• Trinchera Cultural

Una escuela de todos y para todos. La enseñanza en la II República española



El debate en torno al modelo educativo de nuestro país es un asunto recurrente aunque ni mucho menos novedoso. Los esfuerzos por modificar –y modernizar según los casos– la enseñanza en España vienen de lejos y se remontan incluso al último tercio del siglo XIX. Hoy en La Cápsula del Tiempo nos acercamos a la Educación Primaria y Secundaria en una de sus etapas de mayor avance y desarrollo, la Segunda República Española (1931-1939), cuyo aniversario se conmemora cada 14 de abril.


Sánchez Portela, Alfonso, Proclamación de la II República Española, 14 de abril de 1931 (manifestación en la Puerta del Sol de Madrid), gelatinobromuro de plata sobre papel, Museo Reina Sofía.

Las elecciones del domingo 12 de abril de 1931, aunque de carácter municipal, fueron entendidas como un plebiscito sobre el modelo de Estado tanto por la monarquía española como por las fuerzas políticas republicanas, las cuales obtuvieron el triunfo en la mayoría de capitales de provincia. Ante la evidente falta de apoyos populares, y temiendo por su propia seguridad, el rey Alfonso XIII abdicó y puso camino al exilio el martes 14 de abril, al tiempo que en Madrid el Comité Revolucionario proclamaba oficialmente la república y se instituía un Gobierno Provisional.


Portada de El Heraldo de Madrid, 13 de abril de 1931.

Desde el primer momento el nuevo gobierno republicano mostró su voluntad de atajar de raíz la precaria situación de la enseñanza en España. El reinado de Alfonso XIII se había caracterizado por la dejadez de las autoridades en materia educativa, lo cual se traducía en la insuficiencia de plazas para alumnos, la ausencia de condiciones adecuadas en las escuelas y los ínfimos salarios que por lo general percibía el profesorado. [1] Casi la mitad de la población infantil no estaba escolarizada, y a la altura de 1931 el índice de analfabetismo era de entre el 30% y el 40% [2], siendo mayor entre las mujeres –con un 39’4%– que entre los hombres –un 24’8%. [3]


Ante este panorama la escuela se convirtió en un campo de actuación prioritario para las autoridades republicanas, que veían en el analfabetismo la mayor lacra del país de cara a formar un pueblo culto, base para consolidar los valores democráticos que promocionaba la República. [4] Para ello buscó respaldo en la figura del maestro, a quien atribuyó la misión de proyectar los principios, contenidos y metodologías de su nuevo proyecto educativo. [5] Los profesionales de la enseñanza recibieron este cometido con optimismo y entusiasmo, y se adhirieron al Gobierno Provisional ante las perspectivas que se abrían en el ámbito de la educación y la cultura. [6]


El pensamiento educativo de la Segunda República tenía dos orígenes: los planteamientos de la ILE (Institución Libre de Enseñanza) y el ideario del PSOE, ambos interrelacionados e influidos por las vanguardias educativas de los primeros años 30. [7] La ILE fue un proyecto pedagógico innovador inspirado por la filosofía krausista y desarrollado en España en paralelo a la enseñanza oficial desde 1876, a partir de cuyos ideales el pedagogo Lorenzo Luzuriaga Medina desarrolló su idea de la Escuela Nueva, precursora al mismo tiempo de la denominada Escuela Única. [8] Ésta había de ser el nuevo modelo educativo de la República, dependiente únicamente del Estado y sin intervención de ningún tipo por parte de la Iglesia.

Franzen, Christian, A la hora del recreo (niños de la ILE jugando en el patio del edificio del Paseo del Obelisco en Madrid), en Alma Española, nº 7 (1903).

Entre junio y noviembre de 1931 se celebraron las primeras elecciones generales de la República –las únicas con sufragio solamente masculino–, en las cuales vencieron los republicanos y socialistas del Gobierno Provisional. Un mes después, el 9 de diciembre de 1931, era ratificada la nueva Constitución. A los pocos días se formó un segundo gobierno compuesto por republicanos y socialistas, momento que algunos historiadores señalan como el inicio del Bienio Progresista. La victoria de las derechas en las elecciones de noviembre de 1933 supuso el comienzo del Bienio Conservador y con él el desmantelamiento de muchas de las reformas educativas iniciadas, las cuales no serían retomadas hasta la victoria del Frente Popular –una coalición de republicanos, socialistas y comunistas– en las elecciones de febrero de 1936.


