• Trinchera Cultural

Entrevista a Aleksandra Kollontai

Actualizado: 15 de dic de 2019



Tras habernos dejado su curriculum en Trinchera Cultural hemos decidido seguir conociendo a una de las mujeres que más ha marcado la Historia del siglo XX. Hoy en La Cápsula del Tiempo entrevistamos a Aleksandra Kollontay, revolucionaria marxista y activista feminista de origen ruso. Con una buena dosis de imaginación y no menos rigor histórico recreamos cómo sería una conversación con esta gran figura de la política y el pensamiento contemporáneos.



Nos citamos en su apartamento de Moscú, ciudad a la que ha regresado recientemente tras casi dos décadas como diplomática en el extranjero. Es el año 1946 y junto a nosotros se sienta una Kollontay de 74 años de edad, cansada tras toda una vida entregada a la política y obligada a desplazarse en silla de ruedas a causa de una apoplejía. La evolución política de su país ha hecho mella en su estado de ánimo, tan despierto y combatido como el primer día, pero apenado por los males y defectos que aquejan a la sociedad soviética.


La fuerte censura estatal es uno de ellos, por lo que es probable que haya muchas preguntas con las que nuestra entrevistada no se sienta del todo cómoda o que prefiera no contestar. ¿Qué opina Kollontay como feminista de las políticas conservadoras de Stalin? ¿Qué problemas le planteó defender la emancipación de la mujer en una revolución que, aunque progresista, estaba dirigida por hombres? Se trata de preguntas difíciles, que no por ello dejaremos de plantear, pero con las que podemos poner en una posición comprometida a una Kollontay que, a pesar de las muchas decepciones que le han causado, siempre se ha mantenido leal al Partido y los dirigentes de su país. Por ello, aprovechando la fecha en la que nos encontramos, decidimos empezar la entrevista con un asunto más distendido.


Trinchera Cultural (TC): Antes de nada, creo que lo más adecuado sería comenzar con una felicitación. Si no me equivoco has sido nominada para el Premio Nobel de la Paz este mismo año, ¿no es así?


Aleksandra Kollontay (AK): Muchísimas gracias. En efecto, hace poco recibí la noticia de que un grupo de diputados del Storting [1] me había propuesto para el Nobel de la Paz. La verdad, ha sido una grata sorpresa, pero lo que más me ha emocionado ha sido el cariño y apoyo que he recibido de distintas organizaciones de mujeres de Suecia y Noruega.


TC: Imagino que los suecos tienen más motivos que nadie para proponerte como candidata al Nobel de la Paz. Según tengo entendido jugaste un papel clave como embajadora en Suecia durante la Guerra Soviético-Finlandesa. [2] ¿Qué nos puedes contar sobre esto?


AK: Fui destinada a Suecia como embajadora de la Unión [3] en 1930. Durante aquellos años mi principal reto como representante soviética fue neutralizar la creciente influencia que la Alemania de Hitler trataba de extender sobre los países escandinavos y, en concreto, sobre Suecia. Pero cuando estalló la guerra con Finlandia en noviembre del 39 no pudimos evitar que Suecia se posicionase del lado de Finlandia y enviase un cuerpo de voluntarios a combatir contra nosotros. Y no fueron los únicos. También llegaron batallones de voluntarios desde Noruega, Dinamarca, Estonia, Hungría e incluso Reino Unido y los Estados Unidos, todos apoyando a Finlandia. Para colmo la Sociedad de Naciones [4] acusó a nuestro país de haber iniciado las hostilidades [5] por lo que la delegación soviética, de la cual yo también formaba parte, fue expulsada en diciembre de ese mismo año. Pero no todo fueron malas noticias, afortunadamente. Fueron días muy agitados, todos en la embajada andábamos con los nervios a flor de piel, pero al final, tras muchas llamadas y reuniones, conseguimos que el gobierno sueco suavizase su postura y no declarase la guerra a nuestro país. Más adelante también tomé parte en las negociaciones de paz entre Finlandia y la Unión y finalmente, en marzo de 1940, logramos que Finlandia se retirase de la guerra y firmase un tratado de paz. No fue fácil, pero lo conseguimos.

