• Trinchera Cultural

Fra Angelico y la confluencia de lenguajes (Museo del Prado)

EXPOSICIÓN:

Fra Angelico y los inicios del Renacimiento en Florencia.

UBICACIÓN:

Museo Nacional del Prado, Paseo del Prado s/n, Madrid.

DISPONIBILIDAD:

Hasta el 15 de septiembre de 2019.




Entiendo que pasar por las proximidades del Museo del Prado y observar las enormes colas que se forman desde tempranas horas en la puerta de Goya, desanima a quienes disfrutan de las exhibiciones de Arte. A todos ellos les aconsejo obtener las entradas por internet. Evitas la cola inicial y solo sufres la de acceso a la exposición, que suele ser liviana.

Con la excusa de las tareas de restauración y limpieza de la tabla de Fra Angelico de Fiesole, La Anunciación y la Expulsión del Paraíso, presenta el Museo del Prado un recorrido por la obra del pintor en el contexto de los inicios del Renacimiento en Florencia.

Nos encontramos aproximadamente entre los años 1415 y 1435 en una ciudad en plena ebullición política, económica y cultural: desarrollo de los telares hidráulicos que potenciarán la artesanía textil; de la carpintería naval al calor de las grandes expediciones; de la banca; del Humanismo con las obras de Leonardo Bruni y Poggio Bracciolini y de la búsqueda de un nuevo espíritu religioso derivado del gran cisma bajomedieval.


El Arte no podía permanecer ajeno a todo ello. El dinero circula con facilidad y las poderosas corporaciones gremiales y la alta burguesía urbana disputan con la Iglesia la contratación de escultores, pintores y arquitectos. Se embellecen los conventos con retablos, se levantan nuevos edificios y se remodelan los antiguos; aparecen relieves y estatuas por doquier.

Un nutrido grupo de artistas coincidió en el tiempo y dejó para la Historia obras que nos han permitido justificar que lo que llamamos Renacimiento florentino o Quattrocento, no fue un súbito fogonazo que iluminó la oscuridad bajomedieval.

Se trató de una mezcla de estéticas y lenguajes fruto de una sociedad en la que convivieron una visión providencialista de la vida, heredada del teocentrismo medieval, con otra forma de abordar el mundo real y el espiritual, que nació del Humanismo y del Antropocentrismo.

Fra Angelico es un claro exponente de ello. Intentaremos probarlo con una selección de obras de la muestra, realizadas antes y después de la tabla que ha dado pie a la exposición.


Comenzaremos mencionando una de las obras de Donatello presentes en la muestra. Este artista había estado con Brunelleschi a comienzos de siglo estudiando las ruinas clásicas en Roma y sin duda, aportó el conocimiento de los relieves romanos.


En esta obra, La Creación de Eva, ejecutada entre 1405-10, presenta un manejo del bulto para sugerir el espacio muy próximo al que mostrará Ghiberti en las terceras puertas del baptisterio florentino, además de un volumen alejado de la estilización tardomedieval y una preocupación por el rigor textual en la representación del tema que también se aleja de los convencionalismos medievales.


Junto a este lenguaje renovador, persistía en Florencia la estética de la pintura del Trecento, con sus escuelas sienesa y florentina determinadas por el influjo bizantino. Lorenzo Monaco, no solo influirá desde la persistencia del Gótico Internacional en sus Madonnas, sino que será el primer maestro de nuestro pintor.


Así puede verse en La Virgen y el Niño entronizados con seis ángeles, obra realizada entre 1415 y 1420 en la que la plataforma sobre la que se sitúa el trono dibuja una sencilla perspectiva; pero la adecuación de los elementos en su correspondiente plano carece de sentido espacial. Eso sí, minuciosidad en los detalles, alargamiento elegante del canon, brillantez en el color, linealidad y abundancia de la tonalidad oro. Recuerda las obras de Giotto.