La Constitución de la Segunda República establecía en su Artículo 48º la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza primaria así como el deber del Estado de “facilitar a los españoles económicamente necesitados el acceso a todos los grados de enseñanza”, al tiempo que implantaba la libertad de cátedra y el laicismo en la educación. Por su parte el Artículo 50º reconocía a las regiones autónomas el derecho a “organizar la enseñanza en sus lenguas respectivas”, siendo no obstante obligatorio el estudio del castellano y su empleo como “instrumento de enseñanza”. [9]

Portada original de la Constitución Española de 1931, Congreso de los Diputados.

La extensión del laicismo a la educación fue sin duda uno de los mayores motivos de conflicto entre la Segunda República y la Iglesia. Frente a los sectores católicos, que defendían una escuela confesional, elitista y basada en la segregación por sexos, las autoridades republicanas abogaban por una escuela laica, unificada y mixta. [10] En 1934, incluso, se introdujo la educación sexual en las aulas. [11] En cuanto a la enseñanza de la religión, en un principio la República no llegó a eliminarla completamente, ya que el Decreto de 6 de mayo de 1931 se limitaba a establecer su carácter no obligatorio. [12] Fue un poco más adelante cuando el gobierno del Bienio Progresista dio el paso de suprimir la asignatura de religión en las escuelas públicas, lo cual se sumó a la prohibición de ejercer la docencia a los religiosos. [13] Sin embargo, a pesar de todas estas medidas, sabemos que las órdenes religiosas siguieron impartiendo la enseñanza bajo distintas denominaciones, [14] y que la educación mixta no llegó a implantarse en muchas escuelas. [15]


En cuanto al papel del idioma, y según lo dispuesto en el Art. 50º de la Constitución, en 1933 se crearon los Consejos Regionales de Cataluña de Enseñanza Primaria y Enseñanza Media, [16] al tiempo que el resto de regiones con idioma propio tomaba sus propias medidas. Esto se vio reflejado en los manuales escolares de la época, pues aunque la gran mayoría –25 de ellos– fueron editados en castellano también se publicaron 2 en catalán, 1 en euskera y 1 en gallego. [17] Estos últimos presentaban por lo general un tono de cierto desánimo al hablar de la incorporación de sus regiones al conjunto de España, aunque lo cierto es que se trataba más de un sentir regionalista que nacionalista. [18] Frente a las alusiones a la “patria” o la “raza” propias de los manuales anteriores a 1931 –algunos de los cuales siguieron editándose en tiempos de la República– la mayoría de libros posteriores destacaban conceptos como “nación” y “ciudadanía”, [19] más acordes con los valores republicanos.

Comparación de las portadas del manual La Patria Española en 1929 (izq.) y 1931 (dcha.) en San Simón, Carlos y Rabazas Romero, Teresa, “La identidad nacional en los manuales escolares durante la Segunda República Española”, Bordón vol. 69, nº 2 (2017), p. 140.

Para regular el uso de todos estos manuales en 1932 se solicitó al Consejo de Instrucción Pública la elaboración de un listado de publicaciones permitidas, aunque en el caso de la Primera Enseñanza éste no vio la luz hasta 1934. [20] A partir de este año uno de los principales objetivos de la política educativa fue la elaboración de manuales con ilustraciones atractivas. [21] A través de éstas y de los textos a los que acompañaban las autoridades republicanas incrementaron la presencia femenina en los libros de texto, mostrando a niños y niñas estudiando juntos o a mujeres desempeñando distintas profesiones e incluso participando en la vida política del país. [22] Sin embargo, a pesar de estos avances, hombres y mujeres siguieron siendo representados muy a menudo en sus roles tradicionales [23], a lo cual hay que añadir que la presencia femenina era aún significativamente minoritaria en los manuales escolares. [24] Con todo ello, estos materiales constituyeron un recurso fundamental para el sistema educativo republicano, aunque también encontramos casos de escuelas que, siguiendo la metodología de la ILE, no emplearon libros de texto, [25] así como de otras en las que los docentes siguieron utilizando manuales no permitidos, bien por el elevado coste de los mismos, bien por inercia, bien por hostilidad ideológica. [26]

Ilustración de un niño y una niña en el mismo pupitre procedente del manual Lo que nos rodea de 1935, en Martínez Pose, Beatriz, “La representación de la mujer en los manuales escolares de la Segunda República y del primer Franquismo (1931-1945)", Investigaciones Feministas, vol. 10, nº 1 (2019), p. 158.

