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Historia de la bandera de España

Actualizado: nov 11

La bandera de España –la reconocida oficialmente en la actualidad– se compone de tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la intermedia el doble de ancha que las otras dos e insertándose en su parte izquierda el escudo del Reino de España. Sin embargo el diseño que conocemos hoy es bastante reciente –su última modificación data de 1981–, y la adopción del rojo y gualda como “colores nacionales” no tuvo lugar sino a finales del siglo XVIII. Anteriormente a esta época resulta difícil hablar de una bandera de España como tal, ya que la idea de una “enseña nacional” asociada a cada país y no sólo a los monarcas que lo gobernaba es una noción que no empieza a extenderse en Europa hasta el siglo XIX con el auge del liberalismo y los llamados Estados-nación.


Hoy en La Cápsula del Tiempo hablaremos de los cambios que ha experimentado la bandera de España a lo largo de su Historia, desde sus orígenes bajo el reinado del Carlos III e incluso remontándonos más atrás en el tiempo –antes de que España fuera siquiera un Estado unificado– hasta sus primeros antecedentes.



Sabemos que los distintos pueblos prerromanos que habitaron la Península Ibérica utilizaron sus propias enseñas antes de que las legiones romanas trajesen con ellas sus estandartes. Posteriormente los visigodos debieron de mantener el uso de este tipo de insignias ya que Isidoro de Sevilla (556-636) las menciona al hablar de los ejércitos de su tiempo, si bien fueron los ejércitos árabo-islámicos quienes, tras el inicio de su conquista en el año 711, introdujeron lo que hoy entendemos por banderas, es decir, piezas de tela fijadas a un asta o mástil para que ondeen desde éste perpendicularmente. [1]


Yahya ibn Mahmud Al-Wasiti, guerreros árabes con sus banderas en la conquista de al-Ándalus, 1236-1237, miniatura del Maqama de al-Hariri, Biblioteca Nacional de Francia.

Durante la Edad Media los reinos cristianos del norte fueron abandonando progresivamente el uso de las enseñas heredadas de romanos y visigodos hasta adoptar la forma de las banderas empleadas por los musulmanes, pero incorporando en sus diseños sus propios símbolos y colores. [2] Muchos de ellos los seguimos encontrando en el escudo de España o en muchas de las banderas autonómicas del país, como los castillos y leones de la Corona de Castilla, las barras rojas y amarillas de la Corona de Aragón o las cadenas del Reino de Navarra.


Tras el matrimonio de los Reyes Católicos en 1469 tuvo lugar la famosa unión dinástica de las Coronas de Castilla y Aragón, a las que posteriormente se añadiría el Sultanato nazarí de Granada (1492) y parte del Reino de Navarra (1528), ambos anexionados a Castilla. Más adelante, ya bajo el dominio de la dinastía Habsburgo –más conocidos en España como los Austrias–, Felipe II lograría una unión dinástica ibérica de manera completa en 1581 al incorporar a la Monarquía Hispánica el Reino de Portugal, que permanecería bajo el poder de sus descendientes hasta 1640.


Pendón heráldico empleado por los Reyes Católicos a partir de la conquista de Granada en 1492.

Esto no significa, sin embargo, que podamos hablar de la formación de España como un Estado unificado, ya que cada entidad territorial mantuvo sus propias leyes e instituciones. Tampoco se puede hablar, por tanto, de una “bandera nacional”, aunque por supuesto tanto los Reyes Católicos como sus herederos usaron sus propias enseñas distintivas. Es el caso del pendón heráldico utilizado conjuntamente por Isabel I y Fernando II, así como de la bandera con la cruz de Borgoña introducida por su yerno Felipe “el Hermoso” tras su matrimonio con Juana I de Castilla. Su empleo se mantuvo durante siglos en la Armada y Marina Mercante así como en los distintos regimientos de la Monarquía Hispánica y posteriormente sería rescatado en el siglo XIX por los carlistas, quienes a día de hoy siguen manteniendo y reivindicando su uso.


Bandera con la cruz de Borgoña sobre fondo blanco.


Pabellón naval del Reino de España de 1760 a 1785.

Con la llegada de los Borbones a España tras la Guerra de Sucesión (1701-1715) y la unificación jurídico-administrativa del territorio mediante los Decretos de Nueva Planta (1706-1716) llegaron también sus propios símbolos y enseñas. El blanco se impuso como color propio de la casa de Borbón, acompañado generalmente del escudo de la dinastía y, en ocasiones, combinado también con la cruz de Borgoña. [3] El origen de la bandera rojigualda que conocemos hoy en día se sitúa en 1785, durante el reinado de Carlos III, quien pretendía sustituir el pabellón naval empleado por sus buques por una insignia más distintiva, ya que el fondo blanco de la utilizada hasta entonces era difícilmente visible en alta mar y las armas de su escudo se confundían con facilidad con las usadas por los Borbones que gobernaban en Francia, Nápoles y otros territorios de Europa.


