• Trinchera Cultural

La dificultad de ser mujer en la Ciencia

Un año más (y con este van tres) en Trinchera Cultural tenemos la oportunidad de celebrar el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Esta efeméride fue instaurada a finales de 2015 por la Asamblea de las Naciones Unidas, con un objetivo muy claro: visibilizar y otorgar el protagonismo que se merecen a aquellas mujeres cuyas contribuciones impulsaron la Ciencia, así como a potenciar la inclusión de estas en áreas tradicionalmente masculinas, concretamente el ámbito científico-tecnológico (también conocido como STEM).



A pesar de la juventud de esta iniciativa, durante estos años hemos podido observar cómo empiezan a sonarnos los nombres de Heddy Lamar, Grace Hooper o Ada Lovelace. Los trabajos e investigaciones llevadas a cabo por estas tres mujeres sustentan las tecnologías que hacen posible la vida tal y como la concebimos hoy en día. Sin ellas, usar una computadora o conectarnos a una red Wi-Fi sería imposible. Mismamente proyectos como Trinchera Cultural no podrían haberse llevado a cabo. Es por ello que debemos darles ese merecidísimo reconocimiento por ser referentes en su área.

En nuestro país, el pasado 2020, desafortunadamente perdimos a Margarita Salas, científica cuyo trabajo supondría un antes y un después en la historia de la biología molecular. Y es que si Margarita Salas no hubiera existido, hoy no podríamos hablar de técnicas como la replicación y la secuenciación del ADN.


Lo reconozco: hoy en día sigue sin ser fácil ser mujer dentro del área STEM. Aunque pueda parecer que socialmente ya se han eliminado barreras y que la aceptación de la mujer dentro del mundo laboral, y en concreto dentro del área científico-tecnológica, es un hecho, las cifras evidencian lo contrario. Actualmente las matriculaciones en este tipo de disciplinas distan mucho de llegar a un minúsculo 20%, a pesar de que la presencia de la mujer en la universidad supera incluso a la del hombre.


Las barreras invisibles comienzan en el bachillerato


Recuerdo mis años en el bachillerato de Ciencias, y cómo la mayoría de mis compañeras se decantaban por estudios enfocados al área sanitaria, tales como Medicina, Enfermería, Veterinaria, Farmacia o Fisioterapia. Creo recordar que fuimos únicamente tres las que nos decantamos por realizar una ingeniería. Otras, incluso cursando la opción de Ciencias, optaron por carreras como Economía o Administración de Empresas.


Fue entonces cuando me di cuenta de que el bachillerato suponía la primera "barrera invisible". Invisible porque no hay una limitación real, tangible, que a priori haga que las mujeres se alejen del área STEM. De hecho, a nivel global, podría decirse que el rendimiento académico de las chicas estaba incluso por encima del de sus compañeros. Sin embargo, a estos se les veía más confiados, más valientes y atrevidos para incursionar en disciplinas consideradas tradicionalmente difíciles. Por alguna razón que no me conseguía explicar, se había instalado en mí una especie de temor a no ser realmente buena y a no poder alcanzar con éxito las metas deseadas.


Con especial claridad recuerdo una compañera cuyo rendimiento académico era excepcional decirme que no se atrevía a estudiar una ingeniería porque "era muy complicada". Más tarde supe que ese "temor" tenía nombre: síndrome del Impostor.



Si bien la insignificante presencia de la mujer en la Ciencia es algo transversal, este hecho se ve incrementado en países donde el I+D no es considerado una prioridad y que, lejos de rentabilizar su valiosísima inversión en Educación, se dedican a exportar talento. En el caso particular de las ingenierías, estas no se han considerado carreras vocacionales, como ocurre con Magisterio, Medicina o Periodismo. Desde siempre han sido concebidas como estudios orientados a la productividad económica.

Y es llegado a este punto, al observar la dualidad "dificultad-productividad" donde se genera una paradoja que pone de manifiesto que en aquellos países en los que el nivel alcanzado en materia de igualdad es mayor, la presencia de las mujeres en las comunidades tecnológicas disminuye. Una posible explicación obligaría a reformular los indicadores del nivel de igualdad que se utilizan en el estudio. Un índice en igualdad alto está asociado a países desarrollados que disfrutan de una economía sana. En este escenario, las motivaciones para decantarse por unos estudios u otros no están relacionadas con la productividad económica, sino más bien con los intereses personales. Al contrario, en las economías emergentes, las vocaciones pasan a un segundo plano para dar prioridad a lo considerado práctico y rentable. Un ejemplo de esto último se da en los inicios de la informática. Con una mayoría de hombres ocupados en los conflictos bélicos de la época, serían las mujeres las que originalmente se introdujeran a realizar tareas de cálculo y de programación.


