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Dorothea Tanning: más allá de lo carnal

Actualizado: 26 de feb de 2019


Heraclio Gautier, nuestro colaborador para temas de arte se ha acercado al Museo Reina Sofía para ofrecernos una particular visión de las obras expuestas por Dorothea Tanning, artista de la que os hablaremos en este nuevo artículo.


Os animamos a que visitéis la exposición, que estará disponible hasta el próximo 7 de enero, y a que sigáis nuestros artículos de arte a través de la sección: Trinchera con Arte.


EXPOSICIÓN:

"Dorothea Tanning. Detrás de la puerta, invisible, otra puerta"

UBICACIÓN:

Museo de Arte Reina Sofía (Edificio Sabatini, planta 3)

ENLACE:

www.museoreinasofia.es/exposiciones/dorothea-tanning

DISPONIBILIDAD:

Hasta el 7 de enero de 2019.

Dorothea Tanning: más allá de lo carnal


Dorothea Tanning, 1928

El día estaba plomizo. Para salir de casa tuve que atravesar tres puertas antes de pisar la calle.


Eso me hizo recordar a Juan José Millás y su obsesión con los armarios. ¿Qué ocurre en su interior cuando están cerrados? Probemos a encerrarnos en uno y descubriremos una invisible puerta que nos conecta con el resto de armarios del mundo. Esta idea despertaría la imaginación de cualquiera.


Esta idea despertaría la imaginación de cualquiera.

A mí, nada más salir de la estación de Atocha, me estimuló para imaginar que al abrir la puerta del armario y salir de él, entraba en un mundo de viandantes ajenos a la conversación entablada entre Rafael Moneo y Velázquez Bosco a través de los edificios de la Estación y del Ministerio de Agricultura.


Ambos discutían sobre el concepto de lo clásico en Arquitectura. Los escuchaba yo mientras algo más lejos, el edificio de Sabatini, el antiguo Hospital de San Carlos, intentaba poner orden en la disputa.


Volví a la realidad tomándome un descafeinado en el Café de la Reina mientras observaba el imponente aspecto del Museo Reina Sofía, al que solo las dos torres de cristal que alojan los ascensores confieren el aire de modernidad suficiente como para evitar el pensamiento de que si accedía a él, acabarían operándome de algo.


Aunque Dorothea Tanning aparece en la Historia del Arte Contemporáneo, el gran público (entre el que me encontraba) no la conoce.

La exposición se organiza en ocho áreas temáticas pero había decidido recorrerla desde un nivel cero, sin nada que predispusiera u orientara el juicio salvo el tiempo y el espacio, es decir, la fecha de cada obra y el lugar en el que fue creada.


Anduve por las amplias salas de principio a fin y en orden inverso, hasta decidir el título de esta reseña: Dorothea Tanning: más allá de lo carnal.

El posterior repaso que hice a su biografía me sirvió para arrancar mi visión particular de lo expuesto con estas tres obras: Autorretrato, 1944; ¿De qué amor? 1970 y Woman Artist, Nude, Standing, de 1985-87.


Lo hice porque aprecié un intento constante en la artista por presentar una imagen de sí misma alejada de los estereotipos adjudicados a la mujer.


Aprecié un intento constante en la artista por presentar una imagen de sí misma alejada de los estereotipos adjudicados a la mujer.

Su infancia, su adolescencia, estuvieron determinadas por la soledad que pudo experimentar en una familia convencional cuyas hermanas no compartían los viajes que con su desbordada imaginación realizaba más allá del mundo real.


El Autorretrato que pinta en 1944 es fiel reflejo de esa sensación de desnudez ante la Naturaleza sublime, austera, interpretada en las tonalidades verdes y desde una concepción paisajística que recuerda el romanticismo de Friedrich. Aparece sobrecogida, a punto de adentrarse por una de esas puertas que se abren a una realidad paralela.


En 1970, con el título ¿De qué amor? una mujer aparece encadenada a una columna. Es una forma blanda voluptuosa y sin rostro; enormemente expresiva.


