• Trinchera Cultural

La otra realidad de Magritte

EXPOSICIÓN: La máquina Magritte

UBICACIÓN:

Museo Nacional Thyssen Bornemisza

DISPONIBILIDAD:

Hasta el 30 de enero 2022.

Con el título La máquina Magritte, el Museo Thyssen nos ofrece un recorrido por no menos de 35 años de producción artística del pintor. Los comisarios de la misma (Paula Luengo y Guillermo Solana) decidieron organizar las obras en diversos bloques atendiendo a preocupaciones y recursos que el artista belga utilizó para trasladarnos su peculiar visión de las cosas; porque al mantener un estilo sin fluctuaciones notables (salvo su corto periodo entre 1945 y 48 de influencia Renoir y que se ha llamado “vie hereuse”), es posible presentar su producción obviando el recorrido cronológico.

Efectivamente, a lo largo de su vida, los elementos animados o inanimados de su obra se mimetizan con el entorno, fragmentan su unidad, disocian su significado, modifican la escala, se ocultan, se nombran con equívocos, se transparentan, o contradicen las leyes de la física.

En esta reseña, mediante recorrido cronológico, intentaremos responder a una pregunta fundamental que Magritte se formuló y pretendió contestar con sus obras: ¿Qué tipo de afinidad hay entre la realidad y su imagen?


Nuestro artista vuelve a una polémica antigua. Ya Platón diferenció entre mímesis como destreza o saber para producir imágenes (moviéndose siempre en el terreno de lo aparente) y logos/eidos que se remite al pensamiento y al lenguaje y procura el acercamiento a la “verdad”. Tiempo después Aristóteles simplificó manifestando que existían dos tipos de “verdad”: la teórica o de la filosofía y la estética o de la imagen.

Verdad entre comillas porque Magritte cuestiona permanentemente la verdad de la imagen en tanto que oculta la esencia de las cosas, incluso lo que consideramos verdad, puede ser una mera convención del lenguaje.


Vayamos desarrollando estas cuestiones. Parece cierto que la obra de Giorgio de Chirico fue muy influyente en pintores que se moverían luego en el ámbito de Surrealismo: Ernst, Delvaux, Tanguy, Dalí, etc. Anticipamos una obra del pintor italiano que impactó en 1922 (el mismo año que se casa con Georgette Berger), en el pintor belga.

Se trata de La Canción del amor un óleo de 1914 que nos mezcla tiempos modernos y clásicos. El busto de escayola clásico flotando sobre la pared en la que se clava un desmesurado guante de trabajo; una esfera verde en primer plano y una locomotora en el fondo, incluyendo esas perspectivas ambiguas y lejanas, con un uso claro de la línea y un color a veces plano. Se trata de una realidad inventada, situada más allá de la física y que oculta significados metafísicos.


Magritte abandona su estilo inicial cubista-futurista e inicia una etapa muy prolífica entre 1925 y 1930, instalándose en París y viviendo el ambiente del recién nacido Surrealismo.

Veamos su aportación en tres óleos sobre lienzo: El Abismo plateado, de 1926 y El Sabor de lo invisible y Las Galas de la tormenta, ambas de 1927. En la primera obra ya aparecen los cascabeles y sus “phallustrades” o columnas torneadas como símbolos probablemente de infancia, junto a una madera agujereada con perfil orgánico y mostrador que nos asoma a un universo onírico plateado. ¿Qué es lo invisible para Magritte en la siguiente obra? ¿Qué es figura y qué es fondo? ¿Es un paisaje natural con árboles entre nubes? ¿Qué hacen esos seis personajes semitransparentes en una habitación a punto de ser ocupada por las olas del fondo en las Galas de la tormenta? Nada parece indicar que nuestro pintor se dejara llevar por los experimentos de la pintura automática y tampoco que utilizara el lienzo para exorcizar los demonios y obsesiones de los sueños.


Pero vayamos a obras donde son reconocibles los elementos. En estos dos óleos sobre lienzo de 1928, Tentativa de lo imposible y La Astucia simétrica, aparece el pintor como nuevo Pigmalion sabiendo que es imposible pintar un ser humano pero a punto de conseguirlo mediante los trucos que nos hacen ver como real lo que solo es ilusión.

¿Dónde está la astucia de esa simétrica composición? Si nos atrae el erótico pubis de la mujer ¿Qué se oculta tras los blancos paños? Siendo una imagen imposible del cuerpo femenino consigue el pintor que nos atraiga más el misterio de lo que no vemos porque la verdad está siempre oculta.

Magritte reflexionó sobre la fragilidad del lenguaje oral y escrito en tanto que utilizamos diferentes palabras en las distintas lenguas para referirnos al mismo concepto u objeto. ¿Cambiaría nuestra percepción del objeto si lo nombramos con el término que tenemos asociado a otro?

