• Trinchera Cultural

La carnalidad de lo que somos, desde el arte gráfico.

EXPOSICIÓN:

Bacon & Freud. La condición humana.

UBICACIÓN:

Galería Marlborough, C/Orfila 5, 28010 Madrid.

DISPONIBILIDAD:

Hasta el 27 de febrero de 2021.

Hace algo más de un mes, Trinchera con Arte presentaba la reseña sobre la exposición “El sueño americano. Del Pop a la actualidad” titulándola “Nuevas técnicas al servicio del Arte”. Se trataba de hacer hincapié en la trascendencia que ha tenido la irrupción, desde hace setenta años, de los nuevos procedimientos vinculados al arte gráfico. Ahora, la Galería Marlborough, nos ofrece una selección de grabados de dos grandes artistas, Francis Bacon y Lucian Freud.


A ambos artistas les unió una gran amistad; se respetaban y, al tiempo, (como ha dicho algún experto) rivalizaron al estilo de Picasso y Matisse años antes. La mayor parte de la muestra está dedicada a Bacon y especialmente, a algunos de sus trípticos. En ellos, el artista juega con las transformaciones que aprecia en las imágenes de un mismo elemento. Como él mismo dijo:

“…Veo cada imagen todo el tiempo de forma cambiante y casi en secuencias cambiantes… Desafortunadamente, nunca he podido hacer una imagen que resuma todas las demás”.

Es lógico que el formato del tríptico le permitiera la yuxtaposición de imágenes en tres soportes separados que, aunque tienen una unidad, a veces formal, a veces temática, o solo sicológica, mantienen la independencia como obras únicas.


Utilizó el formato por vez primera en su trascendental obra Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión del año 1944. Aquí podremos ver una segunda versión de esa obra, titulada Segunda versión del tríptico de 1944, realizada en litografía offset sobre papel en 1989.

Nos encontramos con una experiencia que hay que situar en su contexto: 1944, Segunda Guerra Mundial, Holocausto judío, sospechas sobre el desarrollo de armas nucleares, etc. Más allá de las referencias iconográficas en los biomorfos de Picasso, los seres ameboides y ectoplasmáticos de Dalí, Tanguy, Miró y Ernst, las tres imágenes causan un fuerte impacto. Se sitúan en espacios cerrados sobre un fondo rojo sangre y nos muestran sus órganos dilatados y deformes con bocas dentadas amenazadoras. Nos podemos preguntar por qué esta destrucción de la imagen humana.

A mí me recuerdan a seres de películas de terror gore como La Cosa de John Carpenter o la reciente serie de Alex de la Iglesia, 30 Monedas.

Pero hay mucha tradición influyente. Para el autor, las figuras representan a Las Furias de la mitología clásica, encargadas de castigar las malas acciones humanas, pero en esos cuerpos retorcidos y en el contexto de una crucifixión, no podemos olvidar el Crucificado de Cimabue y el Retablo de Isenheim de Grünewald.


Bacon afirmaba que dentro de cada obra, fuera simple o triple cada figura podía ser una secuencia cambiante o una serie de sensaciones.

Tenía que haber en el complejo mundo interior del artista una pulsión sicológica vinculada a la destrucción de lo carnal, quizás para sacar a la luz lo más primitivo de la carnalidad humana. Una carnalidad que lucha por escapar del propio plano del soporte atenazado por colores de apariencia plana y por un escenario constreñido por la geometría.

Bacon realizó más de treinta trípticos a lo largo de treinta años. Comparemos algunos de los que presenta la Exposición.

A la izquierda tenemos Triptych August 1972, una litografía de 1979 y a la derecha, Triptych-1974-77, aguatinta de 1981.

Como nos recuerda la comisaria de la Exposición, Belén Herrera, el segundo de ellos sería el último de los llamados “trípticos negros”, puesto que el primero es sin duda uno de los que realizó como catarsis ante el suicidio de su amante George Dyer el 24 de octubre de 1971. En ambos casos hay unidad formal, sea la habitación de suelo gris y puerta negra o la arena de orilla arqueada y fondo marino. En el primer caso, el artista irlandés, sin orden aparente, presenta posiblemente el momento previo, el de la muerte misma y el posterior, mediante tres imágenes que resaltan sobre los tonos neutros negro y gris que no ocultan la rosada sangre que se desliza por el piso. En el segundo caso su amante se retuerce sobre una silla al tiempo que pretende ocultarse bajo una negra sombrilla mientras que dos espectrales apariciones lo flanquean en la parte central. Hay una cierta mezcla de paz y desasosiego.


Nos centramos ahora en el último tríptico, Tríptico inspirado en La Orestiada de Esquilo, una litografía de 1981 que presentamos junto al panel central de Estudio de anatomía humana, 1979, una litografía offset de 1980.

