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Cuando el faraón le dio la espalda a los dioses

Actualizado: 15 de dic de 2019

Cuando el faraón le dio la espalda a los dioses:

AKHENATÓN Y EL PERÍODO AMARNIENSE


Amenhotep IV (o Amenophis IV en su forma helenizada), más conocido como Akhenatón, ha pasado a la Historia como uno de los faraones más controvertidos del Antiguo Egipto. Durante su reinado tuvo lugar la denominada Revolución de Amarna o Período Amarniense, una polémica etapa en la que, según han sostenido numerosos autores, Akhenatón introdujo el monoteísmo en Egipto, ganándose así el sobrenombre de “el faraón hereje”.


Akhenatón es uno de los faraones más peculiares y enigmáticos que haya conocido el Antiguo Egipto

A día de hoy, historiadores y egiptólogos siguen debatiendo acerca de las motivaciones y propósitos de este enigmático faraón.



Amenhotep IV llegó al poder en el año 1353 o 1351 a.C., posiblemente como corregente de su padre, Amenhotep III[1], a quien sucedió como décimo faraón de la XVIII Dinastía, en una etapa del Antiguo Egipto conocida como Reino Nuevo.


Su nombramiento pudo haber tenido lugar en Tebas o Hermontis[2], si bien no pasaría mucho tiempo hasta que decidiera cambiar su lugar de residencia. En el quinto[3] o sexto[4] año de su reinado Amenhotep IV trasladaba la capital de Tebas a la recién fundada Akhetatón (“el horizonte de Atón”), hoy conocida como Amarna o Tell el-Amarna. Ese mismo año, además, Amenhotep IV abandonaba el nombre que había empleado hasta entonces y lo sustituía por Akhenatón (“el espíritu efectivo de Atón”).


Mapa ilustrado del Antiguo Egipto con las principales ciudades y monumentos (consultado el 01 de marzo de 2019): disponible en https://litsdelaant.wordpress.com/egipto/
El faraón, al igual que la joven capital, tomaba su nuevo nombre de una deidad hasta entonces no muy relevante en el panteón egipcio, el dios con forma de disco solar Atón.

No se trataba, sin embargo, de un culto nuevo en Egipto, pues la existencia de Atón como divinidad se remonta como mínimo al reinado del abuelo de Akhenatón, Tuthmosis IV[5].

Que los egipcios adorasen a otro dios relacionado con el sol no tenía nada de novedoso, ya que el culto solar habría surgido en Egipto en torno a la IV Dinastía[6]. Lo que sí resultaba novedoso es que Atón, a diferencia de las principales deidades egipcias, no tenía un cuerpo antropomorfo con cabeza humana o de animal, pues sus representaciones eran geométricas.


De hecho, la palabra atón significaba inicialmente “círculo”[7]. Akhenatón no se inventó, pues, ninguna deidad, sino que tomó un concepto ya presente en la mitología egipcia y lo dotó de un carácter más espiritual[8].


Palacio Norte de la antigua Akhetatón, 1348-1345 a.C. aprox., Tell el-Amarna (consultado el 01 de marzo de 2019): disponible en https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Amarna_North_Palace_05.JPG

En cualquier caso, debemos recordar que Akhenatón no hizo pública su predilección por Atón hasta el quinto o sexto año de su reinado.


Hasta entonces había rendido culto a las deidades solares principales, lo cual hace que autores como James K. Hoffmeier se pregunten cómo es posible que, dada la posición preeminente que ocupaba el culto de Amón-Ra a mediados del siglo XIV a.C., Akhenaton pudiese introducir una reforma religiosa tan profunda en tan poco tiempo[9].


Otros, como Jesús Urruela Quesada, dudan de la trascendencia de los cambios religiosos establecidos por el faraón[10], lo cual podría explicar la rapidez con la que el atonismo se derrumbó tras la muerte de Akhenatón.