Sovfoto: Aleksandra Kollontay en la embajada soviética de Noruega con la Orden de San Olaf (detalle), 10 de junio de 1946, Universal Images Group

TC: Desde luego estuviste en primera línea de los acontecimientos. Háblanos un poco más de tu labor como diplomática, no sólo en Suecia. Si no la primera, desde luego debes de haber sido una de las primeras mujeres de la Historia en ocupar un cargo diplomático. ¿Cómo has vivido esa experiencia?


AK: Bueno, es todo un honor haber sido una pionera en ese sentido y haber abierto camino para toda una nueva generación de mujeres que quieren involucrarse en la actividad diplomática de sus países y hacer que sus voces sean escuchadas por todo el mundo. Eso para mí no tiene precio, aunque, si te digo la verdad, abandonar la Unión Soviética no fue una decisión plenamente voluntaria…


TC: ¿A qué te refieres?


AK: Bueno, digamos que después de presentar mi dimisión en el Zhenotdel [6] en el año 22 me ofrecieron incorporarme al servicio diplomático y que, dada mi situación en el Partido por aquel entonces, se trataba de una proposición que difícilmente podía rechazar. [7]


TC: ¿En qué países estuviste destinada?


AK: Pues veamos. Llegué a Noruega en 1924 para incorporarme a la embajada como representante plenipotenciaria de la Unión Soviética. Allí estuve hasta 1930 con un pequeño paréntesis de un año en el que estuve ocupando el mismo cargo en la embajada de México. Del año 25 al 26 fue aquello. Después regresé a Noruega y de allí ya me destinaron a Suecia, primero como representante plenipotenciaria también y ya en el último año como embajadora extraordinaria y plenipotenciaria, que estarás de acuerdo que es algo que suena mucho mejor. Pero eso fue solo el último año. Yo ya estaba en esta dichosa silla de ruedas así que el año pasado dejé el cargo de embajadora y volví por fin a Moscú, aunque aquí he seguido trabajando como asesora del Comisariado del Pueblo de… perdón, para el Ministerio de Asuntos Exteriores. [8]

Alfred Eisenstaedt: Aleksandra Kollontay en su oficina de la embajada soviética en Suecia, circa. 1934, The Life Picture Collection

TC: Es decir, que si no me fallan las cuentas, has estado casi 20 años como diplomática en el extranjero. Eso es mucho tiempo fuera de casa. ¿Cómo has encontrado el país a tu vuelta? Dinos algo que destacarías como positivo y algo que destacarías como negativo.


AK: ¡Uy, por dónde empezar! Esto no se parece en nada al país que dejé cuando me fui. Ten en cuenta que yo salí de aquí en 1924. Perece que hace ya una vida de eso. Eran años de crisis económica y de posguerra, [9] y la Revolución aún tenía muchos problemas que resolver en todas las áreas. Parecía que todo aquello que estábamos tratando de construir podía desmoronarse como un castillo de naipes en cualquier momento y ahora… mira todo esto. Hemos pasado de ser un país atrasado a todos los niveles a convertirnos en una gran potencia industrial y económica, con una sanidad y una educación públicas al alcance de cualquier ciudadano y un sistema de pensiones garantizadas para todos los trabajadores. Sin duda esto es lo que destacaría como positivo, lo mucho que hemos avanzado en tan poco tiempo. Ahora bien, si me preguntas por lo negativo… es verdad que todos estos avances se han hecho en parte gracias a enormes pérdidas y sacrificios. No quiero extenderme mucho en ello, el proletariado de Rusia y del mundo entero le debe mucho al Partido, pero si tengo que señalar algo negativo me veo obligada a decir que, en comparación con las metas que nos habíamos fijado en 1917, e incluso con algunas de nuestras primeras conquistas, los ciudadanos soviéticos, y especialmente las mujeres, hemos tenido que ver cómo muchos de esos avances eran descartados al final.