Si le hemos puesto nombre a las cosas para poder comunicarnos al referirnos a ellas ¿No será el lenguaje una máscara más que nos impide ver la esencia de esos objetos que nombramos? Fijémonos en estos tres óleos de 1927, 28 y 29 respectivamente: La Prueba misteriosa, El Durmiente temerario y El Árbol de la ciencia.

En el primer caso, el término montaña no se corresponde con el objeto sobre el que se sitúa, el jarrón de cristal pudiera estar visto desde abajo (pero no transparenta el fondo) y el hombre medio vuelto a la derecha podría estar medio vuelto o no. El individuo que duerme en el interior de un cajón ¿Sueña con esos objetos incrustados en su horma sobre una sólida superficie recortada con forma orgánica? ¿Son los objetos asociaciones delirantes únicamente propias de los sueños o están ubicados para sustituir a las palabras? ¿Qué significado tiene ese fondo de nubes azuladas? El humo que sale de la boca del fusil formando dos globos con las palabras sable y caballo ¿alude a la evolución de la caballería? ¿No podrían tener este tipo de obras alguna relación con el ambiente Dadá y los cuadros-poema de autores como Miró?


La década de los treinta consagra internacionalmente a nuestro pintor, dentro del ámbito del Surrealismo. Expone junto a sus miembros y escribe en las revistas del movimiento. Procura utilizar todos los recursos temáticos para enfatizar sus paradojas y transmitir los misterios de un mundo que el ve diferente a como se le quería imponer. Intenta que los elementos de sus cuadros entren en conflicto para estimularnos a pensar y para ello, encuentra diversos filones para explotar. Uno de ellos tiene que ver con el leonardesco concepto del cuadro como ventana.

Si el cuadro es una ventana a la Naturaleza y desde ella vemos más pequeño y menos nítido lo que está más lejos, la búsqueda de la verosimilitud nos llevará a organizar el plano sobre el que trabajamos siguiendo una reglas de perspetiva (lineal y aérea) más que conocidas. Magritte se pregunta para qué todo eso. ¿Para fijar una imagen de lo que vemos, de aspecto tridimensional, en un plano? ¿Es duradera esa imagen? ¿Dentro de qué parte de nuestro ser se instala?

Veamos lo que el pintor parece plantearse, con cuatro obras (aún a costa de dar un salto temporal): comenzamos con los óleos sobre lienzo, La bella cautiva, de 1931 y La Llave de los campos, de 1936 y continuamos con La Condición humana, gouache y lápiz sobre papel, de 1948 y un último óleo, Los Paseos de Euclides, de 1955.

Aunque parece que los títulos de las obras eran un juego más del pintor, en La Bella cautiva, no hay artista; hay caballete y lienzo que se limita (como una ventana) a tansparentar lo que hay detrás. ¿Hemos hecho cautivo al paisaje al plasmarlo en el lienzo? En La Llave de los campos ahonda más la reflexión. En este caso unas cortinas enmarcan una ventana que ofrece un paisaje de colina verde con árboles en su cima y cielo azul. Simétrico y equilibrado. Pero parte del cristal de la ventana ha sido roto desde fuera y aparece en primer plano hecho añicos pero convertido en espejo y reflejando fragmentos del paisaje real. Ocurre lo mismo con la imagen que formamos dentro de nosotros cuando vemos algo y apartamos la vista. Se disuelve en fragmentos antes de desaparecer. Lo único que queda es lo que hemos visto, aunque si volvemos a mirar nos quedará la duda de si nuestro propio ojo nos engaña porque en realidad, los objetos que vemos solo pueden reflejarse a sí mismos (como los fragmentos de la ventana). El espejo y la ventana, han estado muy presentes en la historia de la pintura por el elevado número de reflexiones que suscitan.

En La Condición humana, una gruta iluminada por una vibrante fogata y por la luz que entra a través de un gran hueco de perfil orgánico, presenta en el borde, hacia un misterioso abismo con paisaje de agreste montaña, el caballete y el lienzo que reconocemos porque su borde en fina línea negra y blanca es lo único que no transparenta lo que hay detrás. En los cuadros dentro del cuadro de esta serie, el lienzo representa lo que oculta, es decir, se hace presente sin trucos. Es otra forma de plantear la gran cuestión que introdujo en Ceci n´est pas une pipe. En Los Paseos de Euclides tenemos todas las artimañas y los guiños: suelo, zócalo, cortinas y ventana. Un auténtico interior clásico. Además, caballete y lienzo ante la ventana y un paisaje arbolado en primer plano y urbano después. El lienzo vuelve a transparentar, pero además, aunque su posición es oblicua, la perspectiva es un calco frontal de lo que se ve. De nuevo, ponemos en tela de juicio nuestro concepto de representación y nuestra propia percepción de las cosas.