Ante éstas y otras irregularidades se organizó la Inspección Educativa, la cual habría de ser uno de los ejes principales de la República para llevar sus ideas pedagógicas a las aulas, donde los maestros las recibirían de los inspectores en las reuniones programadas por los Centros de Colaboración Pedagógica. [27] El Decreto de 2 de diciembre de 1932 estableció las bases de la Inspección Central de Primera Enseñanza, dotando a los inspectores de un carácter menos burocrático y más cercano a la escuela. Así mismo los presupuestos de 1933 permitieron un aumento de la plantilla de estos inspectores, añadiendo 100 nuevas plazas a las 212 ya existentes. [28] Por su parte también fue establecida una Inspección General de Segunda Enseñanza en un decreto posterior, aunque siguiendo los mismos principios que el primero.


Dichos principios fueron recogidos en otras publicaciones como la Revista de Pedagogía, que constituyó un destacado medio de difusión hacia el profesorado de la Primera Enseñanza para sumar su apoyo, [29] así como en las circulares que el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes hizo llegar a las aulas para exponer los temas que debían aplicarse al ámbito escolar. [30] En la primera de ellas, fechada el 12 de enero de 1932, se hacía un llamamiento a los maestros para que realizasen salidas escolares y demás actividades que favoreciesen el contacto de los niños con su entorno, [31] siendo también en esta época cuando se documenta la presencia de los primeros ejercicios de gimnasia o de la hora del recreo. [32] No obstante, quizá lo más representativo de esta primera circular fue su declaración de que “la escuela no puede coaccionar las conciencias. Al contrario, ha de respetarlas. Ha de liberarlas”, a lo que añadía que “la escuela es de todos y aspira a ser para todos”. [33] Una consigna que recuerda a la usada mucho más recientemente por la Marea Verde de la Educación.

Pancarta de la Marea Verde en una manifestación a favor de la educación pública en Madrid, 24 de marzo de 2015.

Todos estos esfuerzos por parte de la República quedaron reflejados no sólo en sus publicaciones sino también en sus presupuestos, cuya partida para educación aumentó del 5’5% al 7% del total, así como en otras cifras como el número de alumnos matriculados, que en el caso de la Enseñanza Media pasó de 70.000 a 130.000. [34] Para ello fue necesario aumentar también tanto el número de centros como el de docentes. El gobierno surgido en diciembre de 1931 estimó que en España había por aquel entonces poco más de 32.000 escuelas en funcionamiento, siendo necesaria la creación de otras 27.000 en aquel momento. El 16 de septiembre de 1932 se aprobó un gasto para los próximos 8 años de 400 millones de pesetas, lo que sumado a los 200 millones que habían de aportar los ayuntamientos hacía 600 millones en total, la mayor inversión de España en construcciones escolares hasta la fecha y la mayor en ese ámbito comparada con cualquier otro país del momento. [35]


Además, entre 1931 y 1933 se crearon unas 14.000 plazas para maestros, muchas más que las 2.500 establecidas entre 1934 y 1935 [36] coincidiendo con el Bienio Conservador, a las cuales el Frente Popular sumaría otras 5000 en 1936. [37] La República quiso aumentar el número de plazas pero también ocuparlas con mejores profesionales, para lo cual impulsó la reforma de las Escuelas Normales (instituciones donde se formaban los futuros maestros) a través del Decreto de 29 de septiembre de 1931. Se creaba así un nivel de exigencia en la formación del profesorado que no había habido hasta entonces y que no se recuperaría hasta los años 60. [38]


Por las circunstancias adversas en las que se desenvolvieron y el valor de su trabajo merecen una mención especial las maestras rurales de la República, mujeres tituladas y por lo general jóvenes que compaginaban la docencia con la alfabetización de otras mujeres adultas y, en ocasiones, la actividad política. [39] Su labor estuvo íntimamente relacionada con el desarrollo de las famosas Misiones Pedagógicas. Éstas fueron establecidas mediante el Decreto de 29 de mayo de 1931 para la creación y uso del Patronato de Misiones Pedagógicas, a partir del cual se consolidó también el concepto de “maestra rural” en un sentido sociocultural. [40] En una España rural caracterizada por la falta de infraestructuras escolares, las pésimas condiciones higiénicas, la negativa de muchos padres a la introducción de cambios educativos o el elevado absentismo escolar [41] las maestras rurales se convirtieron en verdaderos agentes de cambio social y defensa de las clases más desfavorecidas. [42]

Maestra con sus alumnos en Quart de Poblet, Valencia, ca. 1936-1939 .

