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Larga vida a los libros. Reseña de José María Ariño (sobre "Tratado contra los libros")

Actualizado: hace 6 horas

Para nadie es un secreto que los libros, como fuente de sabiduría y ámbito de libertad, han sido considerados desde los tiempos más remotos como artefactos peligrosos para los gobiernos de distintos países.

Esta pervivencia de los libros como una especie amenazada es el motivo principal de la novela Tratado contra los libros, del escritor sanroqueño José-Reyes Fernández.

Aunque el título parece ser contradictorio, la lectura sosegada de estos relatos, unidos por un mismo cordón umbilical, acerca al lector a un mundo mágico, y en ocasiones distópico, en el que, siguiendo la pauta de los escritores hispanoamericanos, crea unas atmósferas cargadas de emociones y cercanas a la tragicomedia clásica. El libro se estructura en tres partes, que giran en torno al mismo motivo: una primera parte en la que los relatos desentierran retazos de la historia y de la memoria colectiva; una segunda parte en la que predomina la distopía y lo tragicómico, y una tercera parte que es un elogio a los libros y al uso adecuado del lenguaje.


Una riada inesperada y el desbordamiento del río Guadarranque dan pie al relato La fiesta de los ahogados, que cierra una primera parte en la que Lázaro, un analfabeto que en La perla prodigiosa rescata un lote de libros que están flotando a la deriva y, aunque es tachado de loco por su mujer, él resucita a través de los libros e inculca esta pasión a su hijo Próculo. El segundo relato es el más trágico y realista. En ella don Celestino, un maestro de la República, es fusilado por los rebeldes en 1936 y los niños levantan sus cañas de pescar como homenaje, en alusión al título: La rendición de Breda. Siguiendo la metáfora de la pesca, en el relato El naufragio, Próculo, hijo de Lázaro, intenta rescatar los libros que va arrojando la marea y logra hacerlos volar como un sortilegio de liberación y como una victoria en una guerra cultural capitaneada por el párroco, con Zenón.


En la segunda parte encontramos personajes de carne y hueso, como Paco el cartero, que recurren a los libros como tabla de salvación, arriesgando incluso su vida y su reputación.

Las librerías, como Dédalo en el relato Melancolía, se convierten en un refugio y generan una oleada de sentido común en tiempos de pandemia.

La cultura se enfrenta a la vulgaridad del consumismo, a los poderes fácticos del gobierno de turno y a la influencia omnipresente de la Iglesia. Desgraciadamente, los libros siguen en pie de guerra y son amenazados por ese rebaño del consumismo que pregona la incultura entre las masas.

En Los cerezos en flor, relato introducido por una cita de Un mundo feliz, de Aldous Huxley, Martín es una nueva víctima de los intolerantes y de las dictaduras. A raíz de un decreto que suprime por peligrosas las librerías públicas, se encierra en un mundo de ficción y deambula errante por las calles de la ciudad como el personaje de Ulises Leopold Bloom. Tiene que ocultar sus libros en una pizza, al igual que en el relato En régimen de autónomo, en el que una presunta Sociedad de Estudios Micológicos sirve de tapadera para poder leer y comerciar con libros prohibidos. En un mundo distópico narcotizado por el fútbol y en el que hay que pagar por respirar hay que luchar contra las imposiciones de un Ministerio de Fomento del Consumo y de la Felicidad, que emprende una cruzada contra las Humanidades y la cultura. La situación llega a tal nivel de degradación social que en el relato La epidemia el peligro de los libros siembra el pánico entre la población, que los considera como un virus letal o como un artefacto terrorista. El final del relato es, sin embargo, un homenaje implícito a grandes literatos de la historia: Homero, Cervantes, Kafka, García Márquez, Rulfo, Joyce y Leopoldo Alas “Clarín”.

Con El robo imperceptible, se inicia una tercera parte en la que predomina el misterio, el cementerio de los libros muertos y ese mundo al revés, presente en La quimera, como homenaje a la novela de Emilio Lara El relojero de la Puerta del Sol.


Uno de los relatos más significativos es Sophocracia. Con este neologismo, y con una cita introductoria de El dardo en la palabra de Fernando Lázaro Carreter, se crea un gobierno provisional en el que el presidente de la Academia de la Lengua toma el mando y se rodea de un grupo de sabios que critican y reflexionan sobre el uso incorrecto del lenguaje. Hay una velada crítica al Opus Dei y una alusión histórica al año 1000, fecha en la que la humanidad esperaba la llegada irremediable del fin del mundo. Como colofón y píldora reflexiva sobre el libro como un ser vivo que hay que cuidar y valorar –“Amad a los libros sobre todas las cosas”– el autor ofrece a los lectores una receta médica y un prospecto para orientarle y aconsejarte en el consumo moderado y provechoso de los libros a los que considera como medicina saludable para el espíritu.

El consejo final es diáfano y elocuente: “Mientras tanto, sean ustedes libres, o libros, que es lo mismo”.

José María Ariño Colás

Doctor en Filología Hispánica

Sobre el autor

Al escritor sanroqueño José-Reyes Fernández siempre le ha gustado destacar que nació “en la desaparecida ciudad púnico-romana de Carteia —capital histórica del Campo de Gibraltar—, situada a orillas del río que los árabes denominaron Guadarranque”.


Y en ese escenario “que hoy languidece, devorada por multinacionales petroquímicas”, se halla la fuente de muchos de sus relatos, la población de Guadarranque, “una aldea de pescadores de trescientos habitantes perteneciente a San Roque”.


Esencia de su literatura, que tiene que ver mucho con el realismo mágico, también se halla presente en su último libro Tratado contra los libros, una colección de relatos editados por la madrileña Imágica Ediciones, que recientemente fue presentado en el Teatro Juan Luis Galiardo.


La carrera literaria de José-Reyes Fernández ha estado, desde el principio, jalonada por el reconocimiento desde que en 1983 obtuviera el premio Armengot de novela con su obra En torno al Guimarán y otras imprecisiones.


A partir de entonces un buen número de narraciones y libros ha obtenido galardones en diferentes certámenes como el Ciudad de Aguilar, Ciudad de Irún, Villa de Estepona, Ciudad de Algeciras, Ateneo Cultural Primero de Mayo, Ángel María de Lera, Certamen Literario UNED “Alumnos Bahía”, Alberto Lista, o NH Relatos, entre otros.

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