La pasión de Bacon por la obra de Esquilo fue manifiesta. La Orestiada se divide en tres partes (como el tríptico) y podemos encontrar referencias simbólicas en el cuerpo cuya cabeza se descoyunta hacia los genitales en el panel central mostrando una amenazadora boca dentada, la sangre que se cuela por la puerta en la izquierda y en el descabezado individuo que se dirige hacia el abismo negro de la puerta de la derecha. Quizás el artista busque exorcizar los golpes emocionales que sus particulares Furias le han propinado con la muerte de sus queridos Peter Lacy (primero) y George Dyer (después), como si el destino le tuviera preparado el castigo permanente de la aflicción y la culpa.

La sangrienta pasión que dominó a Agamenón, Clitemnestra y Orestes, se muestra en los cuerpos destrozados y retorcidos que son expresión de la tortura del propio artista.

Así nos vuelve a aparecer en la litografía offset que aparece al lado. Además, todas las figuras se muestran encerradas en esas cajas geométricas transparentes o en espacios interiores agobiantes.


Continuamos con tres obras y aprovechamos para introducir la primera de Lucian Freud. Se trata de Study for the human body F. A. Draw. Ingres, una litografía de Bacon de 1984, Before the fourth, un aguafuerte de 2004 de Lucian Freud y Seated figure, del artista irlandés, aguatinta de 1992.

Incorporamos el grabado de Freud por su condición de desnudo con el fin de establecer comparación con los desnudos de Bacon, absolutamente dominantes en su producción. No cabe duda de que en Bacon se concilia tradición y modernidad. No olvidemos que, junto a Balthus, el irlandés y Freud forman el reducido grupo de pintores de la segunda mitad del siglo pasado que se resistió a las corrientes dominantes del Informalismo y la Abstracción.

Es precisamente su anclaje en la figuración lo que les relaciona con la Gran Pintura anterior. De ahí el particular homenaje que Bacon rinde al rigor compositivo, el dominio de la línea y el poder volumétrico en la primera de las obras, en la que el respeto a la tradición le impide jugar con el desgarramiento del cuerpo, limitándose a la anulación de la cabeza o a su sustitución por los pechos.

En su figura de la derecha, presenta, como es habitual en su obra, un personaje sentado; en este caso, entre picassiano, egipcio y futurista, sobre fondo bícromo ocre y negro de estilo plano y con una geometrización ambigua del espacio. Incorpora esas dos líneas oblicuas y esquinadas desde el primer plano que ya aparecían en su Crucifixión de 1933.

En los desnudos de Freud no hay desgarramiento. El de esta mujer embarazada nos seduce desde, al menos, dos ópticas: por un lado, desde la enigmática placidez de su rostro y la cómoda postura tendida; por otro, por la capacidad del artista de reflejar el detalle mediante la línea del grabado, que recuerda los juegos de sombra de Durero, Rembrandt o Goya.

Terminamos el repaso por la obra de Bacon presentando dos grabados de los años setenta: Study for a bullfight nº1, una litografía offset sobre papel de 1971 y Autorretrato 1973, una litografía de 1977.

Vuelve el artista a ofrecernos espacios circulares para introducir las escenas, como si con ello nos quisiera obligar a concentrarnos en lo representado.


Parece que Juan Genovés (de quien aportamos una excelente obra al final de la reseña y que exhibe la Galería junto a otras de Pedro Almodóvar) acudió junto a nuestro artista a ver una corrida de toros, pero este solicitó marcharse cuando la sangre comenzaba a ser protagonista. Sin embargo, eso no le impidió unirse a la tradición de los pintores de temas taurinos (amaba España y aquí murió) y nos dejó esta particular visión en la que animal y hombre parecen fundirse en una misma imagen; o también quizás, porque, como nos muestra en su autorretrato de la derecha, él mismo es testigo de los miedos del ser humano cuando ha de enfrentarse a los peligros de la pasión desbocada y a la deformación emocional que esto nos produce.


La muestra reserva una pequeña sala para exponer algunos grabados de Lucian Freud, en tanto que su relación con Bacon fue estrecha y porque, como dice el título de la Exposición, ambos se preocuparon de la condición humana. Freud es un retratista excepcional. Alguien que pretendía entrar en simbiosis con los modelos intentando captar el olor de sus cuerpos. En sus propias palabras:

“Quiero que la pintura se convierta en carne….””….Quisiera que los míos fueran retratos de las personas, no como ellas. Que no parezcan al modelo, que sean el mismo modelo.”

En estas dos obras (con las que acabamos), Girl with fuzzy hair, un aguafuerte de 2004 y Donegal man, un grabado de 2007, comprobamos lo que todos comentan sobre la técnica del artista: situaba las planchas de metal sobre el caballete, en vertical y así aplicaba el buril hasta conseguir ese efecto de luces y sombras en el cabello de la joven o los sombreados en el rostro de sus personajes, que se nos muestran como un compendio de su sicología. Igual que en el artista irlandés, la mejor tradición del retratismo europeo está presente.

Juan Genovés. Flujo, acrílico sobre lienzo, 2018.

Heraclio Gautier

(febrero 21)






72 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo