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Carta a la juventud confinada. Comentarios

Actualizado: abr 11

No hay nada que nos satisfaga más que esta sección de PROFESORES EN TRINCHERA estimule el debate y propicie la incorporación de otros puntos de vista coincidentes o distintos.

Incorporamos, a continuación, algunos comentarios interesantes, a raíz del decálogo que aparecía en nuestra carta inicial y que publicamos hace unos días.

https://www.trincheracultural.com/post/carta-a-la-juventud-confinada

Allá vamos.

Ricardo Torres. Profesor de Física

Esta carta me da una posibilidad de diálogo que ahora mismo necesito. Tras una inicial postura activa —más desde el punto de vista de la asepsia numérica y científica— me encuentro en una etapa radicalmente contemplativa. Y a resultas de eso y de mi propio carácter, no te engaño, con cierto embargo de pesimismo.

Contemplativa, porque desde hace unos días vengo a caer en que esta situación está, como tú también pones en juego en el artículo, creando un espacio de experimentación controlado —nunca mejor dicho— en el que estamos asistiendo a la manifestación de muchos de los rasgos, de natural difusos e incluso subrepticios, que tiene y a la vez proyecta continuamente sobre nosotros nuestro mundo. Y sobre todo ello la política y el poder.

Pesimista porque lo que veo, incluso tras una lectura atenta de tus brotes verdes, no me gusta en absoluto: voluntad casi enfermiza de autorrepresentación masiva al más puro estilo Instagram que invade nuestras calles a golpe de reloj, evidente falta de responsabilidad humana (ojo, que no digo sólo cívica) en lo relativo a la compra de productos de alimentación o primera necesidad frente a la emergencia; ciudadanos que al más puro estilo «confidente de la STASI» denuncian a sus propios vecinos, difusión de propaganda con intereses económicos y políticos a diestro y siniestro (ojo, no me refiero sólo a esa maravillosa posverdad [hasta nombre ampuloso tiene], tan evidente como peligrosa, precisamente por eso; sino a toda esa ralea de gente que ahora trata de poner en juego su producto aprovechando la crisis), evidencias de decadencia en las estructuras de la administración: una nueva ola más de ineptitud para la gestión, falta (otra vez más) de talla política en cuanto a previsión y toma de decisiones; y lo más sorprendente y preocupante: una radical puesta en escena, a la vista de todos, de lo que significa nuestro mundo en tiempos revueltos.

A nivel internacional la cosa no mejora: absoluta falta de solidaridad e integridad en ese club de mercaderes, como tú bien has dicho, que llamamos Unión Europea; y absoluto el «tonto el último» que se evidencia en el mercado a la hora de conseguir y regatear productos relacionados con la protección frente al virus (recuérdense los incidentes de los Estados Unidos de América y Alemania; o los recientes entre España y Turquía, o entre España y China).

Reacción. Reacción tras reacción. Inmediatez y ahora frente a reflexión y rumbo. Es lo que somos: la cultura del ahora, del mando a distancia y la caja negra. Y nunca ha sido tan evidente a tantos niveles.

Tú pones el acento en el futuro. Yo te compro esa idea y pongo mis brazos al servicio para remar contigo, pero con voluntad de consciencia por saber qué somos en lugar de huir hacia adelante; amplificando por mil esa reflexión a la que invitas a los estudiantes. Y en este punto me parece que, como un cirujano, estamos todavía atravesando el tejido más superficial.

Supongo que, aunque pesimista, mi punto de vista es útil en cuanto a la intención de crecer a través del tuyo. Ojalá hagamos la disección desde dentro, suficientemente; y encontremos nuestras propias lecturas, que no pueden ser sino profundas, para ver por dónde más nos mueve el aire.

Ricardo Torres

Pedro Méndez. Catedrático de Biología

Acabo de leer tu Carta a la juventud confinada y aunque no soy joven me he sentido concernido.

Y también estimulado por el decálogo de consideraciones que presentas.

Muy pertinente la observación de que la edad no exime a los jóvenes de la reflexión sobre lo que está ocurriendo.


Es verdad que no es fácil hacerlo ante el bombardeo informativo, pero sobre todo no lo es porque es más propio de la juventud la acción que la reflexión, o mejor dicho, la acción sin reflexión o con poca reflexión.

Precisamente por eso es tan importante invertir tiempo para la reflexión en la actividad docente, lo que muchas veces se relega por la urgencia de avanzar en los programas de contenidos.

Sorprende que esa urgencia siga presente, ahora que los jóvenes tienen más tiempo que nunca y que la realidad en la que nos encontramos ha cambiado de forma radical. Por lo tanto, es necesaria la invitación a los jóvenes a reflexionar; pero, para reforzarla, hay que invitar también al profesorado a aprovechar esta nueva realidad en la que nos encontramos para diseñar propuestas educativas que tengan significado.

Sobre que esta crisis hay que entenderla como una oportunidad para sentar las bases de un futuro diferente, es decir, de un futuro mejor para todos, lo que estamos formulando es un deseo que ya existía antes del coronavirus y protagonizado por jóvenes de todo el mundo en relación con una crisis de mayor envergadura, que es la climática.

La mejor utilización de las herramientas que nos ofrecen las nuevas tecnologías para prevenir y afrontar las crisis venideras de cualquier naturaleza tiene por delante un campo muy amplio y con mucho porvenir, pero habrá que hacerlo con las garantías que exige la democracia. ¿Será eso posible?

¿Cómo haremos para que la prioridad de la tecnología sea el bien común?

Hoy se oye hablar mucho de los científicos, tan maltratados en España, como los únicos capaces de sacarnos de la crisis sanitaria que nos aflige. Sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena.

Sin embargo, a pesar de la repentina confianza de los políticos en ellos presentándolos casi como magos, hay que tener claro que no se les puede pedir milagros. La gente debería saber que el progreso científico es lento y tortuoso, y que en muchas situaciones la ciencia aporta más dudas que certezas. Como muestra y sin ir más lejos, podríamos analizar las contradicciones de los expertos sobre cómo afrontar la epidemia del coronavirus hace no más de un mes.

La duda sistemática, el sentido crítico y la incredulidad son los que han hecho progresar a la ciencia..., y, ay, su financiación.

Lo que está sucediendo con nuestros mayores en esta crisis ha puesto de manifiesto de una forma dramática el olvido en el que se encuentran. Probablemente muchos de nosotros hemos descubierto con sorpresa la enorme cantidad de residencias de mayores que existen en España y con estupor su desprotección a pesar de su gran vulnerabilidad. Sin duda habrá que plantearse cómo protegerlas mejor ante futuras epidemias y hacer que en ellas la vida sea mejor en situaciones de emergencia. Cuánto alivio hubiera supuesto durante su confinamiento, su aislamiento o en el trance de morir, haber tenido a su disposición toda la tecnología audiovisual que usamos en nuestros hogares para comunicarnos a distancia.

Creo que la crisis del coronavirus es un acontecimiento histórico que va a marcar un antes y un después. También creo que van a cambiar cosas para bien y que la fuerza impulsora serán el miedo y la conciencia de nuestra vulnerabilidad.

Estos días estamos viviendo con la inquietante sensación de que la muerte nos puede acechar. Cada día pensamos alguna vez que la muerte nos podría alcanzar. Estamos entendiendo que para protegernos en un contexto de epidemia tenemos que pensar en proteger también a los demás. Surge la conciencia de que unidos somos más fuertes y de que el individualismo nos debilita. Y todo eso es bueno.


Paradójicamente, creo que durante este mes y medio de confinamiento vamos a interiorizar el distanciamiento social y que nos costará recuperar la proximidad física y el contacto con los demás que nos caracteriza. Culturas en las que el distanciamiento social es mayor, como la japonesa o la sueca están siendo menos vulnerables a la epidemia.


Me he estado acordando mucho de los primeros años de la peor epidemia que he conocido, la del SIDA, sin duda mucho peor que esta, y de cómo influyó sobre el comportamiento sexual de las personas. No obstante, desde que el tratamiento de esta enfermedad infecciosa mortal la ha convertido en una enfermedad crónica, parece que nos hemos olvidado de ella y de que en algunos países es la principal causa de muerte.

Si desarrollamos un sentido de cuidado y protección de los demás que perdure, ya habremos sacado algo positivo de esta crisis. Pero la solidaridad es función

inversa de la distancia geográfica y cultural.

El paso gigantesco que tienen que dar las generaciones futuras, la de los jóvenes a los que diriges esta carta tan lúcida y oportuna y las siguientes, es el desarrollo de una conciencia planetaria donde la prioridad sea la protección de nuestra especie y de lo que asegura su supervivencia, la Tierra.

En fin, como puedes ver, nada mejor que iniciativas como la tuya para hacernos pensar un buen rato sobre lo que está pasando. ¿Por qué no lo hacemos más a menudo? Porque lo cierto es que siempre está pasando algo sobre lo que deberíamos detenernos a pensar.

