• Trinchera Cultural

¿Instruir o educar? (Profesores en trinchera)



Comencemos con un cuadro que resume las implicaciones que puede tener la respuesta a esa pregunta. La clave esté quizás en entender que ambos conceptos son inseparables en la práctica docente moderna; no obstante explicaremos a continuación algunas cuestiones de los contenidos que se desprenden de él.

Entendemos por “conceptos” los hechos y principios, que en nuestro caso se concretan en los programas oficiales de contenidos desarrollados por los libros de texto de las distintas editoriales.


Esos programas oficiales son los “saberes organizados” y desde el ámbito cognitivo hemos de transmitir a los alumnos fórmulas para sintetizar, organizar y presentar la información que aparece en los manuales (o en los apuntes o materiales con información que hayamos decidido confeccionar). Técnicas como el subrayado, los esquemas, los resúmenes de ideas principales y secundarias, los mapas conceptuales y aquellas vinculadas a programas de presentación de contenidos para su exposición por parte de los alumnos en clase (power point, prezzi, etc), son idóneas para cumplir ese objetivo.


Si además creemos que en la escuela van a recibir una formación que no acaba allí sino que continúa a lo largo de toda la vida y este pensamiento se convierte en dominante a la hora de reflexionar sobre el objeto de nuestro trabajo, entonces, intentaremos poner en práctica los pilares que según Jacques Delors, (1994) "Los cuatro pilares de la educación", en La educación encierra un tesoro (México: el correo de la Unesco pags. 91-103) , se postulaban esenciales para la transformación que exigía la educación en el siglo XXI:


- Aprender a pensar (relacionado con el ámbito cognitivo y la esfera de los conceptos)

- Aprender a hacer (relacionado con el ámbito psicomotor y con la esfera de los procedimientos).

- Aprender a convivir (relacionado con el ámbito socioafectivo y con la esfera de las actitudes).

- Aprender a ser persona (relacionado con el ámbito socioafectivo y la esfera de las actitudes).

Ya no tuve escapatoria. Decidí arriesgarme y bajar a esta trinchera.

Descubrí que hasta entonces había sido un mero acarreador de contenidos; estaba más cerca del profesor que no se apea del programa y establece el criterio de competencia del alumnado a través de la capacidad de este para igualar su nivel al de sus clases, que del profesor que considera que el alumno no es un recipiente para llenar sino una lámpara que encender.

Se trataba de dar la vuelta al argumento. Conceptos, procedimientos y actitudes no están al servicio de los saberes organizados. Estos, lo están al servicio de los cuatro pilares de la educación del futuro.

Desde la Geografía, la Historia y el Arte tenía que enseñar a pensar, a hacer, a convivir y a ser persona y los contenidos había que ponerlos al servicio de esa tarea.


Mi proceso mental (y emocional) fue complejo. Forges tiene una viñeta que resume este sentimiento.

Lo que no pude evitar fue la necesidad de tranquilizar mi conciencia académica porque corría el riesgo de improvisar una reelaboración de los programas orientada a principios con tan escasa concreción como “aprender a ser, a convivir, a pensar y a hacer”.


No quise olvidar las preguntas esenciales que mis alumnos deberían de hacerse cada vez que se enfrentaran a un objeto de conocimiento dentro de las Ciencias Sociales.


Me interesó comenzar explicándoles que los instrumentos que íbamos a utilizar para fortalecer los cuatro pilares mencionados, los sacaríamos del campo de la Historia, la Geografía y el Arte, pero con un criterio científico, es decir, separando lo que hay de objetivo de lo subjetivo tal y como muestra este nuevo cuadro.



Como conceptualmente era complejo, se me ocurrió explicarles este contenido con un ejemplo acontecido una mañana en la que yo estaba en casa y mi hijo apareció llamando a la puerta en horas de colegio.


Lo hice más o menos así:


Progreso Hispano News padre-hablando-hijo-2

Recuerdo con nitidez aquel día de hace ya más de veinte años en el que, estando yo de baja médica en mi casa un lunes, a eso de las once de la mañana, sonó el timbre. Al otro lado de la mirilla estaba mi hijo. Naturalmente debería estar en el colegio con lo que, alarmado, abrí. Estaba desaliñado y con un ojo bastante tumefacto. Según se encaminaba hacia el baño y sin darle tiempo a muchas explicaciones, le pregunté qué había pasado (una pelea), quién le había pegado (su compañero Antonio), cómo había sido la pelea (se habían atizado con las manos), cuándo se había producido (entre la primera y segunda hora de clase), dónde (en el pasillo de entrada al aula).