TC: Entonces, ¿no es éste el país que imaginabas que encontrarías a la altura de 1946 mientras estabas participando en la Revolución?


AK: Tal vez no lo imaginara exactamente así… Aún es pronto para llegar a ello, pero antes de abandonar la Unión para ir a Noruega solía imaginar cómo sería el mundo en el futuro. Imaginaba una sociedad en la que la familia como estructura heredada del viejo orden patriarcal habría desaparecido y el cuidado de los hijos sería asumido de manera colectiva por el conjunto de la sociedad. Una sociedad libre de las imposiciones del trabajo asalariado, del dinero, de las clases sociales y del Estado, que ahora se organizaría en comunas que a su vez formarían una federación mundial de comunas. En ese futuro ya no habría hambre, miseria o guerras. ¿Te lo imaginas? Un mundo en el que las nuevas generaciones desconocerían el significado de la palabra guerra. [10] Sí, lo sé, lo sé, no se parece en nada al mundo actual. Pero quién sabe… Igual aún estemos a tiempo de construir un mundo así, aunque puede que tardemos algo más de lo previsto.


TC: Tus planteamientos políticos te han generado más de un conflicto con otros miembros del Partido. En concreto quiero preguntarte ahora por tu relación con Stalin. Antes has mencionado que especialmente las mujeres habéis tenido que ver cómo muchos de los avances realizados por la Revolución habían sido descartados. ¿Te referías a las políticas sociales de Stalin de los años 30? Como feminista, ¿qué opinas del giro conservador que impulsó en esa época?


AK: Ésa es una pregunta difícil… No sabría muy bien cómo contestar. Verás, durante los primeros años posteriores a la Revolución el Sovnarkom [11] promulgó una gran cantidad de leyes destinadas a liberar a las mujeres rusas de las cadenas del viejo orden patriarcal, muchas de ellas impulsadas por mí y por otras camaradas del Partido. Se reconoció el derecho a voto de las mujeres, se legalizó el matrimonio civil, el divorcio, el aborto libre y gratuito, se eliminó la distinción jurídica entre hijos legítimos e ilegítimos, se despenalizó la homosexualidad, se abolió la prostitución… La mujer pasó a ser considerada una igual respecto al hombre, y desde el Estado se le brindaron todo tipo de facilidades para que pudiese compaginar su vida familiar con su incorporación al mundo del trabajo. Durante mi etapa como comisaria del pueblo de bienestar social trabajé intensamente para la extensión de un sistema de guarderías públicas en los centros de trabajo donde hubiese madres con niños pequeños. Y más adelante incluso se aprobó un permiso menstrual que permitía a las mujeres ausentarnos de las fábricas y oficinas si experimentábamos demasiado dolor para trabajar durante nuestro ciclo. ¿Cuántos países pueden decir lo mismo? Es cierto que aún quedaba mucho camino por recorrer en la equiparación real de hombres y mujeres, pero si en tan poco tiempo habíamos logrado tanto, ¿cómo no íbamos a conseguirlo? En aquel momento estábamos rebosantes de optimismo. Pero, cuando Stalin subió al poder… Las cosas cambiaron mucho en ese sentido. No me malinterpretes, la Unión Soviética sigue siendo uno de los países más avanzados en cuanto a la emancipación de la mujer se refiere y hemos de sentirnos orgullosos de ello. Pero… Es cierto que durante los años 30 las camaradas rusas tuvimos que ver cómo se desandaba gran parte del camino recorrido hasta el momento. Muchas de las conquistas realizadas durante la Revolución se perdieron entonces. En aquellos años Stalin… En fin, creo que ya he hablado demasiado. Por favor, no me hagas caso. Es un tema complicado. [12]

Una de las primeras sesiones del Sovnarkom; sentada en el centro apoyando la cabeza en la mano se encuentra Aleksandra Kollontay, sentado a su derecha está Lenin y de pie entre ambos, Stalin (detalle), diciembre de 1917 - enero de 1918.

