• Trinchera Cultural

Cuando escribir Historia te puede llevar ante el juez

Hoy en La Cápsula del Tiempo hablaremos de la polémica suscitada en Polonia y España a raíz de las denuncias recibidas por varios historiadores con motivo de sus investigaciones, y del peligroso precedente que esto supone para el libre ejercicio de la profesión. - Álvar Muratel



Quisiera traer un artículo algo distinto a esta sección, un espacio en el que habitualmente hablamos de Historia pero no así de quienes dedican su vida a escribirla, los historiadores. Una labor la suya no siempre reconocida como debiera y que sin embargo resulta esencial para la memoria de cualquier país que se reivindique a sí mismo como democrático. A la habitual lista de trabas a la que ha de enfrentarse el historiador en el desempeño de su oficio –restricción del acceso a los archivos, ausencia de ayudas públicas, precarización, etc.– ha venido a sumarse últimamente la amenaza de judicializar su trabajo y, en última instancia, someterlo a la censura de aquellos sectores contrarios a desenterrar un pasado cargado de verdades incómodas. Hoy en La Cápsula del Tiempo hablaremos de la polémica suscitada en Polonia y España a raíz de las denuncias recibidas por varios historiadores con motivo de sus investigaciones, y del peligroso precedente que esto supone para el libre ejercicio de la profesión.


Todo comenzó en 2018, cuando la historiadora Barbara Engelking y el historiador Jan Grabowski, ambos directores del Centro de Investigaciones del Holocausto adscrito a la Academia de Ciencias Polaca, publicaron de manera conjunta Dalej jest noc (Noche sin fin), una extensa monografía en dos volúmenes en la que se aborda, entre otras cuestiones, la complicidad de parte de la población polaca con las autoridades nazis durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. Fue también en 2018 cuando el partido ultraderechista Prawo i Sprawiedliwość (Ley y Justicia), en el Gobierno desde las elecciones legislativas de 2015, aprobó la popularmente denominada lex Gross, una polémica ley de memoria histórica nacional elaborada con el objetivo de tipificar expresamente como delito la difamación de la nación polaca o atribuirle crímenes cometidos por el Tercer Reich. Y ha sido a comienzos de 2021, en virtud de dicha ley, cuando Engelking y Grabowski han sido llevados ante los tribunales. El juicio, que ya había sido retrasado a causa de la pandemia, arrancó el pasado 12 de enero en Varsovia ante el estupor e indignación de la comunidad académica internacional así como de diversas instituciones dedicadas al estudio y preservación de la memoria de los supervivientes del Holocausto.

Portada de los dos volúmenes de Noche sin fin (2018), coeditados por Barbara Engelking y Jan Grabowski.

La responsable de sentar a los dos historiadores polacos en el banquillo ha sido la Fundacja Reduta Dobrego Imienia – Polska Liga Przeciw Zniesławieniom Polska (Fundación Reducto del Buen NombreLiga Polaca Contra la Difamación), una organización ultranacionalista vinculada al Gobierno y dedicada a defender un relato histórico oficial caracterizado por su evidente sesgo autocomplaciente. Sin embrago, la denuncia interpuesta contra Engelking y Grabowski no ha sido presentada directamente por dicha entidad, que para ello ha recurrido a la figura de Filomena Leszczyńska. Esta campesina polaca de 80 años de edad resulta ser sobrina de Edward Malinowski, quien fue alcalde de la pequeña población de Malinowo –al este de Polonia– durante la invasión alemana.

Logo de la Fundación Reducto del Buen Nombre – Liga Polaca Contra la Difamación.

Malinowski figura en el trabajo de Engelking y Grabowski como responsable, junto a un guarda forestal de la zona, de denunciar ante la policía local en 1942 a un grupo de 22 judíos que habían huido al bosque y que, tras ser capturados por los nazis, fueron finalmente fusilados. Así lo asegura al menos Estera Drogicka, superviviente judía en cuyo testimonio se han basado Engelking y Grabowski para realizar su investigación sobre el caso de Malinowski. No obstante Drogicka no contó esta versión de los hechos hasta los años 90, mucho después de que en 1950 hubiese testificado a favor de Malinowski en el juicio que se le realizó, ya en la Polonia socialista, por su presunta colaboración con las autoridades nazis. Según relataba después la propia Drogicka su testimonio de aquel entonces, aunque falso, evitó que el antiguo alcalde fuese condenado a muerte. Por su parte Leszczyńska niega que su tío tuviese algo que ver en la muerte de ningún judío durante la ocupación alemana, e incluso sostiene que llegó a salvar a varios de ellos de ser capturados.


El 9 de febrero se conoció el veredicto del jurado, quien dio la razón a Leszczyńska e instó a Engelking y Grabowski a disculparse por haber señalado la complicidad de Malinowski en el exterminio judío perpetrado por los nazis en Polonia, exonerándolos no obstante del pago de la indemnización de 100.000 zlotys –unos 27.000 euros aproximadamente– que reclamaba la acusación. Ambos historiadores se han mostrado disconformes con la sentencia, que no es firme, y han anunciado que recurrirán en su contra.


Según han expresado Engelking y Grabowski el juicio al que se han visto sometidos supone un intento de disuadir a otros historiadores para que sigan investigando sobre las verdaderas dimensiones del exterminio judío en la Polonia ocupada. Su trabajo no constituye un alegato a favor de la culpabilidad o inocencia de Malinowski, y se limita a recopilar los testimonios recogidos a través de las diversas fuentes documentales y orales consultadas. Sin embargo, la Liga Polaca Contra la Difamación sostiene que tanto Engelking como Grabowski habrían cometido importantes errores metodológicos y de investigación en su trabajo sobre Malinowski, e insiste en destacar los esfuerzos del antiguo alcalde de Malinowo para salvar a varios ciudadanos judíos de los nazis aún a costa de su propia seguridad, llegando incluso a referirse a él como un héroe.

Barbara Engelking (izq.) y Jan Grabowski (dcha.). https://bit.ly/3dR0Z3h

Al margen de los posibles errores que, como cualquier historiador, hayan podido cometer Engelking y Grabowski en el desarrollo de su investigación –si es que realmente los han cometido–, no parece lo más apropiado dejar que sean los tribunales quienes a priori diriman sobre lo riguroso o no de sus publicaciones, algo de lo que ya se encargan los propios historiadores mediante la revisión crítica de los trabajos realizados por sus colegas en aras de garantizar la calidad de su producción académica. Judicializar su labor como se ha hecho en Polonia sienta un peligroso precedente contra la libertad de investigación y desacredita a los historiadores como voces autorizadas para ofrecer un conocimiento científico del pasado. Un precedente que, desgraciadamente, ha llegado también a España.


Tan sólo unos días después de conocerse el veredicto contra Engelking y Grabowski saltaba la noticia de que Fernando Mikelarena Peña, reputado historiador navarro con una larga trayectoria y numerosas publicaciones a sus espaldas, había sido demandado por Arturo del Burgo Azpíroz con motivo de su libro La [des]memoria de los vencedores (2019) y su reciente artículo “Saca de Tafalla-Monreal, 21-10-1936” (2020). En ellos se expone, entre otros, el caso de Jaime del Burgo Torres, abuelo del denunciante y jefe de Requetés –milicia carlista que participó bajo el bando sublevado en la Guerra Civil Española– durante la conocida como “saca de Tafalla-Monreal”, el mayor episodio de represión por parte de los sublevados en Navarra en el cual 64 republicanos fueron fusilados a manos de los requetés el 21 de octubre de 1936. Aunque el propio Mikelarena Peña indica que no se puede probar la presencia de Jaime del Burgo Torres en el lugar de los hechos cuando éstos fueron cometidos sí que señala una serie de indicios que permitirían involucrarlo directamente en la matanza, de la cual, en cualquier caso, ya se le podría considerar último responsable dado el cargo de máxima autoridad en la Jefatura de Requetés de Navarra que ostentaba en aquel momento.