En aquellos países en los que el nivel alcanzado en materia de igualdad es mayor, la presencia de las mujeres en las comunidades tecnológicas disminuye

En base al artículo referido, se podría deducir que lo que realmente aleja a las mujeres de las profesiones STEM no tiene que ver con la posibilidad real de dedicarse a este tipo de disciplinas sino a una predisposición personal, más orientada a sus gustos y creencias.


Recientemente, la revista Retina (El País) publicaba un interesante artículo en el que afirmaba que "las mujeres siguen ganando menos y reciben menos financiación o fondos de investigación que los hombres. También acceden menos a los puestos altos y de responsabilidad". Se comentaba además que "las mujeres reciben menos reconocimiento que los hombres por logros equivalentes". Entre las posibles causas citaba un estudio en el que se apuntaba al hecho de que las mujeres utilizaban menos adjetivos positivos en sus trabajos. Recurriendo a técnicas de inteligencia artificial y lenguaje natural demostraron que resultaba fácil predecir el género de un autor o autora en función de las palabras empleadas.


Obtuvieron los datos sobre artículos de la base de datos PubMed y los datos de género del autor probabilísticamente: "Utilizando la base de datos  Genderize, si al menos el 90% de las personas con un nombre en particular eran mujeres, codificamos al autor como una mujer".

Fuente: El estudio que determina que las mujeres científicas subestiman su trabajo.

Victoria Nadal. El País Retina.


En nuestra cultura la mujer ha ocupado tradicionalmente un lugar activo en los cuidados. El hogar y la familia constituían su principal dedicación y posteriormente con su incorporación al mundo laboral fue ocupando profesiones también relacionadas con los cuidados y con un alto componente social: maestras, enfermeras, secretarias, etc., siendo en muchos casos puestos de trabajo de ayuda a los ocupados por un hombre. La principal fuente de ingresos en los hogares provenía de este, concibiéndose el sueldo de la mujer como un complemento, en muchos casos prescindible, al aportado por el varón. Tal era así, que llegada la circunstancia de no poder lograr una conciliación, normalmente era la mujer la que sacrificaba su carrera profesional.


A mayor conciliación, mayor igualdad (real)


Actualmente se ha avanzado mucho al respecto, pero las medidas de conciliación siguen siendo muy escasas. Este factor, acompañado de una economía decadente y un escenario laboral muy agresivo ha propiciado que la natalidad se reduzca hasta niveles alarmantes. Las mujeres ya no quieren ver sacrificadas sus carreras profesionales. Aun así, en los casos en los que tener una familia es una prioridad, sigue siendo estas las que más sufren por el impacto de la falta de medidas y las que se ven obligadas a elegir.


Falta de referentes femeninos (reales)


Que la falta de referentes femeninos ha existido y sigue existiendo hoy en día es un hecho. La gente de mi generación (nacida en los 80) conocimos a Edison, Einstein, Severo Ochoa, Ramón y Cajal... Pero no fue hasta ya pasada la veintena que empezaron a sonar nombres como el de Hipatia de Alejandría, por ejemplo, o de las científicas ya mencionadas anteriormente. La falta de referentes no solo se circunscribe a la problemática STEM, sino a cualquier otra área que haya sido tradicionalmente ocupada por los hombres. Deportes como el fútbol, el baloncesto, el ciclismo o la fórmula 1 ocupan espacios importantes en los medios de comunicación y sin embargo no tienen apenas representación femenina.


Sin embargo, existe un problema en los referentes que tan de moda se están poniendo últimamente. No podemos olvidar que Heddy Lamar, Ada Lovelace, o Margarita Salas, por ejemplo, no respondían al prototipo de mujer común de su época. A pesar de sus apasionantes biografías, no podemos olvidar que muchas pertenecían a las clases pudientes y vivieron unas circunstancias un tanto excepcionales.


Desde mi punto de vista, hacen falta también "referentes de a pie". Mujeres normales y corrientes como pueden ser nuestras familiares, amigas o vecinas.