TC: Está bien, dejemos a Stalin a un lado. Él no es el único dirigente del Partido con quien has tenido discrepancias por tus ideas. De hecho, corrígeme si me equivoco, también chocaste con Lenin en algunos puntos. ¿Cómo ha sido para ti reivindicar la emancipación de la mujer en una revolución dirigida por hombres?


AK: Desde luego se me ocurren bastantes ocasiones en las que no ha sido fácil. Es decir, he conocido a camaradas varones extraordinarios tanto en su faceta política como en su dimensión más personal, y guardo un gran cariño hacia todos ellos. Eso no significa, sin embargo, que no haya tenido desencuentros con muchos otros. En 1917 me convertí en la primera mujer del Comité Central del Partido, y no fue fácil. Estarás de acuerdo en que ser el primero en algo nunca lo es, y aquello era una gran responsabilidad para mí. Muchos de mis camaradas no compartían mis ideas sobre temas muy diversos, no sólo ya sobre la cuestión femenina, sino también en lo referente a asuntos como la paz con Alemania [13] o el sindicalismo. [14] Y sí, como bien has señalado, uno de esos camaradas fue el propio Lenin. Yo lo respetaba muchísimo, siempre lo he respetado, pero en aquellas y otras cuestiones me temo que mantuvimos puntos de vista divergentes.


TC: ¿En qué otras cuestiones?


AK: Principalmente en lo tocante a la revolución sexual. Se ha tergiversado mucho lo que yo trataba de exponer en aquel entonces, a saber, que la liberación de la mujer no podía ser completa si no incluía también su propia liberación sexual. Hubo quienes interpretaron o quisieron interpretar esto como un alegato a favor de la promiscuidad o de qué se yo qué absurdos. No, no, nada de eso. La unión de cualquier pareja en el seno de la sociedad comunista, y esto lo he defendido siempre, ha de estar basada en el amor y la camaradería, en el respeto mutuo y la aceptación de la libertad e igualdad del otro. Lo cual no impide que la mujer, y por supuesto también el hombre, pueda disfrutar de su sexualidad plenamente como algo natural, sin tener que someterse a las restricciones que impone el amor posesivo y el matrimonio tradicional burgués. Por su parte, Lenin… Verás, él argumentaba que el sexo no podía considerarse como una necesidad natural sin más, lo achacaba más a una cuestión cultural, y pensaba que una revolución sexual de las dimensiones que le planteábamos las camaradas del Partido distraería a la juventud revolucionaria de la construcción de la nueva sociedad comunista. Lenin veía el amor libre más como algo peligroso que como un elemento emancipador…. Pero bueno, otra vez estoy hablando demasiado. El caso es que el debate quedó zanjado hace ya muchos años y yo acato las resoluciones del Partido. No tengo nada más que decir.


TC: Escuchándote da la impresión de que son muchas las decepciones y desencuentros que has tenido con el Partido, pero aun así siempre te has mantenido leal a él. ¿Qué es lo que te hizo afiliarte? Remontémonos a tus orígenes, háblanos de tus primeros años como activista y revolucionaria.


