• Trinchera Cultural

Imagen en vez de texto para contar la Historia del Arte

EXPOSICIÓN:

Genealogías del Arte o la Historia del Arte como Arte visual.

UBICACIÓN:

Fundación Juan March, C/Castelló 77, Madrid.


DISPONIBILIDAD:

Hasta el 12 de enero de 2020 en Madrid

26 de febrero al 31 de mayo de 2020 en Málaga Museo Picasso, C/San Agustín nº 8


Dentro de la colección Las claves del Arte de la editorial Planeta, escribió un estupendo librito en 1994 (llamado De la Ilustración al Simbolismo) el Doctor en Historia del Arte, José María Álvarez Lopera.

En el capítulo dedicado a Realismo, Impresionismo y Postimpresionismo, encontré por primera vez inspiración para intentar desentrañar el enmarañado mundo de las tendencias artísticas desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX. Necesitaba un hilo conductor sencillo que me permitiera explicar someramente el devenir artístico en ese periodo.

Cuando hace unos días visité la exposición Genealogías del Arte o la Historia del Arte como Arte visual en la Fundación Juan March, descubrí que lo que Álvarez Lopera expresaba con gran acierto era una reelaboración de lo que Alfred H. Barr, Jr., había escrito en 1936 en relación al impulso inicial hacia el arte abstracto que surgió desde el Impresionismo a través de dos corrientes.

Fue una grata sorpresa comprobar que el mapa conceptual que incorporo y que sigue siendo soporte para mis clases relacionadas con el capítulo Las artes plásticas desde el Impresionismo a la Abstracción, recogía más o menos lo que lo que el fundador del Museo de Arte Moderno de Nueva York había expresado.

A partir de ese momento entendí que el famoso cronograma de Barr (Cubism and Abstract Art) se hacía realidad en el espacio de la exposición mediante una selección de obras que ilustraban el mapa conceptual de origen.

Este, establecía claramente que Cézanne y Seurat habían sido los representantes de una corriente que daría lugar al Cubismo y diferentes movimientos constructivos, mientras que en el Sintetismo de Gauguin y la influencia del Arte japonés se hallaba el arranque de las múltiples corrientes que utilizarán el Arte para expresar, no tanto lo que se ve, como lo que se siente.

Pero el cronograma tuvo precedentes y consecuencias en el intento de hacer una narración visual y tenemos ejemplos a lo largo de la Historia.

De 1930 es este mapa conceptual (Italian Schools of Painting) francamente completo y complejo, de la Galería Uffizi, en el que se presenta el trasvase de influencias entre los artistas del Renacimiento italiano con sus orígenes y variantes regionales.

Como el Árbol del arte moderno del polifacético y autodidacta Miguel Covarrubias, 1940, en el que tomando como raíces desde el Clasicismo de Poussin, David o Ingres, el Romanticismo de Delacroix, hasta el Realismo de Corot o Daumier, se despliegan Impresionismo y postimpresionismos como troncos que ramificarán hasta los movimientos y artistas activos alrededor de 1940; o el Artland 2010, que mucho tiempo después, en 2013, elabora Curro González: un mapa en el que con cierta dosis de humor el autor reflexiona sobre la importancia que el sentido del espectáculo tiene en el Arte actual, elevándose sobre el objetivo de la comunicación.

Son estas algunas de las múltiples propuestas que pueden contemplarse, sobre todo, en la última parte del recorrido.

Todo lo demás, es la utilización del espacio de la Exposición, en sus tres dimensiones, para hacer realidad el cronograma de Barr mediante la selección de obras representativas de los autores y movimientos del mapa conceptual.

Las obras son tan variadas (pintura, fotografía, grabado, escultura, objetos) que me limité a comprobar las relaciones del esquema con lo allí presentado, incluyendo en esta reseña algunos ejemplos de lo seleccionado por mí sin un criterio definido (solo como pinceladas de la Muestra).

Sin duda, la sensibilidad y el sentido estético de los paisajistas japoneses de la segunda mitad del siglo XIX, influyó de forma determinante en muchos de los grandes pintores europeos de fin de siglo, que comienzan a tener contacto con la cultura japonesa a través de las Exposiciones Universales.

