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El coronel no tiene quien le escriba (teatro Infanta Isabel)

Actualizado: 4 de jun de 2019

Lugar de representación: Teatro Infanta Isabel

Desde 15 May. 2019 - 30 Jun. 2019

Cartel de la obra teatro Infanta Isabel
“Es la misma historia de siempre…” “Nosotros ponemos el hambre para que coman los otros…”

El coronel no tiene quien le escriba es una obra corta y fácil de leer, por lo tanto admite lectores muy jóvenes y menos jóvenes; pero al mismo tiempo es una obra simbólica, que admite profundas lecturas de gran contenido social.


Consta de siete capítulos y las acciones de la novela se desarrollan entre octubre de 1956 y enero de 1957. La historia se va relatando en tiempo pasado, presente y futuro; da saltos al pasado junto con los recuerdos de varios personajes. Pero la mayoría de los hechos y acciones ocurren en tiempo presente y esto facilita su dramatización.

El ambiente es real porque la historia transcurre en un pequeño pueblo sin nombre en el que la gente vive resignada a la tristeza de su entorno.

Al empezar la representación no podía evitar ver en el escenario a Antonio Alcántara (es lo que tiene ser el trasunto de un personaje tantos años en un medio tan potente como la televisión). No me pierdo ni un capítulo de la serie aunque me obligue a verle, como él dice, "como un galán otoñal".


En 1955 Gabriel García Márquez fue a Europa como corresponsal del periódico colombiano El Espectador. En este período, el escritor se encontraba en París sin trabajo y sin dinero; en 1956 su periódico había sido clausurado por el régimen dictatorial de Rojas Pinilla; la nueva versión del periódico El Independiente, tuvo la misma suerte en abril del mismo año. Esta experiencia directa, personal de la pobreza, seguramente proporcionó al autor una de las claves ambientales de la novela.


En 1961 García Márquez publicó El coronel no tiene quien le escriba. Fue incluida en la lista de las 100 mejores novelas en español del siglo XX. El propio García Márquez reconoció tras escribirla que era la más simple de las novelas que había escrito hasta la fecha. La obra está llena de símbolos: el gallo, la lluvia, la carta, la censura… Es una obra existencial, de emociones, de incertidumbre y contradicciones que refleja la situación penosa de Colombia, pero trasladable a cualquier rincón del mundo.


En El coronel… el pueblo actúa pasivo ante las represiones y eso refleja el olvido social de parte de la política y de las instituciones. El único modo de “liberación” que pueden presentar sus habitantes es, irónicamente, por medio de la verdadera y única posesión del coronel: su gallo de pelea.

Este gallo se convierte en un símbolo de la resistencia popular. Vargas Llosa (Historia de un deicidio, Barral 1971) le adjudicaba al gallo rango de metáfora política.

Imágenes teatro Infanta Isabel

Nos encontramos ante un juego de contrarios: entre el iluso y quijotesco coronel anónimo y su sufrida y realista esposa, en medio de los cuales vaga el simbolismo de ciertas figuras para poder componer un relato espléndido que alcanza cualquier dimensión humana posible. Su historia es universal, totalizadora. El coronel se convierte así, en signo y consecuencia de los males de las épocas de terror. La única posibilidad de salvación es conservar la esperanza dentro de sí. Renunciar a ello supone renunciar a sus principios, a su ser. Por ello sólo le queda esperar que finalmente le llegue la pensión o la muerte


Los desempleados de larga duración, adultos o jóvenes, los desahuciados, los sin techo y los indigentes, los clientes de comedores sociales, los que llegan en pateras, los refugiados….Todos ellos no tienen quien les escriba.

No sé si conservan algún gallo que alimente su esperanza. No sé si este gallo se alimenta de carne humana o simboliza ese plan de pensiones privado que hemos ido engordando pensando en un futuro rescate, sin apreciar que ya está en manos de un fondo buitre; se llame don Sabas o tenga el nombre de una decente corporación.



Hablar de García Márquez y hacerlo a través de una de sus obras más brillantes, llevada ahora a la escena con texto de Natalio Grueso bajo la dirección de Carlos Saura, resulta difícil por la enorme cantidad de sugerencias que permite.


Los valores (la dignidad, la solidaridad) son intemporales pero también lo son la desdicha y el desconsuelo que tienden a poner a prueba casi siempre a los mismos, a los héroes ocultos que resisten a pesar de la devastadora realidad que se ceba en ellos concentrando desgracias que deberían repartirse entre todos.

Un montaje sencillo y eficaz en una interpretación correcta de un elenco solvente. La gente se puso en pie al terminar la función exigiendo varias salidas del reparto.

Creo que hubo en esos vítores mucho de reconocimiento a una de las obras más trascendentales de la Literatura Hispanoamericana.

Desde luego, yo salí con ganas de llegar a casa y releerla. Después de hojear el libro (y creo que por mucho tiempo) el digno coronel tiene ya la imagen del actor Imanol Arias.


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