Fra Angelico estuvo siempre seducido por esta forma de trabajar, especialmente en sus primeras obras como esta Virgen y Niño con cuatro ángeles de 1418.

La posición de la cabeza de la Virgen en ligero tres cuartos permite un atisbo de volumen y sombreado; el detalle con el que pinta el tejido inferior en el que se sitúa tanto el trono como los dos ángeles de primer plano (con sus aves enredadas en precisas formas vegetales), el dominio de la tonalidad oro, la sensación de que todos los elementos se levantan hacia el primer plano anulando la profundidad, nos remiten de nuevo al Gótico Internacional.


Sin embargo, el lenguaje renovador estaba presente en todos los talleres florentinos y nuestro pintor no se sustrajo a él. Habiendo ingresado en el convento dominico de Fiesole en 1418, era natural para él ajustarse a los condicionantes de la pintura de devoción, muy determinada por la visión trascendental de la vida que la estética bizantina había impuesto: no espacio y no tiempo, a pesar de la ruptura de Giotto en el siglo anterior.

Es ahí donde hay que ver cómo se fue colando la renovación del lenguaje en la pintura de nuestro fraile.



En este fragmento del Retablo de Santo Domingo en Fiesole de 1419-22, muestra un interés inusitado por el detalle en la individualización de los rostros. Las cabezas alcanzan volumen sugerido por la sabia presencia de zonas en luz y sombra, algo también apreciable en el tratamiento de los pliegues.








Por esas mismas fechas, entre 1420 y 1423, pinta esta Crucifixión.


Los personajes que se agolpan bajo la cruz recuerdan a crucifixiones tardomedievales como la Crucifixión y el martiririo de San Dionisio de H. Bellechose, pero la disposición de los caballos para sugerir los diferentes planos en profundidad nos acerca a preocupaciones espaciales más modernas.

Parece ser que la presencia en Florencia de Gentile da Fabriano provocó una auténtica convulsión en el ambiente artístico.

El gran paladín del Gótico Internacional italiano, dejó allí una obra maestra, la Palla Strozzi en 1423, a la que pertenece esta secuencia de su predela, la Presentación de Cristo en el Templo.

Obsérvese la mezcla de soportes que recuerdan el mundo clásico, con vanos góticos; los juegos de perspectiva en las arquitecturas laterales no evitan la inadecuación de los tamaños del marco arquitectónico con los personajes de la escena.

En cualquier caso, Fra Angelico tuvo alrededor multitud de estímulos en direcciones opuestas y eso se fue haciendo cada vez más patente en su obra.

La recientemente adquirida Virgen de la Granada, realizada entre 1424-25, muestra un dominio del volumen en el cuerpo de María y una novedosa manera de tratar las variaciones de color en el manto para transmitir la luz y la sombra que no aparecen en obras anteriores.

Los ángeles y el primoroso manto dorado que sostienen, son de factura antigua pero con un gusto por el detalle preciso que nunca abandonará nuestro pintor.



Y llegamos a la obra que ha servido de excusa para esta exposición. Antes, veamos un par de ejemplos de otros pintores que trataron el mismo tema.

En primer lugar, La Anunciación de Robert Campin, pintada entre 1420 y 1425.

Para empezar, se trata de un óleo sobre tabla, técnica propia de los pintores flamencos que tardará en llegar a Italia.

En los Países Bajos, triunfa una burguesía de comerciantes enriquecida con la exportación de paños de alta calidad; ello es apreciable en el exagerado vuelo de los mantos de la Virgen y el ángel, cuyos plegados parecen dispuestos con la intención de publicitar la riqueza de sus telas.

Al mismo tiempo, la escena se produce en un interior gótico con una construcción espacial que usa todos los recursos para simular la profundidad sin despreciar el detalle; todo lo contrario:

el pintor detalla lo que el ojo no puede ver (por ejemplo, las hojas de los libros que aparecen en el pequeño armario). La Virgen no aparece turbada por la presencia del ángel sino atenta a la lectura del libro, en un escenario que mezcla lo sagrado con lo doméstico.