De hecho Graciela Gestoso Singer afirma que el culto a Atón no se habría implantado más allá de la familia real, pues según sostiene dicho culto era considerado como la religión exclusiva del faraón y su familia[12].

Akhenatón (izq.) con su esposa Nefertiti y tres de sus hijas bajo el disco solar de Atón, mediados del s. XIV a.C., relieve hundido, Museo Egipcio de Berlín (consultado el 01 de marzo de 2019): disponible en https://en.wikipedia.org/wiki/Amarna_art#/media/File:Akhenaten,_Nefertiri_and_three_daughers_beneath_the_Aten_-_Neues_Museum_-_Berlin_-_Germany_2017_(cropped).jpg

Ciertamente el atonismo constituyó un sistema religioso atípico dentro de la cultura egipcia. Atón no era un dios compasivo como Amón, Ra o Atum, en cuyos himnos se recogen expresiones como “el que escucha el llanto de los pobres” o “el que es compasivo con los enfermos”, ni tampoco exigía de sus fieles un buen comportamiento sino tan sólo que mostrasen gratitud por el don de la vida, confiriendo al atonismo un carácter más intelectual que moral[14]. Su culto, sin embargo, se caracterizó por su simplificación con respecto a otros modelos anteriores. Entre las distintas variaciones realizadas destaca la abolición del culto divino cotidiano a las estatuas, dado que Atón no contaba con representaciones escultóricas de este tipo[13].


Este cambio es especialmente revelador, ya que nos habla del progresivo desplazamiento que sufrió el resto de dioses egipcios en favor de Atón.


Numerosos autores no han dudado en calificar el atonismo como la primera religión monoteísta de Egipto

Tanto fue así que numerosos autores no han dudado en calificar el atonismo como la primera religión monoteísta de Egipto, adelantándose así unos mil setecientos años a la legalización del Cristianismo con el Edicto de Milán, en el año 313 d.C., y casi dos mil años a la llegada del Islam con la invasión califal del 639.


Argumentos a favor de esta postura encontramos en el propio lenguaje, donde es posible advertir un sustancial cambio de mentalidad a nivel teológico. Así, observamos que la forma plural de la palabra “dios” desapareció durante el Período Amarniense junto con el determinante que acompañaba a la forma singular, como si se diese por sentado que sólo había un dios y, por lo tanto, no fuese necesario añadir ningún determinante a dicho sustantivo ni formar su plural[14].


Pero, si en verdad el atonismo era monoteísta, difícilmente puede explicarse que durante el reinado de Akhenatón se mantuviese a nivel oficial el culto funerario asociado al dios Osiris, tal y como demuestran los relieves de dicho dios encontrados en Tell el-Amarna[15].


Tampoco el culto a las distintas deidades locales fue abandonado, y estas siguieron siendo adoradas en sus respectivas ciudades como es el caso del dios Ptah en Memphis. Prueba de ello, aparte de las distintas evidencias arqueológicas encontradas, es el hecho de que los funcionarios locales mantuviesen en sus nombres el de algunas de estas deidades, lo cual indicaría que dichos cultos no habían sido prohibidos[16].


Todo esto ha llevado a plantear la posibilidad de que el atonismo fuese en realidad un sistema religioso henoteísta[17], es decir, que aunque otorgase un trato de exclusividad a una deidad, en este caso Atón, no rechazase del todo a las demás. Ahora bien, es necesario decir que las evidencias antes mencionadas desaparecen entre el noveno y duodécimo año del reinado de Akhenatón[18], planteando así la posibilidad de que, finalmente, el resto de cultos fuese prohibido.


Tradicionalmente se ha considerado que este proceso de tránsito del politeísmo al monoteísmo es algo natural en el desarrollo de las sociedades antiguas.

Otros autores, en cambio, consideran que las reformas llevadas a cabo por Akhenatón respondían a las particularidades de su propia personalidad, achacando su devoción por Atón a las revelaciones divinas que, supuestamente, habría experimentado[19].


