• Trinchera Cultural

Homenaje a Guadalupe Grande.

El 2 de enero de este año que acabamos de estrenar muere la poeta Guadalupe Grande. Como pequeño homenaje compartimos dos poemas que nos envía nuestra querida amiga y poeta Maty Red Manderly

http://guadalupegrande.blogspot.com/p/guadalupe-grande.html

Fallece la poeta madrileña Guadalupe Grande, hija de los poetas Félix Grande y Francisca Aguirre. Trabajó en instituciones como los Cursos de Verano de la Complutense de Madrid, la Casa de América y el Teatro Real. Fue premio Rafael Alberti en 1995 con El libro de Lilit donde escribió: “Estas ruinas que una vez fueron carne y voz/están hoy abandonadas a nuestro cuidado/somos los responsables de su eternidad”

Hemos seleccionado dos poemas suyos: "La huida" e "Instante"

La Huida

Vivimos como de prestado

vivimos como sin querer

vivimos en vilo y nuestro destino es la espera

vivimos fatigados de tanto sinvivir

Huí, es cierto.

Huir es un naufragio, un mar en el que buscas tu rostro, inútilmente, hasta convertirte en náufrago de sal, cristal en el que brilla la nostalgia. Huir tiene el olor de la esperanza, huele a cierto y a traición, se siente vigilado, está perdido y no hay ningún imán que guíe su insensato paso migratorio. Huir parece alimentarse de tiempo, respira distancia y mira, desde muy lejos, un horizonte de escombros. Huir tiene frío y en la piel de su vientre resuenan palabras graves valor asombro lluvia. Huir quisiera ser un pez abisal que ha llegado a la superficie: después de tanto oscuro, de tantos siglos anegado en la profundidad, brillan las primeras gotas de luz sobre su lomo albino de criatura castigada. Pero huir es un naufragio y tu rostro un puñado de sal disuelto en el transcurso de las horas.


Instante Caminar no es suficiente el polvo del camino no hace vida La mirada se aleja Agua sobre el papel y espuma sobre la palabra

Eres una grieta en el tiempo, Padre: nada en ti dura y todo permanece.

Pronunciar la primera palabra y acudir el desastre fue todo uno, en aquel instante en que te dibujamos el rostro de los días. No pudo ser, nunca pudo ser, nunca habría podido ser, y sin embargo, tenaces son las sombras en su vocación de carne, obstinado su aliento y terca su palabra.

Vivir no tiene nombre.

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