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Confesión ante una ventana. Alberto Moreno

Actualizado: hace 2 días

¿Es posible enamorarnos de alguien a quien conocemos sólo a través de las redes sociales? Esta es la pregunta que gira en torno a esta breve carta imaginaria: la de alguien que se ha enamorado de una mujer a quien conoce sólo a través de las redes sociales, y con quien apenas ha intercambiado mensajes.


Las redes sociales han alterado nuestra manera de relacionarnos; a ella subimos fotografías propias, pensamientos, noticias, poemas y sucesos de nuestra vida.

Ahora bien, alguien que nos observa, ¿no puede enamorarse?

Mujer ante la ventana; Caspar Friedritch, 1822.
Confesión ante una ventana

Tengo que confesarte que llevo mucho tiempo mirando a través de tu ventana.


Te observo cuando te miras en el espejo sacando la mejor de tus sonrisas, cuando compartes un poema o cuando acaricias a tus gatas; cuántas veces he soñado con ser ese libro, ese espejo en el que te miras. Quiero decirte que comparto tu rabia cuando el odio y la injusticia de afuera te empapan; cuando enfadada gritas palabras de igualdad y de esperanza. He de reconocer que también he deseado saber el olor de tu pelo, que he soñado muchas veces con darte de la mano y saber cómo eres, no desde tu ventana, sino desde mis ojos.

Cuántas veces he soñado con ser ese libro, ese espejo en el que te miras

Suelo reservarte para las ocho y cuarto, después de los aplausos, para que así des un final dulce a estos días de monotonía.

A veces miro tu ventana rápidamente; otras veces me quedo contemplándola durante horas. Hay veces que me voy sin hacer ruido; otras dejo sutiles restos de mi presencia.

Sé que sabes que te observo, lo sabes desde el principio; en alguna ocasión, incluso, tus ojos me han mirado.


He de confesarte que he intentado librarme de ti. Intenté primero mirar hacia otro lado cuando paseaba distraído por los edificios; luego intenté cerrar tu ventana y, finalmente, tapié todos mis cristales. Durante quince días viví en esta habitación sin asomarme al mundo. Huelga decir que he fracasado en todos y cada uno de mis intentos.

Quiero decirte que, si un día quisieras asomarte a mi ventana, puede que no encuentres siempre encendido un fuego, pero quizás halles restos de notas en las esquinas, un viejo papel sobre la mesa que arde de vez en cuando, algunas palabrotas guardadas en un cajón por si acaso, un bolígrafo casi sin tinta y un puñado de semillas que esperan. Tengo también unas alas que aguardan a que se rompan los barrotes, y un par de zapatillas en la entrada.


Sin embargo, si un día quieres asomarte, no lo hagas a través de mi ventana. Llama al timbre, que yo te abriré la puerta.


Mientras tanto yo sigo aquí, esperando.


Alberto Moreno

Junio 2020





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