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Fabrizio De Andrè. En nuestra hora de libertad



El pasado domingo doce de enero acudí a un evento, en un bar de Lavapiés para homenajear al cantautor italiano Fabrizio de Andrè.

Al llegar, casi no cabía un alma: decenas de jóvenes (italianos la mayoría) se acercaron al evento para cantar y recordar, durante horas, muchas canciones del que ha sido considerado por algunos como el mejor cantautor italiano de todos los tiempos.

Madrid no fue el único sitio; por toda la geografía italiana (Bari, Pisa, Florencia, Roma, Milán, etcétera), pero también fuera, miles y miles de jóvenes italianos se reunieron en plazas y bares para cantar y celebrar la obra de este músico genovés, en el veintiún aniversario de su muerte.

Cantante, revolucionario, anarquista, poeta, músico y trovador, Fabrizio de Andrè (1940, Génova- 1999, Milán) es, a Italia, lo que Silvio Rodríguez a Cuba o Víctor Jara a Chile: trovadores que consiguieron plasmar la voz del pueblo con su guitarra y que han sido referencia para varias generaciones.
Imagen de Libri e Vinile

Nacido en Génova, comienza su carrera musical en los años sesenta al mismo tiempo que su militancia en la Federación Anarquista Italiana.


En 1964 publicará “La canzone di Marinella”, una bella balada a una prostituta asesinada; dos años después saldrá su primer vinilo, Tutto Fabrizio de Andrè, al que siguieron, con los años, trece discos más.


Con una voz dulce y grave, De André supo hacer de su música, una bella síntesis entre el pasado y el presente; entre los antiguos arpegios de la campiña genovesa y los sonidos del country y del jazz venidos del otro lado del mar, con una fuerte influencia del cantante francés Georges Brassens.

La obra de De Andrè nos cuenta historias de marginados (“Un blasfemo”, “Un malato di cuore”), prostitutas (“Via del Campo”), suicidas (“Preghiera di Gennaio”, “Batalla del amore cieco”), ninfómanas ("Bocca di Rosa") y toxicómanos (“Il cantico dei drogati”); una multitud de santos pecadores sin aureolas (“Anime salve”) que, en un camino abierto por Pier Paolo Pasolini, nos recuerdan aquellas palabras de la Biblia que decían “les aseguro que los publicanos y las prostitutas entrarán antes que ustedes en el reino de los cielos" (Mateo 21:31).


Fabrizio de Andrè, a pesar de declararse ateo y anarquista, supo reinterpretar la fe cristiana: la fe en el Jesús de los pobres, en el Jesús hombre (“Si chiamava Gesù”).

En sus palabras vemos como brota ese cristianismo primitivo y revolucionario, hijo de los excluidos del paraíso terrenal; y así, un comunista como Pasolini, y un anarquista como De Andrè, introdujeron a Jesús en las luchas sociales de los setenta.

Sus canciones se convirtieron en himnos durante los años ochenta.

En 1973 publicó el más combativo de sus álbumes, “Storia di un impiegato” (historia de un trabajador), donde incluyó canciones como “Canzone di Maggio”, “Il bombarolo” (el terrorista) o “Nella mia ora di libertà” (en mi hora de libertad), canciones que se convirtieron en himnos durante los años ochenta.

Inspirado por un profundo y convencido antimilitarismo, Fabrizio de Andrè también compuso canciones como “La batalla dell’eroe” (la batalla del héroe) donde cuenta la historia de un soldado muerto en batalla y en la que dice: “pero ella que lo amaba esperaba el retorno de un hombre vivo, no de un héroe muerto”.


Su obra también nos habla del amor (“Valzer per un amore”) y del desamor (“Canzone dell’amore perduto”).

Conocí la música de De Andrè hace más de seis años.

En mi tiempo libre como estudiante de Erasmus en Bari disfrutaba descubriendo la poesía italiana, leyendo a Dante, a Petrarca y a Leopardi y escuchando a cantautores italianos como Lucio Dalla, Giorgio Gaber, Lucio Battisti, Roberto Vecchioni o Franco Battiato. De todos, el que más me marcó fue De Andrè.

El éxito de Fabrizio de André en Italia no tuvo un reflejo en España, como sí le sucedió a otros cantantes italianos como Battiato o Battisti. Fabrizio nunca tradujo sus canciones al castellano ni cantó nunca en nuestro país.


Su obra, monumental, es prácticamente desconocida en España. El acto del pasado domingo podría ser una excusa para que tantos jóvenes poetas y cantautores de nuestro país disfrutaran del inmenso talento de un gigante de la música de autor como fue Fabrizio de Andrè.


Alberto Moreno

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