• solegoaguirre

Camino de la selva

La accidentada geografía para cruzar de Cajamarca a Chachapoyas

Recorrer la desértica costa peruana en dirección norte nos ha ayudado a comprender la cronología y la riqueza de las civilizaciones que poblaron el Perú en la época preincaica.


Los valles donde se ubican Trujillo y Chiclayo tuvieron su esplendor en los primeros siglos de nuestra época, cuando las culturas Moche y Chimú expandieron sus territorios gracias al dominio de la agricultura, la orfebrería y la alfarería, y construyeron huacas o pirámides ceremoniales con adobe.


Huaca de la Luna de los Moche, Trujillo

Interior de la Huaca de la Luna

Simbología moche en Sipán

Hoy en día es el principal atractivo para visitar esta zona, con el permiso de sus playas y las grandes cooperativas azucareras, fuente económica norteña junto al petróleo.


Según vamos avanzando, se nota también el progresivo descenso del número de turistas, la mayoría lejos, en el sur, seducidos por el imán que constituye Machu Picchu.


Las lluvias y los huaqueros son los principales causantes del deterioro de estas monumentales estructuras; la ciudadela de adobe más grande del continente o pirámides de más de 40 metros de altura hechas con millones de adobe, aparecen ante nuestros ojos agujereadas por los ladrones y corroídas por las precipitaciones. Aun así, dan fe de la ancestral riqueza cultural del Perú.


Huaca Rajada (por la lluvia)

De nuevo, la inversión estatal es mínima. La corrupción e incompetencia de la política peruana ha quedado al desnudo, una vez más tras el caso Odebrecht con Kuczynski. En estos días, la prensa ha revelado una serie de audios entre altos cargos del poder judicial que desvelan extorsiones, favores, sobornos y otro sinfín de bondades.

La crisis política desencadenada ha sacado a la calle a miles de peruanos para protestar y pedir una profunda reforma. Sin embargo, la desconfianza se refleja en sus ojos. Pocos confían en algún político, ya sea a nivel municipal o nacional. Es significativo ver lo difundido que está el mensaje de clase obrera en los eslóganes políticos, puesto que la gran mayoría de los peruanos trabaja la tierra, tienen ocupaciones informales y no existe la clase media. A pesar de ello, basta ver las condiciones educativas o sanitarias para percibir lo poco que ese mensaje se traduce en hechos.


Sin nada que nos retuviese en la costa, nos adentramos hacia el interior con dirección a nuestro destino final, Moyobamba, pero aún teníamos pendiente un alto en los Andes. Cajamarca o, como la llaman, “la ciudad del encuentro de dos mundos”. Sin duda, la ciudad con más encanto de las que hemos visitado hasta ahora.


Valle de Cajamarca

En esta tierra fue donde en 1532 se reunieron Atahualpa, el dirigente Inca que acababa de salir victorioso de una guerra civil contra su hermano Huáscar, y Francisco Pizarro, capitán de las tropas españolas de conquista que desembarcaron en Panamá. A pesar de ser solo unos cientos, la emboscada de Pizarro surtió efecto y logró capturar a Atahualpa entre miles de sus guerreros.



Este hecho marcaría un antes y un después para la conquista española del Perú, gracias también al incalculable rescate que se obtuvo por Atahualpa, el cual sería igualmente ejecutado posteriormente. La mística de este encuentro, distorsionada en ocasiones, permanece en la cultura peruana hasta día de hoy.

Nuestro encuentro con la ciudad fue mucho menos bélico y pudimos disfrutar de los baños termales de los incas antes de tomar nuestra última tanda de autobuses. Tres carros distintos, demasiadas curvas y veinte horas de viaje era lo que nos separaba de la selva peruana.



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