Desde mi punto de vista, hacen falta también "referentes de a pie". Mujeres normales y corrientes como pueden ser nuestras familiares, amigas o vecinas. Mujeres que no han inventando ninguna patente, y que no van a lograr un antes y un después en la Ciencia pero cuya contribución es igual de importante.


En mi etapa universitaria he de decir que no recuerdo ninguna discriminación por parte de mis compañeros. Al contrario, fue muy enriquecedor poder formar equipo en un entorno tradicionalmente masculino. Éramos muy pocas chicas en el aula, en torno a cinco o a lo sumo diez en clases de más de cien personas. Los sesgos fundamentalmente parten de nuestro interior en base a nuestros miedos y creencias, íntimamente relacionadas con los valores impuestos en nuestra sociedad.


Los sesgos fundamentalmente parten de nuestro interior en base a nuestros miedos y creencias, íntimamente relacionadas con los valores impuestos en nuestra sociedad.

Más tarde, en mi etapa laboral, sí que recuerdo alguna circunstancia en el que ese sesgo partía de los demás. En ocasiones se asumía en mí labores "asociadas a las mujeres" o bien no se me identificaba como ingeniera, dando por hecho que ese rol pertenecía a mis compañeros masculinos. Sin embargo, he de decir que se han tratado de hechos anecdóticos.



Comunidades que empoderan


Si algo está propiciando la llegada de la cuarta ola feminista es la irrupción de pequeñas comunidades tecnológicas creadas con el fin de animar a las mujeres a empoderarse en un mundo en el que son minoría. Estas comunidades organizan eventos, charlas, talleres y concursos de programación; realizan una importante labor divulgativa con la intencionalidad de derribar miedos y barreras y de potenciar el empoderamiento de la mujer dentro de estas organizaciones. Sus eventos se caracterizan por estar envueltos en un ambiente de lo más distendido y desenfadado. Muchas ponentes se presentan primero como madres y después como profesionales (algunas son auténticos referentes en lo suyo), enfatizando que la conciliación y la vida profesional no tienen por qué ser incompatibles. Tampoco es extraño ver familias acudiendo con sus hijos pequeños a las charlas sin que esto altere en absoluto el desarrollo de las mismas. Sus temas en ocasiones trascienden lo tecnológico para desembocar en un matiz más social. No dudan en abordar, también, la existencia de otras realidades como la de las mujeres transgénero, que también forman parte del mundo STEM.


Es muy positivo y muy necesario que durante los últimos años hayan surgido iniciativas en torno al Día Internacional de la Mujer en la Ciencia. Sin embargo, tampoco deja de resultar paradójico el hecho de que actualmente, cuando nos encontramos plenamente inmersos en la Cuarta Revolución Industrial, los medios hablen sin cesar de la falta de personal cualificado, y entre ellas, las mujeres. En un país con una elevada tasa de paro y donde la tecnología no es un factor estratégico, que tiene la fuga de cerebros como deporte nacional y en el que la inversión en investigación brilla por su ausencia ¿resulta tan urgente, por tanto, la incorporación de la mujer a las áreas STEM? O, por el contrario, responde a una necesidad de ampliar la oferta de personal cualificado en un momento en el que las aulas están vacías, de cara a mantener los salarios bajos?


En un país con una elevada tasa de paro y donde la tecnología no es un factor estratégico, que tiene la fuga de cerebros como deporte nacional y en el que la inversión en investigación brilla por su ausencia ¿resulta tan urgente, por tanto, la incorporación de la mujer a las áreas STEM? O, por el contrario, responde a una necesidad de ampliar la oferta de personal cualificado en un momento en el que las aulas están vacías, de cara a mantener los salarios bajos?

Cualquier medida por fomentar la inclusión de las mujeres en la Ciencia, por muy legítima que esta sea, ha de estar respaldada por un compromiso en las medidas de conciliación y, por supuesto, por un compromiso en la educación y la innovación en estas disciplinas.


Para más información, os dejamos con nuestro artículo del pasado 11 de Febrero de 2019, donde analizábamos a través de un boletín temático la problemática y las causas de la ínfima representación de la mujer en la Ciencia.

¡Hasta la próxima!


Lidia Ameneiro.

Trinchera STEM

LOGO_TRINCHERACULTURAL

¡Síguenos en nuestras redes sociales!

  • Twitter Social Icon
  • Icono social Instagram
  • Facebook icono social
  • Icono social de YouTube
  • ivoox
  • issuu

2018. Creative Commons Trinchera Cultural.