Pedro Méndez

Roberto Muñoz. Doctor en Historia

He leído tu carta en profundidad varias veces, y debo decirte que mi opinión coincide contigo en varios de los puntos que tratas, pero también discrepo en otros.


¿En que coincidimos? En la importancia que debe darse a la informática en el campo de la salud como base para desarrollar una medicina preventiva más eficaz. Igualmente, en la trascendencia que debe jugar en nuestras sociedades la Medicina Geriátrica. Por último, también estoy de acuerdo en la necesidad de cuidar nuestro medio ambiente.

¿Y en qué discrepamos? En primer lugar en nuestra visión de la Unión Europea. Donde hablas de la dicotomía Europa de los Pueblos versus Europa de los Mercaderes, yo veo la que existe entre Estados eficaces versus Estados ineficaces.

La diferencia entre España y Holanda o Alemania no radica solo en que poseen estructuras económicas más productivas, caracterizadas por fabricar bienes y servicios con mayor valor añadido, sino también en su organización territorial más eficaz.

Los jóvenes y también los que no lo somos debemos analizar críticamente esta crisis y reflexionar si resulta económicamente sostenible mantener diecisiete estructuras estatales que detraen ingentes cantidades de recursos que podían invertirse en sanidad y educación.

Y precisamente la Educación es el otro punto de discrepancia entre nosotros. Mencionas los Valores y la Crítica como dos de sus bases fundamentales, pero no la excelencia y la formación epistemológica. Sin las dos últimas –elementos articuladores de los sistemas educativos de los países del Norte de Europa– jamás tendremos una juventud capaz de hacer frente a los desafíos del presente y el futuro de forma crítica.

Y sobre todo capacitada para contribuir a transformar nuestra estructura económica para hacerla más eficaz y productiva.


Roberto Muñoz

Javier Ibarra. Profesor de Historia

Te envío mis impresiones todavía bajo una sensación bastante intensa de estupefacción y cierto anonadamiento.


Son solo apuntes, claro, porque estamos en pleno proceso y me/nos falta perspectiva; sacar conclusiones ahora, en medio de la crisis, sería prematuro, ya habrá tiempo.


Supongo –y espero- que mentes mucho más agudas que la mía estarán ahora tomando notas y cribando el aluvión de información que nos llega, separando lo anecdótico de lo fundamental y lo verdadero de lo falso, que de todo está habiendo.




Intentaré ordenar un poco estos apuntes o impresiones muy telegráficamente, pero dudo mucho que te sirvan de algo, porque son, o a mí me lo parecen, muy evidentes, y seguro que ya se te han pasado a ti también por la cabeza.


ANTES DE LA CRISIS

Estábamos mal preparados para una crisis de este tipo, y eso que ya habían tenido lugar algunos avisos semejantes; quizá, porque en esas crisis precedentes (gripe aviar, peste porcina, gripe A…) los escenarios más alarmistas nunca se confirmaron y no sacamos las debidas enseñanzas.


También estábamos mal preparados por los siguientes factores:


- Deslocalización: hemos dejado de producir bienes y servicios fundamentales porque desde el punto de vista estrictamente capitalista (búsqueda del máximo beneficio) no interesaban (me temo que algunos de esos productos deben ser las mascarillas, los respiradores, etc.). Menos mal que la producción de papel higiénico, y otros artículos de lujo, era tan barata que no compensaba trasladarla al sudeste asiático, por ejemplo.


- Presupuesto de sanidad insuficiente: nuestro tan cacareado Estado de bienestar, adelgazado sin cesar en las últimas décadas, hace aguas por doquier. Un ejemplo es nuestra inversión en Sanidad (un 6,3% del PIB), por debajo de hasta 14 países de la Unión Europea. A raíz de la crisis que se inició en 2008, se redujeron el número de camas y el personal sanitario y después no se ha vuelto a los niveles anteriores a esa crisis (Lo que el viento se llevó, gran película).


- En consonancia con lo anterior: privatizaciones. La Sanidad (como la Educación) se ha convertido en un negocio que ofrece unas perspectivas de enriquecimiento extraordinarias, para el que puede.


DURANTE LA CRISIS


Creo que ha existido por parte de algunos gobiernos (entre ellos el nuestro) una lentitud y una falta de reflejos manifiesta a la hora de reaccionar.


