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Gunda. De Viktor Kossakovsky

Una de las películas más importantes del año la protagoniza una cerda.

Gunda (disponible en Filmin y sensación en el último Festival de Berlín) es una película con una propuesta muy sencilla, pero al mismo tiempo cuenta tantísimas cosas que no te la acabas.


Lo primero: vamos a quitarnos de la cabeza la idea de estar ante propaganda vegana.

Es un hecho que matamos a más de mil millones de cerdos al año. Que matamos a quinientos millones de vacas al año. 50 mil millones de pollos. Un billón de peces. Pero Gunda no va de esto, de datos, de sacarte los colores, de matanzas, de nuestro cruel comportamiento hacia los animales.

Gunda es, en todo caso, un ejercicio de empatía llevado a cabo en un brillante blanco y negro, sin diálogos, sin música y sin la aparición de un solo ser humano.

Gunda es, más bien, una reflexión para resolver nuestro pequeño problema de hipocresía o ignorancia: “... es totalmente absurdo. Y ni siquiera hablamos de eso. Ni siquiera lo pensamos. Lo ignoramos. Sabemos que el desayuno no apareció de un árbol, pero fingimos no saberlo”.


Viktor Kossakovsky se quería mantener alejado de los documentales sobre la crueldad hacia los animales, distanciarse de la intención de estos metrajes, más centrados en los mataderos o en las condiciones de vida en algunas granjas. Así que decidió hacer otra cosa. Decidió rodar a los animales en su cotidianidad, en su día a día, dejándonos mirar cómo comen, cómo miran, cómo huelen, cómo duermen o la manera en la que saborean las gotas de agua dulce y limpia que caen directamente en sus hocicos un día de tormenta.

Y esta es la gran revolución de este director ruso, harto, como no, del ser humano:


Quién quiere nacer humano

qué sopor la humanidad

provocar el fin del mundo

inventar la identidad

(Fiera de mí, canción del álbum CLAMOR de María Arnal i Marcel Bagés)

Dejamos muchísima basura detrás nuestra, cementerios de animales y también de plástico, y por supuesto un buen montón de mierda intelectual, claro: discursos de mierda, libros de mierda, películas de mierda… Por supuesto nos creemos las criaturas más importantes del mundo, nos creemos con el derecho de dominar este planeta y matar a sus animales y secar sus ríos y destruir sus bosques... Pero somos ridículos.

Kossakovsky no quería otra película sobre humanos o sobre cómo nos sentimos respecto a nada, no conocemos la gran parte del mundo en el que vivimos y no paramos de hablar de nosotros mismos.

Hay innumerables cosas bonitas a nuestro alrededor y no paramos de mirarnos el ombligo.

Meryl Streep y otros secundarios

Con la idea ya en marcha y la productora noruega Anita Rehoff Larsen en el proyecto, Kossakovsky y su equipo comenzaron una ardua búsqueda para encontrar los animales adecuados que protagonizaran este documental. Sin embargo, ocurrió el milagro (o quizá no y siempre hubiera sido tan fácil) cuando en la primera granja que visitaron el director vio a Gunda y se quedó clavado:


“Parecía obvio que ella se estaba comunicando conmigo. Me estaba mirando de una manera que podía leer sus emociones. Le dije al productor: ‘Ella es Meryl Streep. La encontramos. No necesitamos buscar más’”


Y comenzaron un rodaje sencillo en el que acumularon un metraje de sólo seis horas donde dedicaron la mayor parte a Gunda y sus crías sin olvidarse de perfectos secundarios.

Un grupo de gallinas experimenta la libertad por primera vez, destaca una de ellas que está coja y se adentra en su estrenada libertad de salto en salto con una sola pata, una gallina cuyos ojos enganchan y contagian las ganas de seguir viviendo aunque solo sea por curiosidad. Mucho más de lo que transmiten algunos seres humanos acabados en su sofá, muertos en vida que solo hablan de enfermedades o de política.

Esta gallina de salto en salto se crece ante la inmensidad de un bosque que es un mundo entero para ella.

También aparecen unas cuantas vacas que pastan al ritmo de una coreografía tranquila, dejando que las moscas se posen en su rostro, moviendo el rabo de un lado a otro y observando su alrededor con algunas de las miradas más sobrecogedoras de este documental.


Aunque ninguna mirada como la mirada de Gunda cuando se enfrenta a la cámara. Gunda cuida a sus crías, les enseña a buscar su propia comida, pasea delante o detrás de ellos, duerme o con la mitad de la cabeza embadurnada entre charcos y barro, gruñe, huele y mira el mundo de su alrededor con un respeto conmovedor enseñándonos una obviedad máxima, la de que los animales experimentan la libertad de la misma forma que nosotros.


Sin música, sin humanos, sin color


Las decisiones técnicas de Kossakovsky son de una claridad imponente. No existe la música en esta película porque había que eliminar las emociones humanas para darle al público la oportunidad de escuchar, de una vez, el sonido de los animales.


No existen los humanos porque sería romper el equilibrio de una intención pura y honesta de mostrar algo nuevo al espectador. Regresar al origen del cine sin diálogo. Permitir que los seres humanos se olviden de ellos mismos y entiendan que los animales también tienen derecho a estar aquí, a ser libres, felices, como nosotros.


La película es en blanco y negro, y con una fotografía espectacular, porque cuando empezaron a rodar en color el resultado era adorable.

El director quería hacer este testamento sobre la explotación, este precioso retrato de la maternidad y esta reflexión sobre ser y estar en el mundo a través de la verdad y de la pureza. Y esto solo te lo da el blanco y negro.

Quizá sea tarde para nuestras generaciones pero sería genial saber mirar mejor y de paso, como dijo Joaquin Phoenix, citando a su hermano River, en su imperecedero discurso al ganar el Oscar: “Corred al rescate con amor y la paz seguirá”.

Pedro Moral

Os dejamos el enlace de la peli en Filmin:


Os dejamos el enlace de la peli en Filmin:

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