En las últimas décadas de su trabajo, las temáticas se amontonan, pero siempre buscando la paradoja y la oposición de contrarios. Lo visible y lo invisible, lo transparente y lo opaco, lo abierto y lo cerrado, lo grande y lo pequeño, lo pesado y lo ingrávido. Al final, Magritte siempre fue consciente de la magia de la creación. De su cualidad de demiurgo. Por ejemplo, en La Giganta, óleo, témpera y papel sobre lienzo, de 1929-31, Los Valores personales, óleo sobre lienzo, de 1952 y El Aniversario, óleo sobre lienzo de 1959, agranda los objetos mientras cuestiona principios de perspectiva.

¿Es la giganta o es el enano? ¿El armario tiene puertas de espejo o son cristales transparentes? ¿Hemos hecho una habitación para albergar esa inmensa piedra? ¿Cambian de significado los objetos al modificar su tamaño?

A veces sus paradojas son explícitas. En estos tres óleos sobre lienzo de 1933, 35 y 36, La Luz de las coincidencias, La perspectiva amorosa y En Memoria en Mack Sennett, imaginemos que estamos con la familia en casa en nuestro salón viendo en la televisión una escena de una película en la que una familia está en su salón viendo la televisión en la que se ve….En fin. Las muñecas rusas en la primera obra. Vemos un cuadro en el que se ve un cuadro con un busto iluminado por la luz de una vela fuera de él….igual que está fuera la luz que ilumina el cuadro que vemos. ¿Está abierta o cerrada la puerta a través de la que vemos la hoja-árbol y la casa? No hace falta abrir una puerta para ver lo que ésta oculta. Del armario cuelga un camisón pensado para ocultar lo que el sensual pintor ha decidido mostrarnos.


En todos estos juegos ópticos no podía faltar el humor y, aunque puede haber lecturas ocultas, humor es lo que presenta en estos tres óleos sobre lienzo (el último de ellos una de sus obras postreras) de 1936, 49 y 63, La Lámpara filosófica, Perspectiva: el balcón de Manet y El Arte de la conversación.

¿No resultan infumables algunas sesudas teorías de la Filosofía o de la Ciencia?¿No se consume a sí mismo el pensamiento? En el balcón de Goya-Manet han sido sustituidos los personajes por ataúdes. Son seres que ya han desaparecido pero la maceta sigue presentando una flor plenamente viva. Y qué decir de esos dos caballeros tan interesados en su elevada conversación que levitan mientras conversan, negando las leyes del mundo físico. A veces sus imágenes nos inquietan y otras veces nos seducen por su esperanzada belleza.

En La Magia negra (primera versión), óleo sobre lienzo de 1934, inquieta esa mujer que se mimetiza con el entorno al tiempo que se destaca de él. En El Regreso, óleo sobre lienzo de 1940, el ave que transparenta el cielo que le sirve de soporte regresa al nido en un gesto de protección, mientras que en Las Maravillas de la naturaleza, óleo sobre lienzo de 1953, no deja de desasosegar esa pareja mimetizada en pez de medio cuerpo para arriba.


Todo puede ser una cosa y su contraria. Una mujer que se convierte en etérea pero resulta sólida para el pájaro que en ella se posa, un pájaro que transparenta un cielo de mañana en una escena en la que anochece. Dos seres híbridos y consistentes como la roca en la que se sientan mientras que al fondo el barco se disuelve en el agua.


Terminemos con dos obras de los años 60 que pueden sintetizar parte de la simbología y de los desvelos del pintor. Las Memorias de un santo, óleo sobre lienzo de 1960 y Sin título (la partitura), ejecutada a lápiz, acuarela y collage sobre papel entre 1961 y 1962.

Los “bilboquets”, las esferas (o los cascabeles), las cortinas, los caballetes y los lienzos, los cielos seminubosos sobre el mar azul……

Si con el mimetismo los seres de Magritte buscaban la invisibilidad, con el arte, el creador es capaz de mostrarnos mundos paralelos que desaparecen por voluntad del pintor. Se acabó la función; enrollo el cielo y me lo llevo. Se acabó el mirar a ese lugar depositario de lo que imploramos, de nuestros muertos y de nuestros deseos. Las cortinas sugieren aquí el fin del espectáculo, la impostura de la pintura, su falsedad.

Actúa el artista como su héroe juvenil, Fantômas, un maestro del disfraz que aparece siempre bajo una falsa identidad amenazando el orden establecido. En Sin título (la partitura), rinde homenaje a parte de los instrumentos de los que se ha valido para recrear el mundo pero nos hace el guiño final. Ahora el lienzo solo transparenta parte del cielo. El resto lo llenan sus objetos preferidos pintados y decorados con escritura musical (quizás un homenaje a su hermano compositor Paul), un lenguaje universal que representa sonidos y los organiza armónica y melódicamente en estructura horizontal y vertical, igual que el pintor cuando organiza el espacio ficticio de un cuadro.

Heraclio Gautier González

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