La siguiente obra es La Anunciación, de Paolo Uccello, 1425. Un pintor que mostrará en su recorrido un tránsito similar al de Fra Angelico.

Su obra mantiene los arcaísmos del estilo del Trecento, con una narrativa sacra que no respeta la unidad de acción ni de tiempo, con figuras estilizadas y fondos oro; pero sin duda la construcción del pórtico en el que se encuentra María contiene preocupaciones de color-luz y perspectiva muy próximos a los lenguajes renovadores.






Analicemos ya La Anunciación y la Expulsión del Paraíso de Fra Angelico, pintada entre 1425 y 1426, tras el proceso de limpieza y restauración.

La obra aparece sin la magnífica predela que se exhibe aparte.

Nos encontramos con una mezcla perfecta de lo antiguo y lo moderno.

Moderno es el sensual gusto por la representación de la vegetación del Edén, los arcos de medio punto sobre soportes clásicos, el uso del color para simular luces y sombras en los pliegues y la espléndida construcción perspectiva de la habitación que se abre tras el pórtico.

Antiguo es la escasa representación de “pathos” en los personajes, la inadecuación de los tamaños en los elementos situados en un mismo plano (columnas y Virgen por ejemplo), la no unidad de acción ni tiempo (la Expulsión se produce en el jardín de la casa en cuyo pórtico aparece la Anunciación, por mucha justificación simbólica que exista) y el temor al desnudo a pesar de la necesidad de ajustarse al texto bíblico (Adán y Eva aparecen vestidos).


Una prueba de que había artistas en Florencia apostando más decididamente por los nuevos lenguajes, la tenemos en el fresco de La Expulsión de Adán y Eva de la Capilla Brancacci, de Masaccio, pintado en 1425 y que añadimos para compararla con la obra de Fra Angelico.

En Masaccio hay equilibrio perfecto entre tema y técnica: se trata de que el espectador se centre en la tragedia de la expulsión, con lo que selecciona los elementos básicos según el texto sagrado, un ángel enérgico, la puerta del Paraíso y Adán y Eva. Son expulsados de un lugar idílico y se muestra a través de la desolación del marco natural al que se dirigen.


Van desnudos y sus actitudes muestran las consecuencias trágicas de su error.

Ambos personajes son sólidos como columnas clásicas gracias al claroscuro y recuerdan obras grecorromanas (Eva es trasunto de las Venus púdicas tratadas en escultura).

En la escena de Fra Angelico el ángel parece estar recogiendo flores más que expulsando a la pareja que no expresa en sus gestos lo que están perdiendo.


Nuestro buen fraile se mantuvo firme en sus planteamientos estéticos pero introdujo nuevas preocupaciones en obras posteriores que le fueron alejando del goticismo.


La llamada Virgen y Niño en el trono rodeado por doce ángeles, cuya fecha parece de 1430 (algunos la sitúan en 1420), muestra una construcción espacial muy meditada en el elaborado trono, con varios planos en profundidad y un interesante uso del claroscuro; todo ello organizado mediante una simetría axial solo rota por la posición del Niño sobre la Virgen.

Los fondos oro persisten.





En Los Desposorios de la Virgen, de 1431-32, se aprecia claramente el impacto que tuvo en nuestro pintor la construcción de escenas en espacios naturales en los que el fondo oro desaparece; es ahora sustituido por arquitecturas construidas en perspectiva que cierran un espacio en el que las figuras intentan situarse en diferentes planos al estilo de los relieves procesionales romanos.


Termina el recorrido con un excelente documental sobre la tarea de restauración y limpieza de la obra central de la muestra que ha recobrado el brillo y la luminosidad perdidas.



Desde mi punto de vista, la magnífica gradación cromática del suelo del pórtico, merecen de por sí la visita.

Heraclio Gautier

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