• Trinchera Cultural

Giorgio Morandi. La poética de los objetos.

EXPOSICIÓN:

Giorgio Morandi. La poética de los objetos.

UBICACIÓN:

Fundación MAPFRE. Paseo de Recoletos 23, 28004 Madrid.

DISPONIBILIDAD:

Hasta el 9 de enero 2022.

Con el título Morandi. Resonancia infinita, la Fundación Mapfre nos ofrece un recorrido muy completo sobre la obra de Giorgio Morandi (1890-1964) abarcando cinco décadas de producción de óleos, acuarelas y grabados.

Hay muchos artistas que, a pesar de un innegable talento y de una técnica depurada, no consiguen crear un estilo propio. Pasan por diferentes tendencias y estilos de forma mecánica convirtiéndose en excelentes intérpretes pero no en auténticos creadores. Nada de ello tiene que ver con el artista que nos ocupa.

El pintor boloñés, que no salió de Italia y, salvo en excepcionales ocasiones, apenas se movió del taller en su ciudad natal, consiguió configurar un estilo original estudiando en libros y asistiendo a muestras y exposiciones; pero, sobre todo, entregándose con pasión y minuciosa dedicación a la observación de los objetos cotidianos con el fin de trasladarnos su poética.


Si tenemos en cuenta que su estudios en la Academia de Bellas Artes de Bolonia se produjeron entre 1907 y 1912, podemos imaginar la facilidad con la que el joven pintor podía haber caído en cualquiera de las corrientes y tendencias de la época (Impresionismo tardío, Neoimpresionismo, Cubismo, Fauvismo, Expresionismo, Simbolismo, Modernismo, Futurismo, etc); sin embargo parece que fueron los pintores del primer Renacimiento florentino, algunos bodegonistas posteriores como Zurbarán y Chardin y sobre todo, Cézanne, quienes calaron en el gusto del artista. Las influencias de alguno de estos movimientos modernos se aprecian en estos tres óleos sobre lienzo pintados entre 1914 y 1915: dos Naturalezas muertas y el cuadro Bañistas.

El uso de una paleta reducida, las facetas triangulares de los fondos, recuerdan la obra de los cubistas en los dos bodegones, casi hermanos, aunque hay cierta energía en la mancha que puede derivar del impacto futurista, sin embargo, es innegable el tributo que rinde a Cézanne en sus bañistas.


Tras un breve paso por el frente (del que salió por problemas psicológicos) en la Gran Guerra, Morandi comenzó el camino de definición de su propio estilo. Lo hizo sin aislarse de la cultura dominante, determinada por lo que Cocteau definirá como “la vuelta al orden”. Una crítica a las vanguardias de comienzo de siglo a las que se acusaba de no haber hecho nada para impedir el conflicto mundial. En esta corriente se insertarán el cubismo decorativo de Picasso, la Nueva Objetividad, y las diferentes versiones de repunte del Clasicismo. Dado que la realidad histórica es dolorosa algunos artistas se refugian en un mundo en el que lo real se mezcla con lo imaginario proporcionando escenarios no pertenecientes al mundo físico. Es el caso de la Pintura Metafísica de de Chirico y Carrá. Todo influirá en nuestro artista y podemos verlo en las cuatro naturalezas muertas en técnica de óleo sobre lienzo que pintó entre 1918 y 1921. Comenzamos con Naturaleza muerta metafísica, y Naturaleza muerta (el florero azul).

Comparamos estas dos obras porque la primera sitúa sobre una plataforma la mitad del busto de un maniquí de espaldas junto a una alargada pipa y una botella sobre una caja. Parece un encuentro casual de objetos iluminados de forma potente y sin poder explicar dicha asociación, algo muy propio de las reflexiones de de Chirico. La segunda más bien parece ya un homenaje a los bodegones de los artistas antes nombrados pasados por las búsquedas de Cézanne y con una paleta en la que el azul, los blancos y los colores luminosos pero empolvados nos indican ese camino que el pintor busca.

Continuamos con estas dos Naturalezas muertas de 1919 y 1921 respectivamente. La primera podría incluirse dentro de los nuevos realismos de la época, al estilo de lo que en Italia hacía el grupo Novecento. Todo se pone al servicio del objeto como ente objetivo del que tenemos un reflejo visual (la ordenación de los elementos del frutero, la cerradura del mueble, la luz, etc). Sin embargo, dos años después hay una atmósfera luminosa diferente y una tonalidad de colores terciarios muy sugerente. Luces y sombras suscitando cierta ensoñación vaporosa y en calma.


