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Cartago y su memoria

Actualizado: 15 de dic de 2019


Aníbal cruzando los Alpes. 1508-1509, Roma, Palazzo dei Conservatori. Jaccomo Ripanda.

Volvemos a la sección de Historia (La cápsula del tiempo); esta vez con Alberto Moreno. La historia de Cartago y sus guerras con Roma están en el imaginario colectivo de las raíces occidentales.

Hace poco me enteré de que, al igual que los niños de los años 60 jugaban en sus casas organizando guerras entre indios y americanos, con la misma frecuencia lo hacían con las luchas entre romanos y cartagineses.

Hemos asociado las tropas de Aníbal con sus temidos elefantes. El mismo Goya se presentó a un concurso en la Academia de Parma con un cuadro titulado "Aníbal vencedor contempla por primera vez Italia desde los Alpes" (1771), prueba de la fascinación que las incursiones cartaginesas crearon en la mentalidad europea.


Os dejamos con Alberto Moreno.

Un ejército de decenas de miles de hombres, caballos y elefantes, cruzando dificultosamente los peligrosos pasos de montaña, ateridos por el frío, y siendo atacados por furiosos nativos.


“Los caballos hicieron el mayor daño, estaban aterrorizados por los salvajes gritos, que el eco de los valles y bosques aumentaban, y cuando resultaban golpeados o heridos provocaban tremendos estragos entre los hombres y los distintos animales de carga. El camino estaba flanqueado por precipicios verticales a cada lado, y al pasar juntos muchos fueron empujados por el borde y cayeron a gran profundidad. Algunos incluso iban armados, también se precipitaron los animales pesadamente cargados de equipajes. Horrible como era aquel espectáculo” [1]

Esta escena, la del ejército del general Aníbal Barca cruzando los Alpes, para dirigirse a Italia y luchar contra Roma, es una de las más reconocidas en la Historia, y dos mil trescientos años más tarde, aún está presente en la nuestra memoria.

LA CIUDAD DE CARTAGO.


Cartago fue fundada por ciudadanos de la poderosa ciudad fenicia de Tiro, al oeste de la actual Túnez, en el marco de la vasta colonización que los fenicios realizaron por todo el Mediterráneo.


Territorio cartaginés y romano a inicios de la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C)

Exploradores, comerciantes y guerreros, la antigua colonia fenicia de Tiro fue durante siglos un importante enclave en la actual Túnez; su esfera de influencia llegaría a crecer hasta abarcar buena parte del Mediterráneo Occidental. Esta antigua colonia llegó a establecer sus propias colonias, algunas de las cuales, como Cartago (Cartago Nova), aún perviven.


Sin embargo, esta ciudad es mundialmente conocida por su enfrentamiento con Roma, con la cual llevaría a cabo tres largas guerras, tras las cuales la propia ciudad fue arrasada; estas guerras, conocidas como “guerras púnicas”, junto con la historia de su general más importante, el cual adquirió con el tiempo tintes de leyenda, Aníbal Barca, quedaría grabado en la memoria de Occidente[2]


LOS ENEMIGOS DE CARTAGO


Los primeros enemigos de los cartagineses fueron los propios griegos. Esta rivalidad se debió al intento de ambas por controlar las rutas de comercio por el Mediterráneo, y por el dominio de Sicilia. Sin embargo, sería su rivalidad con Roma, la que le llevaría a las tres guerras más importantes a las que hubo de hacer frente, tras lo cual la propia ciudad sería arrasada.

  • La Primera Guerra Púnica (264-241 a.C) supuso la destrucción de buena parte de la flota cartaginesa y la cesión de Sicilia.

  • La Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C) supuso la pérdida de todas las colonias en la Península Ibérica, la destrucción total de su flota, la desmovilización de su ejército, el pago de una cuantiosa suma, y su propia dependencia militar, al ser considerados ahora como súbditos. Sorprendentemente, la destrucción de su ejército supuso un respiro para la economía cartaginesa, que en pocos años pudo recuperarse y aumentar sus relaciones comerciales por todo el Mediterráneo. [3]

  • La Tercera Guerra Púnica (149-146 a.C) fue más que una guerra, una lucha desesperada de los cartagineses por sobrevivir, un largo asedio de los romanos hacia su antigua rival, una guerra que pretendía no derrotar a Cartago, sino arrasarla hasta los cimientos.[4]


FUENTES PARA ESTUDIAR A CARTAGO

Quizás uno de los mayores problemas que entraña el estudio de Cartago más allá de su conflicto con Roma radica en la escasez de fuentes que nos han llegado.