En primer lugar, el gobierno chino que, según dicen, ocultó inicialmente el problema (noviembre 2019), favoreciendo así, indirectamente, su extensión. Luego rectificó y parece que ha tomado las medidas adecuadas para frenar la pandemia. Veremos…

El gobierno español, como el italiano o el de otros países europeos (la decisión del gobierno británico merece capítulo aparte y, ojo, yo no sé si han acertado o no, el tiempo dirá), fue también lenta y creo que interesada (cortoplacista), y con el agravante de que ya contaban con más información que el de China.

Se permitieron grandes concentraciones de población en diversos eventos (partidos de fútbol, manifestaciones, exposiciones y demás) a lo largo de la última semana de febrero y la primera de marzo. Se perdió un tiempo precioso.


Los registros oficiales no reflejan la realidad, la falta de reactivos impide hacer el test a todos los ciudadanos, ni siquiera alcanzan para los que presentan síntomas leves.


Faltan materiales esenciales para la protección personal. Lo que está ocurriendo en muchos hospitales y residencias de ancianos clama al cielo. Personal sanitario y ancianos van a ser los dos colectivos más dañados por la crisis.


No sé quién la ha llamado la crisis de las “Des”. Interpreto libremente:


- Disciplina asiática.

- Darwinismo anglosajón (que sobrevivan los más fuertes).

- Descoordinación en la Unión Europea (sálvese quien pueda).

- Descoordinación entre el gobierno central español y los autonómicos.

- Deslealtad de la oposición con el gobierno central…

Lo mejor, la solidaridad que aparece en los momentos más difíciles entre los seres humanos (dentro de los barrios, entre vecinos, de balcón a balcón…)

DESPUÉS DE LA CRISIS


Me resulta muy difícil hacer predicciones a corto o medio plazo con respecto a las consecuencias humanas, sociales o culturales que vaya a tener esta crisis.


¿Aprenderán los gobiernos y las organizaciones internaciones? Lo dudo… pero, por otra parte, hay algunas consecuencias económicas que ya se empiezan a atisbar con cierta claridad:

- Para los ciudadanos de a pie (especialmente, como siempre, para los colectivos más débiles) empobrecimiento, desempleo…

- A nivel general (datos macroeconómicos) deflación y endeudamiento: va a ser difícil que cuando pase la crisis gobiernos como el español, endeudados hasta el tuétano, puedan aumentar su inversión en Sanidad pública y otros capítulos esenciales.

Javier Ibarra

Paula es graduada en Derecho

Las puertas que abre esta Carta a la juventud Confinada dan paso a caminos por los que sin duda uno puede perderse hasta el infinito; y como lo mío nunca fue la concreción, escogeré sólo alguna de ellas con la intención de ser todo lo concisa y breve que esta sociedad de 280 caracteres requiere (¿o debería decir impone?)

Para este propósito me apoyaré en las ideas de un autor cuyas reflexiones parecen estar cada vez más de actualidad, Orwell.

Esta crisis ha de ser el aldabonazo definitivo a la utilidad de las nuevas tecnologías. Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano” . G.O.

Por deformación profesional me permito lanzar una pequeña alerta. Es sabido que el miedo es una de las mejores herramientas para conducir a las masas. ¿Cuántas invasiones a la privacidad se han perpetrado con el argumento del miedo y en defensa de la seguridad?

Muchos de los integrantes del colectivo al que se dirige la Carta, nacidos después de los atentados del 11-S, no sabrán que hubo un tiempo en el que para viajar no tenías que someterte a una radiografía en el más amplio sentido de la palabra.


Una generación que convive con su “alter ego” virtual, debería estar atenta sobre el terreno que se pretenderá ganar al mar de su privacidad tras el coronavirus (geolocalización, acceso a datos médicos para apps, etc..).

El coronavirus ha demostrado la enorme fragilidad del proyecto europeo. Si el líder dice de tal evento esto no ocurrió, pues no ocurrió. Si dice que dos y dos son cinco, pues dos y dos son cinco. Esta perspectiva me preocupa mucho más que las bombas.” G.O.

Como ya lo hiciera su antecesor Mariano Rajoy cuando llegaron los recortes, nuestro Presidente vuelve a empuñar esa peligrosa bandera de “la culpa es de la UE”.

Un argumento que, sustituyendo al sujeto (la UE), ha sido utilizado a lo largo la historia, en varias ocasiones, ya que ha demostrado ser una herramienta muy eficaz creando un enemigo, alguien o algo a quién culpar de nuestros males, que desvíe la atención y acabe con toda autocrítica y responsabilidad sobre nuestras acciones. Me viene a la cabeza nacionalismo y Europa y prefiero llevar mis pensamientos a otro lado.

