí su directora, con un naturalismo sobrecogedor, es contar la historia de Autumn, una adolescente de Pennsylvania que se queda embarazada accidentalmente y sin poder realizar el aborto en su propio estado tiene que viajar a Nueva York. Autumn junto a prima Skylar emprenderá un viaje hacia la dirección de una clínica que tiene apuntada en un papel.

Es un drama, una película dolorosa que se cuenta a través de los silencios de dos actrices que están inconmensurables.

Las emociones se sugieren. La tensión se consigue de la manera más sencilla y funciona.

Además acaba con un tono de envolvente lirismo al conectar el filme con su título en la última frase de guión.


3. ‘El juicio de los 7 de Chicago’ de Aaron Sorkin.


El año en el que David Fincher o Christopher Nolan, ensimismados en su propio universo, rompen las expectativas y fracasan, al menos en mi caso, en su intención de volarnos la cabeza como siempre hacen y seguro seguirán haciendo, llega Aaron Sorkin y hace lo que mejor sabe hacer: escribir (y en este caso rodar aunque tampoco importa mucho) una historia emocionante repleta de diálogos escritos con una elegancia y emoción brutal recuperando un hecho real y llevando el lenguaje cinematográfico a un juicio… ¿Acaso hay algún lugar mejor que una corte para sentir la magia del cine?

El cine debería haberse inventado para ver a abogados hacer su alegato final en un juicio.

El juicio de los 7 de Chicago es tan buena que uno sale enérgico después de verla, con ganas de vivir, con ganas de quejarse y luchar, enamorado y con la sensación de que es más listo que antes de verla. Creo que no se puede pedir más.


Bueno, sí. A Santiago Abascal haciendo un homenaje al filme en el Congreso de los diputados de la forma más errática y ridícula posible levantándonos del asiento, esta vez para soltar la carcajada y asumir que, efectivamente, la vida puede ser maravillosa.

La puedes ver en Netflix.


4. ‘El año del descubrimiento’ de Luis López Carrasco.

Gente hablando en un bar sobre sindicatos, sobre aspiraciones personales, sobre educación, sobre herencia familiar. Fumando. Bebiendo. A un lado un hombre dice que en España uno no podía ser lo que quisiera ser, si tu padre era astillero tú también lo ibas a ser y punto. A otro lado, un tipo de unos sesenta años apura un cubata y pide un bocadillo de lomo con queso.


Creo que nadie jamás ha conseguido retratar el ambiente de un bar como lo hace Luis López con este trabajo de montaje tan meticuloso y tan brillante y como las mejores cosas que ocurren, con cierta culpa del azar.


Eso por un lado. Por otro lado, las imágenes de la revolución vivida en Cartagena,cuando los disturbios acabaron con el incendio del parlamento regional con cócteles molotov. Con estas imágenes y con las vidas reales de estos seres humanos reales en un bar real de Cartagena, Luis realiza un tapiz brutal sobre lo que somos, el momento en el que nuestro país dejó de significar nada para la industria europea y se convirtió en un país basado en la economía de servicios, un país moderno y efervescente que dejó a miles de personas en la calle.

El año del descubrimiento es, sencillamente, la mejor película del año.

Y además aún se puede ver en cines.


5. ‘Martin Eden’ de Pietro Marcello.


El periodista cultural de lamarea, Manuel Ligero, al que tengo la suerte de contar entre mis amigos me escribió el 30 de octubre un whatsapp:


“Ayer tuve un encuentro afortunado con el arte: la película italiana ‘Martin Eden’. Salí del cine conmocionado, dando tumbos… Stendhalazo gordo. Te lo tenía que contar”


Y con tales expectativas acudí al cine a ver esta película que, por supuesto, me emocionó profundamente. Esta es la historia de un chico de pueblo, humilde, que se gana la vida como marinero. Un día salva de un altercado a un joven de clase alta que le invita a su hogar y le introduce en su estilo de vida. Martin se ve fascinado por la educación de estos y su pasión por el arte, pero es su encuentro con Ruth, la hermana de éste, lo que cambiará su vida para siempre.

Y esto sería decir poco porque la película es inmensa: romántica, comunista, de un dolor desbordante, sencilla y bella.

Una adaptación de Jack London que embelesa a cualquiera que se siente en una butaca y esté dispuesto a enamorarse.


Pedro Moral


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