Todas las fuentes escritas que nos han llegado son de origen griego o latino; los principales autores que nos hablan de esta ciudad son: Aristóteles, en su Política, Tito Livio, Polibio, Apiano, Cornelio Nepote, Silio Itálico, Plutarco, Dion Casio, Heródoto y Aurelio Víctor, entre otros.


Tanto los griegos como los romanos fueron enemigos (o al menos rivales) de Cartago; es de suponer, por lo tanto, que sus fuentes dan la visión de los vencedores.


La riqueza de fuentes escritas de los autores latinos y griegos contrasta fuertemente con la escasez casi absoluta de fuentes cartaginesas. Tan sólo se han conservado dos obras parciales: De agricultura de Magón (sólo se conservan citaciones de autores latinos) y el “Periplo de Hannón”, recogido en el Códex Palatinus Heidelbergensis obra de filólogos bizantinos[5] La obra fue grabada en bronce, y depositada en el templo de Baal Hammon en Cartago; destruida en el 146 a.C durante la destrucción de la ciudad por Escipión Emiliano, se conserva una traducción-resumen en griego.


El Periplo de Hannón supone, además, un pequeño testimonio del afán explorador de los cartagineses, ya que narra el recorrido de un navegante, Hannón, el cual atravesó las Columnas de Hércules (el Estrecho de Gibraltar) para recorrer la costa africana; un dato curioso es que, en este periplo, describe que llegando a una isla, “llena de hombres salvajes, y a la mayor parte estaba llena de mujeres con los cuerpos peludos, a las cuales los adivinos las llamaban Gorilas[6].


Ante la escasez de fuentes escritas, los investigadores han recurrido a la arqueología y a la numismática (el estudio de las monedas). Las acuñaciones de monedas son, en ocasiones, la única información primaria que tenemos cuando las fuentes de sus enemigos (romanos y griegos) callan, como por ejemplo las empresas de conquista que los Barca emprendieron por la Península Ibérica.


Esta escasez supone un serio reto a los historiadores, pues les impide conocer en profundidad la propia historia de Cartago, sus costumbres, su religión, su filosofía y su literatura, quedando grandes vacíos en los anales de la Historia. Lo que sabemos acerca de su gobierno es por autores latinos y griegos, como Aristóteles, que describe en su Política[7] cómo era el gobierno de Cartago en su tiempo. Sin embargo, pocos autores se centran en el funcionamiento del gobierno cartaginés durante el período de entreguerras, por lo que existen grandes vacíos, que difícilmente pueden ser cubiertos con otras fuentes.

¿Dónde están sus poetas, dónde están las obras de sus sabios, de sus astrólogos y de sus arquitectos?

Cartago fue la ciudad más floreciente y rica del Mediterráneo Occidental, y, al igual que Alejandría en Egipto, se convirtió en una verdadera metrópoli, sede de decenas de pueblos y de lenguas diferentes[8]. Es difícil creer que, durante cientos de años, esta ciudad no produjese obras de indudable valor.

¿A qué se debe, por lo tanto, la casi total ausencia de fuentes escritas cartaginesas?

DESTRUYENDO LA CIUDAD Y SU MEMORIA

Catón el Viejo (234 -149 a.C), también conocido como Catón el Censor, instigó la idea de una guerra de destrucción contra la antigua potencia mediterránea; acostumbró a terminar sus discursos diciendo “Carthago delenda est, Cartago debe ser destruida”; sería él uno de los principales instigadores de la Tercera Guerra Púnica (149-146 a.C), una guerra tras la cual la ciudad fue arrasada.


Tal y como narran Plutarco[9] y Tito Livio[10], este senador arremetía por la destrucción de la antigua enemiga de Roma; la justificación que daba para esta guerra, aparte de los recelos por la recuperación económica de su vencida, era acabar de una vez por todas con su antigua enemiga.

En otras palabras, Catón no quería destruir Cartago, sino destruir su memoria.

Los motivos de esta destrucción se debieron, tal y como narra Francisco Gracia Alonso[11] a un acto de perfidia romana, que quería borrar para siempre el recuerdo de su vieja enemiga.


Tras los motivos de memoria había también intereses económicos: Cartago era el punto de dominio de una vasta y fértil llanura: la eliminación de la ciudad como potencia económica e industrial daría un mayor impulso a la economía itálica.