A pesar de todos los errores y deficiencias que se le pueden señalar es innegable que la Segunda República invirtió grandes esfuerzos en elevar el nivel cultural de sus ciudadanos. El hecho de que incluso durante la Guerra Civil se mantuviesen las actividades alfabetizadoras a través de organizaciones como las Milicias de la Cultura o las Brigadas Volantes de Lucha contra el Analfabetismo [43] dan muestra de esa vocación educativa a que tanto caracterizó la actuación de las autoridades republicanas.

Álvar Muratel Mendoza


REFERENCIAS:


  1. Martín Fraile, Bienvenido; Ramos Ruiz, Isabel y Álvarez Domínguez, Pablo, “La cultura escolar de la Segunda República española. Legislación, teoría y praxis escolar”, Educatio Siglo XXI, vol. 37, nº 3 (2019), pp. 118-119.

  2. San Simón, Carlos y Rabazas Romero, Teresa, “La identidad nacional en los manuales escolares durante la Segunda República Española”, Bordón vol. 69, nº 2 (2017), p. 132.

  3. Pérez Galán, Mariano, “La enseñanza en la Segunda República”, Revista de Educación, nº extraordinario (2000), p. 318.

  4. Martín Fraile, Bienvenido et al., op. cit., p. 116.

  5. Ibid., p. 123.

  6. San Simón, Carlos y Rabazas Romero, Teresa, op. cit., p. 132.

  7. Pérez Galán, Mariano, op. cit., p. 318.

  8. San Simón, Carlos y Rabazas Romero, Teresa, op. cit., p. 133.

  9. Constitución de la República Española, 9 de diciembre de 1931.

  10. Moreno Seco, Mónica, “La política religiosa y la educación laica en la Segunda República”, Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, vol. 2 (2003), p. 96.

  11. Martínez Pose, Beatriz, “La representación de la mujer en los manuales escolares de la Segunda República y del primer Franquismo (1931-1945)", Investigaciones Feministas, vol. 10, nº 1 (2019), p. 151.

  12. Pérez Galán, Mariano, op. cit., p. 320.

  13. Moreno Seco, Mónica, op. cit., p. 97.

  14. Pérez Galán, Mariano, op. cit., p. 329.

  15. Martín Fraile, Bienvenido et al., p. 128.

  16. Pérez Galán, Mariano, op. cit., p. 327.

  17. San Simón, Carlos y Rabazas Romero, Teresa, op. cit., p. 136.

  18. Ibid., pp. 138-139.

  19. Ibid., pp. 137-138.

  20. Ibid., pp. 133-134.

  21. Ibid., p. 138.

  22. Martínez Pose, Beatriz, op. cit., pp. 158-159 y 161.

  23. Ibid., pp. 156-157.

  24. Ibid., p. 162.

  25. Martín Fraile, Bienvenido et al., op. cit., p. 125.

  26. San Simón, Carlos y Rabazas Romero, Teresa, op. cit., p. 134.

  27. Martín Fraile, Bienvenido et al., op. cit., p. 118.

  28. Pérez Galán, Mario, op. cit., p. 325.

  29. Martín Fraile, Bienvenido et al., op. cit., p. 118.

  30. Ibid., pp. 119-120.

  31. Ibid., pp 124-126.

  32. Ibid., p. 127.

  33. Pérez Galán, Mariano, op. cit., p. 325.

  34. Sánchez Morillas, Carmen Mª, “La figura de la maestra rural en la Segunda República”, Revista de Antropología Experimental, nº 10 extraordinario (2010), p. 121.

  35. Pérez Galán, Mariano, op. cit., p. 324

  36. Ibid., p. 328.

  37. Ibid., p. 331.

  38. Ibid., p. 319.

  39. Sánchez Morillas, Carmen Mª, op. cit., pp. 123-124.

  40. Ibid., p. 120.

  41. Ibid., p. 122.

  42. Ibid., p. 126.

  43. Martínez Pose, Beatriz, op. cit., p. 152.

LOGO_TRINCHERACULTURAL

¡Síguenos en nuestras redes sociales!

  • Twitter Social Icon
  • Icono social Instagram
  • Facebook icono social
  • Icono social de YouTube
  • ivoox
  • issuu

2018. Creative Commons Trinchera Cultural.