Para resolver este problema Carlos III convocó un concurso para elegir el nuevo diseño del pabellón naval, con la única condición de que las propuestas admitidas no debían incluir el color de la Casa Borbón, es decir, el blanco. Antonio Valdés, secretario de Estado y del Despacho Universal de Marina, presentó al monarca una selección de 12 banderas, de las cuales Carlos III escogió una para la Armada –la conocida rojigualda– y otra para la Marina Mercante, ambas en rojo y amarillo. Los motivos que llevaron a la elección de estos colores sigue siendo objeto de polémica. Es común referirse a cuestiones simbólicas para señalar que el amarillo representaba el oro del imperio mientras que el rojo aludía a la sangre derramado por él, [4] aunque resulta más probable que estuviesen asociados a los colores tradicionales de la Corona de Aragón, motivo por el cual sólo se habrían incluido los cuarteles de Castilla y León en su escudo. Sin embargo, no se ha conservado ningún documento que nos pueda ayudar a esclarecer esta cuestión. Lo que sí parece claro, al margen de la posible influencia o no de los colores de la Corona aragonesa, es que la elección del rojo y el amarillo respondiese ante todo a una cuestión práctica, dada su vistosidad y su facilidad para reconocerlos en alta mar frente a otras banderas. [5]


Imagen izquierda: Diseños de bandera presentados en el concurso organizado por Carlos III en 1785, Museo Naval, Madrid.

Imagen derecha: Diseños de bandera elegidos por Carlos III para la Armada (izq.) y la Marina Mercante (dcha.) en 1785, Museo Naval, Madrid.


Poco después, en virtud de una ordenanza general de 1793 promulgada por Carlos IV, el nuevo pabellón de la Armada se extendió a otros ámbitos de la Marina, si bien no fue hasta la promulgación del Real Decreto de 13 de Octubre de 1843, bajo el reinado de Isabel II, cuando la enseña rojigualda alcanzó la categoría de “bandera nacional” y “verdadero símbolo de la monarquía española” al regularse su uso también entre los Ejércitos de tierra, tal y como quedaba establecido en el Artículo 1º del documento:

"Las banderas y estandartes de todos los cuerpos é institutos que componen el ejército, la armada y la Milicia nacional serán igualés en colores á la bandera de guerra española, y colocados estos por el mismo orden que lo están én ella." [6]

España adquiría así su primera bandera oficial propiamente dicha, cuyo uso se fue generalizando progresivamente a lo largo del tiempo. Tras la abdicación de Amadeo I de Saboya y la proclamación de la Primera República Española en 1873 el diseño de la bandera apenas se vio modificado, ya que en un principio las nuevas autoridades republicanas se limitaron a eliminar la corona presente en el escudo manteniendo los mismos colores y su disposición. Se trataba no obstante de un modelo provisional, ya que, aunque es posible que la mayoría de republicanos aceptase la rojigualda como enseña nacional, [7] durante los primeros días del nuevo régimen se llegaron a estudiar distintas propuestas tricolores para sustituir la bandera rojigualda, en especial el diseño compuesto por los colores rojo, blanco y morado dispuestos en franjas horizontales de igual anchura. [8]


Bandera española republicana de uso popular desde mediados del siglo XIX.

Más recorrido en la tradición republicana española, sin embargo, tendría la bandera tricolor roja, amarilla y morada, propuesta por una comisión del Ayuntamiento de Madrid a las Cortes Constituyentes de 1869 y que, según afirman algunos historiadores, llegó incluso a ser adoptada oficialmente por la Primera República. [9] La decisión de incluir una tercera franja morada partió de la creencia equivocada de que éste fue el color del pendón enarbolado por los comuneros castellanos del siglo XVI, considerados por aquel entonces una suerte de precursores del liberalismo. [10] En realidad dicho pendón –del que hay que decir que no se ha conservado ninguna evidencia documental– habría sido carmesí, color que al desteñirse con el paso de los siglos habría sido confundido con el morado.


A pesar de esto la bandera tricolor roja, amarilla y morada se fue popularizando entre los sectores republicanos y de izquierdas y de hecho llegó a ser oficializada tras la proclamación de la Segunda República en 1931, reemplazando así a la enseña rojigualda que, con la excepción de la Primera República, se había mantenido invariable desde los tiempos de Isabel II. La nueva Constitución española de 1931 otorgó una gran importancia a la cuestión de la bandera al regularla en su Artículo 1º junto a la definición del modelo de Estado. [11] Así, se establecía que “España es una República democrática de trabajadores”, siendo “la bandera de la República española (…) roja, amarilla y morada”. [12] Los motivos de dicha elección habían quedado reflejados previamente en el Decreto de 27 abril de 1931, declarando que:


"Durante más de medio siglo la enseña tricolor ha designado la idea de la emancipación española mediante la República. (…) Hoy se pliega la bandera adoptada como nacional a mediados del siglo XIX. De ella se conservan los dos colores y se le añade un tercero, que la tradición admite por insignia de una región ilustre, nervio de la nacionalidad, con lo que el emblema de la República, así formado, resume más acertadamente la armonía de una gran España." [13]

Bandera oficial de la Segunda República Española de 1931 a 1939.

Tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y el inicio de la Guerra Civil Española los sublevados mantuvieron el empleo de la bandera tricolor durante los primeros días de la contienda. Fue a partir del 29 de agosto cuando recuperaron el uso “oficial” de la enseña rojigualda, al principio sin ningún tipo de escudo y, a partir del 13 de septiembre, con el de la propia república situado en el centro. Con el Decreto de 2 de febrero de 1938 se estableció el conocido escudo con el águila negra de San Juan portando el yugo y las flechas, símbolos originarios de los Reyes Católicos y adoptados de nuevo por el régimen franquista. Según exponía el preámbulo del citado decreto:


"Al instaurarse, por la gloriosa revolución nacional de 1936 un nuevo Estado, radicalmente distinto en sus esencias de aquel al cual ha venido a sustituir, se hace preciso que este cambio se refleje en los emblemas nacionales. (…) El águila que en él figura no es la del Imperio germánico, al cabo exótica en España, sino la del evangelista San Juan, que, al cobijar bajo sus alas las armas españolas, simboliza la adhesión de nuestro Imperio a la verdad católica, defendida tantas veces con sangre de España; en él figuran, además, el haz de flechas y el yugo, entonces, como ahora, emblema de unidad y de disciplina." [14]

El escudo franquista –que, aunque basado en él, no hay que confundir con el empleado por los Reyes Católicos– sufriría algunas modificaciones el 11 de octubre de 1945, siendo la más destacable el aumento de su tamaño y la sustitución del blanco por el rojo en las bandas en las cuales se insertaban los lemas “Una, grande, libre” y “Plus ultra”. Este diseño se mantendría aun tras la muerte de Franco hasta 1977, cuando, durante la presidencia de Adolfo Suárez, ya iniciada la Transición, volvieron a ser modificadas las proporciones y forma del escudo mediante el Real Decreto 1511/1977 de 21 de enero.

Imagen 1 (izquierda superior): Bandera oficial del bando sublevado desde 1938 y, a partir de 1939, bandera oficial de la España franquista hasta 1945.

Imagen 2 (derecha superior): Bandera oficial de la España franquista desde 1945 y, tras la muerte de Franco, hasta 1977.

Imagen 3 (izquierda inferior): Bandera oficial del Reino de España de 1977 a 1981.



La bandera oficial descrita en el Artículo 4.1 de la Constitución española de 1978 mantuvo los colores heredados de la monarquía y posteriormente asumidos por el régimen franquista, si bien se distingue de la anterior regulación recogida en la Ley 1/1967 de 10 de enero en el empleo de la palabra “amarilla” en vez de “gualda” para referirse a la franja central de mayor anchura, lo cual puede ser interpretado como una manera de distanciarse de la retórica del régimen franquista pero manteniendo en la práctica los mismos colores en la bandera. [15] No ocurrió lo mismo con el escudo, que tras la aprobación del Real Decreto 2964/1981 de 18 de diciembre fue eliminado y reemplazado por el actual, muy similar al de la Segunda República pero recuperando la corona y las flores de lis propias de los Borbones.

Bandera oficial del Reino de España desde 1981 hasta la actualidad.

Así ha quedado el diseño de la bandera de España hasta nuestros días. A pesar de su amplia aceptación entre la sociedad española siguen siendo muchos los sectores que reivindican, por un lado, la anterior bandera rojigualda franquista –asociada a grupos ultraconservadores o de corte fascista– y, por otro, la tricolor roja, amarilla y morada –reclamada por fuerzas republicanas de izquierda y comunistas.


Álvar Muratel Mendoza

REFERENCIAS:

  1. “Historia y evolución de la bandera de España”, Sociedad Española de Vexilología (20 de enero de 2016 [consultado el 03 de octubre de 2020]): disponible en https://bit.ly/2I17xOV

  2. Id.

  3. Id.

  4. Id.

  5. Sánchez Badiola, Juan José, Símbolos de España y de sus regiones autónomas. Emblemática territorial española, Madrid, Visión Libros, 2010, p. 167.

  6. Real Decreto de 13 de octubre de 1843, Gaceta de Madrid nº 3313 de 15 de octubre de 1843, p. 1.

  7. Sánchez Collantes, Sergio, “La construcción simbólica del republicanismo español en el Sexenio Democrático”, Investigaciones Históricas. Época Moderna y Contemporánea, vol. 37 (2017), p. 145.

  8. Ibid., p. 155.

  9. De Riquer i Permanyer, Borja (2001). Escolta, Espanya: la cuestión catalana en la época liberal, Madrid, Marcial Pons, 2001, p. 54.

  10. Sánchez Badiola, Juan José, op. cit., p. 169.

  11. Troncoso Reigada, Antonio, “La bandera y la capitalidad”, Revista de Derecho Político, nº 103 (2018), p. 34.

  12. Constitución de la República Española, 9 de diciembre de 1931.

  13. Decreto de 27 de abril de 1931, Gaceta de Madrid nº 118 de 28 de abril de 1931, p. 359.

  14. Decreto de 2 de febrero de 1938, Boletín Oficial del Estado nº 470 de 3 de febrero de 1938, p. 5578.

  15. Troncoso Reigada, Antonio, op. cit., p. 38.




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