Si entre 1930 y 1956, Morandi dio clases de grabado en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad, sería porque se había introducido años antes en una técnica que va a ser complemento perfecto de sus intereses pictóricos. Veámoslo en primer lugar con estas tres obras: Naturaleza muerta con un paño a la izquierda, aguafuerte sobre zinc, de 1927, Naturaleza muerta con paño, aguafuerte sobre cobre de 1931 y Naturaleza muerta con objetos blancos sobre fondo oscuro, aguafuerte sobre cobre del mismo año.

No hay más que ver la importancia que el blanco del papel tenía en las acuarelas de Cézanne, para entender cómo juega Morandi con las partes de la plancha no expuestas al ácido para generar la forma de los objetos y gestionar las luces y las sombras. Se aprecia también una búsqueda de geometrías básicas definidoras de los elementos y una ordenación de los mismos en meditada composición.


Paisajes y bodegones se replicaban en grabados y óleos demostrando que la búsqueda culminaba en una original forma de presentarnos la naturaleza animada e inanimada. Así hemos de verlo en Paisaje de il Poggio, aguafuerte sobre zinc de 1927 y Paisaje, óleo sobre lienzo de 1928.

Muchas veces tuvo nuestro artista que reflexionar sobre las múltiples variantes que el pintor de Aix hizo sobre la montaña de Santa Victoria y mucha obra de Corot tuvo que ver si nos fijamos en la manera de intuir las formas en su grabado y el color en su óleo.


En sus innumerables naturalezas muertas la réplica de las formas entre óleos y grabados fue constante sin faltar similitudes compositivas y formales entre bodegones y paisajes. Lo vemos en estos cuatro ejemplos: los dos primeros son Naturaleza muerta, un óleo sobre lienzo de 1928 y Gran naturaleza muerta con cafetera, aguafuerte sobre cobre de 1933; los dos que aparecen a continuación son , Los álamos, un aguafuerte sobre cobre de 1930 y Naturaleza muerta, óleo sobre lienzo de 1932.

Aunque las similitudes son evidentes en la agrupación de los elementos, el ejercicio de tratamiento de la luz en dos técnicas tan diferentes sugiere un aprendizaje constante a través de las relaciones entre color y luz en el óleo y blanco y negro en el grabado. No se aparta nuestro pintor de una entonación en gama cromática similar, utilizada con gran elegancia buscando el contraste de los cálidos tierra, ocres y marrones con la frialdad del azul.

En los siguientes ejemplos se observa una pérdida voluntaria en la precisión. Los álamos están insinuados en su verticalidad como si el impacto de la luz impidiera la nitidez. Es la misma verticalidad de los objetos de bodegón, muy próximos al espectador, imponiendo su presencia a pesar de que la mancha predomine sobre la línea.

Estamos en la década de los 30 en la que la crítica italiana y luego internacional comienza a considerar a Morandi un pintor único. Podía nuestro artista haberse dejado llevar por el impacto de las alabanzas pero siempre comprendió que no eran más que oropel y persistió en los estudios minuciosos de su taller; tazas, copas, botellas floreros, fruteros, jarras nutren su imaginario junto a breves incursiones en el paisaje cercano.

Durante la Segunda Guerra Mundial, se refugió en una aldea de los Apeninos cuyos alrededores pintó. Estos paisajes, junto a los del patio de su casa en la vía Fondazza de Bolonia, no llegaron a distraerle de su actividad como bodegonista, muy dominante en los últimos veinte años de su vida. Presentamos tres obras: Paisaje, óleo sobre lienzo de 1943, Cortile di via Fondazza, óleo sobre lienzo de 1954 y Paisaje, acuarela sobre papel de 1958.

Mientras que en la primera de estas obras los elementos naturales parecen agruparse como los de un bodegón, las vistas desde el patio de su casa boloñesa tienen reminiscencias de la Pintura Metafísica en la quietud y ausencia que proclama. En la acuarela de 1958, seis años antes de fallecer, las formas solo se sugieren pero encontramos paralelismos compositivos con la obra anterior.


Sin embargo, la década de los cincuenta viene marcada por la conquista de la Naturaleza Muerta; por el encuentro con la poética del objeto cotidiano en el que la estructura compositiva, la búsqueda de la pureza formal, el uso meditado de una luz al servicio de la forma y la elegancia y originalidad en los tonos cromáticos, transmiten esa quietud en la que la presencia del objeto se complementa con la sugerencia de su ausencia. El motivo se repite obsesivamente pero no la posición ni el ataque de la luz, con lo que la agrupación variada crea nuevas geometrías y efectos formales. Veamos una serie de repeticiones de motivos: comenzamos con tres óleos sobre lienzo de los cuales dos son bodegones de 1948 y el tercero un jarrón con flores de 1952: concretamente, Naturaleza muerta, Naturaleza muerta y Fiori.