Sin embargo, cabe preguntarse si los orígenes del atonismo son únicamente de carácter religioso o si, por el contrario, responden a intereses políticos.


Siguiendo esta línea de interpretación, el atonismo no habría sido un fenómeno puramente religioso sino también político, relacionado con el desarrollo de la idea imperial y en consonancia con el proceso de centralización iniciado por Amenhotep III[20].


Durante el reinado de Akhenatón se delegaron distintas funciones del gobierno en una nueva burocracia conocida como “los sin nombre” dados sus orígenes humildes; se centralizó la economía estatal y se despojó de sus cargos y recursos a las antiguas familias de sacerdotes y altos funcionarios[21].


Esto, sumado a los abusos y corruptelas que se produjeron durante el reinado de Akhenatón, sugiere que las reacciones en contra de sus reformas posteriores a su muerte se debieron también a factores socio-económicos y no sólo religiosos[22].


En cuanto a la política exterior, las últimas investigaciones permiten abandonar la concepción del reinado de Akhenatón como una etapa de pacifismo religioso, si bien esto tampoco significa que durante su reinado Egipto mantuviese una política exterior agresiva[23].

Gracias a las llamadas “Cartas de Tell el-Amarna”, una serie de tablas que contienen diversos textos de carácter diplomático escritos en cuneiforme (la escritura vehicular de la diplomacia por aquel entonces) hemos podido hacernos una idea de cuál era el panorama internacional en tiempos de Akhenatón.

La hasta entonces primera potencia de Oriente Próximo, Mitanni, estaba perdiendo poder en favor de los hititas, quienes bajo el reinado de Shuppiluliuma conseguirían finalmente anexionarla. Egipto, sin embargo, logró conservar la mayoría de sus posesiones en Asia, lo que hace posible señalar que Akhenatón fue mejor político y diplomático de lo que tradicionalmente se ha creído[24]. De hecho, el faraón llegó a enviar varias expediciones militares no sólo a Asia sino también a Nubia[25].


Pero entonces, ¿por qué Akhenatón ha pasado a la Historia como un faraón pacífico, despreocupado de los asuntos políticos y diplomáticos e incluso negligente?

La idea del reinado “pacifista” de Akhenatón surge, en gran medida, de la comparación realizada con los reinados de otros faraones del Reino Nuevo que se han destacado por sus acciones militares, como es el caso de Tuthmosis III o Ramsés II[26].


Ahora bien, del estudio comparado de la política militar egipcia del Reino Nuevo y la coyuntura internacional del momento puede desprenderse que Egipto no fue nunca un Estado militarista, sino que recurrió a la guerra únicamente cuando emergieron poderes extranjeros que resultaron una amenaza para sus rutas comerciales[27].


Una de las Cartas de Tell el-Amarna escrita por el rey de Mitanni a Amenhotep III, mediados del s. XIV a.C., tabla con escritura cuneiforme, Museo Británico (consultado el 28 de marzo de 2019): disponible en https://en.wikipedia.org/wiki/Amarna_letter_EA_19#/media/File:AmarnaLetterOfMarriageNegotiation-BritishMuseum-August19-08.jpg

No obstante, a pesar de los éxitos de Akhenatón en Oriente Próximo, el declive de su reinado pudo haber tenido origen precisamente allí. En torno al duodécimo año de su reinado una epidemia de peste procedente de Asia habría sido la causa de la muerte de la reina madre Tiye (madre del faraón), la célebre Nefertiti (su esposa principal) y Meketaten (una de las hijas de Akhenatón y Nefertiti), lo cual, según algunos autores, pudo haber propiciado en el faraón un progresivo abandono de sus ideas.{28}


Más allá de esto, no se sabe del todo bien qué pasó en los últimos años de reinado de Akhenatón.

Parece ser que nombró como corregente a Smenkhare (posiblemente su hermanastro)[29], al cual sucedería el legendario Tutankhamón (quien pudo haber sido a su vez hermanastro[30] o hijo[31] de Akhenatón). Fue este quien inició la ruptura política y religiosa con las reformas amarnienses[32], acompañando dichas medidas del desmantelamiento de numerosas construcciones de Akhenaton para la reutilización de sus materiales en diversas construcciones de Tebas.


Sin embargo, esto no ha de ser necesariamente interpretado como un intento deliberado de borrar la memoria de Akhenatón, ya que dicha práctica era algo habitual en el Reino Nuevo[33].


Escultor real Tuthmosis: busto de Nefertiti, mediados del s. XIV a.C., busto policromado, Museo Egipcio de Berlín (consultado el 28 de marzo de 2019): disponible en https://www.elestudiodelpintor.com/2017/05/egipto-amenofis-iv/

Así, a pesar del desmantelamiento de todas sus reformas, el legado arqueológico de Akhenatón pudo sobrevivir a su reinado y conservarse hasta nuestros días.

El estilo amarniense, cuyos orígenes se remontan a Amenhotep IV[34], supuso una de las etapas de mayor esplendor del arte egipcio y una verdadera revolución con respecto a los cánones heredados de períodos anteriores. Durante esta etapa se abandonó la rigidez y solemnidad propias de las representaciones escultóricas y pictóricas, alejándose de todo intento de dignificación idealizada para adoptar una visión más cercana e intimista. Los personajes dejaban de ser representados únicamente en su condición de miembro de la realeza, la corte o la administración, y pasaban a verse reflejados en actitudes más distendidas y escenas cotidianas de su vida privada. Pedro Agudelo Rendón habla incluso de “una especie de impresionismo” dada la “sensibilidad” y “apego a la realidad” que manifestó el arte amarniense[35].



Ciertamente se trataba de un estilo en el que se buscaba representar la figura humana de manera natural, lo cual no impidió que, según este mismo autor, en ocasiones se llegase a “un manierismo tal que la exageración se superpone a lo real y lo caricaturesco a lo natural”[36].


Nefernefeure y Neferneferuatón, dos de las hijas de Akhenatón, mediados del s. XIV a.C., fresco policromado, Museo Ashmolean, Oxford (consultado el 02 de abril de 2018): disponible en https://es.wikipedia.org/wiki/Neferneferuat%C3%B3n#/media/File:%C3%84gyptischer_Maler_um_1360_v._Chr._002.jpg

Quizás el mejor ejemplo de esta tendencia sean las representaciones del propio Akhenatón, cuyo cuerpo de rasgos andróginos ha llamado poderosamente la atención de los investigadores durante décadas.

Se ha sostenido en no pocas ocasiones que dichos rasgos pudiesen responder a algún tipo de patología, si bien Lise Manniche sostiene que los análisis realizados sobre la momia de la Tumba KV55 del Valle de los Reyes, hoy atribuida a Akhenatón, nos presentan a un hombre sin indicios de ninguna deformidad[37].


Por su parte, Winnie Brant, de la que hay que advertir que no es egiptóloga, propone en The Gender Heresy of Akhenaten ver a Akhenatón nada más y nada menos que como a un hombre transgénero[38].


Ahora bien, cabe también la posibilidad de que las representaciones de Akhenatón no respondiesen a su verdadero aspecto físico. En este sentido se expresa Cyril Aldred, afirmando que los rasgos “hermafroditas” de las representaciones de Akhenatón, lejos de atender a sus características físicas, constituían una manifestación de su condición de “padre y madre de la humanidad”, lo cual no suponía una innovación teológica en el Antiguo Egipto pero sí artística[39].



Coloso de Akhenatón procedente del Templo de Atón en Karnak, mediados del s. XIV a.C., escultura de bulto redondo, Museo Egipcio de El Cairo (consultado el 28 de marzo de 2019): disponible en https://experimentsinfilmandmixedmedia.wordpress.com/

Sea como fuere, hombre transgénero o visionario de las artes, hereje monoteísta o político centralista, pacifista inepto o hábil diplomático, no cabe duda de que Akhenatón, con todas sus singularidades y controversias, ha sabido ganarse un hueco en la Historia como uno de los faraones más peculiares y enigmáticos que haya conocido el Antiguo Egipto, despertando aún hoy, más de tres mil años después de su muerte, la fascinación de expertos y aficionados.