AK: Ufff, es una larga historia, como se suele decir. Yo me uní a los bolcheviques en 1915 [15] pero mi actividad política viene de mucho tiempo atrás. Yo nací en una familia aristocrática, ¿sabes? Y resulta que la hija les salió marxista. Desde luego no fue de mis padres de donde saqué aquellas incipientes ideas, aunque es verdad que de mi padre heredé el interés por la Historia y la política. Supongo que eso y las influencias de mi aya o de algún tutor contribuyeron a despertar ciertas inquietudes en mí. Pero hay un hecho en concreto que marcó un antes y un después. Desde bien joven me rebelé contra la idea de un matrimonio de conveniencia, tal y como pretendían mis padres, y me casé con un gran amor de juventud. Él era ingeniero y trabajaba como inspector supervisando las fábricas. Yo solía acompañarlo en aquellas inspecciones y podía comprobar de primera mano las deplorables condiciones en las que vivían los trabajadores y sus familias. Pero hubo una vez en concreto… Ese día visitamos una fábrica textil, y en una de las viviendas de los obreros me encontré a un niño muerto. No era más que un niño y estaba muerto. Aquello me impactó como no te puedes ni imaginar y supe que no podía seguir cruzada de brazos mientras en el mundo se cometían injusticias como aquella. Al poco tiempo dejé a mi marido y a mi hijo y me fui al extranjero. Yo amaba a mi familia, de verdad, pero la vida de ama de casa, sin tiempo para leer, para escribir o para involucrarme en política… aquello se había convertido en una jaula para mí. Decidí que quería estudiar, formarme. Ingresé en la Universidad de Zúrich, donde comencé una licenciatura en ciencias económicas y sociales. Por recomendación de un profesor mío viajé también a Inglaterra, donde seguí tomando contacto con los principales grupos marxistas del momento. Tejíamos redes de contactos por todo el continente, compartíamos nuestras experiencias… Era muy emocionante conocer a otras personas con los mismos planteamientos y aspiraciones, y sobre todo conocer a otras mujeres que como yo querían subvertir los valores tradicionales y luchar por su empoderamiento. Decididamente aquel era mi mundo y mi lugar en la Historia.


Aleksandra Kollontay junto a su primer marido, Vladimir Kollontay (primo suyo) y su hijo Mijaíl, circa 1898.

TC: Hablando de Historia, ¿dónde estabas cuando estalló la Revolución Rusa de 1905? ¿Seguías en el extranjero?


AK: No, no, por aquel entonces yo había regresado a Leningrado. Bueno, en aquellos tiempos no se llamaba así, claro, era San Petersburgo. Participé en la marcha al Palacio de Invierno, y estuve allí cuando los guardias comenzaron a dispararnos. [16] Desde entonces me dediqué a actividades de propaganda y agitación hasta que tuve que exiliarme en 1908. Fue precisamente en ese período de tiempo, estando en París, cuando conocí a Lenin. Su oposición a la guerra mundial imperialista me hizo simpatizar inmediatamente con su causa, así que cuando en 1917 me pidió que volviese a Europa (yo entonces estaba en los Estados Unidos) lo hice sin dudar. No fue una llegada triunfal precisamente. Tras la Revolución de Febrero regresé a San Petersburgo y al poco tiempo fui detenida junto con… bueno, junto con otros camaradas del Partido. [17] Pagaron nuestra fianza al poco tiempo, siempre estaré en deuda con Maksim Gorki [18] por habernos sacado de allí. Poco después fui nombrada miembro del Comité Central del Partido y, cuando triunfó la Revolución, me hice cargo del Comisariado del Pueblo para el Bienestar Social.

VIII Congreso de la Segunda Internacional Socialista en Copenhague; al pie de las escaleras Aleksandra Kollontay (izq.) estrecha la mano de Clara Zetkin (dcha.); tras ellas está Rosa Luxemburgo, 1910.

TC: Creo que viviste una situación complicada el día que llegaste al Comisariado. Tuviste que hacer frente a una huelga, ¿no es así? ¿Cómo lidiaste con aquella situación?


AK: Con mucho dolor, si te soy sincera. Fue muy duro para mí. Cuando llegamos a la sede del Comisariado para hacernos cargo de ella nos encontramos con que el edificio estaba rodeado de manifestantes y que los empleados estaban en huelga y se negaban a entregarnos las llaves y la caja fuerte. Aquella gente tenía motivos para estar allí, pero nosotros teníamos que entrar al edificio y ponerlo en funcionamiento, así que no me quedó más remedio que contener las lágrimas y ordenar que detuvieran a los huelguistas. Créeme que fue una de las decisiones más difíciles que he tenido que tomar en toda mi vida.