En el primero se impone la presencia en primer plano del diálogo entre el blanco y el azul. Nada distrae de la percepción de la pureza formal; no hay escenario más que el que distingue la plataforma en la que se posan los objetos y el fondo; en el segundo se alejan los elementos, varía el diálogo cromático y se acentúa la disposición diagonal al tiempo que se indetermina la ubicación. El último nos recuerda el gusto por las flores que las hermanas del pintor recogían en el jardín y que protegían de las inclemencias del tiempo. Morandi propone un punto de vista en ligero picado, un color arena y blanco para soporte y fondo, una luz diagonal con una sombra que recuerda la de Pablos de Valladolid de Velázquez (o El Pífano de Manet) y que confiere equilibrio a la horizontal del fondo y la sobria verticalidad del jarrón. Las flores se integran así en ese juego, compactas y arracimadas sin concesiones al exceso barroco.

Continuamos con cuatro óleos sobre lienzo, el primero de 1955, los dos siguientes de 1956 y el último de 1963, con el mismo título: Naturaleza muerta.

Comprobemos la exquisita combinación de colores, las calidades del blanco (a veces grisáceo, otras nácar o azulado), la asociación entre forma real y forma geométrica pura al incorporar cajas de papel fabricadas por él mismo que sitúa delante o detrás de los objetos creando nuevas configuraciones formales, la interpenetración de los objetos al estilo del Cubismo sintético del primer ejemplo, no pasemos por alto la importancia del punto de vista y la presentación frontal o diagonal. En fin, imaginemos al pintor colocando y recolocando hasta decidir la perfecta combinación entre espacio, color, línea y luz.


A pesar del ensimismamiento de nuestro pintor, su obra generó multitud de reflexiones en otros artistas que quisieron rendir homenaje o mostrar el débito al pintor boloñés en alguna de sus creaciones. Veamos para terminar alguno de los ejemplos que la muestra de la Fundación Mapfre nos deja. Comenzamos con los paisajes de dos hermanos italianos: Alessandro Taiana y su obra INTA-NASA un óleo sobre lienzo, de 2011-12 y Riccardo Taiana con TEEM-Cubi di cemento, óleo sobre lienzo de 2015.

Parecidas tonalidades, parecida manera de entender la luz clara y una distancia emocional que estos dos admiradores de Antonio López nos recuerdan el impacto del pintor boloñés y el influjo en este como en ellos de Chardin, Corot y Cézanne.


En nuestro país, encontramos influencias de Morandi en estas dos obras de Alfredo Alcaín, Bodegón (Morandi V), objetos sobre madera de 1990 y de Gerardo Rueda, Bodegón de la razón, madera y óleo, 1992. Mientras Alcaín nos deja una escultura con objetos reales imitando las agrupaciones y líneas formales del pintor boloñés, Rueda sitúa los objetos morandianos en una caja proporcionando tridimensionalidad y centrándose en la arquitectura geométrica de las composiciones de nuestro pintor.

Terminamos este recorrido con cuatro obras de artistas desde diferentes técnicas. Carlo Benvenuto con Senza título, una impresión cromogénica de 2010;Luigi Ontani conNaturaExtraMortAntropomOrfana=Peltrossequio,d´aprés Giorgio Morandi, cerámica policromada de 2015; Yoel Meyerowitz, con Objetos de Morandi, cabeza partida, una impresión HP sobre papel 100% algodón de 2015 y para terminar, Andrea Facco con “El´apparenza”, Grigiocolore nº 78 según Giorgio Morandi, grigio colore sobre lienzo de 2020.

La fotografía de Benvenuto recuerda la poética floral de Morandi como réplica al “Fiori “ del pintor boloñés; la cerámica de Ontani traslada a las tres dimensiones jarras y cajas del taller de nuestro pintor y utiliza gama cromática similar; Meyerowitz, fotografió los objetos en el propio taller de Morandi y aunque se perdiera el carácter tridimensional hizo una reflexión sobre las inquietudes del pintor en su mismo espacio pero desde otra técnica; por último, Facco con ese color gris tan particular nos deja una imitación de una obra de Morandi de su etapa metafísica, sustraída y nunca recuperada.


Heraclio Gautier



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