Portada de La [des]memoria de los vencedores (2019), de Fernando Mikelarena Peña.

Sea como fuere, la reconstrucción de los hechos ofrecida por Mikelarena Peña ha sido entendida por el nieto del requeté como un ataque hacia la memoria de su abuelo, lo cual ha motivado la demanda de conciliación presentada contra el historiador como paso previo para poder interponer una querella criminal por injurias y calumnias. Todo ello a pesar de que Mikelarena Peña se limita en sus escritos a plasmar las informaciones contenidas en los documentos consultados para su investigación. Las reacciones dentro del mundo académico español no se han hecho esperar y Mikelarena Peña ha recibido el apoyo de numerosos historiadores que han querido solidarizarse con él mediante la firma de un manifiesto titulado “Contra la judicialización de la investigación histórica. En defensa del derecho a conocer los crímenes del franquismo.” En él sostienen que “las investigaciones históricas no merecen otro juicio que el de la historiografía” y defienden “la libertad de investigación sobre los periodos más oscuros de la historia contemporánea” así como “el derecho que la sociedad tiene a conocer cómo se gestó la violencia de los sublevados en 1936 y quiénes fueron sus responsables”.

Aguinaga, Iban: Fernando Mikelarena Peña posando junto a su obra La [des]memoria de los vencedores en 2019. https://bit.ly/3dOuaUw

Poco más se puede añadir a estas palabras que no se haya dicho ya a lo largo de este artículo. Como el de Engelking y Grabowski, el caso de Mikelarena Peña no constituye únicamente una acusación de carácter personal, sino que pone bajo la sombra de la sospecha la práctica historiográfica en su conjunto y sienta las bases para posibles tentativas de censura por parte de aquellos grupos –o sus descendientes– poco interesados en que la sociedad tenga acceso a un conocimiento pleno y riguroso sobre algunos de los episodios más terribles del siglo XX o de cualquier otra época de la Historia. El compromiso del historiador, lejos de estar al servicio de la construcción de un relato nacional determinado, ha de ser siempre con el rigor y la verdad por dolorosa e incómoda que ésta pueda llegar a ser. Lo contrario no sería escribir Historia.


Álvar Muratel Mendoza

FUENTES:

  1. “Dos historiadores enfrentan un juicio por investigar el Holocausto en Polonia”, infobae (04 de febrero de 2021 [consultado el 26 de febrero de 2021]): disponible en https://bit.ly/3dV02Xw

  2. Gómez Bravo, Gutmaro: “La historia contra la Nación”, infoLibre (18 de febrero de 2021 [consultado el 26 de febrero de 2021]): disponible en https://bit.ly/3q1w06K

  3. Ibáñez, Pablo et al.: “La (nueva) querella de Del Burgo contra Mikelarena”, noticias de Navarra (13 de febrero de 2021 [consultado el 26 de febrero de 2021]): disponible en https://bit.ly/3bHkKaJ

  4. “La justicia polaca insta a dos historiadores a que se disculpen por un libro sobre el Holocausto”, El País (09 de febrero de 2021 [consultado el 26 de febrero de 2021]): disponible en https://bit.ly/2ZWZPec

  5. Manifiesto “Contra la judicialización de la investigación histórica. En defensa del derecho a conocer los crímenes del franquismo”.

  6. Rodríguez, Olga: “Demandado un historiador por publicar que Jaime del Burgo era jefe de requetés cuando se produjo la mayor matanza de republicanos de Navarra”, elDiario.es (17 de febrero de 2021 [consultado el 26 de febrero de 2021]): disponible en https://bit.ly/2MBaVCM

  7. Stasinski, Maciej: “El precio de desenterrar la verdad”, La Vanguardia (26 de enero de 2021 [consultado el 26 de febrero de 2021]): disponible en https://bit.ly/2ZSrhdc

  8. “The trial against Barbara Engelking and Jan Grabowski”, Polonia Institute (01 de noviembre de 2019 [consultado el 26 de febrero de 2021]): disponible en https://bit.ly/3dXLTcl

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