TC: Para terminar la entrevista, ¿qué recomendaciones podrías hacerle al movimiento feminista del futuro? ¿Qué crees que podrían aprender las nuevas generaciones de tu legado en este sentido?


AK: Creo que deberían tener siempre en cuenta que patriarcado y capital son dos sistemas interrelacionados que no pueden ser combatidos independientemente el uno del otro. Difícilmente podrá el feminismo burgués lograr la emancipación completa de la mujer sin atender a las causas de su explotación como trabajadora, del mismo modo que la lucha de clases no puede aspirar a liberar totalmente al proletariado si las obreras siguen sometidas a las imposiciones heredadas de la familia y el matrimonio tradicionales. "La mujer casada, la madre que es obrera, suda sangre para cumplir con tres tareas que pesan al mismo tiempo sobre ella: disponer de las horas necesarias para el trabajo (…), consagrarse después (…) a los quehaceres domésticos, y, por último, cuidar de sus hijos.” Es por eso que “para la mujer, la solución del problema familiar no es menos importante que la conquista de la igualdad política y el establecimiento de su plena independencia económica.” Sólo así lograremos edificar una sociedad en la que la mujer se vea plenamente emancipada tanto en la fábrica como en su propio hogar.


TC: Aleksandra, ha sido un placer haberte podido conocer y hablar contigo. Muchísimas gracias en nombre de Trinchera Cultural.


AK: Muchísimas gracias a vosotros por escucharme. Os deseo mucha suerte con vuestro proyecto. Por cierto, ¿cuándo dices que saldrá publicada la entrevista?


TC: Pues aún estamos en 1946, así que… me temo que aún falta bastante.


Álvar Muratel.


Notas:


  1. Parlamento de Suecia.

  2. Conflicto armado paralelo a la Segunda Guerra Mundial en el que se enfrentaron Finlandia y la Unión Soviética entre el 30 de noviembre de 1939 y el 13 de marzo de 1940. La historiografía occidental suele referirse a esta contienda como la Guerra de Invierno.

  3. Nombre abreviado con el que los ciudadanos soviéticos solían referirse a su país.

  4. Organismo internacional predecesor de la actual ONU.

  5. La historiografía soviética mantiene que las hostilidades fueron iniciadas por Finlandia al realizar un bombardeo sobre territorio de la URSS, tal y como el gobierno soviético denunció mediante una nota de protesta enviada al gobierno finlandés el 26 de noviembre de 1939.

  6. Departamento de Mujeres Trabajadoras y Campesinas del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, fundado en 1919 por Aleksandra Kollontay entre otras mujeres.

  7. En realidad Kollontay no dimitió voluntariamente del Zhenotdel; fue forzada a renunciar en 1922 por Lenin debido a las discrepancias políticas que mantuvieron. Ese mismo año Lenin le ofreció unirse al cuerpo diplomático. Tras la muerte de éste en 1924 Kollontay abandonó la URSS y permaneció en el extranjero hasta 1945 dada su oposición a la línea política del nuevo dirigente soviético, Stalin, que prefirió mantenerla alejada del país.

  8. Hasta el 15 de marzo de 1946 los organismos con funciones ministeriales de la URSS se denominaron Comisariados del Pueblo. De ahí la confusión de Kollontay, dado que se trata de un cambio muy reciente.

  9. Kollontay alude a la Guerra Civil Rusa (1918-1922) que siguió a la Revolución de Octubre de 1917.

  10. Referencia a su obra de ficción Pronto (dentro de 48 años), escrita en 1922 y en la que Kollontay imagina cómo podría ser una sociedad utópica ambientada en 1970.

