• Trinchera Cultural

El “slow motion” de Bill Viola.

Exposición:

Bill Viola. Espejos de lo invisible.

Ubicación:

Espacio Fundación Telefónica. Calle Fuencarral 3, Madrid.

Disponibilidad:

Hasta el 17 de mayo de 2020.


Que no le apremie la prisa porque si algo transmite esta muestra es un sentido lento del tiempo que necesitamos absorber dejándonos seducir por lo que esconde el mundo visto a cámara lenta.


Si usted acude a ver la exposición Bill Viola. Espejos de lo invisible, es posible que adopte la tradicional actitud del espectador que va leyendo los carteles deteniéndose en las obras que más le interesan. Tengo un consejo que darle. Acuda usted con tiempo. Que no le apremie la prisa porque si algo transmite esta muestra es un sentido lento del tiempo que necesitamos absorber dejándonos seducir por lo que esconde el mundo visto a cámara lenta. Nuestra vida está demasiado condicionada por la celeridad, por la instantaneidad, por el fogonazo, la abreviatura y el mensaje subliminal. Hay que bajarse de vez en cuando de esta enloquecida locomotora para recobrar el placer de la reflexión.

Bill Viola nos ayuda a recuperar la idea del tiempo como transcurso y no como una mera sucesión de instantes. Todavía es posible rescatar los matices que la belleza de la Naturaleza muestra si estamos dispuestos a acomodarnos a su ritmo.

Estamos ante uno de los grandes del llamado videoarte. Un lenguaje que transforma directamente le realidad audiovisual al grabar y almacenar los datos de forma sincronizada. En repetidas ocasiones ha comentado el autor que sus propuestas han ido evolucionando técnicamente al compás de la propia evolución tecnológica, desde lo analógico a lo digital, pero sin desdeñar texturas y calidades de imagen conseguidas por cámaras y grabadoras que hoy ya no se usan. Viola entiende el vídeo como una mente: “sin comienzo/sin final/sin dirección/sin duración”.


Sin embargo, no es el alarde técnico el principal elemento seductor de lo que se expone. Lo que interpela, lo que te va paulatinamente pausando el ánimo, es el amplio panorama reflexivo que se nos abre gracias al slow motion, al procedimiento de grabación a 300 fotogramas por segundo cuando la grabación normal de vídeo lo hace a menos de 30. Al reducir posteriormente la velocidad, la ralentización del movimiento nos permite percibir detalles antes imperceptibles con una nitidez y claridad inusitadas.


Es evidente que el agua tiene un significado especial para nuestro artista. Sus estudios orientados hacia la espiritualidad humana le han llevado desde la filosofía Zen, pasando por Budismo e Hinduismo hasta la mística cristiana. El agua es elemento purificador, asociado al nacimiento y resurrección, al dolor y la muerte, a la transparencia y el reflejo. La muestra nos ofrece una serie de obras en las que el agua protagoniza los montajes.



En los 7 minutos de duración de su conocida obra The Reflecting Pool (1977) vemos una piscina con agua en movimiento constante ante la que un hombre se acerca y salta congelándose el impulso antes de caer. Solo el líquido elemento y los ruidos que proceden del bosque trasero nos advierten del paso del tiempo. Al final el hombre sale de la piscina desnudo y se pierde en el entramado boscoso. Una bella alegoría de la depuración, de la vida como fin y comienzo continuos. De nuevo el agua aparece en su Autorretrato sumergido de algo más de 10 minutos, con gesto plácido como si de líquido amniótico se tratase pero sin olvidar el riesgo del ahogo.


El agua vuelve a aparecer como fundamento de la historia que se narra en The Innocents (2007) de 6´49” de duración y en Three Women, (2008) durante 9´06”. La cámara lenta nos señala al agua como umbral entre la vida y la muerte, entre el mundo espiritual y el terrenal, siempre dentro del concepto del eterno retorno y con una estética que se aproxima a grandes obras clásicas de la antigüedad.




El sentido de purificación es evidente en estas dos obras, Ablutions (7´01”) y Basin of Tears (6´01”), ambas de 2005. Se trata de dos pantallas en paralelo en cada una de las obras. Nos presentan una mujer y un hombre que se acercan en un caso a un chorro de agua en primer plano hasta cerrar sus manos bajo él como si de un rito de purificación zen se tratara; en las otras dos pantallas también una mujer y un hombre se acercan a dos pilas de agua para sumergir su cabeza en ellas. Todo sucede lentamente bajo una luz que recuerda a Caravaggio y Rembrandt y que parece indicarnos que las lágrimas son agua producto del dolor y que este también purifica.