Es fácil verlo en las “japoneserías” de Van Gogh o Gauguin, pero también en este paisaje de Cézanne, La Mer a L´Estaque, 1878-79, en el que los árboles juegan similar función compositiva que Pino iluminado por la luna en el territorio del monasterio en Ueno , 1856-58 de Utagawa Hiroshige, autor presente en la muestra pero no con esta obra.


Es de sobra conocida la influencia que el arte preclásico y africano tuvieron en la formación de las primeras vanguardias del siglo XX. Estas tres obras ilustran ese impacto.

Partimos del Arte Neosumerio, Estatua de mujer de Gudea de Lagash, 2144-2125 a Jc. para compararla con Mére et enfant, 1907 de Pablo Picasso, y el yeso satinado de Constantin Brancusi, Muse endormie, de 1910. Los dos artistas del siglo XX acusan el impacto con el que se presentaba la escultura preclásica a través de la reducción de líneas en busca de la concreción efectiva de la expresión.

Los intentos de construir una nueva realidad alejada de la plasmación natural de la misma que la fotografía había aportado, condujo a la elaboración de una nueva perspectiva bajo el Cubismo. Tras su primera etapa analítica, vivió un momento crítico durante el llamado Periodo Hermético para acabar en la etapa del Cubismo Sintético y la irrupción del Collage.

El propio formato oval de la Guitare de Georges Braque (1912), anuncia por una parte la vuelta al reconocimiento del objeto pero por otro lado, a la reducción de los elementos formales que llevarán a las propuestas próximas a la Abstracción, como puede verse en la Mujer en un sillón (1929) de Pablo Picasso.


Con la llegada de las primeras macroindustrias y la producción masiva gracias al uso de las nuevas máquinas, la relación del hombre con estos ingenios fue observada desde diferentes ópticas por los artistas.


Para los futuristas, la máquina era progreso y su concreción en los transportes (automóviles, ferrocarriles, primeros aviones) una excusa para la investigación sobre la velocidad y el dinamismo en la vida moderna. Adoptaron técnicas del cubismo para plasmar en una sola imagen el efecto visual del movimiento disparado entendido como una sucesión veloz de secuencias.

Es lo que Gino Severini nos ofrece en su Bailarina azul de 1912. Mientras que Lewis Hine en su fotografía Power house mechanic working on steam pump de 1920, se preocupa por componer una escena estéticamente equilibrada y poderosa en la que la máquina de vapor parece imponerse al trabajo manual.


Pero la Abstracción, la anulación del motivo, era el punto de llegada tanto de las corrientes constructivas como de las expresivas. La Abstracción geométrica y el Expresionismo abstracto absorberán las diferentes propuestas anteriores. El camino estaba trazado aunque los senderos fueran múltiples.

La depuración del Neoplasticismo llevó a la aparición de objetos decorados en colores primarios y elaborados con planos rectos como en la famosa, silla roja y azul, 1917, de Gerrit Rietveld, mientras que escultores educados en el Cubismo fluirán hacia la valoración de los vacíos para configurar las formas, como ocurre en el bronce de Aleksandr Archipenko, Mujer peinándose, 1915.


Tiempo después el gran maestro de la arquitectura contemporánea, Le Corbusier, nos dejó sus raíces cubistas (modificadas por la geometría tubular de Lèger) en Dos botellas, 1926.

Ni que decir tiene que esta breve reseña no representa ni por asomo el magnífico trabajo de Museografía, Instalación, Señalética y Rotulación que se concreta en la muestra.

Para poder valorarlo hay que acercarse a la Fundación y comprobar el esfuerzo realizado para convertir un cronograma en una aventura de descubrimiento en las diferentes dimensiones del espacio.


Y además, gratis.


Heraclio Gautier

88 vistas
LOGO_TRINCHERACULTURAL

¡Síguenos en nuestras redes sociales!

  • Twitter Social Icon
  • Icono social Instagram
  • Facebook icono social
  • Icono social de YouTube
  • ivoox
  • issuu

2018. Creative Commons Trinchera Cultural.