• Trinchera Cultural

Del “I have a dream” al “I can’t breathe”La lucha contra la discriminación racial en EEUU.

Actualizado: jul 1


El pasado 25 de mayo George Floyd, un afroestadounidense de 46 años de edad, moría a manos de la policía tras ser arrestado en Mineápolis, Minesota. Su delito: haber intentado pagar con un billete de 20$ presuntamente falso en un comercio local.

Las imágenes grabadas por testigos de lo ocurrido muestran cómo Derek Chauvin, uno de los 4 agentes implicados, presionó con su rodilla el cuello de Floyd durante casi 9 minutos, a pesar de que éste exclamó en varias ocasiones “I can’t breathe” –no puedo respirar. Su grito ha dado la vuelta al mundo y se ha convertido en lema de las mayores protestas contra la discriminación racial en Estados Unidos desde el asesinato en 1968 Martin Luther King. Más de 50 años después parece que muy poco ha cambiado en un país en el que la muerte de ciudadanos negros a manos de la policía es un titular recurrente pero ante todo la punta del iceberg de un problema estructural mucho mayor.

Hoy en La Cápsula del Tiempo echamos la vista atrás para analizar los orígenes históricos de este problema y cómo la comunidad afroestadounidense se ha enfrentado a él a lo largo de los siglos.
Altar improvisado dedicado a George Floyd en Mineápolis, Minesota, 2020, CNN Español.

Los primeros africanos en pisar suelo americano llegaron como esclavos a las costas de Virginia en el año 1626, [1] cuando el territorio era una colonia inglesa. Desde entonces cientos de miles de esclavos negros, la mayoría procedentes del Golfo de Guinea, [2] fueron llevados a Norteamérica en condiciones tan deplorables que se estima que en torno al 20% de ellos moría durante la travesía, ya fuera por enfermedad, hambre, suicidio o los severos castigos a los que eran sometidos si se rebelaban. [3] Tras un largo período de ambigüedad legal la esclavitud se fue institucionalizando en las colonias sureñas a partir del año 1600, y a la altura de 1700 todas ellas la amparaban legalmente. [4]

Tras la independencia de Estados Unidos en 1776 la versión final de la Constitución de 1787 ignoró por completo el problema de la esclavitud, a pesar de que ya entonces algunos ilustrados estadounidenses como Thomas Paine, Benjamin Rush o Richard Wells alzaron la voz contra lo que consideraban una vulneración de los “derechos naturales de toda persona” y un acto de hipocresía. [5]


Mapa de las Trece Colonias británicas hacia 1775.
Las duras condiciones de vida de los esclavos contribuyeron a establecer fuertes lazos de solidaridad y amplias redes de apoyo entre la comunidad negra.

En la mayor parte de los casos las reacciones a los abusos de los amos blancos se articulaban en forma de huidas –como las organizadas de 1850 a 1860 por Harriet Tubman mediante el llamado “ferrocarril subterráneo”– o en la reducción del ritmo de trabajo –política de brazos caídos–, y no tanto en la organización de unas revueltas que, de no estar bien coordinadas, estaban condenadas al fracaso. [6] No obstante hubo varios episodios de este tipo, destacando la Revuelta de Nat Turner ocurrida en el año 1831.

Pero si los esclavos negros empezaban a organizarse para buscar la libertad los propietarios blancos también hacían lo propio para impedirlo. Un primer paso fue la Fugitive Slave Act de 1793, que obligaba a devolver a los esclavos fugitivos al Estado del que habían huido. [7] Conscientes también del peligro de una posible alianza entre esclavos negros y blancos pobres, la élite sureña empleó en numerosas ocasiones a estos últimos como capataces de los esclavos, convirtiéndolos así en “parachoques del odio negro”. [8] Pero más importante que la represión fue quizá el control ideológico sobre los esclavos, recurriendo a la religión para inculcar la idea de que la resignación era la mejor forma de alcanzar el Reino de los Cielos, donde el negro al fin sería libre. [9]

Cartel ofreciendo una recompensa de 100$ por una esclava de 17 años llamada Emily fugada en Kentucky, 1853.

Ahora bien, fue también la religión desde donde comenzó a denunciarse la esclavitud. La primera comunidad cristiana en hacerlo fue la de los cuáqueros en 1688, a los que siguieron los metodistas en 1830 y los mormones en 1850. [10] De hecho el abolicionismo surgió a partir del año 1790 en el marco de un movimiento religioso conocido como Segundo Gran Despertar, aunque no fue hasta la década de 1830 cuando cobró fuerza junto con otros movimientos de reforma. [11]

No obstante, sería un error pensar que la abolición de la esclavitud fue entendida por la mayoría de estadounidenses como una medida dirigida a la integración de los negros.

