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Cuando el destino nos alcance



Inteligencia artificial, cibernética, nanotecnología, crionización, inmortalidad, transhumanismo… Son conceptos que están adquiriendo cada vez más fuerza en los medios de comunicación. ¿Realidad o, simplemente, ciencia ficción?


Si lanzáramos esta pregunta al aire, seguramente obtendríamos opiniones tan dispares como personas hay. Obviamente, este “cajón de sastre”, lleno de términos rimbombantes que a cada cual le sugieren una cosa, da para mucho.


El futuro ya está aquí


Si echamos la vista atrás, por ejemplo, 30 años, nos daríamos cuenta de lo mucho que ha evolucionado la tecnología hasta nuestros días. Un gesto tan simple y cotidiano como usar un smartphone resultaba algo inconcebible en aquella época.


Fascinados por un futuro prometedor, son muchos los que dibujan posibles escenarios para los días que están por venir. Trazos de fantasía y deseos inconfesables configuran, para cada cual, su propia utopía futurista. Ante esto, muchos hemos de darle las gracias al gran Julio Verne por hacernos soñar con aventuras de ciencia ficción que anhelaban un mundo de maravillas tecnológicas al más puro estilo steampunk. Otros, menos optimistas, esbozaban en su visión particular distopías orwellianas en las que, a excepción de una élite minoritaria, la población se encuentra sometida a un nuevo orden. Tal es la situación de la película “Cuando el destino nos alcance” (en inglés, “Soylent Green”), cuyo título me he tomado la libertad de elegir para la presente entrada, que augura un futuro poco halagüeño causado por la superpoblación.



¿Qué ocurrirá en los próximos 20 años?


Predecir lo que puede pasar de aquí a 20 años es, desde mi punto de vista, ambicionar demasiado. Sin embargo, cualquier suposición sobre la evolución de la ciencia en un futuro próximo corre el riesgo de resultar tan tremendamente ridícula como era aquella de pensar que sería posible llegar a la luna haciendo uso de una tecnología basada en la máquina de vapor.

Inteligencia Artificial” es un concepto que para la gran mayoría evoca un futuro lleno de robots y androides muy similares a los humanos, tal y como apuntaba Isaac Asimov en sus libros. Quién sabe si será posible llegar a un escenario parecido. A grandes rasgos, la inteligencia artificial es una disciplina en la que se estudia la manera de dotar a un sistema informático la capacidad de poder tomar decisiones a través de un mecanismo de razonamiento. Lógica difusa, redes neuronales artificiales, lingüística computacional, aprendizaje automático, robótica… Hablar de inteligencia artificial sería hablar de todas y cada una de las disciplinas que la conforman así como las aplicaciones que esta tiene.

La inteligencia artificial es algo que está presente en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, los programas de traducción, los motores gráficos usados en los videojuegos así como distintos sistemas domóticos se basan mecanismos de inteligencia artificial. Cosas que aunque nos puedan parecer simples llevan intrínseca una complejidad importante. Y es que implementar lo que para nosotros puede resultar fácilmente razonable puede llegar a ser muy complejo en informática, y viceversa.



¿Conseguiremos simular el pensamiento humano?


Sin lugar a dudas el reto más codiciado de la inteligencia artificial consiste en lograr la capacidad de simular el pensamiento humano. ¿Estamos cerca de conseguirlo? En el año 2005 inició su andadura el proyecto internacional Blue Brain, con el objetivo de estudiar la estructura del cerebro de mamíferos creando una simulación de todo el cerebro a nivel molecular. Esta ingeniería inversa del comportamiento permitirá avanzar en el entendimiento del funcionamiento del cerebro así como estudiar sus disfunciones. Cabe destacar una mención especial de la colaboración para con esta investigación que actualmente se está realizando en nuestro país, a través del proyecto Cajal Blue Brain, que hace uso de los recursos ofertados por el CeSViMa,[5] entre los que se encuentra el supercomputador Magerit, el más potente de España.

¿Y qué pasará una vez superado este hito? Si esto llega a tener lugar, ya sea en un futuro próximo o lejano, también es posible imaginar formas de inteligencia superiores a la humana, creadas de manera artificial. Es entonces cuando surge el concepto de singularidad tecnológica.


Todo aquel que posea unas nociones matemáticas básicas recordará que el término “singularidad” dentro del ámbito de las ciencias exactas, hace alusión al fenómeno que ocurre cuando aplicarle a una función ciertos valores aislados el comportamiento de la misma no es el esperado. Un ejemplo claro es el comportamiento de la función f(x) = 1/x cuando x es 0.


Ejemplo de singularidades en una función. (fuente: matemáticasvisuales.com)


La Singularidad Tecnológica


La Singularidad Tecnológica se basa en este concepto, y establece que, llegado el momento en el que exista una inteligencia superior a la humana, los cambios tecnológicos y sociales serán tales que se escaparán de la comprensión de la mente humana. Algunos expertos como Raymond Kurzweil aseguran que la Singularidad Tecnológica llegará antes del año 2050. Quién sabe qué es lo que le depara el futuro al desarrollo tecnológico de nuestra sociedad. No obstante, pienso que no es nada descabellado si nos paramos a pensar cómo era nuestra sociedad hace 38 años y que “la ciencia llama a la ciencia” en el sentido de que las nuevas tecnologías nos permiten investigar de una forma mucho más avanzada dando lugar a otras nuevas tecnologías y así hasta el infinito, haciendo que la curva del desarrollo tecnológico sea una curva exponencial.


Cada cual puede sacar sus propias conclusiones. Por su parte, grandes corporaciones como Google o la NASA han apostado por creer que la Singularidad Tecnológica tendrá lugar, y prueba de ello es que han financiado, junto con otras (Autodesk, Cisco, Nokia…), la Universidad de la Singularidad (http://singularityu.org), fundada entre los doctores Peter H. Diamandis y Ray Kurzweil, y que está situada, ni más ni menos, en Sillicon Valley, concretamente en Mountain View. Esta entidad cuenta con personalidades de la talla de Bob Metcalfe o Vint Cerf (este último, por cierto, ganador de un premio Príncipe de Asturias en 2002), lo cual demuestra la solvencia, tanto académica como económica, que posee la Universidad de la Singularidad.


En este artículo publicado en el año 2009 por el diario El Mundo podremos encontrar más información al respecto:

http://www.elmundo.es/elmundo/2009/02/04/navegante/1233747353.html


Ya sea ciencia ficción o realidad, el hecho de que se esté apostando fuerte por ella, puede ser un indicador de hasta qué punto podría impactar en nuestras vidas el fenómeno de la singularidad.


¡Hasta la próxima!

Trinchera Cultural.

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