• Trinchera Cultural

El Decamerón: lectura para la pandemia


Winterhalter, F (1837). El Decamerón. Óleo sobre lienzo.

Vivimos tiempos extraños, tiempos en los que nuestra casa se ha convertido en nuestra trinchera, pero también vivimos tiempos donde podemos recuperar viejas lecturas.

Hoy quiero hablaros del Decamerón, escrito por Giovanni Bocaccio en 1352.

Esta obra narra la historia de diez jóvenes, siete chicas y tres chicos de entre diecisiete y treinta años, que se refugian en una villa campestre cerca de Florencia huyendo de la Peste Negra; allí, por la tarde, y durante diez días, cada uno contará una historia, para dar un total de cien historias (de ahí el nombre, del griego deca-diez, emeron-día).

La península Italiana era, a mitad del siglo XIV, un conjunto de reinos, repúblicas y estados de gran complejidad, surgidos tras el debilitamiento del poder del Imperio Romano-Germánico. La zona norte, y en concreto la Toscana, habían vivido un enorme florecimiento económico e industrial durante el siglo XIII y la primera mitad del XIV: la industria textil, organizada a través de los distintos gremios, tuvo un enorme auge, lo cual influyó en el pensamiento y la organización política.

En plena Edad Media, y tal y como afirma Carmen Apprato [1], en Florencia se fraguó una especie de “proto-capitalismo”, donde la nobleza había perdido el poder político, y donde ésta se había mezclado con la burguesía, invirtiendo en los negocios y transformándose en una aristocracia urbana mercantil.

Esta obra fue escrita en los años más duros de la peste.

Esta terrible enfermedad, causada por la bacteria Yersinia pestis, originaria de Asia, llegó a Europa a través de las Rutas de la Seda, y fue extremadamente letal: se calcula que debido a la pandemia murió un tercio de la población europea. A la peste se sumó una época de carestías y malas cosechas, unido a la proliferación de conflictos bélicos, tales como la Guerra de los Cien Años (1337-1453), las revueltas campesinas o, en Italia, la lucha entre los diferentes Estados.


La peste supuso, en palabras del propio Bocaccio, la desestructuración del sistema político, familiar y social: “los hijos rechazaban a sus padres, los amigos se mataban entre ellos, había quien se dedicaba al rezo, y quien por otro lado caía en los placeres del vino y de la carne”.
3. Brueghel, P (1562). El triunfo de la muerte. Óleo sobre tabla.
Ante esta realidad, Bocaccio nos muestra una obra que canta a la vida, a la belleza y al amor, prefiriendo el humor al sentido trágico de la existencia.

Los temas principales de esta obra son dos: las mujeres y el amor.

El libro, de hecho, se lo dedica a las mujeres porque en sus delicados pechos esconden pudorosamente las llamas amorosas en que se consumen, fuego tanto más vivo cuanto más oculto está (…) Por otra parte, compelidas por la voluntad, los caprichos y órdenes de padres, madres, hermanos y maridos, estas mujeres pasan la mayor parte de su tiempo encerradas en sus habitaciones (…) Y cuando, por tales motivos, invade su alma alguna melancolía de ardiente deseo, han de soportarla con infinita tristeza.


En Florencia, desde el siglo XIII, se había ido desarrollando una corriente poética conocida como el “dolce stil nuovo”, basado en el amor cortés, de la mano de autores como Guido Cavalcanti, Dante Alighieri o Francesco Petrarca. Este amor señalaba a la mujer como la intersección entre el poeta y Dios, como la sublimación perfecta del amor, a medio camino entre el deseo carnal y la fe cristiana.


En la Divina Commedia, Beatrice, el amor idealizado de Dante (y a quien le dedicó la Vita nuova), es quien le acompaña en su tránsito por el Paraíso; Petrarca le dedica a Laura el Canzioniere, 366 poemas (el primero es la introducción), un año, una vida, amando a esa mujer. Sin embargo, ni Laura ni Beatrice existen por sí mismas, son sublimaciones de los poetas. Sobre Laura, existen dudas acerca de si verdaderamente existió; Beatrice sí existió, pero Dante la vio dos veces en su vida, y la primera fue cuando tenía doce años.

Esta idea, ridiculizada siglos después por Miguel de Cervantes a través del personaje de Dulcinea, elevaba tanto a la mujer que la deshumanizaba y la transfiguraba; la mujer a la que cantan estos poetas no es real, es una mera creación literaria desprovista de toda imagen, un objeto que lleva a la salvación o a la perdición de los poetas, pero un objeto a fin de cuentas.


Bocaccio, contemporáneo de estos poetas, nos muestra una imagen de la mujer radicalmente opuesta.

El Decamerón muestra a mujeres que aman y son amadas, que desean y son deseadas, que odian y son odiadas; así, este autor devuelve a las mujeres su apariencia de carne y hueso, de la que otros poetas habían tratado de desprenderse. Las mujeres aman y sufren con la misma intensidad que los hombres, pero la sociedad les niega ese derecho.