Un argumento que menosprecia lo insólito de un proyecto como la UE, reduciéndolo a una cooperación de mercaderes, ignorando de manera interesada todos los avances en movilidad e integración de la ciudadanía ( que se lo pregunten a todos los ingleses que quisieron repetir la votación sobre el Brexit, muchos de ellos afincados fuera del R.U.); la colaboración académica (erasmus o las nueva cooperaciones de campus que están por llegar); o la defensa de los derechos humanos y valores europeos. Valga de ejemplo las críticas que ha recibido la UE por otorgar la protección más elevada del mundo a la privacidad de sus ciudadanos, resistiendo a las grandes presiones de las Big Tech y a las protestas de su propia industria que se siente perjudicada en términos competitivos frente a EEUU o China por este motivo.

Un argumento que se basa en un eslogan sencillo y con cierta musicalidad, que desconoce el ejemplo del esfuerzo integrador de 27 Estados con sus particularidades, tradiciones, cambios políticos, que ceden parte de su soberanía porque han entendido un mensaje que recoge esta Carta, que los pueblos progresan desarrollando mecanismos de cooperación y no de competencia.


En este sentido, entiendo que es responsabilidad de los mayores que fueron testigo, hacer un ejercicio de honestidad y trasladar a la juventud la realidad de lo que fue y de lo que ahora es.

“La información se centraba en el encaje político del país y en las negociaciones de investidura” .. Hasta que llegó el coronavirus y nos fue enseñando poco a poco la diferencia entre lo urgente y lo importante. “Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír.” G.O.

Por último, llamo la atención sobre una cuestión que me parece que esta crisis ha puesto de manifiesto de forma dolorosamente flagrante, la importancia de la educación.

En manos de la juventud se encuentra el destino de nuestra sociedad. Esta crisis ha puesto frente al espejo a una sociedad que no premia la meritocracia y sobre cuyos escenarios los profesionales preparados se juegan la vida sin medios, mientras que la “nobleza moderna” sin formación, sin experiencia más allá de las tramas palaciegas, sin la más mínima empatía, juega acomodada a inventar soluciones para sus intereses desde su castillo de la calle Cedaceros como si de un experimento se tratase, al tiempo que pide (por no decir exige) sacrificios y resignación a “su pueblo”.


Concluyo agradeciendo tener un espacio en el que compartir, desarrollar y confrontar ideas, con el deseo de que aprendamos a valorar lo que tenemos, que lo cuidemos y sigamos construyendo para que la libertad que cobija estas expresiones no nos sea arrebatada.

En las comentarios, no podía faltar un representante de los medios informativos.

Eduardo. Trabajador en informativos

Soy un trabajador de los llamados "servicios esenciales". No soy un héroe sanitario. Solamente un trabajador de un medio de comunicación dedicado a ofrecer información.

Me gusta y creo en mi trabajo. E incluso tengo esa "idealización" de pensar que contribuyo a que la sociedad tenga cubierto su derecho a la información.



Pero en esta época de coronavirus (aunque viene de mucho antes) es difícil ofrecer una información veraz contra todo lo que circula por la redes sociales.


Y no hablo de las tendencias ideológicas o críticas de algunos medios. Hablo de cómo actualmente se da más credibilidad al WhatsApp que me reenvía mi vecino que a la información contrastada de los Medios (en mayúsculas).

Y lo mismo pasa con Facebook, Twitter y un largo etcétera donde se publican contenidos libremente (lo cual está muy bien) pero que nadie pone en duda o se cuestiona.


Con el coronavirus la cantidad de desinformación que existe, aprovechando la demanda de noticias, crea un caladero perfecto para las fake news, y las campañas dirigidas contra el sistema, con falsedades o medias verdades.

E insisto: creo que es necesaria la crítica a las medidas que se estén tomando a nivel gubernamental basadas en certezas o en un análisis de datos fiable.

Por eso, creo que la gente debería informarse a través de medios de comunicación "fiables", del color que elija, azules o rojos, o mucho mejor de los dos, y que cuando reciba algún mensaje por redes sociales "dudoso" tenga el suficiente espíritu crítico para ponerlo en duda o sencillamente buscar información que lo desmienta o lo afirme.

No dar a "reenviar" sin pensarlo... Es complicado, lo sé, pero creo que como individuos y sociedad debemos hacerlo.

Manda tus artículos a la siguiente dirección: contacto@trincheracultural.com, indicando en el asunto "Profesores en Trinchera".

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