La idea, por el contrario, era que el fin de la esclavitud diese paso a una sociedad enteramente blanca. [12] Una propuesta para atajar esta cuestión fue la deportación de los esclavos a África, medida que en 1822 fue materializada por la American Colonization Society con el envío de 13.000 libertos negros a Liberia – tierra que les era completamente ajena. Sin embargo esta medida fue algo anecdótico, y la esclavitud continuó extendiéndose por los Estados del Sur. [13] Según el censo de 1860 –un año antes de estallar la Guerra de Secesión–, de los 12 millones de habitantes que había en los 15 Estados sureños 4 millones eran esclavos negros. [14]

B. Brady, Mathew: fotografía de un esclavo negro de Mississippi llamado Peter con la espalda cubierta de cicatrices a causa de los latigazos, 1863, Administración Nacional de Archivos y Registros de Estados Unidos.

Contrariamente a la opinión generalizada, la Guerra de Secesión (1861-1865) no fue motivada por un deseo altruista de abolir la esclavitud por parte del presidente Abraham Lincoln o del Partido Republicano al cual pertenecía, sino por la rivalidad de dos modelos económicos antagónicos, representados por un Norte industrializado y liberal y un Sur esencialmente agrario y esclavista.


Para mantener el equilibrio entre ambos modelos se adoptó en 1820 el Compromiso de Missouri, por el cual se propiciaba la incorporación de nuevos Estados a la Unión de dos en dos, uno esclavista y otro no, hasta que finalmente la élite empresarial del Norte decidió que había llegado el momento de fagocitar el modelo económico del Sur. La abolición de la esclavitud fue, simplemente, una consecuencia de dicho objetivo, no un objetivo en sí. [15]

Mapa de la Guerra de Secesión o Guerra Civil (1861-1865): en amarillo los Estados de la Unión (no esclavistas), en lila los Estados de la Confederación (esclavistas), en naranja algunos territorios fronterizos y en verde los territorios que aún no habían sido reconocidos oficialmente como Estados.

Tras la guerra dio comienzo la llamada Era de la Reconstrucción (1865-1877), durante la cual fueron siendo reconocidos los derechos de los afroestadounidenses. En 1865 fue aprobada la 13ª Enmienda de la Constitución, que abolía finalmente la esclavitud. Poco después, en 1868, la 14ª Enmienda confirió la ciudadanía a los negros, y en 1870 la 15ª Enmienda prohibió expresamente privar a cualquier ciudadano de su derecho a voto. [16] Fue también en esta época cuando aparecieron las primeras organizaciones supremacistas en el Sur, siendo la más famosa el Ku Klux Klan. Surgido en 1866 y refundado en 1915, llegaría a contar con 5 millones de miembros en 1920, [17] si bien a partir de 1940 iría perdiendo su carácter unitario. [18]

Miembros del Ku Klux Klan en una reunión en Chicago, c. 1920, Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

Una vez concluida la Era de la Reconstrucción comenzaron a promulgarse en el Sur las llamadas Leyes de Jim Crow, que amparándose en la doctrina “iguales pero separados” permitían la segregación racial de los negros en el uso de servicios públicos. [19]


En 1896 el Tribunal Supremo promulgó la Sentencia Plessy, que partiendo de una sesgada interpretación de la 13ª y 14ª Enmienda daba paso a la institucionalización de la discriminación. El Sur consiguió autonomía para resolver por su cuenta la cuestión racial y el Norte lo consintió tácitamente. Incluso el derecho a voto fue restringido, no sólo entre los negros sino también entre los blancos pobres. [20]


Jim Crow, personaje teatral de Thomas D. Rice que representaba los estereotipos racistas existentes en torno a la población negra a principios del siglo XIX y que posteriormente dio nombre a las leyes de segregación racial de los Estados del Sur, 1832.

Ante este acusado retroceso de los derechos civiles no tardaron en surgir líderes dentro de la comunidad negra que denunciaron la situación de su gente en los Estados sureños.


En 1909 el sociólogo de orígenes haitianos William Edward Burghardt Du Bois fundaba junto con blancos y negros la Asociación Nacional para la Promoción de las Personas de Color, y poco después, en 1914, el panafricanista jamaicano Marcus Garvey formaba la Asociación Universal para la Promoción de la Negritud.