Lo cierto es que en la primavera de 146 a.C, tras un largo y desesperado asedio, la otrora poderosa metrópoli sucumbió ante los romanos. La ciudad fue arrasada y sus habitantes vendidos como esclavos. Según Apiano[12], tras la destrucción de la ciudad, el Senado prohibió habitar sobre las ruinas de la ciudad, así como cualquier intento de reconstruirla.

La rival de Roma había sucumbido para siempre.


Sitio arqueológico de Cartago. Fotografía de Patrick Verdier.

Si bien es cierto que los romanos no sembraron sal sobre las ruinas de Cartago, sí que lo hicieron en nuestra memoria.

No fue casual que, al mismo tiempo que la ciudad era destruida, todas las obras de los poetas, los historiadores, los filósofos y los teólogos de Cartago fueron pasto de las llamas.

Este hecho supone una grave dificultad para la tarea de los historiadores: todo lo que sabemos tradicionalmente de los cartagineses es en boca de los que fueron sus rivales y enemigos y de la arqueología: las ruinas que Roma no pudo borrar.


Alberto Moreno



REFERENCIAS

1. Libro 21. 21.33. Tito Livio (25 a.C). Historia de Roma desde su fundación. Traducción a cargo de: Bruce J. Butterfield (1996)

2. Lancel, Serge (2001) Cartago. Editorial Crítica. Barcelona (España).

3. Goldsworthy, Adrian (2002) La caída de Cartago. Ed. Ariel. Madrid (España)

4. Hoyos, Dexter (2015). Cartago entre dos guerras. En Desperta Ferro nº 31.

5. García Alonso, Francisco (2015). Ceterum censeo Carthaginem ese delendam. En Desperta Ferro nº 31.

6. Dominguez Petit, Rodolfo (2004). Fuentes literarias para la agricultura cartaginesa. El tratado de Magón. Habis, 35, 179-192.

7. Periplo de Hannon. Código Palatino. 398 fol. 55r-56r. Traducción a cargo de Garzon Díaz, Julián (2001).

8. Aristóteles. Política. (Libro VIII).

9. Lancel, Serge (2001) Cartago. Editorial Crítica. Barcelona (España).

10 «Catón el Mayor». 26-27 Plutarco (Finales del siglo II a.C). Vidas paralelas. Traducción a cargo de Edu Robsy (2017). textos.info

11. Libro XXXVIII. 52-53. Tito Livio (25 a.C). Historia de Roma desde su fundación. Traducción a cargo de: Bruce J. Butterfield (1996)

12. Francisco Gracia Alonso. Ceterum censeo Carthaginem ese delendam. En Desperta Ferro nº 31. Octubre 2015

13. Apiano. A través de: Sanz, Fernando Quesada. La muerte de Cartago, la guerra más salvaje. En Desperta Ferro nº 31. Octubre 2015

[1] Lancel, Serge (2001) Cartago. Editorial Crítica. Barcelona (España).


[2] Goldsworthy, Adrian (2002) La caída de Cartago. Ed. Ariel. Madrid (España)


[3]Hoyos, Dexter (2015). Cartago entre dos guerras. En Desperta Ferro nº 31.


[4] García Alonso, Francisco (2015). Ceterum censeo Carthaginem ese delendam. En Desperta Ferro nº 31.


[5]Dominguez Petit, Rodolfo (2004). Fuentes literarias para la agricultura cartaginesa. El tratado de Magón. Habis, 35, 179-192.


[6] Periplo de Hannon. Código Palatino. 398 fol. 55r-56r. Traducción a cargo de Garzon Díaz, Julián (2001).


[7] Aristóteles. Política. (Libro VIII).


[8] Lancel, Serge (2001) Cartago. Editorial Crítica. Barcelona (España).


[9], «Catón el Mayor». 26-27 Plutarco (Finales del siglo II a.C). Vidas paralelas. Traducción a cargo de Edu Robsy (2017). textos.info


[10]Libro XXXVIII. 52-53. Tito Livio (25 a.C). Historia de Roma desde su fundación. Traducción a cargo de: Bruce J. Butterfield (1996)


[11] Francisco Gracia Alonso. Ceterum censeo Carthaginem ese delendam. En Desperta Ferro nº 31. Octubre 2015


[12] Apiano. A través de: Sanz, Fernando Quesada. La muerte de Cartago, la guerra más salvaje. En Desperta Ferro nº 31. Octubre 2015

[1] Libro 21. 21.33. Tito Livio (25 a.C). Historia de Roma desde su fundación. Traducción a cargo de: Bruce J. Butterfield (1996)

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