No podemos dejar pasar la oportunidad de justificar el impacto que en Viola tiene el mundo de imágenes fijas de la iconografía cristiana. La muestra del Espacio Fundación Telefónica, presenta dos obras muy significativas al respecto.



En primer lugar destacamos Catherine´s Room (2001) 18´39”. Una proyección en cinco pantallas sucesivas que muestran diferentes tareas de una mujer en distintos momentos del día. Una ventana nos indica distintas actividades de la mañana, el mediodía, el atardecer, el crepúsculo y la noche en las que Catherine realiza tareas con ritmo pausado. Los escenarios son austeros y recuerdan la predela que Andrea di Bartolo creó en 1394-98 sobre Catalina de Siena y las Cuatro Beatas Dominicanas. La humildad de la santa parece haber contagiado el discurrir diario de Catherine en esas habitaciones en las que se afana en tareas diversas ante nuestros ojos. El pequeño tamaño no es impedimento para ver con suma claridad lo que la protagonista hace, gracias a una técnica de imagen que parece recordar procedimientos de cámara oscura en obras de pintores holandeses o venecianos.


A continuación destacamos dos obras espléndidas. En primer lugar, The Quintet of the Astonished del año 2000 con 15´20” de duración, que mostramos junto a Cristo Escarnecido o la Coronación de Espinas de 1485, un óleo sobre tabla de El Bosco.



Alegría, cólera, pena y miedo, son las cuatro emociones básicas que Viola reconoce. Pero es cierto que los matices gestuales de ellas nos han permitido extender el campo de significados. Dichos matices han de ser condensados en una sola imagen en el caso de la pintura, como ocurre en el ejemplo de El Bosco, pero podemos desmenuzarlos si un buen grupo de actores se presta a expresar emociones intensas de forma que la exposición a cámara lenta permita sumergirnos en ellas.

En segundo lugar, Study for Emergence (2002) de 11´9”, poniéndolo junto a la obra que parece inspirarla, la Pietá de Masolino (detalle), un fresco de 1424. La aparición desde una pila de mármol de un cuerpo blanquecino que se desploma al salir, es suficientemente expresivo como para no encontrar múltiples referencias relacionadas con obras de arte como la de Masolino, pero que podría haber sido de Tiziano, Mantegna o Antonello de Messina. De nuevo es el ciclo de la vida, el paso del tiempo, la espera y el dolor, transmitidos a través de una enorme belleza de imágenes ralentizadas.

Al artista le preocupa el mundo del gesto y los enormes secretos de comunicación que oculta. Nuestro lenguaje corporal es complejo y somos en función de lo que expresamos.

Las manos han sido un vehículo gestual paradigmático en diferentes culturas y eso es lo que se deduce de la proyección continua de 2001, Four Hands. Niño, padre, madre y abuela, recogen con las manos estados emocionales a los que podemos llegar investigando diferentes tradiciones tanto en Oriente como en Occidente.


Terminamos esta reseña con una obra que no podía faltar. Se trata de una experiencia visual emocionante y perturbadora. Es la obra más reciente que incorpora la muestra (2014) y se llama , Mártires (tierra, aire, fuego y agua), cuatro proyecciones de 7´10” cada una, que invitan a reflexionar sobre los cuatro elementos primigenios de la Naturaleza a los que en este caso el ser humano se enfrenta desde significados simbólicos de amplio espectro. La Tierra que nos acoge y de la que nos liberamos, el Fuego que nos devora, el Agua que purifica y ahoga y el Aire que nos da vida pero nos azota. Frente a otras obras, aquí no hay sonido y conviene situarse en el centro de la sala para entender la resistencia al dolor de los humanos mientras se observa alternativamente el principio y final de cada pantalla. Los mártires se muestran impasibles, conscientes de que la vida acaba triunfando sobre la muerte por mucha penuria a la que nos sometamos.

Siete minutos para una experiencia inolvidable.

Ninguno de los comentarios realizados aquí, y mucho menos las imágenes que se incorporan, pueden sustituir la obligada visita a la muestra que nos ofrece la planta cuarta del Espacio Telefónica. Disfruten de nuevo de una experiencia gratuita y conmovedora que nos hará buscar otras formas de entender el tiempo para experimentarlo en toda su capacidad de deleite.


Heraclio Gautier

91 vistas
LOGO_TRINCHERACULTURAL

¡Síguenos en nuestras redes sociales!

  • Twitter Social Icon
  • Icono social Instagram
  • Facebook icono social
  • Icono social de YouTube
  • ivoox
  • issuu

2018. Creative Commons Trinchera Cultural.