Tras la I Guerra Mundial el foco del conflicto racial se trasladó a los grandes núcleos industriales en un contexto de crisis y desempleo. [21] En aquellos años cobró importancia un sindicato revolucionario llamado Trabajadores Industriales del Mundo, el único que permitía afiliarse a personas negras. [22]


No obstante, por lo general los afroestadounidenses no sintieron demasiada afinidad hacia socialistas o comunistas, dado el liderazgo blanco de éstos y el temor a ser aún más estigmatizados si se asociaban con idearios tan radicales. Por supuesto hubo excepciones, como lo fue la Hermandad de Sangre Afroamericana fundada en 1918 por Cyril Valentine Briggs y cuyas posiciones evolucionaron desde el socialismo hasta el comunismo. [23]


Tras décadas de conflicto racial latente, el caso de Rosa Parks –la mujer afroestadounidense que en 1955 fue arrestada por negarse a ceder su asiento en la sección reservada para blancos de un autobús de Montgomery, Alabama–, marcó el inicio del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos. Punto álgido de las protestas fue, sin duda, la Marcha sobre Washington de 1963, en la que el pastor afroestadounidense y activista defensor de la no violencia Martin Luther King pronunció su famoso discurso “I have a dream” –“Tengo un sueño”. La movilización logró reunir a unos 300.000 manifestantes –de los cuales un 20% no eran negros–, atraídos por un discurso inclusivo que no centraba sus reivindicaciones en el aspecto racial sino ante todo en el económico. [24] Dicha manifestación fue clave para que un año después, en 1964, fuese aprobada la Ley de Derechos Civiles, que prohibía cualquier tipo de discriminación racial en los Estados Unidos. [25]

K. Leffler, Warren: Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad, 1963, Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Pero no todos los líderes negros apoyaron las premisas de Martin Luther King.

Buen ejemplo de ello es Malcom X, uno de los principales miembros de la Nación del Islam entre 1952 y 1964.


Fundada hacia 1930, se trataba de una congregación de afroestadounidenses que adoptaron el islam en oposición al cristianismo, al que consideraban una religión de blancos.


Frente al discurso de la no violencia propugnaron la necesidad de defenderse de los ataques que sufría la comunidad afrodescendiente, llegando incluso a proclamar su superioridad sobre los blancos.



S. Trikosko, Marion: Martin Luther King (izq.) y Malcom X (dcha.), 1964, Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

También con una línea discursiva más radical que la de Luther King, aunque en este caso desde los postulados del marxismo, destacaron los miembros del Partido Pantera Negra o Black Panthers.


Fundado en 1966, abogó también por la necesidad de defenderse por medio de las armas, reivindicando en sus primeros años la creación de un Estado negro independiente en el Sur, la República de Nueva África. [26]






Cozzi, Angelo: los corredores afroestadounidenses Tommie Smith y John Carlos haciendo el saludo asociado al Black Power durante los Juegos Olímpicos de México, 1968, Arnoldo Mondadori Editore.

En cualquier caso, y a pesar de los importantes avances legislativos de los años 60, el problema de la discriminación racial estaba lejos de haber quedado resuelto, tanto a nivel socio-económico como judicial.


A nivel socio-económico porque las cifras siguen mostrando una clara relación entre el color de la piel y el nivel económico en Estados Unidos, ya que tras la crisis de 2008 el 85% de las familias negras posee una renta inferior a la media de las familias blancas. [27]


A nivel judicial porque, si la esclavitud fue sucedida por la segregación, ésta fue reemplazada por un régimen penal encubiertamente racista, tal y como denuncia la abogada Michelle Alexander. [28]


El sociólogo Loïc Wacquant habla directamente de un fenómeno de “hiper-encarcelamiento”, y señala que los sujetos afectados por dicho sistema son seleccionados por su clase, raza y territorio. [29] Si tras la II Guerra Mundial el 70% de la población reclusa estaba compuesta esencialmente por blancos, a finales de siglo los negros y los latinos habían pasado a formar ese 70%. [30] Según Wacquant, la expansión del sistema penitenciario que se produjo a partir de mediados de los años 70 es una respuesta política al colapso del gueto, que tras perder su función de confinamiento racial fue siendo reemplazado en este cometido por la cárcel. [31]


A ello hay que añadir la brutalidad y el racismo policial de Estados Unidos, donde un afroestadounidense tiene 3 veces más posibilidades de morir a manos de la policía que un blanco.


