• Trinchera Cultural

El vuelo hacia la libertad. Reseña de JM Ariño

Actualizado: jul 26

La poeta, acuarelista y narradora Mar Blanco acaba de publicar La guardiana del fuego, un poemario como homenaje a la pintora mexicana Frida Kahlo.

Después de Apenas una sombra (2020), Mar inicia un camino de indagación en la breve, pero intensa biografía de esta artista, que se ha convertido en mito y en un símbolo de la lucha por la libertad.

Con unos poemas intensos, contundentes y unos versos cargados de sensibilidad, la poeta de Zuera transforma lo fugaz en permanente, el mito en candente realidad artística y pasional.

Las tres partes en que estructuran los poemas –Origen, Ser y Silencio – perfilan una trayectoria vital que parte de la infancia, se consolida en la plenitud y desciende después a los abismos de la ausencia y el desamparo. El pensamiento, el devenir y la pintura de Frida Kahlo se convierten en el sustrato de una poesía que avanza, como afirma José Antonio Conde en el Prefacio, “de la expresión visible a lo emocionalmente intuido”.


Ese pájaro que quiere volar, esa llama que aviva la pasión, esa flecha que apunta al infinito… Son símbolos elocuentes de una infancia lastrada por el silencio y ahogada por el asombro y la incertidumbre. “Es líquida la noche / convoca la claridad / los espejos de la luz / sobre la máscara”, versos que están inspirados en un lienzo que representa el primer Autorretrato de Frida en 1926. Este poema se complementa con otro que rememora el accidente que sufrió con su novio en 1925 y se cierra con alusiones a los primeros años de la vida de la pintora: “Los juguetes son joyas / escondidas en la niñez”. “La infancia es un pez… / la infancia es la noche”.

A raíz del accidente, la vida de Frida se convierte en una lucha constante y en una andadura difícil que linda con lo absurdo y lo fugaz. Como afirma la poeta bonaerense Alejandra Pizarnik en la antesala de la segunda parte del poemario, “hay que luchar todos los días, como Sísifo”. Un mito que traspasa los límites del ser y que se transforma en “desamparo ante la desesperación”, como dejó plasmado en el cuadro “Lo que el agua me dio”, en 1938, un nuevo e inquietante autorretrato de la artista. Mar Blanco transmuta lo visual en poético y, a través de la palabra hecha vida, se hace eco de lo que Frida quiso manifestar en el cuadro “Raíces”: “Sin embargo en la luz / se derraman los espejos”. Con las palabras de la pintora mexicana –No resta ni la menor esperanza en mí– culmina un poema que está inspirado en “Sin esperanza”, un cuadro que perfila un oscuro horizonte: “Cruzan las calaveras hacia / el ritmo inmóvil / de la desaparición”. El famoso cuadro “La columna rota”, en el que se aprecian las secuelas del accidente y se manifiestan los sufrimientos de su corta vida, sirve de inspiración a un poema con tintes surrealistas y símbolos lorquianos: “Hay sombras de diluvio / espuelas que se agitan / hacia un oscuro galopar de caballos”. El amor que comparte con Diego Rivera –con el que celebró sus segundas nupcias en 1940– inspira también un sugerente poema que se cierra con estos versos: “Mis pies sobre los tuyos, / y haces que reciba el mundo confiada”. Dos autorretratos de Frida –“Autorretrato con collar de espinas” y “Autorretrato con mono”– inspiran a Mar sendos poemas que retoman el símbolo del pájaro –“Los pájaros no llegan / al protocolo de vivir”– y se enriquecen con un nuevo símbolo: los espejos.


Como culminación de esta parte dedicada al “Ser”, figura un poema que refleja las inquietudes vitales plasmadas en “Viva la vida”, el último cuadro de la pintora mexicana. Los versos finales –“Allí donde se descompone / esférica, / roja, / irremediable / la vida”– evidencian una riqueza cromática y un sugerente contraste entre el rojo de la sandía y el azul efímero y lejano. Un poema que anticipa con una tercera parte –“Silencio”– que cierra el círculo vital y anticipa en cuatro poemas la inminencia de la muerte –“Haber nacido y no caer”– y esa herida el tiempo que ha quedado tatuada como una cicatriz: “donde gira la luz / y / se / desploma / el / cuerpo”. Estos últimos versos, plasmados gráficamente como una escalera hacia el abismo, anticipan la muerte de Frida, que dejó este mensaje inquietante: Espero alegre la salida y espero no volver jamás.

La poesía de Mar Blanco nos reconcilia de nuevo con la palabra como un resorte mágico, como un espejo multicolor, como un trampolín hacia la vida apasionada y efímera de “La guardiana del fuego”. Una vida que ha quedado plasmada para siempre en su pintura plural, ecléctica e innovadora.

José María Ariño

Doctor en Filología Hispánica

SOBRE LA AUTORA

MAR BLANCO - Zuera (Zaragoza)

Acuarelista, poeta y narradora, actualmente, coordina varios ciclos de poesía, y copresenta el programa de radio Con versos en la noche en TEA FM. Así mismo está inmersa en las artes escénicas en la faceta de interpretación y en el campo de la Igualdad.

Como dinamizadora cultural imparte charlas y talleres literarios en bibliotecas y centros educativos.

Ha colaborado en numerosos proyectos colectivos y antologías poéticas, entre otras: Relatos de 90 segundos, Palabras entre el centeno, Metáforas en el cielo, Bajo la luz de la poesía, Mujeres con voz y Amor se escribe sin sangre.

Estudios de investigación: Tasí-Tanó, investigación sobre el juego infantil como transmisor de estereotipos de género. 2012. (2ª edición 2019)

Novela: Renacer entre amapolas, 2013.

Libro de relatos: Relatos Casa Eolo, 2013.

Poesía: Saboreando silencios, 2013. Desnudando la piel de la noche, 2014. Mujeres que no quieren ser princesas, 2015 (2ª edición 2019). Apenas una sombra, 2020. La guardiana del fuego (Frida Kahlo), 2021.

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