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Entre el desamor y la esperanza (crítica literaria de J.M. Ariño)

Actualizado: oct 18


La escritora Olga RT –Olga Ruiz – acaba de publicar Un desastre delicioso, un libro de microrrelatos poéticos cargado de sentimientos. OLGA RT

Olga Ruiz (Olga RT) es una escritora madrileña residente en Toledo. Comenzó a escribir a los doce años. Ha ganado varios premios desde autonómicos a internacionales y ha colaborado en varios libros y revistas literarias a ambos lados del Atlántico. Además, ha realizado entrevistas, han puesto voz a sus escritos personas de reconocido prestigio como actores, directores de cine, locutores de radio, otros escritores, y han podido escucharse cuentos suyos en Radio Castilla la Mancha y Radio Nacional. Vive a partes iguales de intensidad y fascinación. Y reconoce que desde que comenzó a interesarse por la ecología tradicional su vida es más consciente, presente y feliz.


En su prólogo, José López Rivero considera a Olga “una apasionada de la vida”. Y pasión es lo que destilan cada una de las páginas de esta obra que, siguiendo la pauta de siete etapas, como los siete días de la semana, comienza por la difícil aceptación del desamor y oscila progresivamente desde el perdón, el agradecimiento, la paz, el equilibrio y la esperanza.


Un poema de Jaime Sabines –“Espero curarme de ti”– abre la puerta a este manojo exquisito de relatos breves y poemas que, como anticipa la autora en un original preámbulo “El futuro es tan increíble como tú seas capaz de imaginar”.


Estas confesiones o reflexiones conforman un relato coherente de siete días –número simbólico– en los que la vida da un vuelco hacia la luz después de la oscuridad más absoluta y sobrevive al caos personal por el camino de un renacimiento cotidiano.


Cada una de estas etapas va precedida de unas oportunas recomendaciones musicales y de las originales ilustraciones de Olga Artigas.


Esta lucha por salir del pozo del desamor comienza por un estado –Rabia– en el que la locura, el odio y el bloqueo sentimental invitan a un estado de silencio –“¡A callarse todos! ¡A callarse todos!”– y a refugiarse en la soledad como deseo y amenaza a la persona definitivamente alejada: “Ojalá tu soledad sea tu única compañía”.


Después de la rabia viene el Dolor inmenso, un dolor atenuado con la vuelta a la infancia: “Algunas noches el universo se apiadaba de mí y me mecía como a una niña”. Así, con esta reflexión escueta y contundente – “Me duele la imaginación de tanto soñarte”– expresa la lucha unamuniana entre el corazón y la razón.


Como el náufrago que busca aferrarse a un salvavidas imaginario –“Sin señales no hay retorno posible”– la huérfana de amor entra en un estado de Tristeza, que comienza con una poesía, se nutre de impactantes metáforas y nos remite a poetas heridos por la nostalgia como Juan Ramón Jiménez: “Me siento un animal extraño en el sótano de la pirámide de la vida, fauna metamórfica al fondo del mar, o polvo cósmico de estrella desintegrada”. Ese corazón enfermo, esa “cárcel de huesos” pide auxilio – Help– para ahuyentar de una vez las penas y los celos.


Desde ese momento en que se ha tocado fondo y se ha visto reflejada en el espejo de los sueños infantiles, vendrá poco a poco el Perdón y la Aceptación como un bálsamo terapéutico.


Precisamente esta terapia sentimental tendrá sus primeros efectos positivos gracias a la escritura. El último relato de este cuarto día es claramente ilustrativo: “He descubierto que escribir me está salvando la vida. Y sacar todo esto fuera me está ayudando a curarme de ti”.


Una curación que desemboca en un sincero Agradecimiento. En el poema “Guardo mis amores como plantas en macetas” expresa metafóricamente ese afán por renacer en cada primavera de la vida.


Es entonces cuando se renueva la fe en la poesía y en dos de incentivos más importantes para recuperar el optimismo: Leer y viajar.


Y es que en ese estado de Paz la poesía nunca duerme, “es la mejor de las energías, el mejor combustible para la vida: luz, amor, creación, imaginación…”. El estado de ánimo se serena, de la calma – “Ahora, esa calma será solo una cama”– y de un regreso a casa después de sobrevivir a las peores pesadillas.


La antesala de la Esperanza está más presente que nunca y el séptimo día amanece con las sensaciones de “Un poema perfecto” y con el latido sosegado del corazón.

La cita de Pessoa es elocuente: “Estoy tan lejos del que fui hace unos momentos”.

Ya no se trata solo de sobrevivir ni de alcanzar la llamada locura de amor, sino de quemar las naves del pasado infeliz y emprender un viaje sin adioses tristes y con saludos generosos: “Vivir la tristeza de un adiós es prepararse para la felicidad de un verdadero hola”.


Y como broche de oro a este excelente racimo de relatos, ese Principio cero –como la página web de la autora– que aparece impreso en la contraportada:

“Para sobrevivir al tsunami no sirve solo con saber nadar, hay que vivirlo”.


José María Ariño Colás es Doctor en Filología Hispánica. Profesor de Enseñanza Secundaria hasta 2018. Es escritor y crítico literario. Publicó su tesis doctoral: Recuerdos y bellezas de España. Ideología y estética en 2007, en la Institución Fernando el Católico. Colabora, además en Heraldo de Aragón, en el periódico Aragón Digital y en la revista cultural TURIA. También escribe artículos en la revista literaria Aprender a pensar.



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