El cuento tercero de la segunda jornada, por ejemplo, habla de un joven usurero que, habiendo sido enviado por sus tíos a Inglaterra para hacer fortuna, decide volver a su ciudad natal. Por el camino se encuentra con un joven abad, que viaja en dirección a Roma para conseguir una dispensa debido a que, por su juventud, no puede ejercer el cargo. Una noche, ambos deben compartir habitación en una posada, y allí, el abad, que es en realidad la hija del rey de Inglaterra y que se había enamorado del joven, le revela su identidad, y que su propósito de viajar a Roma era conseguir que el papa le proporcionase un marido a quien poder amar, evitando así un matrimonio de conveniencia con el rey de Escocia. Una mujer, la hija del rey de Inglaterra, decide escapar a los deseos de su padre, y en su lugar escoge amar no a un príncipe ni a un rey, sino a un usurero.

Aquí, el amor se enlaza con el eros. El deseo, sublimado y escondido por otros poetas, es normalizado por este autor.

El Decamerón está plagado de relaciones extramatrimoniales, de aventuras y de escarceos amorosos. El primer cuento de la tercera jornada, por poner otro ejemplo, narra la historia de un hortelano que se hace el mudo para poder entrar a trabajar en un convento; allí, una a una, las jóvenes monjas empiezan a “disfrutarle” aprovechando su supuesta carencia del habla, hasta que el pobre, fatigado de tantos esfuerzos, termina por desvelar el engaño y pidiendo poner cierto orden para dar abasto.

4. Imagen tomada de la película “Il decamerone”, de Pier Paolo Pasolini (1971).

La moral que plantea el autor es relativa y problemática, pues no existe por sí misma sino que depende de las acciones de cada personaje; no existe un código ético concreto, ni para los caballeros, ni para los miembros del clero, ni para las mujeres.

En plena Edad Media, los personajes del Decamerón saltan por encima de cualquier convencionalismo social y económico; en este sentido, esta obra es revolucionaria, ya que plantea la posibilidad de escapar al destino impuesto, y de enfrentar a la fortuna con el ingenio.

El mundo de Bocaccio, por lo tanto, es filosóficamente materialista. La divinidad y los santos están ausentes en esta obra; no intervienen ni interceden en ningún momento. El Decamerón se desprovee de las pesadas vestiduras de la moral y de la fe cristiana, para mostrarnos un mundo que merece la pena vivirlo; esta obra es ferozmente vitalista y se alza en contra del principio de que la realidad es un “valle de lágrimas”, un paso incómodo pero necesario para alcanzar la vida eterna. El “Beatus Ille” (dichoso aquel) y el “Sursum corda” (arriba los corazones) serán los tópicos centrales del libro.

1. El Bosco (1505). El jardín de las delicias. Óleo sobre tabla
Además, el Decamerón es francamente divertido y entretenido de leer.

El humor y las situaciones hilarantes son constantes, y yo, he de reconocer, he soltado más de una buena carcajada leyéndolo. Aunque el título pueda asustar, lo cierto es que este libro es de lectura sencilla; existen en internet, además, buenas traducciones de acceso libre.


Ahora bien, ¿de qué nos puede servir la lectura de esta obra?


Como historiadores, el Decamerón es una fuente de primer orden. Esta obra, como hemos mencionado anteriormente, es una recopilación de cuentos bajo un nexo común. En este sentido, podríamos enlazar esta obra con El Conde Lucanor, escrita por Don Juan Manuel en 1335, con Los cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer (1400) o Las mil y una noches. Estas obras nos muestran algo que, por la carencia de fuentes, es difícil de estudiar: la vida cotidiana y el pensamiento social más allá de los grandes hechos. Por poner un ejemplo: la higiene. Solemos tener en la cabeza la falsa idea de que en la Edad Media las personas no se lavaban, o si lo hacían era raramente; sin embargo, en muchos de los cuentos los personajes se lavan y se bañan, sin que esto maraville al autor.


Y, finalmente, como lectores esta obra nos sirve para reencontrarnos con la vida más allá de los infortunios o la desgracia. Vivimos en un tiempo en el que es fácil caer en el pesimismo y la melancolía; aquí, el Decamerón puede ayudarnos para reencontrarnos con la belleza, con el bello placer de estar vivos.


Alberto Moreno

[1] Apprato, C (1980). Economía y sociedad en la Edad Media. Madrid: Cincel-Kapelusz.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


- Apprato, C (1980). Economía y sociedad en la Edad Media. Madrid: Cincel- Kapelusz.

- Lupernini, R. Cataldi, P. Marchiani, L. Marchese, F (2011). La scrittura e l’interpretazione. Storia della letteratura italiana nel quadro della civiltà europea. Florencia: Palumbo Editore

- García de Cortázar, J y Sesma Muñoz, J (2008). Manual de Historia Medieval. Madrid: Alianza Editorial.

- Bocaccio, G (1952). Il Decamerone. Turín: Letteratura Italiana Einaudi (1352)

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