  11. Consejo de Comisarios del Pueblo, fundado en 1917 como organismo gubernamental del nuevo Estado surgido tras la Revolución de Octubre y renombrado el 15 de marzo de 1946 como Consejo de Ministros.

  12. Kollontay se refiere a medidas regresivas tales como la ilegalización de la homosexualidad en 1933 (penada con hasta 5 años de trabajos forzados), la ilegalización del aborto en 1936, la restricción del divorcio en las reformas de 1936 y 1944 y, en general, al giro conservador promovido por Stalin a partir de los años 30 en materia de igualdad de géneros y liberación sexual.

  13. Kollontay alude a la Paz de Brest-Litovsk firmada en el contexto de la Primera Guerra Mundial entre Alemania y Rusia en 1918 y que ponía fin al conflicto con grandes concesiones y pérdidas territoriales por parte de Rusia. Kollontay, que por entonces mantenía una relación amorosa con un hombre procedente de Ucrania (uno de los territorios reclamados a Rusia) se opuso a la firma del tratado.

  14. Kollontay hace referencia a su ingreso en 1921 en la corriente de oposición interna del Partido denominada Oposición Obrera, caracterizada entre otras cuestiones por defender la autonomía de los sindicatos soviéticos frente al poder del Estado y del Partido. Fue disuelta en 1922 tras su derrota en el XI Congreso del Partido.

  15. No nos cuenta sin embargo que anteriormente había simpatizado con los mencheviques, la otra gran escisión que surgió junto a los bolcheviques en 1903 del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia.

  16. Se refiere a la marcha de protesta de trabajadores que el 22 de enero de 1905 (09 de enero según el calendario juliano vigente en Rusia por aquel entonces) se dirigió al Palacio de Invierno de San Petersburgo (aunque en aquel momento el zar no se encontraba allí, hecho desconocido por los manifestantes) y que fue duramente reprimida por la guardia imperial dejando un saldo de víctimas que según las fuentes oscila entre poco más de cien y varios miles de muertos. Este episodio es conocido como el Domingo Sangriento y fue el desencadenante de la Revolución Rusa de 1905.

  17. En concreto se está refiriendo a Lev Trotsky, a quien prefiere no mencionar por la abierta oposición que éste mantuvo con Stalin tras la muerte de Lenin, hasta el punto de ser exiliado de la URSS en 1929 y asesinado en 1940.

  18. Pseudónimo de Alekséy Maksímovich Peshkov (1868-1936), escritor y político ruso que simpatizó con el marxismo y la causa bolchevique.



Para saber más:


Sobre Aleksandra Kollontay:

-“Aleksandra Kollontai”, Mujeres para pensar, 28 de junio de 2009, disponible en: https://mujeresparapensar.com/2009/06/28/alexandra-kollontai/


-Clemens, Barbara Evans: Bolshevik Feminist: the Life of Aleksandra Kollontai, Indiana University Press, 1979.


-De Miguel Álvarez, Ana: Marxismo y feminismo en Alejandra Kollontay, Madrid, Instituto de Investigaciones Feministas, Universidad Complutense de Madrid y Dirección General de la Mujer, 1993.


-Fayanas Escuer, Edmundo: “Aleksandra Kolontái, la feminista revolucionaria”, Nueva Tribuna, 24 de marzo de 2018, disponible en: https://www.nuevatribuna.es/articulo/historia/aleksandra-kolontai-leksandra-kolontai-feminista-revolucionaria/20180324125916150122.html


-Tremosa, Laura: “Aleksandra Kollontái: una mujer revolucionaria”, El Viejo Topo, 05 de diciembre de 2016, disponible en: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/aleksandra-kollontai-una-mujer-revolucionaria/


Obras de Aleksandra Kollontay:

-Kollontay, Aleksandra: Memorias, Madrid, Debate, 1979.

-Marxist Internet Archive - Alexandra Kollontai https://www.marxists.org/archive/kollonta/index.htm

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