• Trinchera Cultural

En busca del tiempo vivido (reseña de "Por hacer a tu muerte compañía" J.M Ariño)

Tengo la suerte de ser maestro… Di clases en EGB desde que tenía veintidós años y cuando se instauró la ESO pasé a ser profesor de Secundaria. Nací en Gavà (Barcelona), pero he trabajado siempre en Viladecans, la ciudad vecina. De momento he publicado dos libros, pero, sobre todo, me considero un lector compulsivo.La música y el Barça son mis otras dos grandes pasiones. Albert Villanueva

Aunque algunos intenten demostrar lo contrario, la vida está tejida de recuerdos. Es el pasado agridulce el que conforma la personalidad de cada uno de los protagonistas de Por hacer a tu muerte compañía, primera novela del escritor y profesor de Secundaria Albert Villanueva.


Con este verso de la elegía de Miguel Hernández dedicada a García Lorca se abre el telón a una trama apasionante que nos acerca a Gavà, ciudad natal del autor. Es una novela muy bien documentada, fruto de varios años de investigación, y basada en su mayor parte en hechos reales. El autor ha logrado entreverar con maestría tres momentos de la vida su ciudad: el Gavà de los años 20 del siglo pasado, testigo de la construcción del American Lake y década del auge de los movimientos anarquistas, del pistolerismo y de los primeros movimientos independentistas; el Gavà de los años 60 y 70, época de la infancia y juventud del autor, y el Gavà de principios del siglo XXI, un presente cercano en el que la protagonista, Julia, desempeña un papel esencial como evocadora nostálgica de unos tiempos casi olvidados.


La novela comienza con el regreso de la protagonista a su ciudad natal a finales de 2006, después de veintidós años de ausencia. Su nuevo trabajo en el Centro de Historia facilitará un largo proceso de investigación sobre la vida de su abuelo, al que no llegó a conocer y del que cree que hay muchas incógnitas por resolver. Una foto de su abuelo Martí Rovira junto a Francesc Macià desencadenará un largo camino para conocer quién fue su abuelo y cómo vivió durante aquellos años convulsos. A partir de ese momento, los dos planos de la novela –la investigación de Julia en el presente y la misteriosa vida de su abuelo en el pasado– se van alternando y consiguen crear un sugerente vaivén argumental que atrapa al lector desde el primer momento. Al mismo tiempo, la Blaueta intenta recuperar ese tiempo vivido, ese tiempo esfumado de su infancia y juventud, con la ayuda inestimable de su amigo Toni.


Hay que valorar, ante todo, la presencia de estos dos personajes de ficción –Julia y Toni– que encarnan las vivencias del autor y, gracias a ellos, el lector puede conocer los cambios que ha sufrido la ciudad barcelonesa a lo largo de los últimos cuarenta años.

Pero lo más importante de la novela es su entramado histórico, esos acontecimientos que se van sucediendo desde 1918, año en que el acaudalado Artur Costa decide construir lo que él llamará el Montecarlo catalán, hasta 1931, poco después de la instauración de la flamante y efímera Segunda República española.

Es, además, una novela de profundos sentimientos: amor, odio, envidia, traiciones. Todo ello lastrado por el contrapunto amargo de la muerte. Una novela de historia y de recuerdos. Una novela que retrata una de las épocas más oscuras y apasionantes de la Cataluña –y la España– de hace cien años. Este vaivén temporal –entre 2007 y 1920– no solo enriquece la trama, sino que facilita un buceo sentimental en un pasado reciente y en un pasado más lejano.


Cada uno de los capítulos de la novela está introducido por una frase de Julia, en primera persona, que mueve a la reflexión y anticipa una realidad vivida o recordada. Casi todas ellas giran en torno a la recuperación del pasado –“Pasamos a vivir de los recuerdos”, “El pasado de los nuestros nos pertenece”, “Los recuerdos de la infancia y juventud son nuestra riqueza”– y a la indagación de la vida de su abuelo, que se convierte en un camino tortuoso hasta el descubrimiento de una vida marcada por el infortunio y coronada por la tragedia. Tanto el plano de los recuerdos como el de la documentación histórica despiertan en el lector un interés por bucear en el pasado y facilitan el acercamiento a momentos casi olvidados. Así, en el contexto histórico de la década de los años 20, la vida de Martí Rovira nos da a conocer los movimientos anarquistas, el auge de la CNT, la represión indiscriminada, los tejemanejes de la patronal, el caldo de cultivo de las dos Españas, el avance del progreso y la industrialización, las costumbres populares y los entresijos de la política. Destaca, sobre todo, la figura del mítico anarquista Salvador Seguí y el protagonismo del gobernador civil Martínez Anido, cruel e implacable represor; del dictador Miguel Primo de Rivera, y del monarca Alfonso XIII, objetivo de un atentado en los túneles de Garraf, finalmente abortado.


Mientras Julia sigue tras las huellas de su abuelo, evoca años de su infancia y juventud, lamenta sus amores fallidos, vive una vida solitaria e independiente, con desahogos sexuales, reencuentros con amistades del pasado, desapego de su familia y entusiasmo por su trabajo. La añoranza de sus años más felices familiariza al lector con la vida en la calle, los juegos tradicionales, las primeras aventuras de adolescente y las amistades efímeras.


No podía faltar en esta novela, como ha confesado el autor, la presencia de la música rock, que tanto le influyó en su juventud. De este modo, a lo largo de la narración, aparecen 28 canciones de esta música que tanto influyó en los jóvenes de los años setenta del siglo pasado.

Quiero dejar para el lector los sucesivos avatares de una trama apasionante y espero que la lectura de esta excelente novela despierte sentimientos de admiración, de interés por la historia y de valoración de una época de lucha y reivindicación. Gracias al tesón y la lucha de personas inquietas como Martí Rovira, se consiguieron avances sociales de los que, aún sin saberlo, estamos disfrutando.

José María Ariño

Doctor en Filología Hispánica

Albert Villanueva

"Nací hace 58 años en Gavà, una ciudad que antes era pueblo y que se encuentra a 15 km de Barcelona. Aquí crecí, aquí estudié y aquí sigo viviendo. Aunque, curiosidades de la vida, siempre he trabajado en Viladecans, la ciudad de la que solo está separada por una riera ahora cubierta por asfalto.

Me crié en un barrio de calles sin asfaltar y sin apenas coches, repletas de niños que de cualquier cosa hacían un juego mientras sus padres y abuelos multiplicaban las horas en el trabajo con el sueño de un futuro mejor y añorando la tierra que habían dejado atrás.


Tuve la suerte de decidirme a estudiar Magisterio y llevo treinta y cuatro años intentando ayudar a mis alumnos a conseguir sus sueños y a luchar por su futuro.

Creo que la escuela actual debe cambiar muchas inercias para poder ofrecer a nuestros alumnos lo que el siglo XXI les reclama. Los que creemos en la Educación debemos transformar las escuelas en centros de aprendizaje, lugares donde el alumno sea el verdadero protagonista y se convierta en parte activa del proceso.


Ante todo, me considero un lector compulsivo… De hecho, creo que deberíamos vivir dos vidas para poder dedicar una de ellas solo a leer… O a releer, pues hay autores que merecen ser releídos constantemente.

Desde aquel lejano Diez negritos, la primera obra que consiguió engancharme a las páginas de un libro, muchos han sido los autores que han llenado las horas de mi vida… Eduardo Mendoza, Andreu Martín, Vázquez Montalbán, Mankell, Juan Madrid… Pero por encima de todos, el más grande: Francisco González Ledesma".



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