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La tristeza de los ogros, de Fabrice Murgia


Representación Teatral La Tristeza de los Ogros

Cuando nos invitaron a la representación de La tristeza de los ogros (Le chagrin des ogres, de Fabrice Murgia) sabíamos que no nos iba a dejar indiferentes. Menchu Peña (MENCHOSA) ya nos había advertido de que se trataba de una obra difícil, dura, pero a su vez extremadamente interesante por la sensibilidad que esta entrañaba. Y es que no se trata de una obra cualquiera. Su tema central es la transición de la infancia a la madurez. Y lo hace sin huir de asuntos controvertidos, usando como hilo conductor historias basadas en trágicos sucesos reales.


Menchu tenía especial interés en conocer el recibimiento que la obra podría tener entre el público juvenil y, por tanto, nos sugirió que nos acompañaran algunos “atrincherados” para poder tener así una opinión de primera mano. ¡Menudo reto! Un viernes por la tarde, fuera del horario escolar, ¿qué adolescente, en su sano juicio, querría acudir a la representación de una obra de teatro? Sin embargo, aceptaron el reto sin dudarlo ni un sólo segundo.

Quedamos en los Teatros del Canal. Era el penúltimo día en el que se podría acudir a esta función. Como siempre, antes de empezar la obra nos tomamos un café (un té, un refresco, un agua mineral…) para reencontrarnos con Menchu y los demás asistentes. En su mayoría profesores, investigadores y gente afín al mundo del teatro. Podría decirse que se trata de todo un ritual, un encuentro previo durante el cual se intercambian expectativas sobre la obra y se conocen puntos de vista y experiencias. En esta ocasión, había cierta inquietud. ¿Seríamos capaces de conectar con la obra? ¿Resultaría excesivamente dura? ¡Qué nervios!


Sala Verde, Teatros del Canal

En el acceso a la Sala Verde la gente hacía cola. El humo invadía el espacio y en el escenario un personaje con atuendo infantil y voz distorsionada relataba una y otra vez la historia de un ogro que se comía a sus propios hijos, con referencia directa al dios Cronos. Parecía que estábamos dentro de un sueño. Pero, ¿cómo distinguir lo real de lo ficticio? Nos lo advierte esta niña-mujer que personifica el sueño o la pesadilla (la interpretación de cada cual es libre…), sentada en un columpio:


“Señoras y señores… buenas noches. Esta noche no pretendan, sobre todo, distinguir lo verdadero de lo falso. Pase lo que pase esta noche, quédense simplemente con que todo esto es real. Yo soy real. Yo soy real porque todo lo que puede imaginarse es real. Yo soy real como… una pesadilla”

Al finalizar la obra, La tristeza de los ogros nos dejó desasosegados… Ante nuestra sorpresa, uno de nuestros atrincherados nos anima a levantarnos  y aplaudir. En ese momento, nos sentimos profundamente orgullosas.


Tratar el tema del desarraigo en la adolescencia es valiente. No sentirse parte de un entorno, aislarse… ¿No es ser adolescente? Esta zozobra está inmersa en una atmósfera onírica, los sonidos, la luz … Voces distorsionadas de fondo. Si el teatro existe desde hace tantos siglos es porque refleja lo que no queremos ver y existe. La finalidad de la tragedia es la consecución de la catarsis. Y nosotros experimentamos emoción ante la desgracia y el temor a que esta nos pudiera ocurrir.  Nos contaron un cuento con ogros que se refugian en mundos paralelos. Y lloramos con estos ogros y nuestras tristezas.


A la salida del teatro todos nos sentíamos un poco más “pequeñitos”; cada uno de nosotros nos habíamos situado unos minutos “al otro lado” con Leticia y Bastian (los protagonistas de la obra).


Finalizamos el viernes con una emotiva despedida a la entrada del metro, esperando a la siguiente ocasión de reunirnos a las puertas de algún teatro.

Nuestros jóvenes atrincherados posiblemente alargaron un poco más el viernes. Les vimos alejarse charlando sobre la obra. Ellos tienen tanto qué decir...


Representación Teatral La Tristeza de los Ogros

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