Álvar Muratel Mendoza

REFERENCIAS:


1. URRUELA QUESADA, Jesús J.: Egipto faraónico. Política, economía y sociedad, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2012, p. 255.

2. URRUELA QUESADA, Jesús J., p. 255.

3. URRUELA QUESADA, Jesús J., p. 256

4. GESTOSO SINGER, Graciela N.: “Atonismo e imperialismo”, DavarLogos, 1.2 (2002), pp. 173-174.

5. GESTOO SINGER, Graciela N., p. 166.

6. HOFFMEIER, James K.: Akhenaten and the Origins of Monotheism, Nueva York, Oxford University Press, 2015, p. 29.

7. URRUELA QUESADA, Jesús J., p. 256.

8. URRUELA QUESADA, Jesús J., p. 257.

9. HOFFMEIER, James K., p. 61.

10. URRUELA QUESADA, Jesús J., p. 255.

11. GESTOSO SINGER, Graciela N., pp. 181-182.

12. GESTOSO SINGER, Graciela N., p. 182.

13. GESTOSO SINGER, Graciela N., p. 176.

14. SANTOS SAAVEDRA, Josué: reseña de James K. HOFFMEIER: Akhenaten and the Origins of Monotheism, Nueva York, Oxford University Press, 2015, Espacio, tiempo y forma, serie II, nº 31 (2018), p. 156.

15. GESTOSO SINGER, Graciela N., pp. 166-167.

16. GESTOSO SINGER, Graciela N., pp. 168-170.

17. GESTOSO SINGER, Graciela N., p. 168.

18. GESTOSO SINGER, Graciela N., pp. 169-170.

19. HOFFMEIER, James K., p. 141.

20. GESTOSO SINGER, Graciela N., p. 163.

21. GESTOSO SINGER, Graciela N., pp. 173 y 185-186.

22. GESTOSO DINGER, Graciela N., p. 186.

23. PÉREZ LARGACHA, Antonio: “Los últimos años del período amarniense”, Espacio, tiempo y forma, serie II, nº 7 (1994), p. 42.

24. URRUELA QUESADA, Jesús J., p. 257.

25. GESTOSO SINGER, Graciela N., p. 172.

26. PÉREZ LARGACHA, Antonio: “Akhenaton. ¿Pacifismo religioso?”, Espacio, tiempo y forma, serie II, nº 7 (1994), p. 366.

27. PÉREZ LARGACHA, Antonio: “Akhenaton. ¿Pacifismo religioso?”, p. 369.

28. PÉREZ LARGACHA, Antonio: “Los últimos años del período amarniense”, p. 43.

29. URRUELA QUESADA, Jesús J., p. 257.

30. URRUELA QUESADA, Jesús J., p. 258.

31. PÉREZ LARGACHA, Antonio: “Los últimos años del período amarniense”, p. 47.

32. PÉREZ LARGACHA, Antonio: “Los últimos años del período amarniense”, p. 48.

33. PÉREZ LARGACHA, Antonio: “Los últimos años del período amarniense”, p. 50.

34. AGUDELO RENDÓN, Pedro: “Cuerpos ideales, deformaciones naturales.: una aproximación a la concepción de arte y sus transformaciones en el Imperio Nuevo (Egipto)”, Revista Calle 14, vol. 10, nº 16 (2015), p. 142.

35. AGUDELO RENDÓN, Pedro, p. 142.

36. AGUDELO RENDÓN, Pedro, p. 143.

37. MANNICHE, Lise: The Akhenaten Colossi of Karnak, Nueva York, The American University in Cairo Press, 2010, p. 135.

38. MANNICHE, Lise, p. 143.

39. GESTOSO SINGER, Graciela N., p. 172.

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