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La certeza del vivir. Reseña de JM. Ariño




La joven escritora costarricense Silvia Campos, inicia una andadura creativa muy prometedora, con la publicación de Soñar con canguros, su primer poemario. Tal como afirma Rafael Carvajal en un breve prólogo, “La poeta nace y renace en cada uno de sus textos”. Porque Silvia, desde el primer verso, es consciente de la fugacidad de la vida, de la importancia de vivir el presente con intensidad, de los vaivenes del amor y del sabor agridulce de los sueños. La poeta condensa sus sentimientos y emociones en poemas breves, intensos, cadenciosos. Desde el principio, es consciente de su soledad –“Ser sola”– y se refugia en un mundo interior para huir del agobio de lo cotidiano y de las imposiciones injustas de la sociedad actual: “No saber si llego a fin de mes…”, expresa en el poema Lo que mata.

En el trasfondo de cada poema fluye un modo de vida desarraigado –“Suelo llevar la casa conmigo / soy de familia sin sangre” – y un sentimiento de soledad ante la ausencia de un ser querido: “Hoy, esta mañana, te irás / y yo por fin / quedaré acompañada”. Una soledad que se transforma en inquietud y hunde sus raíces en una realidad ineludible: “Creer que voy a morir / es la primera certeza que tengo”. Este buceo en lo más profundo de la existencia, que nos recuerda al mejor Rubén Darío de Cantos de vida y esperanza, es el denominador común de algunos poemas como en Apunte: “Hay temas atemporales / como el dolor de nacer. /El temor al vacío. / La duda que taladra. / El amor y su filo.” Porque para ella lo importante es afrontar la realidad incierta y bamboleante de la vida y encontrar la propia identidad. Una identidad que se reclama con interrogaciones retóricas –“¿Esa soy yo… o la creo para no estar conmigo?” – y se asienta sobre el reconocimiento abierto y sincero de lo que brota de lo más profundo del ser: “Soy guerra… / Soy fósil… / Soy caos… / Soy gracia… / Soy sombra…”.


Pero, además de los sinsabores y claroscuros del amor, también hay un hueco para disfrutar de los placeres de la vida, como en los poemas Hoy me gusta o Para brindar. A medida que avanzamos en la lectura del poemario y saboreamos cada uno de sus versos, se abre un abanico de esperanza enraizado en el silencio. Un silencio acompañado de inquietud y orlado de reflexiones profundas –“¿Cuántos días nos quedarán sobre estos pies?”–. Porque las palabras que brotan en Es de esperarse anticipan el poema final que con el título Nomen nescio, y con una cita de Emily Dickinson –“El cerebro tiene pasillos más grandes / que los pasillos reales”– sirve de colofón y recapitula las inquietudes manifestadas en los anteriores poemas: Una afirmación de la persona como ser libre, un deseo de vivir con intensidad, un amor compartido y recordado, una renovación constante de los sentimientos y unas reflexiones profundas compartidas y rescatadas.


Vale la pena degustar estos poemas y adentrarse en el ritmo musical que, como los latidos del corazón, señalan el camino de la vida como la única certeza, al margen de la realidad ineludible de la muerte.


José María Ariño Colás

Doctor en Filología Hispánica.

 

Biografía de la autora


Silvia Campos

Actriz, directora de arte y escritora nacida en San José, Costa Rica.

Desde el 2016 reside en Madrid donde trabaja como actriz independiente, es directora de arte en Calabaza Films, y cofundadora de la Asociación de Artistas Costarricenses en España (ARCOES)


En el 2020 publica el poemario “Soñar con canguros” con la Editorial Arboleda y participa en diferentes ciclos literarios y recitales en Madrid y Alicante.

En marzo del 2021 es invitada a formar parte de la antología poética “Mujer, Brujas y Luna llena”, de la editorial española Mariposa Ediciones.

Durante este año ha sido invitada a publicar en diferentes revistas literarias de España y se ha presentado junto a Iria Fariñas (colaboradora habitual de la sección El Rincón Mágico de Trinchera Cultural, bajo el pseudónimo Hiedra de Tinta) con su recital “Orillas que a veces se tocan” en Madrid, Alicante, Valencia, Zaragoza, Pamplona y Bilbao.






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