Durante esos 25 años ha compartido su vida con Max Ernst, unas veces a su sombra, otras proporcionándole luz, pero reivindicando la necesidad de romper las ataduras que impiden a las mujeres moverse con libertad, orgullosas de su talento, de su cuerpo y de la lucha por encontrar su posición en el mundo.


Durante esos 25 años ha compartido su vida con Max Ernst, unas veces a su sombra, otras proporcionándole luz, pero reivindicando la necesidad de romper las ataduras que impiden a las mujeres moverse con libertad, orgullosas de su talento, de su cuerpo y de la lucha por encontrar su posición en el mundo.

Seis años después muere su pareja y ella regresa a Estados Unidos. Una clara liberación se produce cuando decide mostrarse a sí misma con su carnalidad enmascarada pero adivinándose una nueva diosa del amor adornada con mantilla y flor. Woman Artist, Nude, Standing, de 1985-87 con setenta y cinco años de edad y con la misión cumplida.


En esta dilatada historia artística no faltarán la ilustración, la escultura, la novela y la poesía. En la exposición de 1936 Fantastic Art, Dada, Surrealism, de Nueva York, encontró Tanning la vía por la que hacer circular la poderosa locomotora de sus sueños, sus pesadillas, su sexualidad, sus temores y trasladarnos una imagen simbólica de su mundo interior.


Aprovechándose de una enorme habilidad para el dibujo nos invita mediante el recurso del surrealismo de vía objetiva a enfrentarnos a las puertas que no queremos abrir porque quizá conduzcan a donde no queremos ir. Esa sensación tenemos al observar obras como Juego de niños ,1952.


Juego de niños, 1952

Una estancia alargada y estrecha con una puerta al fondo; puerta salvadora (como las escaleras en la obra de Miró) o aquella por la que han entrado estas tres niñas. Una yace y solo vemos sus piernas. Las otras dos se afanan en arrancar el papel de la pared para dejarnos ver la pesadilla que allí se oculta.


La línea clara deja paso a la mancha de color en obras posteriores en las que la apariencia de fresco se pone al servicio de una acusada carnalidad, de una liberación del cuerpo con el recurso surrealista del intercambio de imágenes.


Así entran en simbiosis los dos cuerpos inferiores como si de un combate por el espacio se tratara en el Retrato de familia de 1977.


Retrato de familia, 1977

Algo parecido nos encontramos en esta interpretación simbólica de lo que es la supervivencia de las relaciones: en Vidas de Tango de 1977, resume la vida como baile y combate en una composición equilibrada de luces y sombras en la que uno de los personajes se posiciona firme en el piso mientras los fondos recuerdan los de algunas bailarinas de Degas y anuncian las formas caleidoscópicas de obras posteriores.

Vidas de tango, 1977

En las obras de la artista, la mujer genera un fuerte desconcierto en el espectador.

Retrato de familia, 1954

A veces nos presenta su fragilidad, a veces su potencial sexual, siempre su complejidad y de forma permanente su espíritu de denuncia; sea esta sobre el abuso del patriarcado familiar como en el Retrato de Familia de 1953-54 o sobre la moral luterana que padeció en su educación juvenil y a la que da jaque mate en un tablero de ajedrez que compartió con Max Ernst y que ahora sirve como palestra en la que un zapato de tacón aplasta la mitra de un obispo (Fin de partida, 1944).


Fin de partida, 1944

En suma, un recorrido muy sugerente, en el que las puertas que tuve que atravesar para salir del confort de mi casa son las mismas puertas que Dorothea Tanning abre al mundo del subconsciente convencida de que allí hay otra realidad en la que se puede sistematizar la confusión, dando validez a lo dicho por Jean Epstein:

<< un grado medio de paranoia, aceptado y lógicamente ordenado es lo que llamamos “punto de vista objetivo”>>.

Nuestra artista fue exponente claro de la pasión creadora que consume a quien entra en contacto con las musas, de forma que hasta el último instante de su vida quiso trabajar para alumbrar su última porción de belleza: con cien años cumplidos publicó su segundo libro de poemas, Coming to that, 2011.



Heraclio Gautier.

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