En el 99% de estas ocasiones los agentes implicados ni siquiera son imputados, y menos del 0’3% es condenado. [32] Es el caso George Zimmerman, el policía que en 2012 mató en Florida a Trayvon Martin –y a partir de cuya absolución surgió el movimiento Black Lives Matter–, o de los agentes implicados en 2015 en la muerte de Freddie Gray en Baltimore, tras la cual se desató también una oleada de grandes protestas. A pesar de coincidir con el mandato del primer presidente negro del país la postura de Barak Obama en este y otros casos similares fue la equidistancia, limitándose a recomendar reformas en las prácticas policiales. [33]

Burton, Andrew: un grupo de manifestantes durante las protestas antirracistas de Baltimore, 2015, CNN.

La gestión del actual presidente Donald Trump no ha hecho sino encender aún más los ánimos de una comunidad negra hastiada ya de la impunidad con la que es constantemente atacada. El asesinato de George Floyd no ha supuesto ninguna excepción a esta norma sino tan sólo la gota que ha colmado, una vez más, el vaso.

Álvar Muratel Mendoza


REFERENCIAS

1. Maestro, Javier, “«El dilema norteamericano». De la esclavitud a la institucionalización de la discriminación racial”, Studia historica. Historia contemporánea, nº 26 (2009), p. 55. [Aunque la fecha proporcionada por el autor es la de 1526 tras una revisión de la cronología de la colonización anglo-británica de Norteamérica se ha llegado a la conclusión de que se trata de una errata y que, en realidad, la fecha correcta es 1626]

2. Oñate Méndez, Alfonso, “El sur e los EEUU: desde la esclavitud hasta la lucha por los derechos civiles (un crítico repaso histórico)”, Trocadero: Revista de historia moderna y contemporánea, nº 16 (2004), pp. 284, 285.

3. Maestro, Javier, op. cit., p. 55.

4. Ibid., p. 56.

5. Ibid., p. 58.

6. Oñate Méndez, Alfonso, op. cit., p. 285.

7. Maestro, Javier, op. cit., p. 56.

8. Oñate Méndez, Alfonso, op. cit., pp. 286, 287.

9. Ibid., pp. 285, 286.

10. Maestro, Javier, op. cit., p. 57.

11. Ibid., p. 62.

12. Ibid., p. 64.

13. Ibid., p. 59.

14. Ibid., p. 56.

15. Oñate Méndez, Alfonso, op. cit., pp. 288, 289.

16. Maestro, Javier, op. cit., pp. 65, 66.

17. Cohen Villaverde, Jéssica y Blanco Navarro, José María, “Supremacismo blanco”, Instituto Español de Estudios Estratégicos (2017), p. 1109.

18. Ibid., p. 1119.

19. Maestro, Javier, op. cit., p. 70.

20. Oñate Méndez, Alfonso, op. cit., p. 293.

21. Maestro, Javier, op. cit., p. 74.

22. Ibid., p.75.

23. Ibid., p. 76.

24. Enríquez Román, Javier Antonio, “Dos experiencias americanas: Occupy Wall Street y Baltimore”, Aposta. Revista de ciencias sociales, nº 80 (2019), pp. 138, 139.

25. Ibid., p. 139.

26. Oñate Méndez, Alfonso, op. cit., p. 295.

27. Enríquez Román, Javier Antonio, op. cit., p. 139.

28. Cuneo Nash, Silvio, recensión de Alexander, Michelle, El Color de la justicia. La nueva segregación racial en Estados Unidos, Salamanca, Editorial Capitán Swing, 2012, en Revista Crítica Penal y Poder, nº 9 (2015), pp. 394, 395.

29. Wacquant, Loïc, “Estigma racial en la construcción del Estado punitivo norteamericano”, Astrolabio. Nueva Época. Revista del Centro de Estudios Avanzados, nº 5 (2010), p. 148.

30. Ibid., p. 149.

31. Ibid., pp. 150, 151.

32. Hernández-Echevarría, Carlos: “Por qué la policía de EEUU es de las que más mata del mundo (y más si eres afroamericano)”, eldiario.es (04 de junio de 2020 [consultado el 08 de junio de 2020]): disponible en https://bit.ly/2NCO3zs

33. Enríquez Román, Javier Antonio, op. cit., p. 141.

LOGO_TRINCHERACULTURAL

¡Síguenos en nuestras redes sociales!

  • Twitter Social Icon
  • Icono social Instagram
  • Facebook icono social
  • Icono social de YouTube
  • ivoox
  • issuu

2018. Creative Commons Trinchera Cultural.