Una vez identificados los hechos dejé que sollozara tranquilo un rato mientras aprovechaba yo para respirar y asumir que la cosa podría haber sido peor, pero enseguida volví a la carga:


- Pero bueno hijo, por qué te has pegado?


- Yo qué sé, porque estoy harto de sus bromitas sin gracia, además me había escondido el cuaderno de mates y en el pasillo me ha dicho que era un pequeñajo...


- Vamos a ver ¿y qué crees tú que has conseguido con esto?- le pregunté yo. No hubo respuesta inmediata.

Al rato me dijo:


- El tutor quiere que vayáis mamá y tú a hablar con él esta tarde, me parece que nos van a expulsar a los dos tres días.”

Pretendía transmitir que, para abordar el conocimiento de algo, debíamos formular preguntas y que preguntar cuando no se sabe o no se entiende algo, no ha de tomarse necesariamente como prueba de ignorancia, sino de duda y afán por conocer. Y la duda es la base del conocimiento científico.

Tras una experiencia dilatada impartiendo Ciencias Sociales en niveles educativos que van desde ESO hasta estudios universitarios y de postgrado, reconozco que siguen abordándome enormes dudas sobre las respuestas a las grandes preguntas que nos formulamos cada vez que queremos completar la explicación de un suceso cualquiera en nuestra vida.


Desde mi punto de vista, son las mismas que debemos hacer a cualquier disciplina o saber organizado. Poniendo el ejemplo de la Geografía, como tal disciplina, tiene fundamentos objetivos (qué, quién, cuándo, dónde y cómo) pero también subjetivos (por qué y para qué).


Concretemos un poco la idea.


- La Geografía es la Ciencia que estudia el desarrollo espacial de las actividades humanas como resultado de la interacción de los seres humanos con el medio que ocupan (Qué).


- Los responsables, los protagonistas del resultado, somos las personas (Quién).


- Para poder estudiar ese desarrollo espacial utilizamos todo tipo de fuentes: estadísticas, gráficas, cartográficas, icónicas, textuales, etc, mediante técnicas muy variadas (Cómo).


- Los fenómenos geográficos los abordamos desde el pasado, en el presente y con posibilidad de proyectar hacia el futuro (Cuándo).


- Entendemos como tarea primordial concretar la dimensión espacial precisando la localización, distribución y extensión de los hechos geográficos (Dónde).



De esta manera, y sin dudas al respecto, supe que mi hijo se había peleado a bofetada limpia con Antonio en el pasillo y en el cambio de clase. Sin embargo, los puntos suspensivos de las explicaciones que me dio y las consecuencias que para él tendría la pelea (posible expulsión) no quedaron muy claras porque eran valorativas.


- La Geografía intenta dar una explicación global, holística, de la irregular distribución de las actividades humanas en el Planeta y en ese sentido hay diferentes escuelas o enfoques explicativos de una misma realidad (Por qué).


- También valora las consecuencias de la actividad humana sobre el territorio, sus huellas pasadas y presentes atendiendo a la prevención de futuros impactos (Para qué).


Por lo tanto, antes de entrar a considerar la forma de trabajar los cuatro pilares referidos, dejemos constancia de mi interés por invitar a mis alumnos y alumnas a aplicar este esquema conceptual.


Gracias a la técnica de la Rueda lógica (Pedro Hernández y Luis Alberto García 1997) se me ocurrió una adaptación para los chicos de tercero de ESO del efecto invernadero, animándoles a abordar otras cuestiones con la misma técnica.

En definitiva, una manera de enseñar a pensar y de enseñar a hacer.


Llegados a este punto, me quedaría únicamente mostrar algunas propuestas relacionadas con la orientación de los contenidos de Ciencias Sociales a los cuatro pilares de la educación.


No es que este tipo de ejercicios no los hubiera hecho antes de leer el informe Delors.


La diferencia estribaba en que ahora los incluía en clase con un objetivo claro, procurando equilibrar los cuatro diariamente, semanalmente o mensualmente.


No obstante, dejaremos la presentación de dichas propuestas para la tercera y última entrega.



Heraclio Gautier


Os dejamos abajo el enlace de la primera entrega.


https://www.trincheracultural.com/post/la-tirania-del-curriculo



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